Una receta que atrae a los vecinos

Un programa para la mejora de la calidad educativa beneficia a 300.000 estudiantes y 19.000 docentes en Argentina.

Cortesía de Unicef

Alumna de la escuela Francisco Aguirre, de Tucumán, integrada al programa de mejora educativa.

BUENOS AIRES, jun (IPS) – La exitosa experiencia desarrollada en Argentina para mejorar la calidad educativa escuelas primarias ubicadas en contextos de pobreza despierta el interés de otros países de América Latina, que se proponen conocerla y aplicarla. 

 

Se trata del plan denominado Políticas de Autoevaluación Institucional para la Mejora de la Calidad Educativa, diseñado por expertas del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) para 1.600 escuelas de cinco provincias del norte argentino.

El programa se implementó a través del Instrumento de Autoevaluación de la Calidad Educativa (IACE), una herramienta para que directivos, docentes y padres evalúen el desempeño de la escuela y propongan acciones para mejorar la calidad.

“La cultura de evaluación que tenemos en Argentina y en la región en general es insuficiente y está muy centrada en la mirada externa, con un enfoque de control. Esto permite otra mirada, más democrática y participativa”, dijo la académica Elena Duro a IPS.

Duro es experta en educación de Unicef en Argentina y coautora del Instrumento junto a Olga Nirenberg. Desde 2006 trabajan para conocer los aspectos relevantes que definen la calidad educativa entre los distintos actores del proceso escolar.

A partir de sus investigaciones elaboraron una cartilla que tuvo sucesivos ajustes en función de su aplicación en diversos contextos e, incluso, el añadido de separatas de adecuación para mejorar la calidad de la enseñanza en poblaciones rurales e indígenas.

El Instrumento ofrece una encuesta a maestros sobre abandono escolar, “sobreedad” (edad mayor a la correspondiente al nivel), repetición, ausentismo, conocimiento de la realidad en la que viven los estudiantes y sus familias, entre otras.

También hay una autoevaluación de los maestros y una encuesta a los padres en la que ponderan el desempeño de la escuela, el estilo de dirección, si es autoritario o democrático, si el contexto es respetuoso de la comunidad, etcétera.

En base a toda la información se elabora un Plan de Acción para la Mejora de la Calidad Educativa con un cronograma para cumplirlo, que tiene una primera versión y es sometido a revisiones y ajustes.

Con aval de los respectivos ministerios provinciales de Educación, el programa se desarrolló en Jujuy, Salta y Tucumán, en el noroeste de Argentina, y en Chaco y Misiones, en el noreste. Alcanzó a 300.000 estudiantes y 19.000 docentes de 1.600 escuelas.

Duro señaló que la propuesta, diseñada para Argentina, despertó un gran interés en al menos ocho países de la región que solicitaron la realización de un encuentro en Buenos Aires, que se concretará en agosto para conocer de cerca la experiencia.

“Quieren hablar con los actores, conocer la herramienta y ver qué resultados se logran en la práctica cotidiana. Seguramente, cada país deberá desarrollar luego su receta, pero lo importante es promover la cultura de la autoevaluación”, remarcó.

En Argentina, la puesta en marcha fue en 2008 y desde entonces, narró, hubo una clara disminución del fracaso escolar, mayor participación de las familias, mejor comunicación, mayor presentismo de alumnos y maestros y mejores aprendizajes.

Isabel Valle Rivero es directora de la Escuela 4530 Teniente Benjamín Matienzo, de la norteña provincia de Salta, una de las instituciones en las que se aplicó la receta de la autoevaluación.

Esa escuela es rural y tiene 133 alumnos. “El problema más urgente que detectamos era en la expresión oral y escrita. A los niños les costaba comunicarse y que se comprendiera lo que decían, y solían quedarse calladitos”, explicó a IPS.

Para mejorar esa comunicación, que les impedía alcanzar logros educativos, hicieron un trabajo de reflexión sobre “ruralidad”. “Entendimos que estos niños y niñas deben salir igual que el resto”, definió aludiendo a la necesidad de elevar el nivel de expectativas.

Solicitaron asesoramiento técnico a instituciones académicas gubernamentales como el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, capacitaron a maestros y abrieron talleres de hidroponia (cultivo en agua) y sericultura (cría de gusano de seda).

“Son talleres dinámicos en los cuales los niños interactúan constantemente con otros, despiertan su curiosidad, se plantean dudas, deben hacer reportes escritos y todo eso les abre las puertas a la comunicación”, describió la directora.

A partir de la experiencia, los estudiantes participaron en ferias zonales en las que expusieron oralmente los principales aspectos de la hidroponia y la cría de gusanos de seda y mostraron sus experimentos a la comunidad.

Según Duro, la experiencia no genera resistencia sino al contrario, es muy bien recibida por las escuelas como una herramienta que les permite remover obstáculos y mejorar. Incluso tiene apoyo de los gremios, aseguró la especialista.

No obstante, advirtió que las escuelas y sus comunidades tienen, en general, mayor capacidad para identificar los problemas que para encontrar las mejores soluciones para cada uno de los obstáculos planteados.

“Ochenta por ciento de las escuelas encuentran soluciones para los problemas prioritarios, pero hay algunas más cerradas y hay también un déficit, que es el de la planeación en función de una meta. Allí sí hay dificultades”, dijo.

Frente a este panorama, las especialistas propusieron incluir un módulo de planeación, que sirva de guía. “El Instrumento es una herramienta viva, que se va adecuando y ajustando de acuerdo a las necesidades”, remarcó.

Por su parte, el director Leonardo Ledesma sostuvo que, en el caso de su escuela, lo que notaron “como algo muy marcado era el problema de la pérdida de valores, la falta de respeto por el otro, la agresividad”.

“Por ello planteamos distintas estrategias para mejorar y también trabajamos mucho más la lectoescritura”, contó a IPS este maestro, responsable de la escuela primaria 179 de Machagai, en la provincia de Chaco, con 812 alumnos.

Si bien solían hacer evaluaciones periódicas, con el Instrumento les fue mejor, afirmó.

La escuela elaboró un periódico con la participación de los estudiantes, que después se distribuyó entre ellos mismos para leer las noticias sobre la comunidad, detalló. (FIN/2012)

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