IPS Inter Press Service en Cuba

Martes, 2 de Septiembre de 2014
Diario fotográfico
Fotografías sobre la escena
  • Dainerys Machado Vento
Rapsodia para el mulo. Rapsodia para el mulo. Cortesía de Buby
Varias exposiciones formaron el programa colateral del 15 Festival de Teatro de La Habana 2013 y legitimaron a la fotografía como valiosa interpretación artística

Un rostro fragmentado en sudor y saliva, otro en plena mueca de dolor, un semblante que anuncia como irremediable cierta partida...Son Rostros en la escena, apresados por la fotógrafa cubana María Eugenia Bodes, Buby, en el instante de una transición teatral, de una epifanía, o de un clímax dramático.

La treintena de retratos que los muestran conforman una exhibición personal, coordinada y curada por la especialista en artes escénicas Mercedes Borges.

El 15 Festival de Teatro de La Habana 2013, concluido el 3 de noviembre, sirvió como pretexto para exhibir dicha propuesta en el lobby del Complejo Cultural Beltolt Brecht.

Materializar tan particular selección fotográfica era inminente. Es muy amplio el testimonio gráfico sobre el teatro cubano contemporáneo reunido por el lente de Buby en los últimos años.

Las publicaciones cubanas especializadas en el tema cuentan con su constante contribución. Desde la cámara, su mirada a la escena es artística y crítica.

Sus imágenes captan ambientes. También ponen la atención sobre los diseños de vestuarios y las luces, allí donde sea valioso detallarlos.

No hay manipulación en los sentimientos y acciones que la creadora consigue detener.

Cuando Buby nos presenta a la Lizi de Fíchenla, si pueden emitiendo un alarido de rabia y dolor es porque el personaje, interpretado por Yuliet Cruz, es la verdadera víctima en la historia de Jean Paul Sartre, versionada por Argos Teatro.

Una tras otras, las imágenes prueban que con Rostros en la escena, la creadora pretende capturar la intensidad y los recursos histriónicos de actrices y actores.

Los planos medios y cerrados, y la mirada hacia la figura humana le permiten sin embargo testimoniar también las estéticas implicadas a nivel de montaje.

Esta tendencia a capturar la expresividad individual es quizás el motivo principal por el que la exhibición recorre propuestas de disímil impacto en las artes escénicas nacionales de los últimos tres años.

Colectivos tan activos y sólidos como Teatro El Público, Argos Teatro, y Teatro de La Luna, aparecen varias veces en estas imágenes. Aunque se muestran también proyectos más bisoños y experimentales.

La cuarta Lucía por Aire frío. Foto:BubyLa cuarta Lucía por Aire frío. Foto:BubyMás instantáneas

Las 77 representaciones, cubanas y extranjeras, que ocuparon los escenarios capitalinos entre el 24 de octubre y el 3 de noviembre, durante el 15 Festival de Teatro de La Habana (FTH), estuvieron acompañadas por otras tres muestras fotográficas.

El programa colateral incluyó además la exposición Puñeteros Carteles. La conforman las interpretaciones de diez jóvenes diseñadores cubanos sobre igual cantidad de obras del dramaturgo Virgilio Piñera.

Durante el evento, fue exhibida —por segunda vez en el año— en la galería del Complejo Cultural Raquel Revuelta.

Es evidente el reposicionamiento de la cartelística en la promoción teatral de la Cuba actual. Mas, durante el FTH, fue la fotografía el principal recurso gráfico empleado, incluso para concebir la imagen del evento.

La muestra Fotos titiriteras sirvió como antesala a las puestas exhibidas en el Teatro Nacional Guiñol, ubicado en el capitalino edificio Focsa.

En blanco y negro se mostraron 14 instantáneas impresas en mediano formato. Con ellas se homenajearon los espectáculos más trascendentales y polémicos del teatro de títeres, infantil y para adultos, producidos a principios de la década de 1960.

