Los huracanes: monstruos del Caribe

El número de ciclones tropicales que afecta anualmente a Cuba es muy variable, con totales que van desde cero hasta seis (1909).

Archivo IPS Cuba

Durante el huracán Wilma de 2005, pese a que su centro no cruzó por Cuba, fueron reportados cinco tornados

Un día de descanso vacacional, junto a la costa y rodeado de la frondosa naturaleza cubana, mi mirada se dirigió al tranquilo Mar Caribe. Por mi mente corrieron entonces imágenes no tan apacibles. Me imaginé a los autóctonos pobladores de estas tierras, antes de la llegada de Cristóbal Colón, observando cómo el cielo se les venía encima, oscuro y amenazador, mientras arreciaba la lluvia y el viento se hacía aún más fuerte, hasta alcanzar una colosal intensidad.

Como único refugio encontraban las cuevas. De ellas salían cuando todo, al parecer, había ya pasado: no llovía, salía el sol si era de día o las estrellas si era de noche, y se presentaba entonces un ambiente de opresora calma. La tranquilidad duraba un tiempo relativamente breve. De pronto se desencadenaban de nuevo todos los elementos, quizás con más fuerza que antes. Con razón pensaban en el espíritu del mal, huracan, en lengua taína.

Es curioso que, aunque los aborígenes no podían dejar por escrito sus observaciones y experiencias, a lo largo de los siglos algún conocimiento fluyera verbalmente por el área del Caribe. Parece ser así, pues otras tribus del área usaban una palabra parecida, por ejemplo, “hyoracan”, o el “diablo”, como le llamaban los indios Galibi de las Guayanas; mientras que los Quiche del Sur de la actual Guatemala hablaban de “hurakan”, el dios del trueno y el relámpago.

Otras tribus caribeñas se dice que usaban los vocablos “aracan”, “urican” y “huiravucan” para designar un “Gran Viento”. Así llegó hasta nosotros la palabra huracán, que en castellano es la misma que en taíno y ha sido traducida al inglés como “hurricane”, al francés como “ouragan” y así a vocablos parecidos en otras lenguas modernas.

Los que no sabían qué era un huracán eran los conquistadores españoles. Tanto es así que el Gran Almirante Cristóbal Colón atravesó el peligroso Atlántico en la época del año en la cual ahora sabemos que más huracanes se generan, entre agosto y octubre. Por fortuna para el Almirante y sus tres carabelas, parece que la temporada de 1492 no fue muy activa, pues no se encontró en su travesía atlántica con ningún huracán o tormenta tropical. De haber ocurrido, la historia seguramente hubiera sido otra.

Algunos autores han referido que Colón encontró el primer huracán cerca de las islas Azores, al regresar de su primer viaje a tierras americanas, en febrero de 1493. Otros señalan que la primera de estas tormentas lo sorprendió en su segundo viaje, a fines de mayo de 1494, en las inmediaciones de Cabo Cruz, en la parte oriental de Cuba. A la luz de los conocimientos actuales, ambos hechos son muy dudables; el primero porque febrero es un mes invernal y, con toda seguridad, se encontró con una baja extratropical o tormenta invernal, común en esa zona del Norte del Atlántico en esa época del año, y que además se ciñe bien a la descripción que hizo; el segundo caso resulta también muy dudoso, pues en mayo hay muy pocos huracanes y tormentas tropicales, por lo que sería muy difícil encontrar un sistema tal en la zona oriental de Cuba en dicho mes, cuando en mayo y junio los pocos que ocurren se originan mucho más al Oeste, en el Golfo de Honduras, y tienen movimiento al Norte o Nortenoroeste, sobre el extremo occidental de Cuba o el Sudeste del Golfo de México. Puede haberse visto afectado por unas tormentas de verano, quizás severas, que son relativamente frecuentes y ocasionan fuertes lluvias y vientos.

