Corales en peligro

IPS Cuba presenta un análisis sobre la situación de los corales en la región caribeña realizado en 2006.

Archivo IPS Cuba

Cuba ha creado una Red de Monitoreo Voluntario de Alerta Temprana de Arrecifes Coralinos

El futuro de los corales no es tan hermoso y brillante como las múltiples formas y colores de esas estructuras pétreas, simbiosis de pólipos y algas, si no se adoptan medidas urgentes para protegerlos de los cambios climáticos, la contaminación y la pesca excesiva.

Los corales son pequeños organismos muy vistosos que viven fijos en el fondo marino. Sus variadas formas semejan encajes, jardines y templos vivientes. Se agrupan en colonias y en un entorno solo encontrado en los mares tropicales. Necesitan de ciertas condiciones para su supervivencia, como la temperatura del agua que debe oscilar entre 18 y 20 grados, y una salinidad de 35 por ciento, buena iluminación, transparencia y movimiento adecuado del mar.

Un pólipo de coral es un animal provisto de boca y tentáculos que le sirven para capturar el plancton y la materia orgánica. Segrega carbonato cálcico para formar una estructura tan dura como el hormigón, que raras veces supera el crecimiento de un centímetro por año. En la tarea de construcción, los pólipos extraen aproximadamente la mitad del calcio que llega a los mares y así modifican la composición química de los océanos y los niveles de dióxido de carbono.

Las aguas tropicales donde se desarrollan los arrecifes son cálidas, cristalinas y pobres en nutrientes. Esta última peculiaridad los ha obligado a que sean muy efectivos en el aprovechamiento de las diversas formas de alimento presentes en el mar.

Proporcionan, asimismo, un hábitat ideal para proteger a especies amenazadas, además de ofrecer otros beneficios para los seres humanos, como el suministro de compuestos para productos farmacéuticos. También nuevos elementos obtenidos del coral pueden ser eficaces agentes antimicrobianos y antivirales para combatir enfermedades en el futuro.

En el mundo hay cerca de mil especies de corales pétreos que cubren 930.000 kilómetros cuadrados y albergan una de cada cuatro especies marinas conocidas. Se calcula que los peces refugiados en los arrecifes constituyen diez por ciento del total mundial de capturas de pescado. Aproximadamente 14 por ciento de los arrecifes coralinos del orbe se distribuyen en la Región Antillana- Caribeña, también llamada Gran Caribe (Caribe, Golfo de México, Bahamas y Bermudas).

La mayor concentración de corales del mundo está situada en Queensland. Se le conoce como la Gran Barrera de Coral y se halla al este de Australia. Abarca 2.500 kilómetros de islas e islotes paradisíacos. En esta región del Océano Pacífico se pueden encontrar más de 400 tipos de estos ecosistemas que se distinguen por sus tallas, formas y colores y donde habitan más de 1.500 especies de peces y de crustáceos.

El Arrecife Mesoamericano, en aguas de la península de Yucatán y compartido por México, Belice, Guatemala y Honduras, es el mayor del océano Atlántico y tiene una extensión de 1.100 kilómetros, el segundo más grande del mundo después de la Gran Barrera de Australia.

Los corales —fantásticos captadores de luz— son mucho más eficientes en aprovechar la energía del sol que las plantas terrestres. Recolectan la luz y la propagan internamente para suministrarla a las algas con las que viven en simbiosis. Estas les proporcionan sus increíbles colores y convierten la irradiación en nutrientes, mediante la fotosíntesis.

A escala mundial, esos ecosistemas constituyen una fuente de alimento y de sustento económico para más de 1.000 millones de personas que residen en zonas costeras tropicales. La Organización de Naciones Unidas estima que el valor económico que los corales aportan a la humanidad, cada año, oscila entre 30.000 y 80.000 millones de dólares y que el costo de conservar un arrecife es 500 veces menor al dinero que se perdería por su extinción. Se estima que los ubicados en el Caribe aportan entre 3,1 billones y 4,6 billones de dólares anuales, provenientes de la pesca, el turismo de buceo y los servicios de protección de costas.

Estrés, sofoco y vulnerabilidad

El 2008 ha sido designado como Año Internacional de los Arrecifes de Coral, según una resolución aprobada por los miembros de la Iniciativa Internacional sobre Arrecifes de Coral (ICRI), durante un encuentro sostenido en Cozumel, México, en octubre de 2006. El acuerdo, firmado por 17 países y 30 organizaciones, lo respaldan, además, tres importantes Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) ambientalistas: las españolas WWF/Adena y Nature Conservancy y la norteamericana Conservación Internacional.