Prueban la diversidad de propuestas de esa época los detalles distinguibles en las figuras y recursos teatrales de El cartero del Rey (1931), La loca de Chaillot (1963), Farsa y licencia de la reina castiza (1964), Ubu Rey (1965), entre otras puestas.

Del Archivo Fotográfico del Ministerio de Cultura se obtuvieron esas imágenes, asociadas todas a la fundación del Guiñol Nacional. En la curaduría intervinieron especialistas como Armando Morales, Esther Suárez Durán, Arneldy Cejas, Erduyn Maza y Geanny García.

La primera exhibición de Fotos titiriteras se produjo en la sala transitoria del capitalino Museo Biblioteca Servando Cabrera Moreno, en marzo de 2012. Esta vez, en el lobby del Guiñol, estuvo acompañada por muñecos del cincuentenario colectivo teatral.

El dramaturgo y poeta Norge Espinosa y el diseñador Roberto Ramos nombraron ¡Feliz cumpleaños, Flor de Té! a la exposición conceptualizada por ellos para homenajear los 20 años del estreno de La niñita querida, por Teatro El Público.

En 1992, el director Carlos Díaz asumió elementos del costumbrismo criollo y del imaginario popular para materializar sobre la escena esta pieza de Piñera.

La propuesta de Díaz resultó polémica por la crueldad del original y por la mezcla y desacralización de los símbolos empleados en su adaptación.

Las fotografías, colgadas aún en las paredes del Teatro Trianón de la calle Línea, fungen como testimonios gráficos del suceso. Carecen en su mayoría de elevadas pretensiones artísticos, pero transmiten la grandilocuencia del montaje.

En el lobby de la Sala Avellaneda del Teatro Nacional se pudo disfrutar de otra de las muestras fotográficas. Una veintena de impresiones, también en blanco y negro, se adelantaron a las escenas más llamativas de ese teatro total que es Anna Karénina.

La versión sobre el clásico de León Tolstoi, producida por el Teatro Estatal Académico Evgueni Vajtángov, con coreografía de la lituana Angelica Jólina, inauguró el FTH y también su muestra fotográfica.

También Stanislavski

A una foto de Konstantín Stanislavski, renovador del teatro contemporáneo, apeló el diseñador Mauricio Vega para concebir el cartel del Festival.

Resortes de la cultura pop marcaron los conceptos gráficos del evento. Tipología, símbolos posmodernos y colores llamativos transformaron la fotografía del teórico y actor ruso.

El tiempo dirá si fue efectivo o no este intento artístico por recontextualizar la imagen de Stanislavski. Mientras, sabemos que otros diálogos enlazaron fotografía y teatro.

El unipersonal Estudio 44, escrito, dirigido y actuado por el cubano Jorge Ferrera divirtió al público con las situaciones entre un fotógrafo y los clientes de su negocio.

Ferrera estrenó su espectáculo en España, donde reside hace varios años. La sala Llauradó lo acogió en Cuba, con sus dos funciones programadas para el FTH y un par extra ante la elevada demanda de las y los espectadores.

En su montaje apela a la proyección de imágenes fijas para develar la personalidad de cada uno de sus personajes. La solución resulta efectiva para completar el rápido tránsito de cada uno sobre la escena.

Su espectáculo es sólo una muestra del empleo creciente de estos ardides. El uso de nuevas tecnologías ha permitido transformar muchas zonas de representación teatral.

La posibilidad de proyectar videos y gráficos, de emplear luces inteligentes y otros recursos, ha llegado acompañada también de mayores facilidades para grabar el acto de representación en formato audiovisual.

Sin embargo, la fotografía continúa jugando su papel como mirada crítica y estética ante la apuesta teatral. El diálogo se complejiza cuando ella misma es empleada como recurso en la representación.

Una instantánea puede desdecir o reafirmar la belleza de un espectáculo. O convertirse en herramienta de análisis o de testimonio.

Como la crítica, la fotografía creativa que se acerca al teatro ha resultado una interpretación artística de aquello que retrata.

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