Ambiente: Bosques, víctimas de irresponsabilidad humana

En los primeros cinco meses de 2009, Cuba registró 437 incendios forestales, el 83 por ciento debido a negligencias humanas.

Archivo IPS Cuba

Cuba tiene el 24,5 por ciento de su territorio cubierto por bosques.

Los incendios devoran miles de hectáreas de bosques cada año en el mundo. Las noticias sobre los siniestros van de país en país, revelando una situación que provoca pérdidas de vidas humanas y económicas, daños a la biodiversidad e incrementos de los gases de efecto invernadero.

En el estado australiano de Victoria, en febrero de 2009 los incendios forestales se convirtieron  en los más mortíferos en las últimas décadas en Australia, al causar la muerte de al menos 189 personas y heridas a más de 500 personas. Además de destruir unas 2.000 viviendas, el fuego arrasó con más de 450.000 hectáreas de varios tipos de vegetación.

Reportes recientes indican que el informe Incendiómetro 2009, de la organización ecologista WWF (World Wild Fund) reveló que solo en España se quemaron 70.000 hectáreas, lo que supone pérdidas por 385.000.000 de euros,  los que habría que sumar a los gastos de extinción y prevención. Un dato alarmante es que la cifra es 22 por ciento superior a la de 2008 y casi el doble que la de 2007.

En lo que va de 2009, Colombia ha visto consumidas por incendios al menos 4.602 hectáreas de vegetación. Del total de los fuegos, 95 por ciento fue provocado por la mano del hombre, informó el Ministerio de Ambiente. En 2008 se perdieron 2.536 hectáreas de bosques por esa causa, según estadísticas de la Dirección de Prevención y Atención de Desastres.

La sección española de la organización ecologista Greenpeace señala que los incendios forestales son cada vez más intensos y devastadores debido al cambio climático. Este fenómeno da “lugar a una nueva generación de incendios que tiene consecuencias sociales, económicas y ambientales desconocidas”, según el especialista ibérico Miguel Soto. De acuerdo con un estudio elaborado por Soto, “los incendios son cada vez más intensos en España, el resto del sur de Europa y otras regiones semiáridas como California (Estados Unidos) y Australia”.

La investigación, que contó con la coautoría del estadounidense Keneth Mukamal, de Boston, señala que “con modelos climáticos que prevén cada vez más olas de calor en los próximos años, estamos cerca de una urgencia global”. Según el documento de la organización defensora del entorno, las olas de calor y la creciente sequía de la tierra debido al cambio climático, se combinan con el abandono del campo y una falta de mantenimiento de los bosques, lo que propicia la aparición de “incendios cada vez más vastos y fuera de control”.

Estos investigadores consideran que los incendios provocan un círculo vicioso, contribuyendo a su vez al calentamiento global. “Los bosques son enormes pozos de carbono que, cuando se queman, liberan cantidades masivas de gases de efecto invernadero a la atmósfera”, alertaron los estudiosos.

Cuba en peligro

Entre enero y mayo pasados, Cuba registró 437 incendios forestales, indican datos de la  Jefatura Nacional del Cuerpo de Guardabosques, del Ministerio del Interior (Minint). Lo más preocupante de esta cantidad es que 83 por ciento del total de los siniestros se debió a negligencias humanas.

Datos registrados en los últimos ocho años señalan que, como promedio, cada año ocurren en Cuba 304 hechos de este tipo, que impactan negativamente 9.749 hectáreas de bosques, con el consiguiente daño al medio ambiente y a la economía.

Previo al inicio de la temporada en la isla, que se extiende cada año del primero de febrero hasta el 31 de mayo, el coronel Manuel Lama, jefe del Cuerpo de Guardabosques, planteó que los incendios forestales conllevan pérdidas económicas, de los ecosistemas, la biodiversidad, los suelos y provocan emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

Entonces, Lama calificó de elevada peligrosidad la etapa de 2009, debido a que en los bosques se hallaban grandes acumulaciones de árboles derribados durante el azote de los huracanes Gustav, Ike y Paloma, lo que unido a las dificultades existentes con las trochas cortafuegos y el mal estado de los caminos, constituían un  factor especialmente adverso.