Los corales formadores de arrecifes son los grupos terrestres en mayor peligro de extinción, con excepción de los anfibios, y los más vulnerables a los efectos de los cambios climáticos, subrayó Roger McManus, vicepresidente de Conservación Internacional.

También sufren estrés debido a factores como el cambio climático y la polución, que han provocado que un tercio de estos constructores de arrecifes esté en peligro de extinción, según el primer gran estudio mundial sobre el estado de los corales, una iniciativa conjunta de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y de Conservación Internacional, dado a conocer en Ginebra el pasado 11 de julio, informa un cable de EFE.

El estudio publicado por la revista Science Express muestra que las principales amenazas que perjudican a los corales son el cambio climático y presiones locales como la pesca destructiva, la calidad del agua dañada por la polución y la degradación de los hábitats costeros. El alza de las temperaturas, debido a los cambios climáticos, provoca el blanqueamiento del coral, un resultado de su respuesta al estrés, que los hace más débiles y frágiles frente a las enfermedades.

Cuando las aguas absorben cantidades crecientes de dióxido de carbono de la atmósfera, la acidez del agua del mar aumenta y baja el indicador que mide el grado de acidez y alcalinidad, conocido mundialmente como pH, lo cual origina un impacto negativo en la capacidad de los corales para construir su esqueleto, que es la base de los arrecifes.

Los 39 científicos, participantes en el estudio, coincidieron en afirmar que si la temperatura continúa en ascenso en las aguas marinas, en igual medida aumentarán el blanqueamiento de los corales y las enfermedades de estas especies, las cuales no tendrán tiempo de reconstituirse y podrían extinguirse.

Julia Marton-Lefrevre, directora general de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, declaró que o bien reducimos ya las emisiones de dióxido de carbono en la atmósfera o numerosos corales se perderán para siempre. La mejoría de la calidad del agua, la educación a escala mundial y la financiación adecuada de prácticas locales de conservación son también esenciales para proteger la base de estos maravillosos ecosistemas, puntualizó Marton-Lefrevre.

El principal autor del artículo de Science, Kent Carpenter, alertó que cuando los corales mueren, también desparecen los otros animales y plantas que dependen de esas estructuras para su alimentación y su protección, lo que puede entrañar la destrucción de todo un ecosistema.

El coral llamado cuerno de ciervo (Acroporides) es el más amenazado, con 52 por ciento de las especies inscritas en esta categoría en riesgo de extinción. Por regiones, el Caribe cuenta con el mayor número de tipos de coral muy amenazados (en peligro y en peligro crítico de extinción), según la investigación internacional.

Los corales de los géneros Favia y Porites son más resistentes al blanqueamiento y las enfermedades. Los resultados de esta evaluación serán inscritos —en octubre de este año— en la Lista roja de las especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Cuba dentro del Caribe

Las inusuales temperaturas calientes del agua, combinadas con los efectos de los huracanes, perjudicaron un gran número de arrecifes coralinos en el Caribe durante 2005.

Entre las regiones más golpeadas por ese fenómeno climático figura la comprendida entre la península de la Florida (Estados Unidos) y las islas que se extienden por 1.930 kilómetros como las Bahamas, las Antillas Mayores, las Antillas Menores y las islas del Caribe Sur, además de Islas Caimán. En este lugar, en agosto de 2005, se detectaron blanqueamientos severos de los corales que dañaron entre 50 y 95 por ciento de sus poblaciones, los cuales fueron más acentuados en las Antillas Menores.

Una de las respuestas de estos ecosistemas ante el cambio climático se conoce como blanqueado del coral. Cuando esa estructura se enfrenta a un prolongado estrés por el calentamiento de las aguas tropicales, expele las algas que viven en sus tejidos y pierde su color natural. Así, el coral muere al desaparecer su elemento simbiótico (las algas de su tejido).

El dióxido de carbono absorbido por los océanos, cuando supera cierta medida provoca una acidificación de las aguas. En estas condiciones es más difícil que los arrecifes se recuperen de los daños sufridos por huracanes y otros desastres naturales, según evalúa el estudio de Science, en el que participaron casi 40 expertos de todo el planeta.

