El antídoto nicaragüense contra la inseguridad

Mientras El Salvador, Honduras y Guatemala se encuentran entre los países más violentos del mundo, Nicaragua muestra una realidad distinta.

Wikimedia Commons

El establecimiento de una policía comunitaria y la cohesión social garantizan niveles superiores de seguridad en Nicaragua.

GUATEMALA, sep (IPS) – El Triángulo Norte centroamericano, asolado por la pobreza y en el pasado por guerras civiles, es considerado una de las zonas más violentas del mundo, mientras que su vecina Nicaragua, golpeada por iguales dramas, resistió la barbarie criminal. Muchos se preguntan cuál ha sido la fórmula.

Las razones que permitieron a los nicaragüenses gozar de mayor seguridad que sus vecinos del triángulo formado por El Salvador, Honduras y Guatemala pueden ser varias, pero los analistas y expertos coinciden en dos aspectos fundamentales, como son una policía comunitaria y una mayor cohesión social.

A criterio de Helen Mack, dirigente de la no gubernamental Fundación Myrna Mack, en todos estos países existe una violencia común y criminal, pero la doctrina policial de Nicaragua “hace la diferencia”.

“El Triángulo Norte tenía una incidencia estadounidense donde la policía era auxiliar del ejército y protegía al Estado vía la represión, mientras que los nicaragüenses, tras la revolución, se basaron en el modelo cubano que está enfocado en la comunidad”, explicó la activista y promotora de una reforma policial en Guatemala.

El 19 de julio de 1979 la guerrilla izquierdista entró triunfante en Managua tras varios años de guerra dando comienzo a la Revolución Popular Sandinista, que se proponía transformar las estructuras políticas, ideológicas y económicas del país tras medio siglo de la sangrienta dictadura de la familia Somoza.

Uno de sus principales logros de ese periodo efervescente fue el fomento de la participación ciudadana en pos de los derechos económicos, sociales, políticos y culturales. Primero, en la etapa insurreccional, fueron los Comités de Defensa Civil y luego, ya en el poder, llegaron los Comités de Defensa Sandinista, que derivaron en 1988 en el Movimiento Comunal Nicaragüense.

Para contrarrestar la inseguridad, ya en 1979 se creó la Policía Comunitaria Proactiva, basada en relaciones estratégicas con la comunidad y la prevención del delito.

Pero todo pareció afectarse en la materia cuando el sandinismo tuvo su primer fracaso electoral en 1990, debido entre otras cosas al desgaste de la lucha contra la invasión contrarrevolucionaria, la llamada Contra liderada por ex jefes somocistas apoyados por Estados Unidos y a erradas políticas propias.

Mack precisó que desde la sublevación antisomocista, Nicaragua mantuvo el sistema policial con esa doctrina de servicio y de prevención del delito, contrario al Triángulo Norte donde han prevalecido las políticas represivas. El territorio conformado por El Salvador, Honduras y Guatemala es hoy uno de los más violentos del orbe.

Un estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para esta región en 2010 indica que la tasa de homicidios fue de 78 por 100.000 habitantes en Honduras, de 62 por 100.000 en El Salvador y de 41 por 100.000 en Guatemala. Lejos está Nicaragua, con 13 homicidios cada 100.000 habitantes, según este mismo informe.

La conflictividad social de estos países se agrava si se añade la pobreza, que en Guatemala afecta a 50 por ciento de su población, en Honduras llega a 60 por ciento y en El Salvador a 37 por ciento, mientras que en Nicaragua alcanza a 44,7 por ciento, según datos oficiales.

Con la pobreza y la guerra, la revolución marcó la pauta en seguridad en Nicaragua.

“Las estructuras de cohesión social que dejó la Revolución y la formación que recibió la policía nicaragüense, basada en valores de servicio a la sociedad, fueron fundamentales”, dijo a IPS Arturo Chub, de la no gubernamental Asociación para el Estudio y Promoción de la Seguridad en Democracia.

En cambio, las fuerzas policiales en el Triángulo Norte fueron politizadas al igual que los sistemas de justicia, según el experto.

Los tres países aún guardan resabios de sus conflictos armados internos registrados en coincidencia con la Guerra Fría, los cuales rompieron el tejido social y profundizaron la pobreza.

Los respectivos enfrentamientos entre fuerzas de seguridad del Estado y guerrillas izquierdistas dejaron 250.000 personas muertas o desaparecidas entre 1960 y 1996 en Guatemala y 75.000 asesinadas y 8.000 desaparecidas entre 1980 y 1992 en El Salvador.

Honduras no sufrió una guerra civil porque permaneció alineada y supeditada directamente a los intereses de Estados Unidos sin que pudieran organizarse movimientos armados opositores en su territorio.

Jeannette Aguilar, directora de la salvadoreña Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, comentó a IPS que una policía preventiva y no represiva como la de sus vecinos y la mayor cohesión social fueron claves para que Nicaragua lograra un mejor clima de seguridad.

Además, tiene menores niveles de desigualdad y exclusión que los otros países y dispone de menos armas de fuego, explicó la experta.

“En Nicaragua hay pandillas desde hace 30 años, pero no han tenido la misma evolución ni mutación a estructuras delincuenciales como en los países del Triángulo Norte”, ejemplificó.

En coincidencia, Roberto Orozco, del nicaragüense Instituto de Estudios y Estrategias de Políticas Públicas, señaló a IPS que el enfoque comunitario de la policía y los procesos de paz que sellaron el fin de la guerra y obligaron a los bandos a dialogar y respetar los acuerdos alcanzados resultaron esenciales para la seguridad del país. “Nicaragua implementó desde comienzos de los años 80 un modelo policial enfáticamente de reclutamiento en la comunidad. El policía es un miembro local que conoce a todas las familias y, a su vez, la comunidad lo conoce. Este modelo creó nexos de confianza, se mantuvo y se reforzó y ahora da resultados”, explicó.

A pesar de la pobreza y contrario a sus tres vecinos del norte, Nicaragua tuvo también un modelo de participación política que sirvió para que los conflictos se resolvieran entre los actores políticos “a puertas abiertas”, apuntó el investigador. El consultor en seguridad Francisco Bautista, ex subdirector de la policía de Managua, cree que la economía también incidió en los bajos índices de inseguridad. “Nuestra economía apenas significa seis por ciento del producto interno bruto de América Central, lo cual no resulta estratégico al crimen organizado, acostumbrado a desplazar recursos en economías fuertes donde pueden camuflar el lavado de dinero y la compra de armas”, dijo a IPS.

No obstante, la violencia en Nicaragua creció de forma “alarmante” en los últimos tiempos, al punto que la cifra de homicidios subió de nueve por cada 100.000 habitantes en 2002 a 13 en 2008, advirtió Bautista. (FIN/2011)

*Aporte de José Adán Silva (Managua).

 

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