Otra de las causas de la extensión de los siniestros, se alertó, era la insuficiente construcción de cortafuegos. Fuentes de la Empresa Forestal de Ciudad de La Habana indican que esos espacios de cerca de dos metros que deben chapearse a ambos lados de las vías son imprescindibles porque evitan que el fuego coja fuerza y pase a zonas con vegetación forestal. “Si alguien echa una colilla de cigarro desde la ventanilla de un carro y hay hierba seca, esta puede prenderse. De lo contrario, la colilla se apaga o se consume sin las peligrosas consecuencias de un incendio si cae en el cortafuegos”, señaló el jefe de una finca forestal en el periférico municipio del Cotorro.

Reportes de noticias revelaron que la institución encargada del cuidado de los bosques reportó que fueron dañadas por las llamas  más de 11.500 hectáreas y que los perjuicios preliminares se calculaban en 11.000.000 de pesos. No obstante, las autoridades del Cuerpo de Guardabosques no descartaron que debido al retraso de las lluvias y al inicio de la primavera, la cifra pueda ser mayor, lo que se sabrá cuando se realicen los cálculos definitivos.

Los mayores y muy grandes representaron nueve por ciento del total y 75 por ciento de las afectaciones. Más de la mitad de los incendios forestales fueron menores de cinco hectáreas y la mayoría ocurrió en las provincias de Pinar del Río (occidente), Villa Clara (centro) y Las Tunas (oriente), así como el denominado municipio especial de la Isla de la Juventud.

El Cuerpo de Guardabosques dio a conocer que los planes de protección incluyeron este año la contratación de cerca de 1.900 personas para contribuir a contrarrestarlos, cursos de capacitación, seminarios y la aplicación de una metodología.

Incendio, mal evitable

Registros de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ubican a Cuba entre los pocos países que incrementan los bosques, proceso desarrollado en la nación caribeña a un ritmo de 67.000 hectáreas anuales. En la actualidad, la nación cuenta con 2.700.000 hectáreas de cubierta forestal, lo que representa 24,5 por ciento del territorio y pretende alcanzar en 2015 un área equivalente a 29,3 por ciento del archipiélago.

Los incendios pueden poner en peligro el programa nacional de reforestación. Este año, un incendio forestal en la provincia oriental de Camagüey dañó en total unas 10.000 hectáreas de bosques, casi la séptima parte de lo reforestado el año anterior.

Por lo general, los incendios forestales no empiezan directamente en bosques tupidos, casi siempre tienen su origen en áreas herbáceas de sabanas muchas veces aledañas a las carreteras. De igual forma las primeras manifestaciones de fuego se presentan en áreas de pequeños arbustos y matorrales, desde donde el viento se encarga de propagar el incendio hacia lugares de árboles de mayor porte. Un incendio forestal puede dar inicio en cualquiera de estas áreas siempre que exista una causa física o foco de combustión.

La principal causa generadora de incendios forestales es la negligencia del hombre en el cumplimiento de las normas contra los siniestros en bosques. Según los estudios realizados por directivos del Cuerpo de Guardabosques, la mayor cantidad de hechos de este tipo ha sido provocada por fumadores y transeúntes, al botar colillas de cigarros o fósforos encendidos en lugares donde se concentran maleza y otros materiales combustibles.

Pero están también las quemas en tareas agropecuarias y forestales, los castradores de colmenas, accidentes eléctricos y otros. Las causas naturales, como las descargas eléctricas, han sido factores desencadenantes en menos ocasiones.

Mejor prevenir

De acuerdo con resultados de estudios y análisis de los incendios forestales y las causas que los provocan en cada lugar, se han definido las regiones, zonas, áreas o bosques con mayores riesgos, hasta donde es menos probable que ocurran, señala Eduardo U. Leal, de la Universidad de Camagüey, en su artículo “Los incendios forestales en Cuba”.

Según la investigación, las medidas que se deben cumplir vinculadas al combate contra los fuegos en bosques y sabanas pueden dividirse en dos grandes grupos:

Preventivas:

1. Determinar las áreas de riesgo y clasificarlas adecuadamente según sus características, vulnerabilidad y comportamiento histórico y representarlas en mapas de riesgo.