Kacky Andrews, directora del Programa de corales de la Agencia Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés), dijo que para reducir las amenazas a los corales deben limitarse las emisiones de carbono, el uso de fertilizantes, evitar daños a los arrecifes con anclas de embarcaciones y detener la comercialización de los corales.

La mayoría de los países caribeños depende del mar por los bienes y servicios que provee. Más de 116.000.000 de personas viven dentro de las costas del Caribe y más de 25.000.000 de turistas visitan esta región cada año. La mayoría de esos visitantes viene a pasar la mayor parte de su tiempo de ocio en áreas costeras. El ingreso del turismo por sí solo le reporta más de 25.000 millones de dólares al año a esta región.

En Cuba se hallan los arrecifes de coral más desarrollados de todo el Caribe, al disponer de más de 6.000 especies descritas, la mayor parte de los recursos marinos del país, demuestran las investigaciones realizadas entre especialistas cubanos en esta materia y el Centro de Ecología Marina Tropical de la Universidad de Bremen, en Alemania.

El arrecife coralino cubano forma un encaje submarino alrededor del archipiélago, tanto por el norte como por el sur. Macizos rocosos de disímiles estructuras se forman a partir de estos ecosistemas. Sus superficies semejan grandes cerebros o impresionantes castillos. Constituyen el sostén y refugio de otras especies marinas como las esponjas en forma de copas, tubulares, ramosas, las majestuosas gorgonias que se mueven al vaivén de las olas, algas de caprichoso crecimiento y en las grietas y oquedades se observan pulpos, erizos, estrellas de mar y crustáceos. En este jardín tropical, numerosos peces de vistosos colores se mueven rítmicamente en busca del alimento, Estas imágenes pudieron apreciarse en un documental realizado por Mundo Latino que fue transmitido por la Televisión Cubana, como parte de su programación educativa.

Por su vistosidad, diversidad y buen estado los corales constituyen una de las mayores atracciones de los turistas que practican el buceo en el mayor archipiélago caribeño. También esos ecosistemas favorecen la industria pesquera local, sobre todo la captura de mariscos, como la langosta.

Durante 1998 y 2005, cuando se registraron temperaturas récord en Cuba y en la región del Caribe, fue detectada la pérdida de una buena parte de los corales de esta región, al quedar descoloridos como reacción a los cambios bruscos de salinidad, aumento de la temperatura del agua y respuesta a una intensa radiación ultravioleta.

Las aguas residuales procedentes del riego en la agricultura que llegan a los mares dañan al coral, pues lo sobrecarga de nutrientes. En el Caribe, por ejemplo, todos los días desembocan en la costa millones de litros de agua inadecuadamente tratadas, además de desperdicios industriales. Un tipo de algas marinas cuyo crecimiento es estimulado por los fertilizantes ocasiona que los corales se sofoquen y pierdan su equilibrio biológico.

La deforestación también influye negativamente. Cuando los terrenos están despoblados de árboles, la tierra se desliza más fácilmente con la lluvia y se dirige a las aguas costeras. Esto hace que diminutas partículas de sedimento floten largo tiempo en el mar y bloqueen la luz solar que debe llegar a los corales y a los prados de algas para que estos sobrevivan.

La pesca submarina con arpón, por ejemplo, ocasiona perjuicios, al eliminar selectivamente especies de la cadena alimenticia de esos ecosistemas. Las anclas de los barcos mal usadas y las maniobras militares destruyen, en cuestión de segundos, siglos de crecimiento del coral e importantes comunidades de peces.

Nadadores y submarinistas descuidados que visitan los arrecifes causan daños al pararse sobre los corales o tocarlos. Algunos incluso arrancan pedazos pétreos o recogen esponjas y conchas para guardarlos como recuerdo, sin considerar que luego acaban descompuestos en las maletas de viaje.

Los derrames de petróleo perturban la tasa de crecimiento y los sistemas de reproducción de los corales. Los dispersantes utilizados después de un vertido de crudo solo aumentan la amenaza y pueden hasta acabar con extensas comunidades coralinas.

La pesca de arrastre y, sobre todo, la que emplea explosivos también contribuye a la destrucción de los corales. En estas condiciones son presa fácil de enfermedades, como la llamada banda blanca que ha diezmado la población de los corales tipo cuerno de ciervo y cuerno de alce.

