Apostar a más para que la culpa no sea de Río

Río+20 debe integrar metas ambientales para salvarse de un retroceso, opinan expertos y activistas.

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Brasil muestra avances en lo relativo a las legislaciones ambientales, pero no ha logrado erradicar los altos índices de deforestación en la Amazonia.

RÍO DE JANEIRO, 19 abr (IPS) – Exministros, legisladores y expertos en ambiente de Brasil instan al gobierno a que asuma un papel más protagónico para evitar que la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, a realizarse en junio en este país, marque un retroceso respecto de la cumbre antecesora.

La también llamada conferencia Río+20, por su referencia a la reunión similar de 1992 en esta misma ciudad brasileña, “es una oportunidad para mantener viva la llama del desarrollo sostenible y avanzar en las negociaciones climáticas, y no debe ser vaciada en una agenda de desarrollo genérica y sin ningún foco”, advierte el documento del grupo.

“Hay un elevado riesgo de que esta cumbre no sea apenas irrelevante, sino que configure un retroceso de los avances alcanzados en Río 92”, añade el texto titulado ¿Río más o menos 20?, presentado el miércoles 18 en São Paulo en el marco de un encuentro promovido por el Centro de Estudios de Integración y Desarrollo.

“El gran desafío para que Río+20 no se convierta en ‘menos 20’ es la implementación de metas ambientales, teniendo en cuenta la gravedad de la situación del planeta”, dijo a IPS el consultor ambiental Fábio Feldmann, exdiputado federal y exsecretario de Medio Ambiente del estado de São Paulo.

Para ello es necesario incorporar los avances de la ciencia con el fin de “que haya futuro para la humanidad”, añadió.

Según los promotores del documento, encabezados por Rubens Ricupero, quien en los años 90 fue ministro de Medio Ambiente y de Hacienda, “los modelos actuales de producción y consumo desafían los límites naturales del planeta”. “No se debe aceptar pasivamente que este problema y sus implicaciones para las estrategias de desarrollo económico y social sean escamoteados de la agenda de una reunión cuyo propio nombre indica que su objetivo es el desarrollo sostenible”, indican.

Luego alertan que “las evidencias dramáticas del proceso de recalentamiento global, expresadas en eventos climáticos extremos, se multiplican en Brasil y en el mundo, y los impactos, inclusive económicos, ya se hacen notar en diversos sectores y países”.

Otro de los firmantes, el físico José Goldemberg, teme que las negociaciones previas a la cumbre estén dejando de lado ese asunto.

En parte de su exposición en São Paulo, este experto que ocupó en el pasado la titularidad del Ministerio de Educación y de las secretarías de Medio Ambiente y de Ciencia y Tecnología, recordó que la cantidad de desastres ambientales aumentó de modo exponencial en las últimas tres décadas.

El evento de mayor magnitud en los últimos tiempos fueron las torrenciales lluvias caídas a comienzos de 2011 y de este año, que provocaron inundaciones y deslaves en la región serrana de Río de Janeiro.

Los autores del documento consideran que la agenda de la cumbre está muy “diluida” al no considerar el asunto ambiental como el principal foco de las discusiones.

La conferencia ha puesto énfasis en que, tras 20 años de Río 92, es el momento de discutir un aspecto más amplio, como es el desarrollo sostenible, basado en tres ejes: el social, el económico y el ambiental.

Marina Silva, quien fue la primera ministra de Ambiente del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2011), entiende que el desarrollo siempre tiene que ser pensado a través de esos tres conceptos, pero “decir que no debe discutirse sobre ambiente es un retroceso respecto de la visión de Río 92”.

Ricupero, que participó activamente de ese proceso, también señala que es un error desviarse del enfoque ambiental.

Ese pilar “es la condición para los otros dos”, el económico y el social, destacó este experto que ocupó de 1995 a 2004 la secretaría general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo.

Un ejemplo es el temido aumento de la temperatura del planeta en dos grados. “Si fallamos en evitarlo no va a haber pilares económicos y sociales que resistan”. “Esa es la base de la sustentación física del planeta”, arengó en São Paulo.

Feldmann complementó para IPS que es necesario una política industrial y económica capaz de incorporar y estimular la dimensión ambiental.

Entre otras iniciativas, los autores del documento proponen que Brasil, como anfitrión de Río+20 y país rico en “activos” agropecuarios, energéticos, hídricos y forestales, tome la iniciativa, dé el ejemplo y asuma un papel protagónico.

Piden, además, que el gobierno de Dilma Rousseff diseñe un conjunto de políticas para la agenda de transición hacia la economía verde o de bajo carbono. Para ello sugieren la adopción de un sistema de ventajas competitivas asociadas a ese proceso, que desincentive iniciativas económicas “en sentido inverso”.

“La prioridad de una economía de bajo carbono tiene que traducirse en políticas industriales, de transportes, energética, agropecuarias, comerciales y de innovación con incentivos que favorezcan las inversiones sostenibles”, indicaron.

Ricupero precisó que Brasil fue pionero al estimular, por ejemplo, un programa energético de “economía verde”, con el apoyo al desarrollo del etanol, el combustible obtenido a partir de la caña de azúcar, con el que hoy circula la mayoría del parque automotor del país. “Pero ahí se quedó”, sentenció.

Brasil corre el riesgo de tener un grave retroceso ambiental si el parlamento aprueba un nuevo código forestal que, entre otros puntos, amnistía a los responsables de deforestar y quita facultades al Poder Ejecutivo en medidas consideradas fundamentales como la de crear unidades de conservación indígena o ambiental, acotó Feldmann.

Este país, que se comprometió en la 15 Conferencia de las Partes de la Convención Marco sobre Cambio Climático de 2009 a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero entre 36 y 39 por ciento hasta 2020, “no puede ahora huir de la responsabilidad de contribuir como anfitrión a acercar posiciones y a la construcción de consensos en torno a metas ambiciosas”, exhorta el grupo.

Según Feldmann, Brasil avanzó mucho en legislaciones ambientales, pero “la deforestación en la Amazonia y otros biomas todavía es muy alta”.

Asimismo, salvo algunos incentivos fiscales para la fabricación de electrodomésticos de bajo consumo energético, no se invirtió en otras iniciativas “con estímulo impositivo verde” para que la industria “incorpore el concepto de sustentabilidad”, sostuvo.

La exministra Silva va más allá y propone que Brasil encabece un movimiento para crear un organismo en el sistema de la Organización de las Naciones Unidas dedicado especialmente a cuestiones ambientales. (FIN/2012)

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