IPS Inter Press Service en Cuba

Viernes, 28 de Noviembre de 2014
Yo blogueo
Entrevista con Rafael González Escalona, joven periodista autor del blog El Microwave.

El Microwave no es un blog nuevo. Es un blog que acumula cicatrices. Entre los blogs de jóvenes periodistas cubanos, y entre los jóvenes periodistas cubanos, tanto El Microwave como su autor, Rafael González Escalona, son ampliamente queridos y respetados por su gentileza y honestidad. Obviamente, también por el talento, pero, se dice por ahí, hay que desconfiar del talento porque el talento es prestigioso. El Microwave nos ofrece su destreza, pero la destreza es más bien un anzuelo, una especie de garantía para que el lector asuma el compromiso y baje luego un metro más profundo, al sitio donde se cuecen las ideas, puestas al horno del riesgo, del rigor.

Un breve bosquejo a El Microwave evidenciará que siempre ha sido un blog presto para la polémica. ¿Lo pensaste así desde el inicio, o el hobby de bloguear fue adquiriendo cuerpo y responsabilidades en el camino?

Ni sé qué decir. Recuerdo que mi retorno al Internet (después de haber estado alejado casi cuatro años por la beca y el servicio social) me trajo el descubrimiento de los blogs. Para mí fue algo novedoso, ver gente escribiendo sobre sí y lo que le rodea me sedujo como solo suelen quedar seducidos los adolescentes con el mundo por delante. Cuando lo abrí ya estaba estudiando periodismo, así que supongo que de alguna manera inconsciente intenté llevar algunas fobias, frustraciones y alegrías a ese espacio digital. Eso sí, en algún punto se convirtió en algo muy serio.

Has cedido tu blog incluso como espacio para criterios ajenos y para discusiones en las que tú no has tomado parte, al menos protagónicamente. ¿Por qué el riesgo? ¿Por qué la generosidad?

Decía anteriormente que en algún punto del camino bloguear se convirtió en algo muy serio, cuando comprendí que era un espacio de interacción de un montón de subjetividades, que no era solo un ejercicio de exorcismo personal. Así es como he intentado que El Microwave dialogue sobre temas que me parece importante que la sociedad discuta, asuntos que pueden ser polémicos, pero no con el interés vano de tener un montón de visitas en el contador del blog, sino con la esperanza de que de vez en cuando suceda el milagro, el alumbramiento de la buena idea.

Eres el Jefe de Redacción de una nueva revista, Blogosfera Cubana. Más allá de la proliferación de los blogs, ¿podemos hablar en tales términos? Es decir, ¿cree Rafael González Escalona que haya un discurso nuevo o al menos un discurso propio de los blogs –o de algunos blogs- cubanos?

Puede sonar irónico o cínico, pero no creo que exista tal cosa como la blogosfera cubana más allá del fenómeno social que pueden analizar los investigadores. Como comunidad con intereses y objetivos comunes creo que aún falta para que sea algo más que una utopía posible. Los blogs no son más que una representación digital de las identidades de sus creadores y como tal representan, en el caso cubano, un amplio espectro de pareceres –hay mucho de pantomima también, no todo es lo que dice o quisiera ser. A pesar de lo dicho, creo que es posible –como es posible en la sociedad- vislumbrar una manera diferente de decir, un fraseo que no se corresponde a los discursos habituales, y es en eso que veo el potencial posible de Blogosfera Cubana.

¿Qué lugar crees que ocupe El Microwave, no en un ranking, por supuesto, dentro de esta blogosfera cubana? Uno puede decir que al menos dentro de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana es una bitácora que se ha hecho sentir y que, digamos, su honestidad le ha permitido salir ilesa.

Si alguien puede decir que es un blog honesto me daré por satisfecho. Vivimos en tiempos de simulacro, de farsa, de carnaval, y decir mis cuatro verdades es de las pocas cosas que me hacen dormir tranquilo. El Microwave, podría decir, es un espacio personal que conecta con otras voces de la blogosfera cubana.

Establezcamos una comparación entre tu blog y tu experiencia en un medio como Cubadebate. ¿Cuáles son las diferencias? ¿Cuáles son las semejanzas? ¿Qué te llevas y qué desechas de cada cual?

El Microwave y Cubadebate no son homologables, pero bueno, hagamos el ejercicio. Cubadebate fue un hito en el periodismo hecho desde Cuba; tuve la oportunidad de trabajar junto a un equipo excepcional que me permitió acercarme a lo que considero la redacción ideal. El blog es un sitio mío, en el que emito o transmito opiniones personales o prestadas que coinciden, generalmente, con mi visión, o al menos dialogan con la mía. Cubadebate es un sitio que tiene una línea editorial bastante definida y dentro de ese marco relativamente estrecho tenía que moverme; digo estrecho porque, como en todo medio, era necesario hacer determinadas concesiones, teniendo en cuenta, sobre todo, que no era algo de mi propiedad y que el sentido de responsabilidad era mayor, toda vez que Cubadebate es un medio y, como tal, tenía un encargo social y un servicio público que cumplir.

Las semejanzas posibles son el espíritu que intento insuflar a los textos –y a la gestión editorial, en el caso de Cubadebate– y en que me acercaron a gente maravillosa.

Del blog no desecho nada, es una porción de mí, de lo mejor y lo peor de mí. De Cubadebate me quedo con la alegría de una buena cobertura, la alegría de mirar una portada que se parece a uno, que uno sería capaz de leer; desecho los límites ilógicos, las fronteras que a cada rato, como buenos coyotes, burlábamos, pero en las que estábamos presos de cualquier manera.

¿Es El Microwave el germen de algo que no ha llegado, pero que llegará?

¿Es El Microwave el germen de Ediciones Martes, es El Microwave la prefiguración de las ambiciones de un grupo de jóvenes periodistas que sueñan con un medio vivo en Cuba? ¿Es eso lo que esconde la pregunta? Prefiero responder con algo que dije en un aula de la Facultad de Comunicación, hace un tiempo: en El Microwave intento el mejor periodismo que soy capaz hacer.

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