Zonas de Jamaica, República Dominicana y México que han recibido fuertes impactos de huracanes en los últimos años, han perdido grandes comunidades de corales. Hay un desmejoramiento en la cobertura de esos ecosistemas a nivel global, pero el problema en el Caribe es que no hay las condiciones para que estos se recuperen, explicó Diego Lirman, de la Escuela Rosentiel de Ciencias Marinas, de la Universidad de Miami, en declaraciones a medios de prensa. En algunos lugares se establecen zonas protegidas, pero muchos países carecen de los medios para vigilar, no se patrulla el área y no hay un control real, alertó Lirman.

Solo 25 por ciento de las comunidades coralinas del Caribe está en buen estado, según se conoció durante un Simposio Internacional sobre Arrecifes de Coral, efectuado a mediados del mes de julio de este año, en Fort Lauderdale, a 50 kilómetros al norte de Miami. Este evento reunió a unos 2.500 científicos, expertos y funcionarios gubernamentales de 114 países. El cubano Fabián Pina Amargós, del Instituto de Oceanología de Cuba, asistió al encuentro, procedente de La Habana, para establecer lazos con sus colegas y encontrar soluciones a algunos de los problemas que dañan a los arrecifes coralinos del mundo.

Pina Amargós fue el único de los científicos cubanos, investigadores de los arrecifes de coral, al que se le permitió asistir al simposio efectuado en Fort Lauderdale. Otros tres colegas cubanos nunca recibieron la respuesta del Departamento de Estado sobre la solicitud de visa.

‘‘En la comunidad científica en ambas partes del Estrecho de la Florida existe el deseo de más intercambios’’, afirmó Pina. Este experto dedica la mayor parte de su tiempo a estudiar las islas comprendidas en el archipiélago Sabana-Camagüey, también conocido como Jardines del Rey.

Sin embargo, los arrecifes de Cuba también se han visto perjudicados por similares problemas que han golpeado con fuerza a los ubicados en la Florida. Pina presentó en el simposio internacional un estudio realizado por Pedro Alcolado, del Instituto de Oceanología de Cuba, en el que reseña el estado de un arrecife de otra área del sur de Cuba, el Golfo de Batabanó. Este lugar se ha deteriorado en los últimos seis años debido a la excesiva actividad de huracanes.

El viaje de Fabián Pina a la conferencia fue patrocinado por la Fundación de Investigación y Educación del Océano, que dirige el profesor Robert Ginsburg, de la Universidad de Miami, quien ha viajado a Cuba con varios de sus colegas para estudiar los arrecifes coralinos.

Daños principales en la isla

El archipiélago cubano ocupa 89 por ciento del área de la superficie total de las Antillas Mayores. Debido a esas condiciones, Cuba clasificó como una de las 233 ecorregiones priorizadas a nivel mundial, por el Fondo Mundial para la Vida Silvestre (WWF). Las islas del Caribe, incluida Cuba, también se consideran como uno de los 27 Hotspots (puntos prioritarios) Mundiales para la Conservación.

Los arrecifes coralinos se encuentran a lo largo de más del 95 por ciento de todo el borde de la plataforma marina cubana (algo más de 3.200 kilómetros), así como dispersos en amplias áreas. Ocupan el primer lugar en extensión por país en el Atlántico Occidental, junto a los de Bahamas.

En el contexto del Gran Caribe, los arrecifes coralinos de Cuba se encuentran en un estado aceptable y los mayores problemas detectados son los que se presentan a escala regional, algunos de los cuales escapan al control local del hombre, como el calentamiento excesivo del agua (incremento promedio de 0,17 grados centígrados por década) y el paso de huracanes muy fuertes como el Gilbert y el Mitch.

Sin embargo, se han observado daños ocasionados por el hombre como la sobrepesca de varias especies de peces y de langosta, capturas en congregaciones de desove de peces y violación de regulaciones. También se ha detectado sedimentación por deforestación, desde los tiempos en que la isla era colonia de España, del orden de 20 a 30 por ciento en los arrecifes, tierra acarreada por ríos y por el escurrimiento terrestre. Por ejemplo, eso se ha observado en Cayo Blanco del Sur, en el oeste del Río Agabama, y en el sur de las montañas del Escambray y de las provincias de Granma y Santiago de Cuba.

El exceso de nutrientes inorgánicos en el agua, en grado variable, influye en la proliferación de ciertos tipos de algas en algunas áreas como el Archipiélago Sabana-Camagüey, Cayo Largo del Sur, Cayo Juan García y el nordeste de la provincia de Pinar del Río.

