IPS Inter Press Service en Cuba

Martes, 21 de Octubre de 2014
Miradas cubanas
La Copa Mundial de Fútbol en Cuba Foto: Jorge Luis Baños/ IPS-Cuba
Épocas y afinidades.

La Copa Mundial de Fútbol Brasil 2014 se vivió en Cuba de manera intensa y, al menos en La Habana, con gran efervescencia, emociones desatadas y fanatismos expresados en espacios diversos, donde los hinchas exhibieron los símbolos de sus equipos, cantaron sus victorias o lloraron sus derrotas en cada partido hasta el último día. Pero, ¿por qué esa pasión futbolística en un país antillano que nunca pasa de las eliminatorias regionales? ¿Es una fiebre repentina?

Para los que éramos niños en 1959 el fútbol era un deporte que estaba muy por detrás en el gusto de la mayoría, encabezado por el béisbol y el boxeo. Aunque sí contaba con cierta afición y su práctica tuvo un crecimiento décadas atrás, como veremos enseguida.

El fútbol (castellanizado inicialmente como balón pié, tal como en España) surge en La Habana como un elemento de la modernidad traído por  los anglosajones, pero impulsado por el desarrollo vertiginoso de las sociedades hispanas de instrucción y recreo en las tres primeras décadas del siglo XX.

La estructura del fútbol dentro de esos años estuvo dominada por españoles afincados acá; la mayoría de los jugadores de los mejores clubes eran españoles, e incluso el público que asistía a los estadios estaba constituido, predominantemente, por la colonia española.

 Para los Juegos Deportivos Centroamericanos de La Habana en 1930 hay una voluntad nacional de salir de la españolización del fútbol, de darle identidad, y la victoria cubana en ese deporte en los Juegos le añadió peso a la apuesta, pero  a contrapelo de esos deseos, las sociedades españolas siguieron ejerciendo el dominio durante mucho más tiempo.

Cuba llega por primera y única vez a una Copa Mundial de Fútbol en Francia 1938. Sus resultados fueron de una victoria contra Rumania (2-1), un empate (3-3) con similar país y sufrió una goleada (0-8) de Suecia, semifinalista del certamen. La selección cubana ocupó el lugar 7 entre los 15 participantes.

 En los años que siguen, durante las décadas de 1940 y 1950, el béisbol no tuvo rival en el escenario deportivo cubano, tanto en la categoría amateur como en la profesional y el fútbol entró en un prolongado letargo.

CAMBIO DE ÉPOCA, COBERTURA MEDIÁTICA Y AFICIONES

A partir de 1958, cuando Brasil ganó su primera Copa Mundial, las simpatías por los cariocas comenzaron a crecer en Cuba; se acrecentaron con la segunda, en el Mundial siguiente, y tomaron grandes proporciones en México 1970 con el tricampeonato de la verdeamarela. Garrincha, Vavá, Tostao, Rivelino, Carlos Alberto y, por supuesto Pelé, adquirieron estaturas heroicas y, desde entonces, los brasileños fueron la referencia del mejor fútbol.

Las selecciones del campo socialista, los “países hermanos” (Hungría, Polonia Checoslovaquia, La Unión Soviética) también eran vistas son simpatía en este país, en virtud de la cercanía política y de la fama de algunos de sus jugadores, como el húngaro Ferenc Puskas y el mítico arquero soviético Lev Yashin.

Argentina comenzó a sumar aficionados a partir de su victoria en la Copa de 1978 y su fanaticada se hizo legión después de 1986, el Mundial de Maradona. Ya para entonces, tres naciones europeas tenían hinchadas en Cuba: Holanda, Italia y Alemania.

En la medida en que la televisión cubana fue aumentando la cobertura a las Copas del Mundo, a partir de los ochenta, la afición al fútbol fue creciendo y sumando simpatizantes a las selecciones más fuertes, las de Sudamérica y Europa. La gran mayoría de esos aficionados son jóvenes y adolescentes, una masa juvenil que sigue, a diario, las tres ligas más fuertes del mundo. Allí están, o estuvieron, sus ídolos (Totti, Vieri, Maldini, Bekham, Owen, Zidane, Ronaldo, Ronaldinho, Messi, Cristiano…) y sus equipos (Barcelona, Real Madrid, AC Milan, entre los primeros).

Las simpatías de esos jóvenes cubanos con las selecciones de los diferentes países son ajenas totalmente a motivos ideológicos –como pudieron serlo en el pasado–, sino estrictamente deportivos, y están relacionadas, muchas veces, con su afición por determinados clubes, o por determinados jugadores. Por ejemplo, los seguidores del AC Milan, son hinchas de Italia, sin lugar a dudas, así como muchos aficionados del Real Madrid, o del Barcelona, los son de España.

La enorme cobertura mediática del fútbol en el último quinquenio ha hecho crecer exponencialmente su afición en la isla. Una afición que hace ostentación de sus preferencias con heráldicas de sus clubes tatuadas en el cuerpo y todo tipo de iconos en los hogares, algo que nunca se vio con el béisbol, al menos con esa magnitud.

Nuevos récords de audiencia se registraron en La Habana durante la recién finalizada Copa, seguida en hogares, bares, cafeterías, cines (Yara y Riviera) y, como colofón, el coliseo de la Ciudad Deportiva, abarrotado e insuficiente para albergar a todos los que querían ver allí la final.

Nunca antes se había visto en la capital cubana tantas banderas alemanas, brasileñas, argentinas, españolas… Aquí se lloró amargamente la derrota de Brasil (que sigue teniendo la mayor afición) y se festejó con ganas la victoria de Alemania. Todavía al día siguiente de la clausura había signos evidentes de celebración en la calles.

La época es otra. Los que éramos niños en 1959 sufrimos ahora con la eliminación de México, de Colombia, de Costa Rica, de Uruguay, o la derrota argentina, por espíritu latinoamericanista, pero nuestros hijos (hinchas de Italia, Holanda, Francia, Alemania, España, Argentina, Brasil), tenían otras razones. Los tiempos cambian.    (2014)

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