La capital mexicana se viste de gris

Habitantes del Distrito Federal se enfrentan a la sobreexplotación de mantos acuíferos, el exceso de basura y la mala calidad del aire.

Gobierno del Distrito Federal de México

Autopistas de la ciudad de México

MÉXICO, may (IPS) – El arquitecto Charles-Édouard Jeanneret-Gris (1887-1965), conocido mundialmente como Le Corbusier, propuso en su obra “Ciudad radiante” una urbe sembrada de rascacielos, amplias calles, cemento y automóviles, aunque adornada con jardines. La capital mexicana parece seguir esos enunciados.

Las autoridades de la ciudad de México han favorecido en los últimos años el florecimiento de esos hongos inmobiliarios y de vehículos de acero motorizados, una política que amenaza su sustentabilidad a largo plazo, a criterio de expertos.

Los casi nueve millones de habitantes del capitalino Distrito Federal (DF), que suman 20 millones si se agregan las zonas metropolitanas del vecino estado de México, se enfrentan a fenómenos como el abigarrado tráfico vehicular, la sobreexplotación de mantos acuíferos, el exceso de basura y la mala calidad del aire durante buena parte del año.

“No puede hablarse de desarrollo sustentable si no se combinan la sustentabilidad social, ambiental y económica. El DF está señalado como foco rojo por la ONU (Organización de las Naciones Unidas), está hundida en el esmog y hay que tomar medidas importantes”, dijo a IPS el académico Sergio Martínez, de la Facultad de Economía de la estatal Universidad Nacional Autónoma de México.

“Los planes están bien diseñados, pero no se aplican”, resaltó el experto, quien ha estudiado temas urbanos comparados entre México y China.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente define como ciudad sustentable aquella cuyos logros en materia de desarrollo social, económico y físico están hechos para durar y la que tenga una oferta perdurable de recursos ambientales, de los cuales depende su desarrollo, pero solo si su uso es sustentable.

El gobierno izquierdista de la ciudad de México ejecuta desde 2007 el denominado Plan Verde, un conjunto de estrategias basadas en ideas como el fomento del transporte público y el impulso de la participación ciudadana.

Este programa surgió de una “consulta verde” aplicada ese mismo año sobre temas vinculados al transporte y al manejo del agua y los residuos. Pero sus resultados son cuestionados por especialistas.

Para Arnold Ricalde, fundador de la no gubernamental Organi-K, los problemas más acuciantes en la urbe son el agua, el manejo de los residuos sólidos y la movilidad.

“Los pozos de agua se están secando y cada vez hay que perforar más a fondo, lo cual nos preocupa. Es un grave error, como seguir trayendo el recurso de las zonas aledañas. Hay que tener una visión de cuenca a largo plazo”, planteó Ricalde.

El abasto de agua para el área metropolitana alcanza 67.000 metros cúbicos por segundo, 43.000 de los cuales se extraen del acuífero del Valle de México, ya sobreexplotado, según indicadores de la Comisión Nacional del Agua.

El consumo por persona en la ciudad de México, donde se recurre a 2.500 pozos para obtener el líquido, se ubica en 350 litros diarios por habitante, uno de los más altos en la región.

Además, se generan 431 metros cúbicos por segundo de aguas residuales, de las que sólo seis por ciento son tratadas. Sumado a ello, la red de suministro de agua potable está plagada de fugas y la de lluvia se desperdicia.

“El aspecto ambiental sigue supeditado a los intereses políticos y económicos. En el Plan Verde no se contemplan aspectos sociales ni económicos. Sigue haciendo falta la parte urbana, que tiene que estar incluida en una política sustentable”, sostuvo Martínez.

El gobierno de Marcelo Ebrard, del Partido de la Revolución Democrática (PRD), promueve el transporte urbano público, pero al mismo tiempo construye arterias y puentes elevados que fomentan el uso del automóvil privado. En la ciudad y zona metropolitana circulan 4,6 millones de vehículos por día.

En cuanto al transporte urbano de pasajeros, funcionan cuatro líneas que totalizan 95 kilómetros del Sistema de Corredores de Metrobús, un modelo de tránsito rápido que pasa por un carril confinado.

Además se construye una ruta del Sistema de Transporte Colectivo Metro, de 24 kilómetros, que conectará el oriente y el occidente de la ciudad, y que empezará a operar este año.

El uso de la bicicleta también está en la mira de las autoridades. Desde 2010 funciona el programa Ecobici, que promedia 30.000 usuarios diarios y consta de 90 estaciones con un total de 1.200 birrodados.

“La política es contradictoria. La movilidad se va reduciendo y no se resuelve con más vialidades (calles). A mayor número de vialidades, mayor tráfico. Habría que restringir el vehículo particular. No entendemos cómo se fomenta el transporte público y alternativo, pero se construyen puentes que fomentan lo contrario”, enfatizó Ricalde.

En los últimos años ha proliferado en la capital de México la instalación de plantas ornamentales y vegetales en azoteas de condominios y de jardines verticales, ubicados generalmente en las paredes de los primeros pisos de los edificios.

En el primer caso, eso ha apuntalado la agricultura urbana, una modalidad floreciente desde hace décadas en el sur de la urbe y que le provee de verduras y legumbres.

Luego del cierre definitivo del Bordo Poniente, el mayor basurero capitalino, la gestión de los desechos se ha tornado más compleja. En el DF se generan 12.600 toneladas de desperdicios sólidos al día.

De esa cifra, 3.000 toneladas sirven para la elaboración de compost, 800 se reciclan, entre botellas plásticas, cartón y metales, y 600 se destinan a la obtención de combustible alternativo, según la Secretaría (ministerio) citadina de Obras y Servicios.

Ante esas circunstancias, la sustentabilidad de la capital mexicana es uno de los mayores desafíos del próximo alcalde, que será elegido el 1 de julio y asumirá el cargo en diciembre.

Pero el tema tiene una presencia virtualmente marginal en las plataformas políticas de los principales contendientes, Miguel Mancera, del PRD, y Beatriz Paredes, del opositor Partido Revolucionario Institucional.

“Ninguno de los candidatos lo ve de forma integral, se toca de forma muy somera”, evaluó Ricalde, cuya organización ejecuta proyectos para crear la ciudadanía ambiental, usar ecotecnias, cambiar hábitos de consumo, de reciclaje y de reforestación.

“El camino a la sustentabilidad empieza por un cambio cultural. Es toda una forma de vida que cuestiona un estilo de vida, que no se va a resolver usando papel reciclado o un auto híbrido”, concluyó Martínez. (FIN/2012)

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