IPS Inter Press Service en Cuba

Lunes, 20 de Octubre de 2014
Diario fotográfico
La ventana de Glenda Salazar
  • Dainerys Machado Vento
Esta intervención duró tres días y se produjo en un baño casero. Esta intervención duró tres días y se produjo en un baño casero. Cortesía Glenda Salazar
Una joven artista de la plástica muestra su década de peregrinaciones por territorio cubano a través de la fotografía digital.

Glenda Salazar se autodefine como artista de la plástica. Aunque sus más recientes exposiciones han estado dedicadas especialmente a la fotografía, también produce escultura, dibujo, pintura.

Esta joven cubana, nacida en la oriental provincia de Holguín en 1982, ha desarrollado una extensa creación, de cuya existencia dan fe casi siempre las imágenes que ella misma toma y luego exhibe.

Sus trabajos más comunes son esculturas efímeras hechas de flores, hojas y otros materiales naturales, semejantes a las representaciones espirituales del budismo e hinduismo conocidas como mándalas.

También crea stupas, con las piedras diversas que halla en su camino; y marca flores y frutos en su estado natural, con tipos de plomo. Sus creaciones poseen una doble intención: intervienen el paisaje natural y conectan a la artista con su entorno y con otros peregrinos.

Las zonas más intrincadas y hermosas de la geografía cubana conocen las huellas de Salazar. Erigió sus obras en regiones del occidente, como Artemisa y Dos Hermanas, y en otras, ubicadas entre el centro y el oriente, como Topes de Collantes y Canasí.

Durante más de diez años, la artista plantó creaciones en los mismos lugares donde la juventud cubana suele acampar, en actos de excursionismo conocidos como "guerrilla".

Es que Salazar también se autodefine como una persona rebelde, en la búsqueda permanente de la diferencia.

También por eso asumió hace mucho las lecciones de su profesor de Filosofía en la Universidad de las Artes en Cuba, ISA. Él siempre criticaba la tendencia a "descontextualizar", asumida por muchos exponentes del arte contemporáneo. Y entonces ella decidió construir, conectar con las personas.

Generar cambios donde sea posible es otra de las obsesiones que sobredimensionan su trabajo.

A unos de estos intentos conscientes de transformación está asociado su descubrimiento del arte naturaleza. Cuenta Glenda que su generación "no tenía espacios expositivos. Cuando comencé a estudiar en el ISA, a principios de la década del 2000, en las galerías exponían las mismas personas desde los años 70 y 80".

Según la artista, por esas fechas, "los galeristas en Cuba no estaban interesados en mostrar arte emergente—un fenómeno que ha cambiado mucho en los últimos tiempos—. Entonces sentí que la mejor forma de hacer lo que yo quería era teniendo la libertad de crear. Asumí que si tenía el país entero, no me hacía falta una galería".

"Comencé a viajar a sitios de difícil acceso, casi siempre con una mochila. Experimenté qué sucedía en esos lugares, y la cámara se convirtió en el aliado principal para documentar la serie de esculturas e intervenciones que iba realizando alrededor de Cuba".

Stupas en Topes de Collante y en CanasíStupas en Topes de Collante y en CanasíA decir de la creadora, "la fotografía se convirtió en una ventana que me permitía acercar a las personas a la belleza de esos espacios y a vivir mi experiencia al menos de una manera visual".

Entonces, uno se pregunta, ¿es la fotografía ventana o límite para las creaciones de Glenda Salazar?

Al final, la fotografía es en realidad la obra.

¿Fue la fotografía el centro de "Respira", la exposición que mostraste en abril de 2014 en la Fototeca de Cuba?

"Respira" es una especie de bitácora de los últimos diez años, alrededor de Cuba, aunque también muestra experiencias que tuve en París y en España.

En la exposición usé algunas de mis primeras obras, porque uno de sus sentidos fundamentales es compartir las vivencias.

Siempre me gustó mucho escribir, y algunas de mis creaciones tienen mucho texto. En "Respira" —que es el mismo título de mi tesis de licenciatura en el ISA— mezclé todo eso. Y también empleé el paspartú de los montajes como un espacio de intervención, donde aclaraba cómo había nacido cada fotografía.

