Gobierno de Brasil defiende credenciales para organizar Río+20

La cumbre discutirá el concepto de “economía verde” y los cambios en las instituciones de desarrollo sostenible.

Mario Osava - IPS

Frutas gigantes cultivadas gracias a una presa subterránea en Laginhas, Pernambuco, parte del árido Nordeste de Brasil.

RÍO DE JANEIRO, 3 abr (IPS) – El gobierno de Brasil, que será anfitrión en junio de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río+20), salió a rebatir duras críticas ecologistas y aseguró que el país tiene las “mejores credenciales” en materia ambiental.

“No hay país con mejores credenciales para participar de esa conferencia”, dijo a la prensa extranjera este martes 3 Luiz Alberto Figueiredo Machado, subsecretario general de Medio Ambiente, Energía y Ciencia y Tecnología del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil.

Machado respondió así a las fuertes críticas expuestas por 39 organizaciones ambientalistas de su país ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre lo que consideran un “retroceso” de la agenda socioambiental en el gobierno de Dilma Rousseff, iniciado en enero de 2011.

Los abucheos ecologistas se refieren, entre otros puntos, a la reforma del Código Forestal, en discusión en el Poder Legislativo, que establece una amnistía para los deforestadores rurales, impuesta por el poderoso sector agropecuario y que, según las organizaciones no gubernamentales, el gobierno no se “esfuerza” mucho en combatir.

También se cuestiona la supuesta disminución del poder de las instituciones estatales de control ambiental y la elección de un modelo económico que prioriza la explotación al máximo de los recursos naturales sin medir sus consecuencias ambientales.

“Brasil llega a Río+20 con credenciales impecables, por ser uno de los pocos países que han conseguido un crecimiento económico con inclusión social y la reducción de la deforestación como nunca en su historia”, rebatió Machado.

El funcionario se refería a logros de las gestiones presidenciales consecutivas de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2011) y de Rousseff, ambos del izquierdista Partido de los Trabajadores.

Machado hizo sus afirmaciones en una reunión con corresponsales extranjeros, en la que explicó las principales líneas de acción del encuentro mundial que tendrá lugar en Río de Janeiro entre el 13 y el 22 de junio, contando las reuniones preparatorias de la cumbre y el foro no gubernamental.

Según Machado, la cumbre dará una significativa participación a la sociedad civil –en la que ubicó a organizaciones ambientalistas, empresarias y científicas– en el debate sobre sus tres temas centrales: ambiental, económico y social.

La conferencia es llamada Río+20 porque se realiza dos décadas después de la segunda Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, celebrada en la misma ciudad brasileña en 1992 y que se constituyó en momento de inflexión en la arquitectura del derecho ambiental internacional.

El subsecretario reiteró el lema de la ONU, al decir que la cumbre buscará definir “el futuro que queremos” en los próximos 20 años: un modelo de desarrollo con crecimiento económico, inclusión social y protección ambiental conjugados “de forma armónica”.

La cumbre tendrá dos ejes centrales que discutirán el concepto de “economía verde” y los cambios en las instituciones internacionales de desarrollo sostenible.

Pero Machado destacó que, a diferencia de Río 92, de la que surgieron grandes compromisos como los convenios sobre cambio climático y biodiversidad y la Agenda 21, en esta “no se pretende legislar”.

El funcionario salió también al cruce de organizaciones que advierten que Río+20 no definirá metas. Lo que se busca, dijo Machado, no es establecer objetivos ni sancionar a los países que no los cumplen, sino “ayudarlos” a alcanzarlos y “consolidar los conceptos definidos hasta ahora”.

“¿Qué sanciones podemos aplicar, por ejemplo, a un país pobre por no cumplir sus metas ambientales si está en una situación tan extrema que no puede cumplirlas?”, cuestionó. “Debemos ayudar a los países a que cumplan”, consideró.

En los acuerdos internacionales, “no hay obligatoriedad sin ley”, interpretó Machado.

En su opinión, Río+20 aportará “una nueva mirada” a la crisis financiera, económica y social internacional, que atribuyó a un modelo de desarrollo “inadecuado”, que “no responde más a los nuevos desafíos”.

Ese modelo se basa en una forma de producción “insustentable”, que “no cabía ya a finales del siglo XIX, ni en el siglo XX, y con seguridad tampoco en el siglo XXI”, dijo Machado.

Como ejemplo de ese modelo “agotado”, mencionó los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) y se refirió a la necesidad de buscar nuevas fuentes de energía, limpias y renovables, tocando otro punto sensible para su país.

Con el descubrimiento de nuevas y enormes reservas de petróleo ubicadas bajo una capa de sal a grandes profundidades del océano Atlántico, Brasil busca convertirse en una de las potencias energéticas de este siglo, consolidando su posición de exportador de crudo.

Brasil también es cuestionado por la planificación de grandes centrales hidroeléctricas en áreas frágiles como la Amazonia.

Pero Machado consideró esas críticas infundadas. “Brasil es el único país del mundo que circula con al menos 20 por ciento de biocombustibles en su tanque”, dijo al referirse a la proporción de gasolinas de origen vegetal, como el etanol, que deben incluir los vehículos en este país.

Machado mencionó otros puntos de discusión de Río+20, como la necesidad de fortalecer el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y otros organismos y de crear nuevos.

Aunque desestimó los “roces” por posturas diferentes de los gobiernos, Machado opinó que lo deseable es definir objetivos de desarrollo sustentable “no apenas orientados a los países en desarrollo, sino a todos los países”. (2012)

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