Pequeñas iniciativas llenan el hueco de Río+20 en la Amazonia

Proyectos de conservación fomentan la reforestación, certificación y recuperación de zonas deforestadas.

Todd Southgate - Divulgación Conservación Internacional

Los kayapós pueden ser los primeros en manejar un fondo patrimonial para su desarrollo sostenible.

RÍO DE JANEIRO, 2 jul (IPS) – Vedados los acuerdos globales y ambiciosos en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río+20), iniciativas locales sí dan frutos, como la inversión en proyectos de conservación de la Amazonia de Brasil.

El plan para invertir 50 millones de dólares durante cinco años en esa selva tropical es resultado de un acuerdo de cooperación técnica y financiera entre el estatal Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) y la Fundação Banco do Brasil.

Solo este año se desembolsarían 12 millones de dólares para acciones de conservación y uso sostenible del bioma brasileño. De ese monto, 7,2 millones corresponden a una contrapartida del BNDES, a través del Fondo Amazonia, creado en 2008, y los restantes 4,8 millones serán aportados por la Fundação Banco do Brasil.

Se trata de fomentar el desarrollo de cadenas productivas y tecnologías sociales para comunidades de bajos ingresos, como poblaciones tradicionales, campesinos asentados por la reforma agraria y agricultores familiares, dijo a IPS el gerente de economía solidaria del Área de Agropecuaria e Inclusión Social del BNDES, Eduardo Lins.

“El BNDES será responsable de 60 por ciento de los fondos no reembolsables. No creemos que se trate de dinero perdido, pues habrá un retorno bajo la forma de generación de ingresos para los beneficiarios finales, y es una forma de apalancar los proyectos”, dijo Lins.

En esta etapa se están identificando las iniciativas que podrían beneficiarse en distintos rubros, como producción de frutos amazónicos –açaí, cupuaçu, banana, cacao, guaraná y maracuyá–, de castañas, mandioca, aceites y esencias, o de apicultura, piscicultura, pesca artesanal y agroecología.

Según Lins, el desafío es lograr una distribución equitativa de los fondos en los nueve estados de la Amazonia legal, una delimitación política que incluye todos los distritos ocupados total o parcialmente por ese bioma tropical. “El límite es que ningún estado reciba más de 30 por ciento de los recursos”.

“Ponemos fondos solamente en proyectos sustentables y que puedan andar por sus propios pies. Esa es la lógica. También prevemos asistencia técnica”, agregó.

El funcionario estima que, al cabo de cinco años, 50 millones de dólares alcanzarán para apoyar centenas de iniciativas desparramadas por la región amazónica.

El Fondo Amazonia, que capta recursos procedentes de donaciones, se destina a financiaciones no reembolsables de acciones que contribuyan a frenar la deforestación de la selva, y a promover la conservación y el uso sustentable.

El reto es afianzar la seguridad alimentaria de pueblos que habitan la selva y dependen de ella para su subsistencia. También se encuentran entre sus metas el acceso al agua potable, la generación de energía renovable, la recuperación de zonas degradadas y el uso del suelo en sistemas agroforestales.

Además, el Fondo también busca fomentar medidas de reforestación, certificación y recuperación de zonas deforestadas.

Desde el primer acuerdo de cooperación, firmado en 2009, el BNDES y la Fundação Banco do Brasil han desembolsado unos 40 millones de dólares.

Los indígenas kayapós, que habitan las tierras Kayapó, Menkragnoti, Baú, Bandjakôre y Capoto-Jarina, localizadas en el sur del estado de Pará y en el norte de Mato Grosso (centro-norte del país), aspiraron a recursos para financiar actividades económicas, basadas en bienes y servicios que presta la selva.

El pueblo kayapó se asienta en un área de 10,6 millones de hectáreas, en continua amenaza por el avance de la frontera agrícola y actividades como la tala ilegal de madera.

Las cinco tierras indígenas equivalen a tres por ciento de la Amazonia brasileña. Unos 7.000 indígenas viven en esa región situada en el llamado “arco de la deforestación”, en la cuenca del río Xingú, donde se concentra casi 80 por ciento de la pérdida de selva amazónica.

Con apoyo de la organización Conservación Internacional y del Fondo Brasileño para la Biodiversidad (Funbio), los indígenas crearon en noviembre de 2011 el Fondo Kayapó, recientemente elegido para recibir unos 8,6 millones de dólares del BNDES.

Se trata de un mecanismo operativo y financiero de larga duración para apoyar asociaciones y cooperativas de los propios nativos que se dediquen a actividades sostenibles y productivas, prevención de la deforestación, protección de la biodiversidad y de sus tierras, explicó a IPS el gestor de programas de Funbio, Fabio Leite, que trabajó activamente en la creación del Fondo Kayapó.

“Estamos trabajando desde hace tres años para crear este mecanismo con fondos ambientales. Aplicamos un concepto inédito en Brasil, en inglés es ‘endowment’, y empleamos los recursos del mercado financiero con un estilo conservador”, dijo Leite, economista de profesión.

Se trata de un fondo patrimonial del que se utilizan solo los intereses para financiar las actividades, y es el primer instrumento de financiación a largo plazo para grupos indígenas de la Amazonia que apoya el BNDES.

La primera fase se inició con el desembolso de casi 3,6 millones de dólares en un plazo de dos meses que concluyó este lunes 2. “Se busca sostenibilidad. La meta es lograr calidad de vida, financiar proyectos de educación, salud y que creen ingresos”, dijo Leite.

En cinco años se espera reunir más de 10 millones de dólares, “valor suficiente para obtener los recursos que necesitan los proyectos de los kayapós”, estimó. Con esos montos será posible invertir en cinco iniciativas indígenas por año.

En sus tierras hay abundancia de açaí, castañas, fibras y maderas como las de copaiba y andiroba. Se trata de una “gama de productos forestales que pueden explotarse de forma sustentable, como siempre lo han hecho. Si los kayapós no habitasen estas tierras, allí no habría ya más selva”, arguyó.

El Fondo Kayapó sale en busca además de potenciales donantes, como empresas y los gobiernos de Alemania, Gran Bretaña, Italia y Noruega, que tienen una historia de inversiones en proyectos de conservación.

“Contamos con un mecanismo de seguimiento con cronograma, metas y fiscalización de la ejecución de los recursos, además de rendición de cuentas de los proyectos financiados. Los visitamos al menos una vez al año”, explicó el coordinador de Funbio, que ambiciona ampliar esta iniciativa a otros pueblos nativos. (FIN/2012)

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