De lo que no hay dudas es que el Almirante experimentó un huracán de gran intensidad en Santo Domingo, actual República Dominicana, en octubre de 1495, el cual hundió en el puerto a la flota que debía salir para España. Se dice que los indios estaban espantados por la violencia de los vientos, porque en su memoria no recordaban tal intensidad.

Fue Colón el que pronosticó por vez primera la llegada de un huracán en tierras americanas, bien por su observación, por las conversaciones con los aborígenes o la experiencia que había adquirido de los signos precursores de estas tormentas. El 29 de julio de 1502 Colón llegaba a Santo Domingo en su último viaje. Envió un oficial a tierra para que lo dejaran refugiar sus navíos en el río, pues estimaba que azotaría un huracán. La petición le fue denegada. Envió entonces otro mensaje para que la flota de Bobadilla, que saldría cargada para España, no se hiciera a la mar, debido a que observaba indudables señales de que venía un huracán. Hay que decir que, como casi siempre antes de la llegada de una de estas tormentas, el tiempo era excelente y tranquilo, así que no le creyeron. Bobadilla se hizo a la mar, pero la predicción de Colón se cumplió… el huracán llegó y envió al fondo del mar a toda la flota española, de la cual sólo una nave se mantuvo a flote, bastante dañada.

Los relatos de los párrafos anteriores nos recuerdan que nada es nuevo bajo el Sol. Siempre ha habido huracanes en nuestro Mar Caribe. Pero también nos enseñan que hay que convivir con ese riesgo y, para hacerlo, hay que conocer a los huracanes y reducir la vulnerabilidad. El triste final de Bobadilla nos recuerda que es necesario confiar en los pronósticos y actuar en consecuencia. Para ello, además de conocer lo más posible sobre los huracanes, hace falta saber interpretar los pronósticos. Ayudar a cumplir estos objetivos es el propósito de este trabajo.

¿Ciclón o huracán?

Comencemos por conocer qué es un ciclón tropical. Ese es un término genérico empleado para designar a un sistema meteorológico que se forma y desarrolla en una atmósfera tropical homogénea. Es un gran sistema rotatorio de nubes, viento y tormentas eléctricas que giran en torno a un centro de baja presión atmosférica. Su fuente de energía primaria es la liberación de calor por el vapor de agua que se condensa en la altura. Por tanto, un ciclón tropical se puede considerar como una gigantesca máquina vertical de calor, soportada por fuerzas físicas tales como la rotación y la gravedad de la Tierra.

La energía que puede generar un huracán, el ciclón tropical completamente desarrollado, es enorme. Se estima que el huracán puede liberar energía en una proporción de 50–200 trillones de vatios, aproximadamente la cantidad de energía liberada en 20 minutos por la explosión de una bomba nuclear de 10 megatones. De ahí que destruirlos o modificarlos es algo fuera de las posibilidades tecnológicas actuales.

Los ciclones tropicales están compuestos por una pequeña zona central (o centro de baja presión), donde la presión atmosférica (o peso de la columna de aire de 1 cm² de sección desde la frontera exterior de la atmósfera hasta la superficie) es más baja que en los alrededores. Al centro de baja presión lo circundan vientos que rotan a su alrededor. En el hemisferio Norte del planeta, esos vientos giran contrarios a las agujas del reloj, mientras que en el hemisferio Sur lo hacen en la misma dirección que ellas.

Los ciclones tropicales se clasifican en el área atlántica por la velocidad de sus vientos máximos sostenidos, promediados en un minuto, y por ello se les dan las siguientes denominaciones:

Clasificación

Vientos Máximos Sostenidos

Depresión tropical

< 63 km/h

Tormenta tropical

63 – 117 km/h

Huracán

> 117 km/h

La depresión tropical es un sistema débil en cuanto al viento. Su único elemento de cierta peligrosidad es la lluvia, pues puede traer asociadas lluvias torrenciales, a menudo a la derecha y alejadas del centro de circulación, que en este caso tiene poca importancia.