¿Existe en ese recurso "aclaratorio", en ese uso de la palabra, un riesgo de restringir el sentido de tus obras?

No lo creo. Solo brinda más datos al espectador.

A veces, cuando vemos una imagen, no percibimos nada más, o cada quien asume sus propias experiencias. Pero cuando pones determinadas palabras claves, acercas a las personas a la experiencia directa que querías darles como artista.

Quienes se van de "guerrilla" buscan también un espacio de comunicación, de reconocimiento, de introspección. Por eso aparecen palabras en las piedras de las obras, para que la gente halle respuestas o se haga preguntas en sus situaciones individuales.

La base general de mi obra es la comunicación.

¿Por qué el interés por seguir trabajando el arte naturaleza, incluso después de hallar esos espacios institucionales expositivos?

En realidad es también una brecha. En Cuba hay artistas que han trabajado el género, como Ana Mendieta. Y creo que en los años 80 lo hizo Flavio Garciandía, y el grupo al que pertenecía.

Pero, cuando comencé, nadie dedicaba toda una etapa de su obra a ese trabajo.

Afortunadamente ahora otras personas comienzan a abordar el tema.

En los títulos de tus trabajos hay una referencia constante a la cultura oriental.

Me interesa mucho la vinculación del ser humano con su entorno, la conexión de los seres vivos con las cosas universales.

Sin embargo, se dice que las mujeres tienen una marcada intención autoreferencial en su discurso fotográfico.

No tengo nada que ver con eso.

En mi escuela de nivel medio en Holguín, donde estudié escultura, la mayoría de las muchachas trabajaban desde lo autoreferencial, desde su identidad. No estoy en desacuerdo, cada quien elige su forma de hacer. Pero al ver esa tendencia sentí que tenía que tomar otro camino.

Emprendí una búsqueda de lo conceptual, de una idea que cierre la obra. El reflejo personal aparece lógicamente porque es uno quien crea, pero como te decía, me interesan más las cosas que nos conectan, las que nos acercan.

Cuando ves una serie como Cielo, también incluida en el proyecto "Respira", notas que se trata de la tierra, y de cómo Cuba puede estar en todas las tierras. Es una serie que particularmente me gusta porque habla del concepto de patria para los cubanos, y de cómo, donde quiera que estés, tienes una identidad.

Hasta el momento no me ha interesado hacer un tipo de obra que hable sobre mi persona.

Intervenciones en Cuba-Mándalas Intervenciones en Cuba-Mándalas ¿En qué proyecto trabajas actualmente?

Casi todas mis obras son series abiertas. Diez años después de comenzarlas mira cómo se movieron, cómo terminaron reunidas en "Respira".

Ahora mismo tengo compromisos de trabajo por terminar, nuevas obras de la serie Cielo para una exposición y otras de la serie Falso Techo. Todo eso sin dejar de pintar y de dibujar.

Además de que impartes un curso de fotografía en el ISA.

Hace cuatro años es que hay una Cátedra de Fotografía más formada en el centro. Cuando yo estudiaba, la gente trabajaba la técnica de una forma esporádica. No había casi materiales, y todo dependía más de un trabajo personal.

Como artistas visuales tenemos entrenamiento para ver una imagen. Eso ayuda. Pero el mundo de la fotografía es un mundo aparte, que tiene sus técnicas, sus formas de hacer. Hay mucho que aprender cuando uno comienza a incursionarlo.

Cuando empecé en el ISA hice el primer Taller opcional de arte naturaleza. Nació así la primera exposición en una Bienal de La Habana. Entonces nos dimos cuenta de que la gente necesitaba aprender más de fotografía.

Empezamos a constituir un departamento, con Osain Ragui como jefe. Para tratar de llevar adelante ese espacio, nos aunamos varias personas. Todos los años hacemos una exposición de fotografía, que se llama "Luz a tu propia química", donde vinculamos gente de afuera del ISA con estudiantes.

Existe mucha diferencia entre lo que se genera como fotografía en la academia y lo que hacen otros profesionales, como los fotoreporteros. Es bueno mezclarlos, porque unos aprenden de los otros.

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