Las principales fuentes contaminantes de las comunidades coralinas son los ingenios azucareros, los asentamientos humanos, la actividad agropecuaria (cebaderos, fertilización de sembrados y erosión de los suelos) y la industria alimentaria (láctea, cárnica, pesquera, ronera, etcétera).

En los arrecifes en áreas cercanas a la Bahía de la Habana y frente al litoral habanero hay problemas de contaminación severa, debido a que desembocan ríos como el Almendares y el Quibú y, desagües de alcantarillado. También se detectan contaminantes excesivos en las costas frente a la zona minera de Moa.

La colecta de organismos como corales, gorgonias y conchas, y la pesca submarina son problemas críticos, principalmente en arrecifes cercanos a zonas urbanas y de fácil acceso. En algunos arrecifes del norte y nordeste de la isla se han observado prácticas ilegales y nocivas de pesca como el uso de chinchorros, mandarria y barreta para tumbar esas estructuras pétreas y extraer las langostas que se protegen en los corales, entre otras irregularidades.

Aun cuando Cuba es un país en desarrollo dedica cuantiosos recursos humanos calificados para emprender numerosas investigaciones en sus arrecifes coralinos. Diversas instituciones científicas han realizado, en equipo, muestreos en varias zonas coralinas desde 1994. Esos estudios revelaron una exportación de nutrientes desde las zonas interiores enriquecidas hacia los arrecifes. En el muestreo de 2003 se advirtió una ligera disminución de las concentraciones de fosfatos.

Se encontraron concentraciones de nitrógeno y fósforo inorgánico superiores a los límites establecidos en los arrecifes coralinos de los cayos Sabinal, Coco, Confites, Fragoso, La Vela, Verde, Romano, Cruz del Padre, y Bahía de Cádiz, todos ubicados en la costa norte comprendida desde Matanzas hasta Camagüey. Este enriquecimiento en nutrientes provoca el deterioro de esos ecosistemas, pues estimula la proliferación de las algas que compiten contra los corales para obtener el sustrato, sobre todo cuando hay escasez de herbívoros que controlen a esas plantas, como el erizo negro Diadema antillarum y los peces loros, principalmente.

Las poblaciones del erizo negro Diadema antillarum fueron diezmadas por una gran epizootia de origen desconocido, detectada a principios de los años ochenta del pasado siglo, y han mostrado muy poca recuperación, pues no alcanzan la densidad umbral necesaria para que la presencia del erizo sea efectiva en la remoción suficiente de algas sobre corales.

También se realizan prácticas nocivas e ilegales de pesca, en los arrecifes coralinos del sudeste de Cayo Fragoso, y emplean barretas para romperlos y capturar los organismos en la costa norte de la provincia de Camagüey. El uso de chinchorros ha perjudicado arrecifes en esta zona por parte de pescadores provenientes de la cercana provincia oriental de Las Tunas. Estos instrumentos han sido prohibidos por el Ministerio de la Industria Pesquera, lo cual no excluye que se continúen usando al margen de las penalizaciones posibles.

Algunas crestas arrecifales del norte de la provincia de Camagüey están deterioradas por la acción conjunta de la contaminación de la Bahía de Nuevitas y enfermedades aparecidas en esos ecosistemas. En el muestreo de octubre de 2003, se observó una cierta recuperación de los corales conocidos como orejones, mediante un proceso llamado recapamiento, consistente en que los organismos jóvenes cubren los grandes esqueletos. Este proceso puede implicar una recuperación más rápida que la habitual. Muchas de las demás especies también han sufrido mortalidad por enfermedades aunque en menor grado y se han visto desplazadas paulatinamente por las algas en las partes más profundas de los arrecifes, pues en las zonas más superficiales esas plantas marinas son menos abundantes porque están sometidas al embate del oleaje.

El área costera utilizada para buceo contemplativo en Cayo Levisa, Archipiélago de los Colorados, en el extremo occidental de Cuba, está incluida por sus valores naturales dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas. Esta zona fue objeto de un estudio realizado por los especialistas Elena de la Guardia, Patricia González, Abel Valdivia y Gaspar González, del Centro de Investigaciones Marinas de la Universidad de La Habana. Este equipo confeccionó un listado de las especies más representativas del arrecife. Los muestreos se efectuaron entre octubre de 2002 y octubre de 2003.

