Ayuno por reconciliación de católicos en Amazonia

El exobispo Gonzalo López Marañón ha debido soportar frío y lluvia durante su ayuno voluntario en demanda de paz y reconciliación para Sucumbíos.

El inicio de la tensión social y religiosa de Sucumbíos lo supuso la llegada del sacerdote de los Heraldos, el argentino Rafael Ibarguren, como administrador apostólico provincial.

QUITO, 8 jun (IPS) – Un exobispo católico, Gonzalo López Marañón, realiza un ayuno voluntario desde el 25 de mayo en un parque de la capital de Ecuador, en demanda de paz y reconciliación para Sucumbíos, una provincia amazónica inmersa en un conflicto por la imposición allí por el Vaticano de una orden ultraconservadora.

Siempre sonriente, el ahora obispo emérito de 77 años se mantiene enfundado en un poncho, con bufanda, guantes y gorro de lana, pese al sol diurno en el parque, porque ha perdido ocho kilos en 15 días y siente frío. Pero departe sentado en la hierba con los grupos que continuamente llegan para saludarlo, desde parroquias de Quito u otros puntos.

Además, durante varios días ha debido soportar frío, lluvia y hasta una fuerte granizada.

Detrás del ayuno está dos modelos de apostolado dentro de la Iglesia Católica: la de los Carmelitas Descalzos, a la que pertenece López, social y comunitaria, y la Sociedad de los Heraldos del Evangelio, de un tradicionalismo integrista.

Cuando en octubre López dejó el obispado de la norteña Sucumbíos, en la frontera con Colombia, tras 40 años en el cargo, el Vaticano entregó la diócesis que por 80 años estaba en manos de los Carmelitas a los Heraldos, cuya presencia y normas desencadenaron un conflicto social en la compleja provincia amazónica.

En su selva fue muerto en marzo de 2008 el comandante de las guerrilleras Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Raúl Reyes, en una invasión militar colombiana a Ecuador, que generó una grave crisis binacional. También allí se produjo el llamado mayor desastre mundial de contaminación petrolera, por la transnacional Chevron.

“No es una huelga de hambre sino un ayuno”, precisó a IPS la portavoz del obispo emérito, María de los Ángeles Vaca, pero no ingiere alimentos sólidos y solo toma líquidos.”La diferencia está en que se trata de un acto religioso, acompañado de la oración y el diálogo en busca de la paz”, señaló.

“Pero está bien, el médico nos dice que los signos vitales están estables”, complementó.

El presidente izquierdista Rafael Correa ha visitado dos veces el campamento, así como otras autoridades civiles y religiosas y centenares de fieles católicos de parroquias de Quito y delegaciones de jóvenes, mujeres, campesinos, artesanos y obreros de Sucumbíos.

La Conferencia Episcopal, presidida por Antonio Arregui, arzobispo de la ciudad de Guayaquil y miembro del Opus Dei, otra orden ultraconservadora, no se ha pronunciado oficialmente.

“Pero los obispos sí han venido a mi carpita”, dice López.

En efecto, mientas IPS estuvo en el parque, lo visitaron obispos de la noroccidental provincia de Esmeraldas y de la oriental de Orellana, mientras al menos otros cuatro prelados lo hicieron en días anteriores. Por carta, se han solidarizado con López obispos de Costa Rica, Guatemala, México y Panamá, entre otros.

Además, la carpa en que el exobispo inició su ayuno voluntario y sigue durmiendo en el suelo, ya no está sola. La acompañan una decena, blancas y altas y, entre ellas, algunas unidas para formar una capilla. “Ya tenemos una catedral”, bromea López.

El inicio de la tensión social y religiosa de Sucumbíos lo supuso la llegada del sacerdote de los Heraldos, el argentino Rafael Ibarguren, como administrador apostólico provincial.

El nuevo jefe de la diocesis arribó con la tarea de “implantar” un rabajo pastoral conforme a las recomendaciones del Vaticano, en oposición a la pastoral social realizada por los Carmelitas por ocho décadas.