La tormenta tropical sólo es peligrosa cuando los vientos máximos están cercanos a los del huracán o cuando, al igual que en la depresión tropical, posee áreas de fuertes lluvias, situadas usualmente a la derecha y algo distantes del centro de circulación. Al evaluar la peligrosidad, debe también tenerse en cuenta la posibilidad de que se desarrolle en poco tiempo y llegue a la fase de huracán.

El huracán es el ciclón tropical totalmente desarrollado, en el cual los vientos máximos sostenidos sobrepasan los 117 km/h. Uno de los elementos destructores de los huracanes son los fuertes vientos. La presión dinámica que el viento ejerce sobre las paredes y edificaciones es lo que produce la gran destrucción. Esta presión, según su expresión matemática, no depende de la velocidad del viento, sino del cuadrado de esa velocidad. Por ello, los daños ocasionados por el viento se rigen por una escala cuadrática. A fin de tener en cuenta estas diferencias, se desarrolló la escala Saffir-Simpson (ver tabla 1), en la cual a los huracanes se les destinan cinco categorías y se describen los daños potenciales que puedan ocasionar por el viento.

Es interesante destacar que, como esta escala Saffir-Simpson es cuadrática, un huracán categoría 2 no es dos veces más destructor que uno categoría 1, sino 4 veces; al mismo tiempo, un categoría 3 no es tres veces más destructor que un categoría 1, sino 9 veces. Y un devastador categoría 5, los que por suerte no abundan, resulta ser 25 veces más destructor que un categoría 1.

Esta escala sirve sólo para tener una idea de la destrucción potencial que el viento puede ocasionar, pero hay también otros elementos muy destructores que no están vinculados directamente con el viento y son, por cierto, los que más muertes y daños ocasionan. De ellos se tratará algo más adelante.

En nuestro planeta, como promedio, se forman 80 tormentas tropicales anualmente y las dos terceras partes de ellas alcanzan el estado de huracán. Estas tormentas afectan a unos 50 países. El 87 por ciento de los ciclones tropicales se forman en la faja comprendida entre los 20º de latitud Norte y los 20º de latitud Sur, excepto entre los 2,5 º a ambos lados del Ecuador.

Alrededor de las dos terceras partes se originan en el Hemisferio Norte y en el Hemisferio Oriental se duplica la cifra del Occidental.

En el área del Océano Atlántico, Mar Caribe y Golfo de México se forman un promedio de 10 tormentas tropicales y huracanes en cada temporada, de los cuales seis son huracanes y, de estos, uno alcanza gran intensidad.

Proceso evolutivo

Los ciclones tropicales cumplen un proceso evolutivo que comienza con su formación o transición de una zona de tiempo perturbado (onda tropical, baja superior, entre otras) al estadio de depresión tropical. Luego continúan el desarrollo o transición de una depresión tropical a tormenta tropical; la intensificación o evolución del estado de tormenta tropical a huracán; y la disipación, cuando transita sobre aguas frías o sobre tierra.

Pese a los adelantos en las técnicas de observación y la modelación numérica, la formación de los ciclones tropicales es un tema que continúa en investigación y aún no se conoce a plenitud. Sin embargo, hay un consenso generalizado sobre la relación que existe entre la génesis y la presencia de varios factores ambientales. Entre los básicos están:

1. Temperatura superficial del mar superior a 26,5º C y hasta al menos 50 metros de profundidad.

2. Altos valores de la humedad relativa en las capas baja y media de la atmósfera.

3. Localización de una zona de tiempo perturbado a más de 2,5º del Ecuador.

4. Un patrón de vientos cerca de la superficie del océano que haga que el aire fluya en espiral hacia una zona central.

5. Vientos débiles en la troposfera superior, que no cambien mucho en dirección y velocidad a través de la altura, lo que permite el desarrollo de extensas áreas de lluvias y tormentas eléctricas.

No obstante, se han formado ciclones tropicales sin que alguna (o algunas) de estas condiciones sea propicia. Tal es el caso del huracán Iván, de la temporada ciclónica de 2004, que comenzó su formación en los 9,7º de latitud Norte y se convirtió en huracán por debajo de esa latitud. Otro ejemplo es el Épsilon, de 2005, que se originó sobre aguas relativamente frías (25ºC) y se intensificó bajo un ambiente de fuertes vientos superiores.

