Se apagó la vida de Cabral, se encendió clamor popular

El crimen del trovador argentino generó una ola de indignación por la violencia imperante en Guatemala.

Facundo Cabral

GUATEMALA, 12 jul (IPS) – “Y que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas, el bien es mayoría pero no se nota porque es silencioso”, dice una de las reflexiones del cantautor argentino Facundo Cabral, la misma que evocaron miles de guatemaltecos para pedir justicia y paz tras su asesinato.

“Una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruya hay millones de caricias que alimentan la vida”, concluía el poeta acribillado a balazos el sábado cuando se dirigía al aeropuerto de Guatemala, en un ataque que según la policía no era dirigido a su persona sino a su acompañante, el empresario de origen nicaragüense Henry Fariña.

El crimen del trovador de la Pampa argentina generó una ola de rechazo e indignación por la violencia imperante en este país, donde cada día son asesinadas entre 15 y 20 personas, una situación azuzada por la falta de esclarecimiento de los crímenes, que alcanza a 98 por ciento de ellos, según la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (Cicig).

“No debemos dejar caer este movimiento de artistas, comunicadores, mujeres y guatemaltecas y guatemaltecos de distintos sectores dentro de ese costal sin fondo”, dijo a IPS Daniel Pascual, del no gubernamental Comité de Unidad Campesina.

Como casi nunca ocurre en este país, la muerte de Cabral provocó movilizaciones pacíficas y manifestaciones artísticas de diferentes estratos de la población en la ciudad de Guatemala para reclamar a las autoridades el cese de la violencia, el castigo para los criminales y la tan anhelada paz.

“Este hecho nos sacude internamente y nos sigue colocando como el país de alta ingobernabilidad, donde hay un Estado fracasado que no genera el mínimo hecho de seguridad ciudadana”, agregó Pascual.

El sábado pasado a las 05:20 de la mañana, hora local, Cabral se dirigía rumbo al Aeropuerto Internacional La Aurora tras culminar una gira de conciertos en Guatemala. Lo acompañaban su representante, David Llanos, y Fariña, quien lo había contratado para que cantara en Nicaragua en el marco de su gira por América Latina titulada “Canciones conversadas”.

En el trayecto, los dos automóviles en que se trasladaban fueron atacados con fusiles de asalto desde tres vehículos todo terreno. Cabral murió en el lugar, Llanos salió ileso y Fariña recibió varios disparos y fue llevado a un hospital, donde permanece en estado delicado.

Fariña, propietario de la cadena de clubes nocturnos Elite con sucursales en Panamá, Honduras, Costa Rica y Guatemala, se constituyó en un pieza clave para desenredar el caso, puesto que hacia él iba dirigido el ataque, según los investigadores policiales. Publicaciones mexicanas vinculan a este empresario con el narcotráfico y el lavado de dinero.

Las fuerzas de seguridad detuvieron este martes a Wilfred Stockes Arnold y Elgin Enrique Vargas Hernández, sospechosos de haber participado en el atentado, informó el portavoz de la Cicig, Diego Álvarez, aunque “todavía faltan capturas”.

La Cicig, que participa en la investigación de este asesinato, trabaja en Guatemala desde 2008 con el aval de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para colaborar en la desarticulación de cuerpos ilegales de seguridad y aparatos criminales clandestinos.

El caso “definitivamente” está vinculado al “crimen organizado”, admitió el presidente de Guatemala, Álvaro Colom, quien apenas conocer la tragedia le informó personalmente a su par argentina, Cristina Fernández, y se comprometió a esclarecer el caso.

El cuerpo del autor de “No soy de aquí ni soy de allá” llegó este martes a Buenos Aires en un avión puesto a disposición de las autoridades guatemaltecas por el gobierno mexicano. Fue recibido por su viuda, Silvia Pousa y otros familiares, el canciller Héctor Timerman, y el secretario de Cultura, Jorge Coscia, entre varias personalidades del gobierno y del mundo del arte.

La familia finalmente decidió que la sede del velatorio fuera el teatro Ateneo de Buenos Aires, donde en abril cantó por última vez en el país, tras desechar un pedido de artistas para que se realizara en el Congreso Nacional legislativo, como ocurrió en octubre de 2009 con la también mundialmente conocida cantante Mercedes Sosa. El gobierno declaró tres días de duelo nacional.

La última misión de paz

La muerte de Cabral, de 74 años, provocó conmoción en América Latina y en muchas otras partes del mundo. Es que este embajador de la paz, nombrado así en 1996 por la ONU y que en cada una de sus canciones y poemas rendía tributo a la vida, al amor y la alegría, murió paradójicamente a manos de un comando armado a guerra.

En Guatemala, que celebrará elecciones generales el 11 de septiembre, las expresiones de repudio se dieron con caminatas en la capital, manifestaciones en el lugar del crimen, en la morgue y en la funeraria donde permaneció el cuerpo, y durante una concentración y concierto en la Plaza de la Constitución.

“Este hecho sí logró movilizar la conciencia de mucha gente para asumir un compromiso más personal y más directo en que la seguridad es una responsabilidad de todos”, comentó a IPS Carmen Rosa De León Escribano, del no gubernamental Instituto de Enseñanza para el Desarrollo Sostenible.

Esta activista espera que la reacción popular desemboque en el acuerdo de un pacto entre los ciudadanos, “más allá de los partidos y del Estado, para reconducir hacia dónde debemos llevar a Guatemala”. “Sin este pacto con los ciudadanos no podríamos ir a ninguna parte”, añadió.

Guatemala, con 14 millones de habitantes, se convirtió en uno de los países más peligrosos para vivir de América Central. Sólo en 2009 se cometieron 6.451 homicidios, casi 18 por día, de los cuales apenas 230 tuvieron sentencia judicial, según la Cicig.

El politólogo Renzo Rosal, de la jesuita Universidad Rafael Landívar, respondió a IPS que, si bien la muerte del artista argentino provocó movilizaciones de rechazo a la violencia en el país, éstas podrían quedar como una reacción “efímera”.

Rosal cree que para que estas manifestaciones logren incidir en el rumbo del país sus seguidores deberían articular una propuesta más “organizada, sistemática y estratégica”, porque de lo contrario “quedará como una catarsis colectiva y un descontento más”.

Agregó que las investigaciones sobre el crimen del cantautor también serán claves, dado que, “si existen resultados positivos, podrían darle motivaciones a la ciudadanía para que pueda germinar alguna propuesta ciudadana más interesante”.

“El ingrediente distinto en este hecho es que se trató de Facundo Cabral, pero al mismo tiempo están muriendo cada día muchos guatemaltecos comunes y corrientes”, producto de la delincuencia, apuntó.

Por su parte, Carmen Aída Ibarra, del no gubernamental Movimiento Pro Justicia, sostuvo que las manifestaciones por la muerte de Cabral “demostraron que la gente se dio cuenta que la criminalidad es un problema que trasciende al gobierno”.

Más allá de las movilizaciones pacíficas, las reacciones sociales deberían enfocarse en reclamos y propuestas al Estado para que el movimiento continúe y arroje resultados que den beneficios a la población, propuso ante la consulta de IPS.

Ibarra coincidió con Rosal en que la reacción de rechazo de los guatemaltecos se debió a la figura que representa Cabral. “Pero nadie se ha indignado por los asesinatos de pilotos (conductores de ómnibus) del transporte urbano o cuando en un día hubo 20 asesinados en todo el país”, increpó.

“Y que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas, el bien es mayoría pero no se nota porque es silencioso”, resuena la reflexión hecha verso de Facundo Cabral. (FIN/2011)

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