IPS Inter Press Service en Cuba

Domingo, 21 de Diciembre de 2014
Miradas cubanas
Educando a Chala.

Desde su primera película, Los dioses rotos, Ernesto Daranas demostró que prefería jugar “al duro y sin guante” cuando se trataba de abordar ciertos aspectos de la realidad cubana contemporánea. Pero con su segundo largometraje, Conducta, el joven realizador confirma su particular interés en poner “el dedo en la llaga”, y sin apenas anestesia.

Esta vez se trata de la historia de un niño, Chala, con familia disfuncional y trastornos de conducta, cuyo paradigma más cercano es Carmela, su querida profesora de primaria. Alrededor de ambos se construye una historia que no sólo ahonda en diversos dramas individuales como la falta de afecto y cuidados filiales que sufre el muchacho, que la vieja maestra trata de suplir con amor, disciplina y comprensión,  sino que extiende la mirada hacia una realidad difícil y oscura que muy pocas veces sale a la luz en los medios de comunicación.

Varios son los aciertos de esta película producida por instituciones cubanas como el Ministerio de Cultura, el ICAIC y RTV COMERCIAL, entre otras. En primer lugar, un guión bien estructurado, personajes auténticos delineados con precisión y un dominio de los recursos cinematográficos que atestiguan la madurez creativa del guionista y director.

Refuerzan estos aspectos la adecuada selección y dirección de actores, con mención especial para la siempre profesional Alina Rodríquez y los niños escogidos entre más de siete mil aspirantes. Las palmas se las lleva el pequeño protagonista, Armando Valdés Freire, siempre convincente por su expresividad y riqueza de matices que se mueven de manera orgánica entre la inocencia infantil propia de su edad hasta la violencia que le exige el difícil entorno donde vive.

Otro elemento a destacar son las locaciones escogidas, tanto exteriores como interiores, que ilustran con su fuerza visual el duro entorno donde se mueven los personajes: viviendas hacinadas, calles inundadas de gente, azoteas convertidas en desguazaderos como único horizonte o la agresiva presencia del tren, destilando humo y ruidos hacia los barrios cercanos. Y aunque no es la primera vez que se muestra en pantalla la degradación física y espiritual de esa Habana empobrecida y marginal donde transcurre la vida de grandes segmentos poblacionales, en esta ocasión la cruda realidad es un elemento que está marcando en gran medida el destino de sus habitantes.

A subrayar esta cualidad contribuye la fotografía, a cargo del reconocido Alejandro Pérez. Lo interesante es que muy lejos de innecesarios malabarismos formales, con expresivos planos concebidos en función de la dramaturgia y una iluminación efectiva, se logra dotar a Conducta de una interesante plasticidad y una atmósfera verosímil (algo difícil de definir, pero más aún de encontrar en el cine cubano), que nos hace olvidar el hecho de estar sentado frente a una puesta en escena proyectada en una pantalla sin perspectiva ni profundidad.

Pero sin duda alguna, las notas más altas de Conducta  se deben al tratamiento de determinados conflictos de resonancia universal que se manifiestan en la sociedad cubana con particularidades propias. Y esto se hace desde una perspectiva que desafía los esquemas, las consignas gastadas, los lugares comunes, la arenga panfletaria y todo lo que, en un sentido estrecho, es considerado políticamente correcto.

Como foco central en la historia, el ámbito escolar y la familia, un binomio de crucial importancia para llevar a buen término la educación y la formación de los niños. Pero en este caso, ni la madre es capaz de asumir esa responsabilidad, ni una escuela lastrada de normas y soluciones burocrátricas, en su papel de ejecutora de la política educacional en nuestra sociedad, parece estar en las mejores condiciones de cumplir con ese rol. Y aquí es cuando empiezan a complicarse las cosas, porque no pueden separarse los bandos en buenos y malos, y los antiguos conceptos educativos que se pretenden desplazar por ser catalogados de obsoletos, a la larga pueden resultar más efectivos en la formación de los alumnos que los nuevos criterios que se han ido imponiendo.

En ese sentido, son las propias situaciones dramáticas las que conducen al cuestionamiento de lo establecido y que debe ser cumplido de forma automática, aunque la práctica demuestre que ya no funciona. Desde la dañina intransigencia de una funcionaria cuya mayor preocupación es cumplir con su contenido de trabajo, hasta la tenaz resistencia de la entrañable Carmela, una educadora de la vieja escuela, capaz de pegar al niño por el cual está dispuesta a perder, si fuera necesario, su propio puesto de trabajo.

Más que proponer, Conducta nos compulsa entonces a una necesaria reflexión sobre el papel de la familia y la escuela en la educación y formación de valores en niños y jóvenes, un tema de candente actualidad en una sociedad que concibe la educación como un derecho universal, pero que hoy empieza a alejarse de sus aspiraciones igualitarias, abocada a cambios necesarios y en ocasiones traumáticos, agobiada por su insuficiente crecimiento económico y la imposibilidad de garantizar el bienestar y ascenso social para todos los sectores de la población a través del trabajo.

A partir de este conflicto principal la película se enriquece con sutiles pinceladas que abren interrogantes sobre diversas temáticas presentes en el complejo entramado social: precarias condiciones de vida, corrupción policial, violencia, doble moral, drogas y prostitución, políticas migratorias internas y externas de trágicas consecuencias para las familias, vidas que transcurren casi al margen de la ley donde logran sobrevivir con muy pocas esperanzas de un futuro mejor, y todo eso va conformando la imagen de una sociedad que cada día parece alejarse más de aquel cuadro luminoso que se impuso a si misma como modelo de perfección.

Y es que Conducta se niega a dar recetas mágicas, fáciles o salvadoras. No hay finales felices para esta maestra con más de cuarenta años de magisterio, y que al cabo de sus fuerzas todavía se resiste a claudicar ante lo mal hecho o a seguir el camino más fácil que sería aceptar las orientaciones superiores, aunque no esté de acuerdo con ellas. Tampoco sabemos que será de ese pequeño que dice malas palabras, que cuida de su madre y de perros de pelea, que se faja con otro niño porque se burla del padre de su amigo o se enamora de la “palestina” * de su aula. Por eso, al final sólo queda esperar que a lo largo de su vida Chala tenga la suerte de encontrar otras Carmelas.

* Inmigrantes de provincia en la capital.     
(2014)


Ficha Técnica:

Conducta: Largometraje de Ficción (100’).
Productores: Ministerio de Cultura; ICAIC; RTV Comercial; FAMCA; con la colaboración de ACAV

Guión y Dirección: Ernesto Daranas Serrano:
Producción General: Esther Masero
Dirección de Fotografía: Alejandro Pérez
Edición: Pedro Suárez
Música Original: Juan Antonio Leyva y Magda Rosa Galbán
Dirección de Arte: Erick Grass
Banda Sonora: Osmany Olivare
Dirección de Casting: Mariela López.

  

Añadir comentario

Normas para comentar
  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.