Estos investigadores presenciaron —en octubre de 2002— el evento de blanqueamiento en los corales de Cayo Levisa. Sus indicios se manifestaron aproximadamente en 21 especies de coral, situados entre 4 y 25 metros de profundidad. Los impactos más severos se observaron principalmente entre los 15 y 20 metros de profundidad y en determinados ejemplares.

En junio de 2003 solo se detectaron colonias aisladas con blanqueamiento, principalmente de corales situados a menos de 10 metros de profundidad. Sin embargo, en octubre del mismo año comenzaron a aparecer síntomas de otro evento de decoloración semejante al de 2002. En general se registró alta mortalidad antigua en las colonias de coral. Tanto en la zona profunda como en la somera fueron comunes colonias con ciento por ciento de mortalidad antigua, en muchos casos tan vetusta, que fue imposible reconocer la especie. Enfermedades como la plaga blanca, los puntos negros, la banda blanca y necrosis tuvieron baja incidencia en el muestreo. Se observaron colonias de coral y gorgonias con heridas, hendiduras, volteadas y con cordeles de pesca o cabos enredados.

Otro estudio, desarrollado por los especialistas cubanos Caridad Carrodeguas, Gustavo Arencibia y Norberto Capetillo, se centró en el estado ambiental general de los arrecifes coralinos cubanos. Reconocieron que la elevación de la temperatura del mar ha sido el factor de mayor influencia en estos organismos altamente sensibles, aunque alertaron sobre la contaminación ambiental y la explotación indiscriminada o manejo inadecuado de los recursos.

En sus conclusiones apuntaron que en el deterioro de los arrecifes coralinos cubanos han actuado una serie de factores, los cuales han creado sinergismos, entre estos los cambios climáticos globales y los de origen antrópico.

Red de monitoreo de Corales

Cuba ha creado una Red de Monitoreo Voluntario de Alerta Temprana de Arrecifes Coralinos, como parte del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) Sabana-Camagüey, una zona que se extiende por unos 465 kilómetros en el área norte central de Cuba, entre Punta de Hicacos al oeste y la Bahía de Nuevitas al este. Los informes han sido emitidos sistemáticamente desde 2005.

Pedro Manuel, experto del Instituto de Oceanología de Cuba, que elabora estos reportes anuales informó que durante 2007 esos ecosistemas evidenciaron intensidades de blanqueamiento por encima de las pronosticadas en Punta Francés, en la Isla de la Juventud; María la Gorda, en el extremo suroccidental; en Bahía de Cochinos, en el centro sur de la isla; en la región norte Habana-Matanzas (donde no se pronosticaba blanqueamiento), y en otros sitios, aunque en menor magnitud. Hubo bastante coincidencia con los estimados del blanqueamiento moderado de corales, detectado en el centro del Archipiélago Sabana-Camagüey, así como en el de muy escaso, reportado en la mitad sur oriental de Cuba.

En lugares muy protegidos a sotavento de los vientos Alisios (del este) se reportaron los mayores niveles de blanqueamiento (51 -100%) como María la Gorda, Punta Francés, Este de Bahía de Cochinos. Al parecer esta ubicación hace que las aguas cercanas a la costa estén muy tranquilas, lo que favorece un mayor calentamiento del mar y penetración de la luz, condiciones que propician el blanqueamiento. En puntos entre el oeste de la Ciudad de La Habana y el este de la Ciudad de Matanzas también se reportaron altos niveles de decoloración coralina (50-75 %).

Los reportes de mayor intensidad estuvieron concentrados en el tercio occidental de Cuba. El sector sur oriental fue aparentemente el menos perjudicado. Según los reportes de los buzos que participan voluntariamente en el monitoreo de los corales, el bajo nivel de blanqueamiento detectado en Santiago de Cuba tuvo lugar en el pasado mes de octubre, después de la influencia de fuertes y prolongadas lluvias. Hasta ese momento no se había detectado decoloración alguna, aunque había transcurrido un verano ardiente, por lo que se deduce que, en este sitio, el fenómeno no estuvo asociado a la temperatura del mar.

Aun con las intensidades significativas de blanqueamiento reportadas en 2007, sobre todo en la mitad occidental, Alcolado consideró que los años 1998 y 2005 se mantienen como los de mayor decoloración de los corales en intensidad y extensión territorial del país, etapas que coinciden con otros informes de este fenómeno en el Caribe.

