IPS Inter Press Service en Cuba

Sábado, 20 de Diciembre de 2014
La buena memoria
Al Centro lo que es del Centro.

Tal como recuerdan algunos de sus fundadores, el germen inicial de lo que hoy es el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, no fue en sus comienzos ajeno a la polémica: ¿era posible e incluso aconsejable “enseñar” a escribir –se preguntaban entonces críticos y profesionales del medio-, o se corría el riesgo de alentar fenómenos de probeta, literatura prefabricada, escribanos, más que escritores?

Quince años después y con resultados concretos que mostrar, el colectivo de trabajo que lidera el escritor, maestro y editor Eduardo Heras León, está más convencido que nunca de la contribución del Centro Onelio a la formación de las nuevas generaciones de escritores, un criterio avalado por la frecuente presencia de egresados de la institución entre los premiados en concursos literarios dentro y fuera de Cuba.

Leonardo Padura, “el novelista cubano más importante de estos momentos” -en palabras de Eduardo Heras León-, invitado a la clausura del décimo quinto curso de la institución, donde impartió una conferencia sobre sus estrategias narrativas, reconoció que aun siendo crítico de la eficacia de las llamadas “escuelas de escritores”, estaba obligado a reconsiderar sus opiniones, pues en la realidad de la literatura cubana más reciente mucho ha tenido que ver la labor realizada durante estos años por el Centro Onelio.

Para aquellos que no estén suficientemente familiarizados con su labor, es necesario decir que el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso –que en su origen fue apenas un Taller casi itinerante entre la Casa de Cultura de Plaza y la Sala Nicolás Guillén de la UNEAC-, ha devenido una institución cultural que al cumplir su tercer lustro ha sabido sobrepasar con creces sus objetivos iniciales, aunque sin renunciar a su empeño original de contribuir a la formación teórica de jóvenes narradores y narradoras –o con aspiraciones de serlo-, a lo largo de todo el país.

Quizá su mayor secreto, además del trabajo y la constancia que suelen dar buenos frutos, haya sido la premisa adoptada como punto de partida por sus fundadores, entre los cuales siempre hay que nombrar a Ivonne Galeano y al también escritor y profesor del Centro Francisco López Sacha. Para ellos se trataba de crear un taller de nuevo tipo, capaz de combinar la teoría con la práctica, en tanto se impartirían los fundamentos de las técnicas narrativas en paralelo con la discusión y el análisis de los textos presentados por los estudiantes. Los que llegaban al Taller -que a los tres años alcanzó el estatus de Centro-, no sólo mostraban una especial vocación por la creación literaria, sino que ya habían realizado sus primeros intentos en el particular mundo de las letras.

Siguiendo la popular tradición que marca la celebración de los “quince” como un momento especial en la vida, o en este de caso, de una institución, es lógico volver la vista atrás para evaluar el camino recorrido hasta hoy: más de ochocientos jóvenes de todo el país han sido alumnos del Curso de Técnicas Narrativas impartido en el Centro y  muchos de ellos ya “han publicado varios libros y cosechado los premios literarios más importantes del país”, según refiere el Editorial del número 13 de la Revista El Cuentero. “Muchos de ellos -asegura la publicación-, ya son autores de obligada referencia a la hora de discutir los nuevos avatares de la narrativa cubana contemporánea. Muchos de ellos son poetas, periodistas, dramaturgos, críticos, profesores, promotores culturales, asesores literarios, editores, realizadores audiovisuales, guionistas de cine y televisión…”.

Resulta evidente que entre las virtudes del Centro se cuenta también su capacidad de soñar en grande, aunque las limitaciones de presupuesto los devuelva una y otra vez a la dura realidad. De ahí que, a pesar de todo, también se anoten entre sus logros la materialización de una biblioteca en su actual sede de Miramar, una sala de computación para facilitar el trabajo de los alumnos y una videoteca que sobre todo colecciona adaptaciones cinematográficas de obras literarias.

Mención aparte merecen aquellas iniciativas que favorecen a la juventud con oportunidades para materializar sus ideas creativas, como es la convocatoria a un concurso de proyectos de libros en diversos géneros, que otorga cinco becas de creación, y la entrega de la reconocida Beca de Creación Onelio Jorge Cardoso cuyo vencedor se elige anualmente entre los participantes en el Concurso de cuentos La Gaceta de Cuba.

En cuanto a la publicación y difusión de la obra realizada también el Centro se está convirtiendo en obligada referencia gracias al trabajo de la pequeña editorial Caja China, cuyo catálogo se va conformando con títulos de antiguos estudiantes del Centro, escogidos a través de un concurso organizado para tales efectos. A ello se suma la aparición de la citada revista El cuentero, que abrió un nuevo espacio a los mejores exponentes de la narrativa entre los escritores noveles. De hecho, en su más reciente número dedicado a celebrar este importante aniversario, El cuentero ha duplicado sus páginas para acoger el testimonio de profesores y colaboradores cercanos a la institución, así como una muestra representativa del trabajo creativo de algunos de los autores que han mantenido vínculos con ella, como Jorge Enrique Lage, Abel Fernández Larrea y Mariela Varona, por sólo citar tres ejemplos de jóvenes ya reconocidos por su trayectoria literaria.

Uno de los sueños más recientes de los fundadores del Centro, felizmente convertido en realidad, ha sido el auspicio del Concurso Internacional de Minicuentos El Dinosaurio -¿qué otro nombre podría tener?-, que ya anda por su octava edición y cuenta con la colaboración del Centro Provincial del Libro y la Literatura de Sancti Spíritus y el Instituto Cubano del Libro. Con los textos finalistas, las menciones y los premios se prepara todos los años una antología que constituye un notable esfuerzo por divulgar esta peculiar modalidad narrativa.

Sin duda alguna, durante estos quince años Eduardo Heras León y todos sus colaboradores han realizado desde el Centro una obra a favor del desarrollo de la literatura vernácula que tal vez no sea mensurable con índices concretos pero que ya resulta indiscutible (y puede serlo mucho más en el futuro). Ellos también son testigos de excepción y han contribuido al desarrollo y paulatina consolidación de algunos de los talentos más destacados entre las nuevas generaciones de escritores. Tanto es así, que a ese tema bien podría dedicarse un próximo artículo que tuviera como interlocutor al propio Eduardo Heras León para hablar sobre un tema que sólo un testigo de privilegio podría conocer: ¿Sobre qué escriben los jóvenes que llegan al Centro? ¿Cuáles son sus referentes y sus temas favoritos? ¿Hacia dónde se mueve, empuja, tira y se revienta, esa nueva ola de la literatura cubana? (2014).

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1 comentario

  • Enlace comentario Martes, 12 de Agosto de 2014 22:15 Publicado por César

    Las dificultades son espuelas para el avance de la literatura. Me pregunto siempre por qué y cómo la literatura en Cuba es tan buena en comparación con otros países. Felicitaciones. Sin un centro así la calidad no se hubiera desarrollado.

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