Categoría

Presión central

(hPa)

Viento máximo sostenido (km/h)

Daños

1

³980

118 – 153

Mínimos

2

979 – 965

154 – 177

Moderados

3

964 – 945

178 – 209

Extensos

4

944 – 920

210 – 250

Extremos

5

< 920

>250

Catastróficos

Tabla 1. Escala Saffir-Simpson

Estructura

El huracán o ciclón tropical plenamente desarrollado presenta una estructura, en la cual hay varias partes de especial significación: el ojo, la pared del ojo, el Nublado Denso Central (CDO por sus siglas en inglés) y las bandas espirales. La depresión tropical y la tormenta tropical no presentan ojo, aunque sí las otras características en un grado más imperfecto de desarrollo.

El ojo normalmente es un área de buen tiempo, donde se registran calmas o vientos muy débiles, que por lo general no exceden los 24 km/h. Generalmente tiene forma circular y su diámetro puede variar desde unos ocho kilómetros hasta 200 kilómetros, siendo como promedio de 30 a 60 kilómetros. El ojo aparece cuando el viento máximo sostenido supera los 117 km/h.

El ojo es la región de presión más baja en la superficie y de temperaturas más cálidas en su parte más alta. La temperatura del ojo, a 12 kilómetros de altura, puede ser de 10 grados o más, y más caliente que el ambiente circundante, pero sólo hasta unos 2º C por encima en la superficie. El ojo está compuesto por aire que se hunde o desciende lentamente, mientras la pared que lo rodea tiene un flujo ascendente. La temperatura caliente del ojo ocurre debido a la compresión del aire que desciende en esa región.

El origen del ojo no se comprende a plenitud. El del ciclón tropical comparte muchas características cualitativas con otros sistemas vorticiales tales como tornados, trombas marinas, torbellinos de polvo y remolinos. Dado que muchos de estos carecen de cambio en la fase del agua, puede ser que la característica del ojo sea un componente fundamental de todos los líquidos rotatorios.

La pared del ojo es una banda situada alrededor del ojo, donde se encuentran los vientos más intensos. Es un anillo de convección o procesos de tormenta muy profundos, que produce lluvias muy fuertes. Los mayores daños por el viento ocurren por donde pasa la pared del ojo. Los cambios en la estructura del ojo y la pared del ojo pueden causar cambios en la intensidad de la tormenta.

El Nublado Denso Central (CDO) es la región de nubes cirrus, muy altas y frías, que cubre el núcleo del ciclón tropical. Este escudo denso de actividad de tormentas eléctricas muy intensas contiene la pared del ojo y el propio ojo. Los huracanes clásicos contienen un CDO simétrico. En los huracanes más débiles, el CDO cubre el centro de circulación, lo que trae como resultado que el ojo no sea visible.

La convección, o procesos que dan lugar a fuertes tormentas eléctricas en los ciclones tropicales, se organiza en bandas largas y estrechas de lluvia que se desplazan en la misma dirección del viento horizontal. Puesto que estas bandas parecen girar en espiral hacia el centro de un ciclón tropical, se les llama bandas espirales. Estas son capaces de producir explosiones fuertes de lluvias y vientos, así como tornados hasta lugares relativamente distantes del centro del ciclón tropical. Algunas veces hay brechas entre las bandas espirales, donde no se producen ni lluvia ni vientos fuertes.

El tamaño de un huracán no necesariamente es un indicativo de su intensidad. Sin embargo, los vientos destructivos de los huracanes y las lluvias cubren un área extensa. Los vientos huracanados se pueden extender hasta más de 240 kilómetros, para el caso de los grandes. El área de vientos con fuerza de tormenta tropical es aún mayor, hasta casi 480 kilómetros del ojo de un huracán de gran tamaño. La dimensión se puede expresar por el diámetro de los vientos huracanados o por los vientos con fuerza de tormenta tropical.

