El hijo social que todos quieren adoptar

El Programa de Cohesión Social en Guatemala beneficia a cerca de un millón de familias.

Wikimedia Commons

La alimentación forma parte de las líneas de trabajo de Cohesión Social.

GUATEMALA, ago (IPS) – Acusado por la oposición de incumplir sus compromisos en materia de transparencia, empleo y seguridad, el presidente de Guatemala, Álvaro Colom, logró, en cambio, llamar la atención en su gestión con el exitoso Programa de Cohesión Social.

Es más, darle continuidad, mejorarlo y ampliarlo, es hoy parte esencial de las ofertas de los 10 candidatos que competirán por la Presidencia de Guatemala en las elecciones generales del 11 de septiembre.

“Los programas sociales van a continuar, seguiremos con ellos y los vamos a mejorar”, repite en un anuncio por televisión el postulante por el conservador Partido Patriota, el general retirado Otto Pérez Molina, quien encabeza las encuestas de intención de voto con alrededor de 40 por ciento de las preferencias de los consultados.

Otros candidatos presidenciales como Manuel Baldizón, del populista Partido Líder, y Rigoberta Menchú, ganadora en 1992 del premio Nobel de la Paz y postulada por el Frente Amplio, una coalición de izquierda, también afirmaron su compromiso por mantener estos programas sociales.

El Programa de Cohesión Social se compone de Mi Familia Progresa, Bolsa Solidaria, Comedores Solidarios, Escuelas Abiertas, Becas Solidarias, Mi Comunidad Produce, Todos Listos Ya y Todos Juntos por el Lago. Fue lanzado en abril de 2008 como el brazo humanitario del gobierno.

Desde entonces y hasta julio de 2011 ejecutó unos 900 millones de dólares. Hoy en su conjunto beneficia a alrededor de un millón de familias que viven en 308 municipios con los mayores índices de pobreza extrema de Guatemala, de un total de 333 en que se divide el país.

Los beneficios que generan son variados y complementarios. Así, mientras la Bolsa Solidaria consiste en la entrega de víveres a familias de muy escasos recursos, Mi Comunidad Produce otorga créditos a las mujeres para emprendimientos productivos.

Los Comedores Solidarios sirven a los trabajadores de la calle desayunos y almuerzos a un costo equivalente a 13 y 40 centavos de dólar cada uno, mientras que Todos Juntos Ya promueve la integración de orquestas y bandas juveniles.

Las Escuelas Abiertas consisten en mantener en actividad a los centros de enseñanza los fines de semana para que los alumnos puedan aprender artes, como el baile y la pintura, en tanto que Becas Solidarias otorga subvenciones y pasantías a estudiantes.

Muy distinta al resto es Todos Juntos por el Lago, una iniciativa para limpiar el lago de Atitlán, en el noroccidental departamento de Sololá.

Peor sin duda, el más importante de todos es Mi Familia Progresa, que absorbe casi la mitad del presupuesto del Programa de Cohesión Social.

Esta iniciativa, ya utilizada con matices variados en otros países de América Latina, como Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica y Uruguay, consiste en un aporte entregado a las familias, equivalente a 39 dólares mensuales, a cambio de enviar a los niños a la escuela y a control médico.

Los resultados de esta transferencia, en particular, han comenzado a dar frutos, según estudios recientes.

“Los niños menores de dos años en hogares beneficiarios presentaron tasas mayores de vacunación, de hasta 15 por ciento más, respecto de los no beneficiarios”, concluyó un estudio realizado entre 2009 y 2010 por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Instituto Nacional de Salud Pública de México.

Los niños y niñas que son reciben este beneficio, además, “se enfermaron entre nueve y 12 por ciento menos” que los no atendidos, agrega el informe coordinado por Juan Pablo Gutiérrez, del Centro de Investigación en Evaluación y Encuestas del instituto mexicano.

“El Programa está teniendo un efecto positivo en las condiciones de vida de las familias beneficiarias, y, en esa lógica, es un esfuerzo importante de mantener”, dijo el experto.

En educación, la evaluación identificó hasta cinco por ciento de mayor inscripción en la escuela en los niños y niñas de entre siete y 15 años de hogares atendidos.

Otra investigación presentada el jueves 25 por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), denominado Ejercicio de apreciación sustantiva Mi Familia Progresa, también otorgó un voto favorable a esta iniciativa.

“Se perfila como una gran oportunidad para generar cambios significativos en oportunidades futuras para las familias más pobres de Guatemala. Evidencia preliminar muestra efectos positivos en ganancias de bienestar y con cobertura creciente”, concluyó el estudio.

Miguel Székely, director del Instituto de Innovación Educativa del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey y encargado del estudio, dijo que es necesario dotar de sustento legal y jurídico al programa, ajustar el aporte mensual según la inflación e instalar mecanismos de transparencia y evaluación para perfeccionarlo.

Guatemala es uno de los países más pobres de América Latina al sufrir esa situación la mitad de sus 14 millones de habitantes y en la indigencia 17 por ciento, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Pero los programas sociales también reciben críticas. “Deben convertirse en una política de Estado para que no desaparezcan y no sean manipulados”, cuestionó Higinio Pu Cach, de la organización indígena Wajxaquib’ noj’, que en idioma maya quiché significa sabiduría.

Este activista, consultados por IPS, señaló que le preocupa que los programas sociales, principalmente Mi Familia Progresa y Bolsas Solidarias, se puedan prestar a intereses políticos de modo que, afirmó, “a veces se entrega solo a quienes pertenecen al partido oficial”.

Nineth Montenegro, diputada por el izquierdista Encuentro por Guatemala y quizás la más crítica de los programas sociales, dijo a IPS que son utilizados de manera desordenada e instrumentalizados políticamente.

Como ejemplo, citó que para funcionar el Programa de Cohesión Social había restado hasta 2010 alrededor de 250 millones de dólares al Ministerio de Educación, Salud y Gobernación, este último encargado de la seguridad. “Entonces de qué estamos hablando”, se quejó.

Montenegro aseguró que tampoco faltó la manipulación política. “Se les da a personas pobres, pero se les condiciona que vayan a hacer campaña y se los extorsiona a que voten por un partido”, sostuvo.

“Es un atropello que se puede decir que es una nueva forma de esclavitud, porque un partido utiliza al Estado con intereses personales”, señaló.

Según esta diputada, los programas sociales sirvieron a Sandra Torres, la ex esposa de Colom y ex coordinadora del Programa de Cohesión Social, como trampolín para su candidatura presidencial, que finalmente fue objetada por la justicia por razones constitucionales.

Con todo, la legisladora izquierdista abogó porque continúen los programas sociales, pero más ordenados, con mecanismos que garanticen la transparencia, estructuras programáticas y que estén agrupados en una sola institución.

Si los candidatos presidenciales cumplen con sus promesas, tal parece que el Programa de Cohesión Social será adoptado por el gobierno que surja de las elecciones generales del 11 de septiembre. (FIN/2011)

 

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