IPS Inter Press Service en Cuba

Viernes, 31 de Octubre de 2014
La buena memoria
Homenaje al reconocido arquitecto e intelectual.

No quisiera que este artículo se leyera como un obituario. Los obituarios hablan de la destacada trayectoria profesional de la persona fallecida, de sus logros fundamentales o de sus mayores éxitos, y a veces se olvidan del hombre que soñó, trabajó y hasta sufrió por esos logros. Los homenajes por lo general están contaminados por esa fría formalidad de los actos oficiales y tampoco desearía que este artículo se leyera únicamente como un homenaje. En este momento en que todavía lo sentimos tan próximo, me gustaría simplemente recordar a Mario Coyula Cowley como el intelectual que ha dejado una impronta innegable en el entorno cultural cubano, el profesional de reconocido talento que tanto admiramos y el hombre de acendrados valores humanos que respetamos todavía más.

Hace apenas unos meses, se le otorgó a Mario Coyula el Premio Nacional de Patrimonio Cultural por la Obra de Toda la Vida en su segunda edición. Antes había recibido el Premio Nacional de Arquitectura de la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba (UNAICC), y el Premio Nacional de Habitat, ambos también por la Obra de la Vida. Ostentaba el título de Doctor en Ciencias Técnicas y Doctor Honoris Causa, y era Académico de Mérito de la Academia de Ciencias de Cuba y Profesor de Mérito del Instituto Superior Politécnico “José Antonio Echeverría” (CUJAE), donde se destacó en el campo de la docencia. Fue Profesor Visitante en el Centro David Rockefeller de la Universidad de Harvard y Profesor Invitado en el postgrado Estrategias Urbanas de la Angewandte de Viena. Fue designado Fellow del programa SIGUS del Massachusetts Institute of Technology (MIT), en 1990, y desde 2001 perteneció al Grupo internacional de Investigación sobre Arquitectura e Infraestructura (GRAI), actual Laboratorio de Investigación sobre la Infraestructura, la Arquitectura y el Territorio (LIAT), con sede en París.

Pero todos estos reconocimientos dentro y fuera de la isla sólo significaron más esfuerzo, más tiempo dedicado a la investigación y mayores deseos de “seguir en la pelea”, sobre todo en Cuba, donde quizá llegó a sentirse a veces como un Quijote alucinado, en su lucha contra gigantes y molinos de viento.

Hoy resulta casi imposible hablar de La Habana sin reconocer el trabajo desplegado por Coyula a favor de la ciudad. Desde aquellos días en los que fue premiado en calidad de coautor por el diseño del Parque de los Mártires Universitarios de Infanta y San Lázaro, o por el Panteón de los Héroes del 13 de Marzo, en el Cementerio de Colón, se vislumbraba ya en el interés del arquitecto por intervenir en el entramado urbano desde una concepción creativa, sin dejar de ser respetuosa con el entorno.

Desde el año 1978 y hasta 1989 Coyula dirigió el Grupo para el Desarrollo Integral de la Capital. También fue director de Arquitectura y Urbanismo de La Habana y presidió la Comisión de Monumentos de La Habana. Quizá fue durante los años de incesante contacto con los problemas históricos y actuales de la urbe que el arquitecto llegó a percibir en toda su magnitud el valor de ese conglomerado arquitectónico y la complejidad de las soluciones requeridas para su adecuada conservación y futuro desarrollo.

Al mismo tiempo su capacidad para el análisis teórico y la investigación se fue encausando a través de diferentes publicaciones: fue jefe de redacción de la revista Arquitectura-Cuba, y miembro de los consejos de redacción de las revistas Arquitectura y Urbanismo, Temas y Revista Bimestre Cubana. Publicó más de doscientos artículos y ensayos sobre gestión patrimonial, la arquitectura y el urbanismo, temas en los cuales es considerado una autoridad. Parte de su contribución bibliográfica se recoge en libros como Diseño Urbano y Havana. Two Faces of the Antillean Metropolis, del que es autor, y otros títulos en los que colaboró, como Fundamentos de la arquitectura, Introducción a la historia de la arquitectura y el urbanismo contemporáneos, Teoría del urbanismo, La política cultural del período revolucionario: memoria y reflexión, ¿Quiénes hacen ciudad? y Participación ciudadana para el urbanismo del siglo XXI.

