Atrincherados en defensa propia

Seis indígenas desaparecieron en los últimos tres años en Cherán, estado de Michoacán, México, uno de los más asolados por la violencia.

Daniela Pastrana - IPS

Niños indígenas de Cherán, al paso de la caravana por la paz.

CHERÁN, México, 27 jun (IPS) – “Se terminó la paciencia”, dice Mary, una indígena sostén de los tres hijos desde que su esposo fue secuestrado de su casa por un grupo armado. Es que los vecinos de este occidental municipio mexicano se preparan para defenderse con palos y piedras de los “talamontes” y las mafias aliadas.

“Es triste, porque mi esposo era una persona bien noble. Era integrante del comisariado y desde que empezaron los problemas con los talamontes (bandas de taladores clandestinos) empezó a decir las cosas a las autoridades, pero nunca le hicieron caso y ahora se lo llevaron”, señaló Mary a IPS, en referencia al secuestro de su esposo el 10 de febrero.

Luego muestra un bordado que ella misma hizo con el rostro de una mujer de su etnia, purépecha, y la leyenda: “Esposa de 1 secuestrado. Esposa de 1 desaparecido. La lucha sigue”. Como esa, bordó cuatro docenas más de carpetas, con la idea de venderlas para tener ingresos para su familia, pero todas las terminó regalando.

“No confío en que ellos (el gobierno estadual y federal) puedan ayudarnos. No sé en quién confiar o qué nos puede ayudar. Por eso se terminó la paciencia y la espera de que vinieran a ayudarnos, y ahora el pueblo está decidido a hacer lo que más nos convenga”, sentenció Mary.

Su esposo, Rafael García, es uno de los seis indígenas desaparecidos en los últimos tres años en Cherán, en el estado de Michoacán, uno de los más asolados por la violencia y donde opera el grupo criminal conocido como La Familia.

A ellos se suman otros 12 indígenas asesinados por el enfrentamiento con los talamontes que se aliaron a la delincuencia organizada, al amparo o indiferencia de las autoridades locales y estatales.

IPS entró en este municipio con una caravana del no gubernamental Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, que encabeza el poeta Javier Sicilia, aunque éste no participó en la visita.

La llegada del contingente el domingo para llevar víveres a la comunidad, integrado por cuatro camiones y media docena de automóviles, fue motivo de fiesta popular. Los pobladores lo recibieron con música y baile y comida típica de la región.

“Durante tres años tratamos de resolver con palabras, luego con grandes esfuerzos tratamos de detener los caminos abriendo zanjas y tampoco entendieron (…). La respuesta de los políticos son esas palabras que surgen para engañar y destruir”, dijo Salvador Campanú, quien el jueves 23 llevó el mensaje de Cherán al diálogo entre las víctimas de la violencia y el presidente Felipe Calderón.

Cuentan en este sitio que el cerro San José fue arrasado por los talamontes a partir de 2008 y, cuando ya se habían acabado los árboles en esa zona, quisieron seguir con el de La Cofradía, pero los habitantes de Cherán se opusieron y fue entonces que empezaron los asesinatos, secuestros y extorsiones.

La población del lugar se levantó el 15 de abril con palos, piedras y “coetones” (artefactos artesanales de pirotecnia) para sacar a los hombres armados. Pusieron barricadas en las entradas, se amurallaron, pero 10 días después no tenían ni para comer y pidieron la intervención del gobierno nacional para que enviara fuerzas de seguridad.

Pero los soldados y fuerzas federales solo han sobrevolado y llegado a las orillas de este poblado, con 13.000 habitantes. Desde entonces solo han entrado al lugar organizaciones civiles y religiosas que traen víveres.

Cherán es hoy un pueblo que busca gobernarse a sí mismo.

La asamblea popular, que sustituye las funciones del alcalde, ya mandó decir a las autoridades electorales que en noviembre no habrá comicios partidistas, pues ellos elegirán solos a sus gobernantes.

Las escuelas están cerradas y los maestros de la comunidad ya se organizan para hacer reanudar las clases. A falta de síndico (hay uno que no ejerce), formaron un consejo de honor y justicia.

Su prioridad, sin embargo, es la seguridad. Por eso construyeron 200 barricadas por distintos lados de la localidad y crearon la llamada “ronda comunitaria”, que tiene la consigna de estrechar la vigilancia, calle por calle, en los cuatro barrios en que se divide la población.

La ronda es la estructura popular para la autodefensa de sus tierras contra los criminales.

Estos vecinos, mayoritariamente hombres jóvenes y que sólo portan palos y piedras como armas, deambulan por las calles a toda hora, embozados y con una improvisada identificación colgada del cuello que dice “ronda comunitaria”.

“Es más fuerte el miedo y el instinto de conservación, que las ganas de salir de la comunidad”, dice uno de estos policías comunitarios, con el rostro cubierto con un ‘paliacate’ (pañoleta para el cuello) y que no quiere revelar su nombre por razones de seguridad. “Yo tengo dos meses sin dejar el poblado, porque no quiero dejar a mi familia sola”, añadió.

Según la versión de los pobladores, las organizaciones criminales cobran a los talamontes una cuota por la protección armada que les dan para asegurarles el saqueo de madera, el cobro de extorsiones a negocios, secuestros y robos.

Habitantes de Cherán consultados por IPS acusan del saqueo de sus tierras a Cuitláhuac Hernández, oriundo de la comunidad de Rancho Seco y señalado como el líder de una célula de La Familia que opera en la región purépecha.

Y agregan que el principal responsable de esta situación es el alcalde Roberto Bautista Chapina, del Partido Revolucionario Institucional, por dejarlos operar libremente en la región.

Una de las que opina así es Zenaida Vázquez, cuyo esposo, Domingo Chávez, desapareció el 8 de mayo y su cadáver fue encontrado solo el 9 de este mes en el cerro del Tecolote, con el rostro y los pies quemados.

El alcalde le dijo a la viuda que lo más probable es que hubiera muerto accidentalmente, en algún incendio, aunque la autopsia que le hicieron en Celaya señala que tenía un balazo.

El policía comunitario entrevistado por IPS fue quien encontró el cuerpo de Chávez. “Sentí bien feo de verlo así, que lo habían lastimado”, dijo. “Mire, yo no sé el nombre del síndico ni del presidente municipal, lo que sí sé es que están las cosas muy feas, y nunca había estado en estos peloteros, pero ahora me tocó meterme a esto para defender a mi familia”, indicó.

Aunque la seguridad corre a cargo de los hombres, la participación femenina ha sido un catalizador de la ira popular.

“Nosotras estamos aquí en las fogatas con la vigilancia y la comida. Y ya sabemos que al tercer coetón y una bengala es la señal y todos salimos a la calle”, explicó Marcelina, una mujer que cocina tortillas en una barricada del segundo barrio.

“Nos da miedo un poco por los niños. Pero, ¿qué podemos hacer si están acabando con nuestros bosques y se están llevando a los hombres?”.

Cherán resiste atrincherado con la esperanza de que no haya un muerto ni un desaparecido más. Busca salidas propias, como la que tienen Adalberto Muñoz y su esposa, Rosalinda, quienes construyeron un pequeño invernadero en el patio de su casa y tienen ya decenas de oyameles listos para replantar.

“Juntamos la lluvia porque el presidente (alcalde) nos cortó la luz para tener agua cuando empezaron los problemas. Pero tenemos que hacerlo, porque es nuestra tierra y es nuestra sobrevivencia. No vamos a esperar más a ninguna autoridad”, aseguró Rosalinda. (FIN/2011)

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