2. Desarrollar la ubicación de puestos de observación, convenientemente ubicados de acuerdo con los estudios de riesgo y características del terreno, dotarlos con medios de comunicación eficientes entre sí y con las jefaturas de guardabosques y otras dependencias civiles y militares que colaboran en la preservación de los bosques.

3. Localizar todas las fuentes de abasto de agua en los territorios de riesgo y en sus indicaciones, incluyendo las que deben ser empleadas para abastecer a los aviones cisterna.

4. Proyectar y construir trochas contra incendios para limitar su propagación.

5. Desarrollar la instalación de equipos de detección telemétrica de incendios.

6. Instruir a la población, particularmente a quienes residen en comunidades rurales próximas o dentro de las áreas forestales, a campistas y clubes de excursionistas.

7. Preparar y entrenar grupos especializados en las labores preventivas y de lucha contra incendios forestales.

8. Organizar el servicio de exploración aérea sobre las áreas de riesgo en los períodos de mayor vulnerabilidad a los incendios.

Medidas generales al declararse un incendio:

1. Localizar rápidamente el foco e informar a las fuerzas que pueden combatirlo con mayor rapidez.

2. Poner en disposición operativa todas las fuerzas y recursos para actuar en caso de incendios forestales en ese lugar.

3. Monitorear la dirección, velocidad y humedad del viento y, sobre la base del pronóstico del tiempo, elaborar los pronósticos de la evolución del incendio a corto y largo plazos.

4. Avisar a la población residente y a los campistas que se encuentran en el área y a una distancia que en menos de 24 horas, según la velocidad de propagación, se calcula que pueden ser afectados.

5. Cerrar o desviar ríos y cañadas provisionalmente con el objetivo de aislar el fuego o acercar el agua al lugar del siniestro.

6. Evacuar a las personas que residen en la dirección de propagación del incendio.

7. Controlar el acceso vehicular a carreteras o caminos que atraviesan por el área afectada.

8. Construir con urgencia nuevas trochas contra incendios utilizando equipos apropiados.

9. Eliminar las hierbas y arbustos que sean posible con el empleo de medios mecanizados o artesanales.

10. Emplear vehículos especializados de extensión de incendios donde las condiciones de accesibilidad del terreno así lo permitan.

11. Utilizar los medios aéreos de lucha contra incendios y para el traslado de fuerzas y equipos a lugares intrincados.

12. Provocar la lluvia cuando las condiciones meteorológicas lo permitan, utilizando hielo seco pulverizado o cristales de yoduro de plata.

En la lucha contra estos nocivos desastres, en ocasiones no se pueden emplear los mismos medios terrestres que se usan en la extinción de incendios en áreas más accesibles. La falta de carreteras o al menos de caminos transitables, dificultades para el traslado de agua y la lejanía de los puntos donde existen medios especiales, son las causas de que en Cuba, en la actualidad se utilice la aviación para la observación y dirección aérea de las operaciones de lucha contra los voraces incendios forestales, señala el profesor.

De acuerdo con Leal, la isla ya está incorporada al rastreo de su territorio por medio de satélites orbitales, de forma que por medio del Sistema de Posicionamiento Geográfico (GPS, por sus siglas en inglés) se puede detectar tempranamente el inicio de un siniestro forestal.

No obstante, el hecho de que la mayoría de los incendios se deba a negligencia humana indica que existen desconocimiento sobre las medidas elementales e irresponsabilidad ciudadana en relación con los siniestros. Todo ello apunta a la necesidad de una mayor  información sobre el asunto, más allá de las campañas de la temporada de mayor incidencia de este tipo de accidente.

A juicio de Leal, la educación superior también puede contribuir al empeño de reducir el impacto de los incendios forestales. En Cuba se estudia Ingeniería Forestal, y en el resto de las carreras se realizan actividades en coordinación con las entidades especializadas para incorporar a los futuros profesionales a la lucha de la sociedad contra este flagelo de nuestro patrimonio de bosques, considera.

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