Los sacerdotes de los Heraldos llegaron a esa zona de bosque húmedo tropical vestidos a la usanza medieval, con botas hasta la rodilla, estandartes, cadenas al cinto y la cruz de Calatrava bordada en el hábito de color marrón.

Su estilo y más su actitud ante las obras sociales despertaron la resistencia de la población.

“No tenían idea de la fuerza y capacidad de la organización popular”, dijo a IPS la quiteña Dolores de León, conocedora de la obra carmelita. Mientras, los Heraldos movilizaron a sectores adinerados de Nueva Loja, la capital provincial, con consecuentes choques entre los pobladores.

Tras varios enfrentamientos, seis sacerdotes carmelitas que quedaban en Sucumbíos fueron expulsados por orden del Vaticano el 2 de mayo, al considerar que estaban azuzando a la población.

Nuevos enfrentamientos forzaron el retiro de los Heraldos el 19 de mayo, luego que el gobierno diese 24 horas a la Iglesia Católica para zanjar el estado de tensión en Sucumbíos. Antes, el gobierno amenazó con desconocer a la orden, que no está registrada en Ecuador.

Actualmente la diócesis está atendida por sacerdotes seglares y la administración apostólica la detenta el secretario de la Conferencia Episcopal, Ángel Polibio Sánchez, mientras los miembros de las dos órdenes en pugna no pueden regresar a Sucumbíos.

“Traer a los Heraldos fue descabellado, es una congregación del sur del continente, sin experiencia alguna en el Ecuador y menos en zonas de selva, y con una posición de extrema derecha, que prioriza los actos externos de culto”, dijo a IPS Andrés León.

Él y su esposa Dolores, feligreses de una parroquia carmelita de Quito, explican que la orden creó la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos (Isamis), una organización que manejaba la radio, guarderías, ancianatos y escuelas.

Los enfrentamientos de los grupos que trabajaron cerca de los Carmelitas con grupos llamados de la Renovación Carismática que apoyaban a los Heraldos se desbordaron el 16 de mayo, cuando estos intentaron tomar la radio Sucumbíos.

Los Heraldos decidieron despedir a 16 trabajadores de la radiodifusora, que seguía en manos del Isamis, y llegaron con documentos de despido firmados por las autoridades eclesiásticas y laborales.

Los trabajadores transmitieron en vivo su despido, y ello provocó que centenares de oyentes llegaran a la estación para defenderlos. Gracias a ello, las instalaciones fueron retenidas por los trabajadores, pese a los intentos de desalojo de la policía.

“El respaldo nacional e internacional fue clave, pues la situación de la radio fue conocida de inmediato por redes radiales como la Corporación de Radios Populares del Ecuador y Amarc (Asociación Mundial de Radios Comunitarias”, dijo a IPS la periodista Blanca Diego, de esta última organización.

Sin embargo, 20 personas fueron formalmente acusadas de terrorismo, en una demanda interpuesta por los Heraldos. El retiro de esa demanda es una de las solicitudes de López.

La salida de ambas órdenes no calmó los ánimos y nuevos tumultos se registraron en Nueva Loja el 22 de mayo, entre grupos que se disputan la catedral y otros locales eclesiales. Este episodio habría decidido a López a realizar su ayuno voluntario.

“La he visto transformarse. De ser una zona selvática con aislados poblados indígenas, se convirtió en polo de migraciones internas tras el descubrimiento del petróleo”, que empezó a exportarse en 1972, explica López, que asumió la diócesis en 1970, con 36 años.

Narra cómo existen hoy toda suerte de actividades madereras, agrícolas y comerciales, así como aeropuertos y carreteras asfaltadas, mientras hay grandes brechas entre ricos y pobres y serios problemas de contaminación por la actividad petrolera.

Al ser frontera con Colombia, las autoridades lidian permanentemente con contrabandistas y traficantes de armas, narcóticos y combustible, lo que conlleva también a una fuerte presencia militar. Es, además, la principal zona de acogida a miles de desplazados por la violencia de Colombia(FIN/2011)

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