Medidas de protección

Los lineamientos generales de manejo para la conservación de arrecifes coralinos en Cuba, que a continuación reseñamos, provienen en su mayoría de una investigación del Instituto de Oceanología, financiada por el Programa Nacional Científico Técnico de Cambio Climático y aportes del Proyecto PNUD/GEF Sabana-Camagüey. Estas indicaciones se han divulgado en todos los organismos e instituciones vinculadas a esos ecosistemas:

– Construir siempre detrás de la duna activa de la playa para evitar la erosión y que no lleguen sedimentos a los arrecifes cercanos.

– No construir hoteles, marinas y asentamientos humanos en lugares cercanos a los arrecifes coralinos para evitar riesgos de contaminación y de extracción de organismos.

– Proteger las lagunas costeras como cuencas receptoras de inundaciones (no rellenarlas). Estas lagunas pueden evitar o disminuir la llegada brusca y abundante de sedimentos y contaminantes a los arrecifes durante eventos extremos de precipitaciones u oleaje. El material de relleno puede pasar al mar durante dichos eventos extremos, o a largo plazo, con el incremento del nivel del mar.

– Cuidar la vegetación costera para evitar la erosión y no aumentar la llegada de sedimentos a los arrecifes cercanos.

– Proteger la vegetación de la orilla de los ríos y de las laderas de las montañas, ya que sirve de filtro al retener contaminantes y sedimentos que pueden llegar a los arrecifes por medio de dichos ríos o por escurrimiento a lo largo de la costa.

– Dar prioridad a la reforestación de las orillas de los ríos y de las costas de manglares dañados pues puede realizarse de manera más expedita que la reforestación de amplias cuencas hidrográficas, y además constituyen las últimas fronteras de tierra-agua.

– No desviar cursos de agua (ríos, canales, arroyos, escorrentía) hacia lugares donde haya arrecifes cercanos.

– Proteger los campos de cultivo de la erosión de sus suelos, mediante técnicas productivas adecuadas, ya que sus sedimentos pueden ir a parar a los arrecifes vecinos.

– Evitar el dragado donde el sedimento o los nutrientes almacenados en el fondo puedan ir a parar a los arrecifes cercanos, pues ese negativo efecto puede alcanzar gran distancia cuando los residuos son muy finos o poseen mucha materia orgánica.

– Usar cortinas contra sedimentos durante las actividades de dragado, rellenos y construcciones; monitorear y regular la cantidad de sedimentos sin exceder del estándar permisible de menos de 5 miligramos por centímetro cuadrado por día.

– No verter aguas residuales o no tratadas de forma terciaria, en casimbas o pozos del carso costero. Las aguas contaminadas o cargadas con nutrientes de nitrógeno y potasio pueden tener salidas submarinas en los arrecifes.

– Emplear artes de pesca no perjudiciales para el hábitat, cuotas pesqueras sostenibles, áreas protegidas de exclusión para recuperar recursos en declinación o agotados (como áreas de reproducción o cría, o de protección de adultos), vedas estacionales reproductivas, licencias de pesca limitadas, ajustadas a las capacidades estimadas y monitoreadas de los ecosistemas, y prohibir la pesca con escopeta submarina en áreas protegidas o de buceo turístico.

– No pescar en áreas de buceo turístico, o en zonas protegidas que por su categoría así lo necesiten.

– Regular y controlar fuertemente la exportación de peces ornamentales en áreas de buceo turístico y en áreas protegidas que por su categoría así lo establezcan.

– Controlar o prohibir (según proceda) la extracción, venta y exportación de artículos confeccionados con material proveniente de especies escasas, en peligro o amenazadas

– Prohibir el uso de guantes o zapatillas de buceo para evitar que se toquen o golpeen con las manos y los pies los corales u otros organismos del arrecife. Los turistas deben usar chaleco flotador para el snorkeling. Se recomienda en lo posible que no usen patas de rana o que estas sean de talón descubierto para evitar que se paren sobre esas estructuras marinas

– Ensayar medios para estimular la reproducción de especies herbívoras y controlar la proliferación de algas en los arrecifes. Ejemplo de ello pueden ser áreas de concentración artificial de erizos negros (Diadema antillarum) para facilitar la fecundación de los huevos liberados por estos al agua. Para eso pueden incluirse áreas protegidas y de buceo turístico. En el último caso los erizos concentrados podrían también librar a los arrecifes del exceso de algas, lo que aumentaría su belleza y desarrollo. El trabajo puede ser realizado por personal de las áreas y por voluntarios.

