Integración para mitigar depresión post megaproyectos

Autoridades advierten sobre la situación de desempleo que dejará la culminación de dos hidroeléctricas en Porto Velho, Brasil.

Mario Osava - IPS

Vila Teotonio, uno de los poblados inundados por el embalse de la central de Santo Antônio.

PORTO VELHO, Brasil, mar (IPS) – El comercio con Perú, un mercado en acelerada expansión, ayudará a Porto Velho, en el noroeste de Brasil, a atenuar el impacto de la pérdida de empleos y negocios generados por la construcción de dos centrales hidroeléctricas en el río Madeira.

 

Las obras de las generadoras Jirau y Santo Antônio tuvieron su apogeo en 2011, cuando empleaban más de 40.000 trabajadores, equivalentes a nueve por ciento de la población total del municipio, capital del estado de Rondônia.

Cuando en cuatro años culmine su construcción, los funcionarios encargados de la operación y administración de las centrales se contarán en centenares y no en miles.

“Habrá resaca”, admitió el superintendente de la Federación de las Industrias del Estado de Rondônia, Gilberto Baptista. Productores de alimentos perecederos, como hortalizas y huevos, perderán la alta demanda que propiciaron los megaproyectos, sin posibilidad de encontrar otros mercados, reconoció.

Pero no será una depresión con desempleo y quiebras generalizadas, aseguró.

El auge de la construcción en todo Brasil, incluso de otras hidroeléctricas, absorberá gran parte de la mano de obra liberada. En la misma Porto Velho se vive un “boom” de viviendas y se construye un puente de 975 metros sobre el río Madeira en la ruta hacia el norte, y más tarde otro rumbo al suroeste y Perú.

Además de la masiva capacitación de trabajadores, práctica indispensable ante el pleno empleo de los ya calificados en otras partes del país, “las hidroeléctricas fortalecieron las empresas locales”, al demandar bienes y servicios en gran escala, exigiendo calidad, plazos y normas rígidas, observó Baptista.

De esa forma, las empresas se prepararon para combatir en mercados más exigentes, en Brasil o en el exterior, adquirieron “musculatura para superar barreras” y competitividad, acotó. Las esperadas obras de mejora y ampliación de las carreteras y la hidrovía del río Madeira también facilitarán esas “exportaciones” de trabajadores locales.

Perú, con un crecimiento económico superior al brasileño y la elevación del ingreso de su población, constituye un “mercado prometedor” de consumo creciente, ahora que la Carretera Interoceánica coloca a todo el sur peruano, hasta el Pacífico, en conexión vial rápida con Brasil, señaló el superintendente.

Carnes, leche y sus derivados son algunos productos que Rondônia puede exportar, a cambio de cebollas, espárragos, frutas y pescados de clima templado, ejemplificó.

Rondônia no está tan cerca de Perú. Entre su capital y la frontera hay 880 kilómetros de carretera, cruzando el fronterizo estado de Acre.

Pero Rondônia protagonizará la integración con los andinos, por su economía diversificada, sus facilidades logísticas hacia el norte y el centro-sur de Brasil y sus 1,6 millones de habitantes, cree Baptista. Acre tiene menos de la mitad de esa población, que es además más pobre.

Con Bolivia, que sí tiene extensas fronteras con Rondônia, son pocas las posibilidades de negocios, por el limitado mercado del norte boliviano, según Baptista.

De todos modos será necesario mucho más que exportaciones para evitar la decadencia de Porto Velho. “Esperamos fuerte desempleo el próximo año”, con el consecuente aumento de la violencia y otros efectos sociales, dijo Pedro Beber, secretario extraordinario de Programas Especiales del municipio.

Su secretaría fue creada en 2007 para acompañar y promover la mejor ejecución posible de las inversiones que las hidroeléctricas están legalmente obligadas a ofrecer al municipio y comunidades, para mitigar y compensar los impactos de sus obras.

Los programas socioambientales de las dos centrales suman 2.100 millones de reales (1.230 millones de dólares), pero la mitad se destina al reasentamiento de casi 3.000 familias que tendrán sus casas o tierras inundadas por las represas.

“Esto no es compensación, sino costo de cualquier obra”, como la compra del terreno para una edificación o “sustituir la batería del automóvil”, y no remedia los daños, cuestionó Aluildo Leite, fiscal del Ministerio Público Estadual que coordina un grupo de monitoreo de los impactos de las hidroeléctricas.

Pero Leite ve “un saldo positivo” en la construcción de 22 puestos de salud y reformas de otros, así como nuevas escuelas, pavimentación de calles y saneamiento básico que permitieron los recursos aportados por los consorcios que ganaron la concesión de Santo Antônio y Jirau, en construcción a siete y 130 kilómetros de Porto Velho, respectivamente.

Las compensaciones están previstas en las llamadas condicionantes, acciones impuestas por la autoridad ambiental para conceder las licencias para implantación y operación de las hidroeléctricas por las empresas concesionarias.

Pero “no son proporcionales a los daños y al gigantismo de las obras”, que atraen “violencia, drogas y prostitución”, evaluó el sacerdote Miguel de Moura, de un grupo católico que asiste a “los pobres que sufren”, especialmente en Jacy-Paraná, el poblado más afectado por ubicarse entre las dos hidroeléctricas, a 90 kilómetros de Porto Velho.

La ciudad sufre “dos veces el impacto” de proyectos tan grandes, primero la invasión del inicio y auge de la construcción y luego el “derrumbe del dinamismo” y el desempleo, resumió Cleiton Silva, presidente en Rondônia de la Central Única de Trabajadores, la mayor organización sindical brasileña.

Además, las compensaciones no sostienen la súbita prosperidad que vivió Porto Velho en los últimos años, reflejado en los hoteles repletos. Edificios de oficinas e incluso un hospital se convirtieron en hoteles, para acoger a obreros y visitantes de negocios.

Será necesario promover el desarrollo económico, impulsando las “vocaciones” de Rondônia que, además de agricultura y ganadería, comprenden la piscicultura y la madera, que se puede extraer de bosques nativos de forma sustentable y de proyectos de reforestación, opinó Beber, un agrónomo especializado en manejo forestal.

“Falta fomento”, diagnosticó, al argumentar que la soja se convirtió en tres décadas en el principal cultivo brasileño, gracias al “crédito fácil” del estatal Banco do Brasil. Las plantaciones de eucalipto mejorado genéticamente son “más rentables que la soja”, sostuvo.

Todas esas alternativas, sin embargo, no ofrecen empleos masivos como la construcción de grandes centrales hidroeléctricas. Tampoco lo hacen industrias como una gran planta metalúrgica, que se instaló en Porto Velho para producir grandes equipos mecánicos para hidroelectricidad en la Amazonia, y una cementera.

Porto Velho vive así el reto de amortiguar su caída. La construcción de edificios ya no costará 1.750 dólares por metro cuadrado y la ciudad no mantendrá el primer puesto en el ranking de venta proporcional de motocicletas, lo que se traduce actualmente en siete accidentes diarios con fractura expuesta de motoristas, comentó Beber. (FIN/2012)

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