La invasión de los bosques desencantados

Activistas denunciaron en Montevideo el avance de los llamados “desiertos verdes” en la región.

Wikimedia Commons

En países de América Latina, África y Asia se expanden los monocultivos de eucalipto y de pino para abastecer las fábricas de celulosa.

MONTEVIDEO, 21 sep (IPS) – La forestación a gran escala se expande aceleradamente en los países del Sur, impulsada por los bajos costos de producción y la complicidad de gobiernos, causando severos impactos sociales y ambientales, advirtieron expertos de distintas partes del mundo reunidos en la capital uruguaya.

Los llamados “desiertos verdes” avanzan por los suelos fértiles de la región, con la proliferación de árboles de rápido crecimiento destinados a la fabricación de papel y otros fines industriales, desplazando comunidades y afectando ecosistemas autóctonos.

Muchos gobiernos del mundo en desarrollo apoyan este modelo de producción y consumo que se replica del Norte, en lugar de defender la soberanía y el bienestar popular, denunciaron participantes en los actos realizados en Montevideo este miércoles con motivo del Día Internacional de Lucha contra los Monocultivos de Árboles.

Para graficar el desequilibrio, “en Europa se consumen alrededor de 350 kilogramos de papel al año por persona, la mitad de los cuales son para embalaje, mientras que en Brasil y Uruguay la cifra se reduce a solo 50 kilogramos”, aseguró a IPS el brasileño Winfridus Overbeek, coordinador internacional del Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM).

Overbeek precisó que tanto en Europa como en América del Norte ya no hay espacio suficientemente grande para plantar árboles y garantizar este alto consumo. Por ello se buscó emigrar la producción hacia el sur del mundo.

A esas dificultades se le suman las distintas oportunidades que encuentran las empresas transnacionales en el mundo en desarrollo, donde abundan las tierras fértiles y los costos de producción y los salarios son más bajos que en el Norte industrializado, detalló.

En varios países de América Latina, así como en el sur de África y Asia, hay una fuerte expansión de los monocultivos de eucalipto y de pino para abastecer las fábricas de celulosa con destino a la elaboración de papel. También aumentaron en esas zonas las plantaciones de palma para producir aceites, hasta hace poco concentradas en Indonesia.

Por otra parte, “para paliar los efectos de la crisis climática se generaron falsas soluciones para proteger el planeta”, advirtió Overbeek. “Se impulsa la producción de agrocombustibles, como por ejemplo la mencionada palma, pese a que su procesamiento y transporte libera a la atmósfera el mismo carbono que se pretende reducir”, explicó.

Además, el mecanismo de desarrollo limpio establecido en el Protocolo de Kyoto, vigente desde 2005, permite a los países industrializados optar por mantener sus emisiones de gases invernadero y compensarlo con la financiación de actividades en los países del Sur que supuestamente contribuirían con el desarrollo local y con la reducción de esos agentes contaminantes.

Precisamente, “una de esas actividades es plantar árboles a gran escala”, denunció el coordinador de WRM.

Guadalupe Rodríguez, integrante de la organización no gubernamental Salva la Selva, alertó ante IPS que “los monocultivos tienden a verse como algo bueno, porque es verde y se ve bonito, pero si uno se acerca a ellos no va a escuchar ni un pájaro, porque no hay nada, solo hay silencio”. “Un monocultivo es casi como una cantera”, añadió.

“Por el contrario, en un bosque tropical se van a escuchar animales, agua fluyendo, porque hay vida”, describió.

Brasil es un ejemplo de cómo la expansión de los monocultivos de árboles afecta a las comunidades.

Actualmente hay alrededor de siete millones de hectáreas forestadas, sobre todo con eucaliptos, en plantaciones “concentradas en las regiones más fértiles y pobladas del país”, afirmó Overbeek.

“Calculamos que 50.000 familias que vivían de la agricultura fueron desplazadas del campo por ese motivo en el sudoriental estado de Espírito Santo”, donde ya son 10 los asentamiento del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST).

“Ellos entraron en la zona de (plantación de) eucalipto, cortaron los árboles e hicieron sus casa para decir: ‘necesitamos esta tierra para vivir’”, contó este experto.

Luego repasó que “el MST juntó el 8 de marzo a 1.500 mujeres para talar eucaliptos y producir alimentos y hoy, seis meses después, ya hay plantíos de fríjoles y maíz en un área que era de monocultivo”.

Overbeek agregó que, al tratarse de un gobierno de izquierda el que conduce los destinos de Brasil, a diferencia del pasado, “no mandan a la policía para combatir las ocupaciones”. Por suerte “no hay ese tipo de violencia”, apuntó.

Pero la represión hacia las comunidades que se resisten a este modelo de producción sí existe en otros países en desarrollo. “Hemos llegado a conocer casos de asesinatos de personas que estaban vinculados a las luchas de resistencia”, denunció Rodríguez.

A modo de ejemplo, la experta explicó que una campesina guatemalteca fue asesinada por oponerse a la expansión de los monocultivos de caña de azúcar y de palma en el norteño departamento de Alta Verapaz.

Los impactos de la forestación en las praderas y el agua es otro de los problemas que sufren los distintos territorios.

Philip Owen, fundador de la organización sudafricana Geasphere, contó a IPS la experiencia negativa de la región de Mpumalanga en el noreste de ese país, donde se concentran las plantaciones de eucalipto y pino, que han secado las reservas de agua subterránea, arroyos y ríos.

El otro gran impacto se produce en la biodiversidad. “La instalación de monocultivos significa la muerte de la pradera, porque se quita luz que es fundamental para su germinación”, señaló.

Explicó, además, que la pradera funciona como una esponja que absorbe el agua cuando llueve, pero al desaparecer eso se generan inundaciones y se erosiona el suelo.

Por otra parte, las compañías plantadoras han iniciado una serie de matanzas de animales como los monos babun, que dañan los árboles en busca de comida. Según Owen, se mataron alrededor de 3.000 de estos primates en los últimos 10 años en Sudáfrica.

El caso uruguayo no difiere mucho del sudafricano. Aprovechando la visita de tantos expertos ambientales a Uruguay, se realizó una visita a dos localidades con experiencias distintas como ejemplo de modelos de producción que se contraponen.

“Por un lado se conoció la labor llevada a cabo por pobladores de Cerro Alegre, en el sudoccidental departamento de Soriano, que desde hace 10 años sufren la falta de agua debido a la forestación industrial que se desarrolla en la zona, afectando a 100 familias”, explicó a IPS Elizabeth Díaz, integrante de la organización ambiental uruguaya Guayubira.

“También visitamos la ciudad de Tarariras, en el vecino departamento de Colonia, donde varias familias viven de la agricultura gracias a un modelo de producción diversificada. Es un ejemplo de cómo se puede trabajar y vivir en el campo cuando no hay monocultivos”, puntualizó.

Díaz dijo que el grupo de ambientalistas reunidos en Montevideo llegaron a la conclusión de que “el modelo de producción basado en monocultivos a gran escala es el mismo en todo el mundo en desarrollo, con impactos muy similares en las comunidades y en el ambiente”. (FIN/2011)

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