Desde esas tribunas y con pleno conocimiento de causa, arremetió contra dislates urbanísticos, chapucerías institucionales y particulares, mal gusto generalizado, copiado y permitido incluso por las instituciones que debían controlar obras y delinear estrategias sustentables y armónicas para el desarrollo de la ciudad. Aunque para nuestra mala suerte, su voz se perdió a veces entre la falta de recursos y la desidia, la ignorancia o la incompetencia, que han dado al traste con el deterioro y hasta la pérdida de valores patrimoniales que deberíamos conservar.

Coyula dirigió además la Escuela de Arquitectura en la CUJAE. Quienes hemos tenido buenos maestros, reconocemos el privilegio que ello significa y su importancia en la formación integral -no sólo académica-, de los jóvenes. Quizá por eso, cuando pienso en Coyula como profesor, no puedo imaginarlo desbordado de formularios inútiles, como un directivo común o un soso académico que se conforma con impartir una buena clase. Suelo imaginarlo con su verbo sereno y el rostro acalorado, intentando transmitir a los jóvenes alumnos su pasión por aprender, su inconformidad con lo mal hecho o su amor por el arte en cualquiera de sus manifestaciones.

Cuando leí Catalina, la primera y única incursión que hizo Coyula en el género de la novela, más que de la historia de amor de la bella y arrostrada Catalina Laza, disfruté del conocimiento profundo de La Habana que regala su autor. Y no sólo de su arquitectura, sino también de su historia, en un inventario íntimo para aprendices o iniciados. Pude imaginarlo incluso con bastón y bombín, con esa sencilla elegancia que le era natural –caballero de fina estampa, le decía su querida compañera Marta-, descubriendo los secretos rincones de la urbe, deslumbrado con los magníficos palacetes de El Vedado, pero también con los modos y costumbres de sus habitantes, los habaneros, isleños y cosmopolitas, fruto de una conjunción mágica que todavía pervive, en medio de las ruinas y la inmundicia que sofocan la ciudad.

Lo recuerdo también como empecinado animador de ese hermoso proyecto, “La Habana que va conmigo”, al que fueron invitados incontables personalidades de la cultura cubana para compartir sus memorias en los diferentes ciclos de conferencias celebradas en la sede de la Maqueta de La Habana. Una selección de estos testimonios fue recopilada por el propio Coyula y publicada después por la Editorial Letras Cubanas. En la introducción del libro, titulado también La Habana que va conmigo, Coyula insistió en la necesidad de preservar aquellos recuerdos porque la “comprensión de una ciudad no sólo se logra a través del razonamiento lógico y los estudios especializados, sino por la decantación y transmisión repetida de vivencias personales, que a su vez alimentan la conciencia colectiva y se archivan en la memoria histórica."

Insisto otra vez en la modesta intención de este artículo que no pretende ser un obituario, ni siquiera un homenaje. Me conformo con fijar en mi memoria esa imagen de apariencia serena tras la que se adivinaba su clara inteligencia pero también su disposición para disfrutar de los más sencillos placeres de la vida: la lectura de un buen libro, la belleza de una mujer, los misterios de una ciudad. Fue cubano hasta el tuétano pero se mantuvo lejos de provincianismos trasnochados. De él siempre se podía aprender y siempre estuvo dispuesto a enseñar. Se empeñó en una cruzada a favor del futuro que no siempre se supo apreciar en toda su valía, pero nunca perdió su característico y refinado humor de alto linaje criollo.  En esencia nunca defraudó a sus seres queridos y se mantuvo fiel a sus esencias. Prefiero recordarlo así, como un gran hombre enamorado de la vida. El hombre con el cual, en ambientes familiares, compartí vinos, tardes de playa, y de cuya sabiduría y humor tanto disfruté… Sin fríos homenajes y tristes obituarios. No para Mario Coyula Cowley. No para Mayito. (2014).

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1 comentario

  • Enlace comentario Miércoles, 30 de Julio de 2014 18:22 Publicado por Lucrecia Pérez Echazabal

    Excelente artículo para una persona extraordinaria. Ejemplo en todos los sentidos, pero mucho más como ser humano, sencillo, inteligente, y siempre maestro.

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