Obras contra inundaciones llegan detrás de la tormenta

El último temporal de lluvia y viento que afectó Buenos Aires el 29 de octubre, dejó dos personas muertas y miles de evacuadas.

Juan Moseinco - IPS

Los temporales afectan cada vez con más frecuencia a Buenos Aires y las zonas aledañas.

BUENOS AIRES, nov (IPS) – Las obras para evitar inundaciones o mitigar sus efectos avanzan en la capital argentina y en la contigua provincia de Buenos Aires, pero a un ritmo dispar y demasiado lento para las cada vez más frecuentes e intensas lluvias que se suceden por el cambio climático.

Investigadores del Programa Interdisciplinario de Cambio Climático de la estatal Universidad de Buenos Aires insisten ante las autoridades sobre la urgencia de realizar obras de infraestructura para adaptarse a los efectos de eventos climáticos. Tanto el gobierno nacional como los de la ciudad y de la provincia han reconocido la necesidad de estos trabajos y buena parte de lo requerido está en obra, pero a una velocidad que no se corresponde con el reto que plantean las fuertes tormentas, advierten los expertos.

El último temporal de lluvia y viento que afectó Buenos Aires y buena parte de la provincia homónima, el 29 de octubre, dejó dos personas muertas y miles de evacuadas, además de anegar avenidas, calles y hasta populosos barrios por entero.

Pero esa tormenta fue solo una muestra de lo que ya ocurría desde abril, con lluvias continuas e intermitentes que formaron inmensos espejos de agua en vastas zonas rurales de la provincia con más cantidad de habitantes de Argentina y cuyo territorio se caracteriza por ser una planicie con poca inclinación hacia el mar.

El provincial Ministerio de Asuntos Agrarios estima que hay unas cuatro millones de hectáreas inundadas.

Uno de los lugares más anegados es Pehuajó, en el oeste de la provincia de Buenos Aires. Sus autoridades aseguraron que 70 por ciento del área agropecuaria se encuentra bajo el agua en este partido, con una superficie de 453.000 hectáreas, 40.000 habitantes y cuya cabecera es la ciudad de igual nombre.

“La situación es terrible, muy compleja”, dijo a IPS el alcalde del distrito, Pablo Zurro. Las lluvias de fines de octubre “fueron las peores desde 1911”, aseguró.

Zurro indicó que el año pasado para esta misma época debió, paradójicamente, solicitar al gobierno provincial la declaración de emergencia por sequía, medida que incluye beneficios como prorrogar el plazo de pago de impuestos.

Ahora pide la declaración de desastre, una categoría mayor que otorga el estado provincial cuando el impacto es grande y permanente. Ello permitiría suspender el pago de tributos durante el período en el que el campo permanezca anegado.

La descripción de Zurro corresponde al fenómeno de alternancia de sequías y tormentas extremas que, según los científicos, afectará la región cada vez con más frecuencia e impacto, debido al cambio climático, derivado del recalentamiento global.

La culpa es del otro

En la ciudad de Buenos Aires se realizaron dos trabajos de entubamiento de uno de los arroyos que pasan por la urbe, el Maldonado, y se mejoraron drenajes pluviales. Pero hay tres obras de infraestructura claves que sufren trabas burocráticas o financieras.

La Auditoría General de la Ciudad, órgano de contralor de la comuna, advirtió en julio que desde 2009 hay tres obras paralizadas, que forman parte del llamado Plan Director de Ordenamiento Hidráulico y Control de Inundaciones.

A raíz del último temporal, que en el distrito capitalino inundó el pasaje de trenes subterráneos, calles, viviendas y comercios, se destrabó el obstáculo que frenaba el entubamiento del arroyo Vega, una de las obras en cuestión.

El gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, del centroderechista Mauricio Macri, alegó que el proyecto estaba frenado a la espera de un aval que debía dar el gobierno nacional, de la centroizquierdista Cristina Fernández, para solicitar financiamiento externo.

Ahora la garantía fue otorgada y Macri está en condiciones de emitir bonos de deuda para el proyecto.

En tanto, la provincia bonaerense gobernada por Daniel Scioli, del partido liderado por Fernández, tiene obras proyectadas en los años 90 que avanzan con diverso ritmo. Pero también ganan generalmente las lluvias.

En 1997, con apoyo financiero del Banco Mundial, comenzó a elaborarse el Plan Maestro Integral del Río Salado, una de las cuatro principales redes fluviales que cruzan la provincia.

El plan, cuyo objetivo es “reducir impactos negativos de las inundaciones y sequías”, prevé múltiples obras, nuevas o de ampliación y adecuación, de canalización, dragado, terraplenes, puentes, estaciones de bombeo y defensas.

La cuenca de este río abarca un área de 170.000 kilómetros cuadrados y, pese a los embates climáticos, de allí sale 25 por ciento de la producción nacional de cereales, carnes y productos lácteos.

“Desde hace dos años se trabaja mucho en el dragado y cuando se termine van a hacer dos canales en Pehuajó para evitar las inundaciones, pero antes de eso hubo 14 años de parálisis”, cuestiona el intendente Zurro.

“Si se termina con estas obras del Plan Maestro (del Salado) se van a solucionar muchos problemas, pero todavía falta y esta última lluvia fue la peor del siglo”, sostuvo. Según los registros estadísticos, la media anual de lluvias es de 800 milímetros, pero en lo que va de este año ya cayeron entre 1.720 y 1.800 milímetros, según las zonas.

Laura Beherán, de la Dirección Provincial de Saneamiento y Obra Hidráulica, dijo a IPS que están “en la búsqueda permanente de soluciones para atenuar o eliminar el efecto perjudicial de los desbordes del río Salado y bajar el riesgo de inundación”.

Las obras del tramo uno y dos de la cuenca ya están listas, aseguró. Ahora la labor se centra en el tramo tres de los cinco que tiene la cuenca.

Con los trabajos finalizados se recuperarán 1,2 millones de hectáreas de tierra productiva, lo cual redundará en un aumento de la producción agraria y ganadera de 10 y 18 por ciento respectivamente, vaticinó la funcionaria.

El gobierno provincial realiza, además, canales aliviadores, desagües pluviales y otras obras nuevas y de mantenimiento en los distritos del populoso cordón que bordea la capital del país.

También están retrasados los trabajos en la cuenca del río Luján, que tiene asimismo un plan de saneamiento y control de inundaciones, y que se desbordó el 29 de octubre e inundó parte de la ciudad homónima y su tradicional basílica, construida en el siglo XIX.

Fueron severos los anegamientos en La Matanza, el partido con mayor cantidad de habitantes del área metropolitana de la ciudad de Buenos Aires y el más afectado por los desbordes de arroyos. Una de las dos muertes que dejó el temporal ocurrió en esa zona.

“En La Matanza tenemos en ejecución 20 obras en este momento”, explicó Beherán. Unas en proceso de licitación, otras avanzadas en 90 por ciento o en 20 por ciento. Pero las precipitaciones son indiscriminadas y siguen causando daño. (FIN/2012)

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