Mujeres, más retórica que inclusión

Instituciones financieras multilaterales reconocen la importancia de la igualdad de género, pero aún asumen posturas discriminatorias.

Jorge Luis Baños - IPS

La participación de las mujeres es crucial para el éxito de los proyectos de desarrollo sostenible.

WASHINGTON, feb (IPS) – “Las mujeres tienen las llaves para abrir las barreras a un desarrollo sustentable”, sintetizó una vez la vicesecretaria general de la ONU, Asha-Rose Migiro. Pero sus propias puertas suelen estar cerradas.

Las mujeres desempeñan roles esenciales en la economía, la agricultura y el desarrollo mundial. Pero aunque la retórica sobre la importancia de su inclusión en proyectos de desarrollo llegó a un clímax en los últimos años, los proyectos de inversiones a menudo no dan el ejemplo en cuanto a incluir realmente una perspectiva de género.

Los principales desafíos que enfrenta el desarrollo sostenible son la desigualdad de género, el cambio climático, la degradación de los recursos naturales y la recesión mundial, dijo Melanne Verveer, embajadora del Departamento de Estado (cancillería) de Estados Unidos para los asuntos de las mujeres, en una conferencia sobre igualdad de género y desarrollo sustentable.

“No tendrá éxito ningún esfuerzo por promover el desarrollo sustentable que no tome en cuenta a la mitad de la población mundial”, declaró.

“Las mujeres promueven desde hace tiempo soluciones a los desafíos del desarrollo sustentable. Vienen promoviendo (mecanismos de) adaptación y mitigación del cambio climático, protección de la biodiversidad y de ecosistemas vitales, garantizando el acceso al agua y combatiendo la contaminación aérea en espacios interiores”, agregó.

Según la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), las mujeres son responsables de la mitad de la producción mundial de alimentos.

Además continúan cargando con la mayor parte de las responsabilidades en el hogar, desde el cuidado de los hijos a la elaboración de los alimentos.

Por lo tanto, la participación de las mujeres es crucial para el éxito de los proyectos de desarrollo sostenible.

Sin embargo, y aunque admiten la importancia de la igualdad de género en el desarrollo, el Banco Mundial y otras instituciones financieras multilaterales continúan tomando decisiones insensibles al género, dijo a IPS la presidenta de Gender Action, Elaine Zuckerman.

“Muchas personas proponen la igualdad de género, los derechos de las mujeres, el empoderamiento de las mujeres, pero cuando se mira los presupuestos (…) hay una enorme desconexión. Es fundamental que la retórica se traduzca en inversiones”, dijo Zuckerman a IPS.

Las instituciones financieras multilaterales ven al género como un “asunto blando”, declaró a IPS la coordinadora de programas de Gender Action, Elizabeth Arend.

El presupuesto del año pasado del Banco Mundial para las inversiones en materia de “desarrollo social, género e inclusión” se redujo de 952 millones de dólares a 908 millones, pese a que el Informe sobre el Desarrollo Mundial subrayaba los temas de exclusión de las mujeres.

El gasto del Banco en esta categoría representa menos de dos por ciento de su presupuesto 2011, señaló Arend.

“No es suficiente tener un puñado de ‘expertos en género’ en una institución como el Banco Mundial… Tampoco es permisible abordar el tema en un solo párrafo dentro de un documento de 160 páginas de evaluación de un proyecto”, dijo Arend a IPS.

“Las instituciones financieras internacionales deben entender que cada componente de cada proyecto en cada sector tiene implicaciones de género, y que marginar este asunto perjudica de modo fundamental la efectividad y la sustentabilidad de las inversiones”, apuntó.

Muchos proyectos de instituciones financieras internacionales no abordan las desigualdades de género que impiden que mujeres y niñas participen y se beneficien de actividades de esos mismos proyectos, según expertos.

Las mujeres tienden a sufrir desproporcionadamente cuando las desigualdades de género no se incluyen en el diseño de proyectos de desarrollo, como ejemplifican los proyectos del gasoducto de África occidental y el oleoducto Chad-Camerún, financiados por el Banco Mundial.

Una investigación de Gender Action en asociación con Amigos de la Tierra concluyó que, como en el proyecto no se tomaron en cuenta las dimensiones de género, “las instituciones financieras internacionales reforzaron el (existente) estatus de segunda clase al marginar a las mujeres en los procesos de consulta, discriminarlas en programas de compensación y oportunidades de empleo, y perjudicar los cruciales medios de sustento de las mujeres”.

Arend cree que hay varios motivos para la persistente brecha entre la retórica del Banco Mundial y el financiamiento que realmente aporta a los asuntos de género.

Primero está la discrepancia histórica entre lo que el equipo investigador del Banco prioriza y el dinero que realmente recibe. Segundo, si la dirigencia no ve al género como una prioridad, entonces este no es integrado en las inversiones del Banco.

En definitiva, según Arend, el Banco Mundial es una empresa.

“El Informe sobre el Desarrollo Mundial brinda un ejemplo. La fundadora de Gender Action, Elaine Zuckerman, lo ha seguido desde su creación y (prácticamente no) ha visto una correlación entre el Informe y el financiamiento real”, señaló Arend.

“Aunque el Banco está ocupado promocionando este Informe y sus conclusiones, además de su campaña de medios sociales ‘Piensa en equidad’, no está invirtiendo más en género en absoluto”, aseguró.

Sin embargo, esta situación podría estar cambiando lentamente. Arend observó que el Banco ha comprometido 40 millones de dólares para relanzar un “proyecto de servicios públicos para el fortalecimiento de la agricultura” en Haití, cuya versión original data de 2009.

El nuevo proyecto ha “desarrollado un programa de capacitación financiera para productoras y comerciantes agrícolas, fortalecido la capacidad del equipo del Ministerio de Agricultura sobre asuntos de género y apoyado la integración de un Punto Focal de Género en el ministerio”, como pidieron las beneficiarias.

“El proyecto (de Haití) dista de ser perfecto, pero esto muestra que el Banco Mundial es capaz de hacer inversiones de una manera sensible al género. Todo lo que parece estar faltando es la voluntad”, dijo Arend. (FIN/2012)

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