Oportunidad para América Latina con enfermedades olvidadas

Organización no gubernamental desarrolla medicinas para tratar padecimientos con alta mortalidad.

Fabiola Ortiz - IPS

América Latina es tradicionalmente una región con altos niveles endémicos y un gran reservorio de enfermedades desatendidas.

RÍO DE JANEIRO, 31 ene (IPS) – El surgimiento de economías emergentes en América Latina es una oportunidad para mejorar las estrategias para combatir enfermedades olvidadas y ampliar su contribución a la lucha mundial contra ellas, exhortó el director regional de una iniciativa con ese fin.

“Nuestra región pasa por una plena mutación en términos económicos y sociales”, destacó Eric Stobbaerts, director para América Latina de la independiente Iniciativa Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (DNDi, por sus siglas en inglés), al citar los avances en ese aspecto de Argentina, Brasil, Colombia, Chile y México.

Ese cambio positivo, dijo a IPS el directivo en la sede regional de DNDi en Brasil, debería ser aprovechado para “redefinir la manera como se han abordado estas enfermedades en el pasado”, varias de ellas endémicas en la región, como el mal de Chagas y la leishmaniasis visceral o kala azar.

Se trata de males desatendidos por los grandes laboratorios internacionales por ser consideradas “enfermedades de países pobres”, sin mayor retorno lucrativo en el desarrollo de medicamentos para combatirlas.

El surgimiento de esas economías emergentes en el escenario mundial “significa más recursos disponibles para el desarrollo, la producción industrial y la innovación en el combate a las enfermedades tropicales olvidadas”, planteó.

Stobbaerts dialogó con IPS tras el encuentro “Unidos para combatir las enfermedades tropicales olvidadas”, celebrado en Londres este lunes 30 y organizado en apoyo de la “Hoja de Ruta 2020 para las enfermedades tropicales olvidadas”, con la que la Organización Mundial de la Salud (OMS) pretende erradicar 10 de ellas esta década.

La DNDi celebró en un comunicado, al concluir la cita en la capital británica, los avances alcanzados a nivel mundial. Pero llamó a llenar las lagunas en investigación y desarrollo para mejorar las herramientas de diagnóstico y crear nuevos medicamentos antes de concluir la década.

La iniciativa es una organización no gubernamental de investigación y de desarrollo sin fines de lucro que desde 2003 trabaja en el desarrollo de medicamentos y tratamientos para las enfermedades olvidadas.

La entidad se enfoca especialmente en enfermedades con alta mortalidad: la tripanosomiasis africana (enfermedad del sueño), infecciones por helmintos (gusanos) y sida infantil, además del Chagas y la leishmaniasis.

Stobbaerts destacó que América Latina es tradicionalmente una región con altos niveles endémicos y un gran reservorio de enfermedades desatendidas, por lo que existe “buenísimo conocimiento técnico y científico”.

“Pero las necesidades siguen siendo grandes ante la variedad de enfermedades olvidadas por las leyes de mercado, y gran número de pacientes siguen sin tratamiento”, observó.

Precisamente DNDi tiene entre sus socios en América Latina a la Fundación Fiocruz y a laboratorios públicos como Farmanguinhos y Lafepe en Brasil. Entre sus asociados fuera de la región se destacan el francés Instituto Pasteur y Médicos sin Fronteras.

Estas sociedades han permitido, explicó Stobbaerts, acuerdos con el sector privado e instituciones académicas para desarrollar actualmente proyectos en Argentina, Bolivia, Brasil y Colombia.

Además, se pudieron desarrollar a nivel mundial seis tratamientos para la malaria, la enfermedad del sueño o la leishmaniasis. Desde América Latina se aportó un medicamento infantil contra la enfermedad de Chagas, el benznidazol pediátrico.

“El apoyo político en todas las etapas de la investigación y del desarrollo ha sido fundamental para esos logros”, recordó. Sin embargo, “sabemos que no son suficientes los esfuerzos en términos de desarrollo farmacéutico”, dijo el especialista. “Las regulaciones y la distribución, así como los sistemas de salud, son esenciales para el éxito de la innovación. Son numerosas las barreras que pueden hacer que un nuevo fármaco se quede en el estante”, enfatizó.

Stobbaerts citó como ejemplo lo que sucede en América Latina con la enfermedad de Chagas, también conocida como tripanosomiasis americana, por sus vinculaciones con la enfermedad del sueño. Las personas portadoras o infectadas en la región con el parásito tripanosoma cruzi, muchas sin saberlo, superan los ocho millones.

La enfermedad afecta especialmente a Argentina, Bolivia, Brasil, México y Paraguay, y las muertes registradas relacionadas con ese mal son unas 12.000 anuales, aunque se considera que en realidad son muchas más, porque “existe un subregistro evidente”, según el director de DNDi.

La falta de herramientas adecuadas para diagnosticar el mal de Chagas es otro problema. “Hay urgencia en contar con una prueba para el diagnóstico que permita de manera fiable un tratamiento exitoso”, dijo.

“Sin ello, se sigue tratando sin tener la perspectiva de la situación parasitaria del paciente a largo plazo. Eso requiere un intenso seguimiento médico y un costo para los servicios de atención de salud primaria y secundaria”, ejemplificó.

“El desafío es lograr herramientas que sean aplicables en el terreno, muchas veces en lugares remotos y aislados. O sea, que sean fáciles en la utilización y el manejo para el personal de salud en el lugar. Y, además, que sean de tecnología barata, por los limitados presupuestos de salud pública”, subrayó.

Durante el encuentro en Londres, la DNDi mencionó entre otros aspectos clave en el combate de las enfermedades olvidadas los de la promoción de la innovación, el intercambio abierto de los conocimientos y de la investigación, y la creación de asociaciones de instituciones públicas y privadas para el desarrollo de medicamentos.

En ese sentido, se afirmó, en esta región “se ha trabajado desde la sociedad civil hasta las áreas más avanzadas de la ciencia en demandar posiciones abiertas con soluciones pragmáticas de los grandes países de América Latina en los foros internacionales, como la Asamblea Mundial de la Salud o el Grupo de los 20” mayores países industrializados y emergentes.

Para Stobbaerts existe “un rumbo esperanzador en la región”.

“Las universidades se movilizan, abriendo bibliotecas y laboratorios a iniciativas sin fines de lucro, el sector farmacéutico privado parece más interesado en cuestiones de responsabilidad social y corre un viento de filantropía privada que podría interesarse más en temas de salud”, agregó.

La DNDi considera que las plataformas regionales para la investigación clínica de enfermedades específicas, que aglutinan a investigadores, médicos, reguladores, controladores nacionales e, idealmente, a los propios afectados, “son vitales para asegurar que trabajamos con base en las necesidades de los pacientes”. En ese contexto, citó la Plataforma de Investigación Clínica en la Enfermedad de Chagas, que desde 2009 reúne un gran número de asociados en América Latina.

La DNDi también indicó que es clave garantizar la participación y el liderazgo de los países endémicos para responder a los pacientes y conseguir una financiación sostenible y diversificada para ampliar el desarrollo y la investigación.

“Aquí el interés de nuestra región es doble: por estar liderando a nivel global, aportando nuevas ideas, además de resolver emergencias de salud que se sufren localmente”, planteó.

“Es un trabajo cotidiano para alimentar la reflexión y romper los paradigmas de que poco se puede hacer”, concluyó. (FIN/2012)

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