– Educar a los niños, adolescentes y tomadores de decisiones pertinentes sobre los valores, funciones y vulnerabilidad de los ecosistemas costeros, así como sobre el concepto de desarrollo sostenible.

– Evaluar y monitorear el estado de salud de los arrecifes y el impacto de las actividades económicas sobre estos ecosistemas para adoptar las medidas pertinentes.

– Desplegar urgentemente sistemas de boyas de amarre en los arrecifes coralinos frecuentados por turistas y por pescadores para evitar el destrozo de las anclas.

– Exigir el requisito del documento de Evaluación de Impacto Ambiental para la aprobación de cualquier licencia de inversión que pueda dañar a los ecosistemas costeros y específicamente a los arrecifes.

– Lograr que las licencias ambientales no se den de forma puntual, sino dentro de un contexto integral de planeamiento estratégico dentro de la zona de influencia del sitio de emplazamiento de la obra.

– Cumplir los límites de carga de turistas buceadores de acuerdo con las regulaciones (menos de 4.000 buceadores/sitio/año, como precaución) y establecer una vigilancia sobre los resultados para decidir si se mantiene, aumenta o reduce la carga.

– Evitar senderos interpretativos, como se conciben en el medio terrestre, de modo que los visitantes no buceen reiteradamente a lo largo de las mismas rutas en un mismo sitio. Cada lugar debe ser visitado con recorridos diferentes para que no se produzcan “caminos” de arrecife muerto o deteriorado. No se pueden colocar rótulos submarinos, pues el intento de su lectura puede causar daños a los organismos cercanos. La información demostrativa debe darse al visitante antes de entrar al agua (por ejemplo, charla con video o diapositivas).

– Impedir el buceo cerca de corales blanqueados.

– Promover la experiencia de acuerdo multilateral entre el Ministerio de la Industria Pesquera (MIP) y la Empresa Náutica, como ejemplo de manejo integrado de arrecifes coralinos mutuamente provechoso y sostenible. La empresa turística, dedicada en gran parte al buceo en arrecifes, paga al MIP un valor superior a lo que obtendría este último por concepto de pesca en el lugar donde ya no se realiza esa actividad. Con este trato el buceo turístico se beneficia competitivamente por la presencia de peces abundantes, de gran tamaño y menos ariscos ante la presencia humana. La actividad pesquera se favorecería, asimismo, pues el área se convertiría en un reservorio de peces reproductores que garantizaría, a largo plazo, una mayor abundancia y estabilidad de las capturas.

Edad geológica de arrecifes coralinos del Caribe

Hace 30.000.000 de años, en el Oligoceno Tardío, se desarrollaron colonias coralinas y extensas comunidades arrecifales en el Caribe. El profesor Manuel Iturralde-Vinent, presidente de la Sociedad Geológica de Cuba, llama la atención sobre el hecho de que en la historia geológica de esta región, hubo etapas anteriores con condiciones para que se formaran esos ecosistemas marinos y, sin embargo, no ocurrió.

El experto explicó que es probable que una combinación de factores positivos haya favorecido el desarrollo de esos ecosistemas marinos en el Oligoceno Tardío. Identificar esas condiciones serviría de base para comprender mejor el origen de las comunidades coralinas de esta zona, y sobre esta base, diseñar medidas adecuadas para su protección, puntualizó.

Iturralde-Vinent apuntó que la Gran Barrera de Coral Australiana tiene aproximadamente la misma antigüedad que la del Caribe, lo cual sugiere que la formación de los arrecifes actuales fue un fenómeno global.

Hace 8.000 ó 6.000 años el levantamiento del nivel del mar produjo una nueva reubicación de las comunidades coralinas en las áreas del shelf, talud continental e insular submarino del archipiélago cubano.

En los últimos centenares de años el nivel de las aguas ha continuado subiendo, lo cual ha provocado importantes transformaciones en la plataforma y las costas, lo que a su vez, ha originado alteraciones en las comunidades coralinas. Este proceso natural, de carácter global, se ha reforzado o suavizado localmente por los movimientos neotectónicos, según aparece en el estudio Origen y Formación de las Comunidades Coralinas en Cuba, realizado por Iturralde-Vinent.

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.