Perfiles estacionales

En el Atlántico Norte, que incluye al Mar Caribe y al Golfo de México, la temporada de huracanes se extiende desde el primero de junio hasta el 30 de noviembre, con un máximo de actividad el 10 de septiembre y un segundo momento en la segunda decena de octubre.

Las áreas de formación de ciclones tropicales varían a lo largo de la temporada. En junio, la mayoría de las tormentas se originan en el Golfo de México y el Oeste del Caribe. En julio y agosto, las áreas de mayor frecuencia se expanden y trasladan hacia el Este del Atlántico, mientras en septiembre se localizan sobre una extensa área que se extiende desde Las Bahamas hacia el sudeste hasta las Antillas Menores y hacia el Este, hasta la vecindad de las islas Cabo Verde, cerca de la costa occidental africana. En octubre y noviembre, las áreas de formación regresan al Oeste del Caribe y el Golfo de México.

La naturaleza de los ciclones tropicales del Atlántico en los meses de junio, octubre y noviembre se asocia fundamentalmente con la presencia de hondonadas casi estacionarias sobre el sudeste del Golfo de México y el Caribe Occidental, las cuales interactúan con fenómenos de latitudes tropicales. Desde julio hasta septiembre, la génesis se produce fundamentalmente sobre el área oceánica, donde los sistemas en su mayoría se deben a las ondas tropicales que salen de África.

En la Cuenca Atlántica, los ciclones tropicales presentan movimientos característicos durante los distintos meses de la temporada ciclónica, ocasionados por el flujo de aire imperante en cada uno de ellos. En junio, el rumbo predominante es hacia el primer y cuarto cuadrante, con desplazamientos lentos que ocurren sobre el noroeste del Caribe y el sudeste del Golfo de México. No son muchos, pero algunos afectan al Occidente de Cuba. En julio, el movimiento está regido, fundamentalmente, por el anticiclón subtropical Azores –Bermudas y es más lento en la franja comprendida entre los 20º y 30º de latitud Norte. Es el mes estadísticamente de menor peligro para Cuba.

En agosto, los ciclones tropicales también describen, por lo general, sus trayectorias a lo largo de la periferia del anticiclón subtropical, con la rapidez mínima entre los 25º y 35º de latitud Norte. En este mes algunos organismos presentan una componente oeste más marcada en el desplazamiento, penetrando hasta el Mar Caribe. En septiembre el movimiento es similar pero el mínimo en la velocidad de traslación se produce algo más al Sur, entre los paralelos 20 y 25 Norte.

En octubre la dirección del movimiento de los ciclones tropicales sobre el Caribe tiende hacia el noroeste en su mitad oriental, mientras que en la occidental la traslación se extiende hacia el Norte y nordeste, siendo los más peligrosos para Cuba

En noviembre, el desplazamiento de los sistemas en el Caribe Occidental no presenta una dirección predominante que defina su movimiento, pero existe una pequeña tendencia hacia el norte y el nordeste.

Peligros de un ciclón tropical

Los principales peligros asociados con los ciclones tropicales, y en especial con los huracanes, se deben a la acción del mar, los vientos fuertes, las lluvias intensas y los tornados. La intensidad del ciclón tropical o huracán es un indicador del potencial del daño. Sin embargo, los impactos dependen de las características del lugar y el momento en que la tormenta azote.

La acción del mar: Los ciclones tropicales, en especial los huracanes, ejercen una fuerte acción sobre la superficie oceánica y dan lugar a dos fenómenos diferentes, pero que a veces pueden ocurrir al unísono: el oleaje y la surgencia.

La intensidad y la extensión del campo de viento asociado a los ciclones tropicales generan un fuerte oleaje que, al moverse sobre aguas profundas, donde hay poca pérdida de energía, pueden afectar zonas muy alejadas del punto donde se halla el ciclón. Ocasionan inundaciones costeras por la penetración del mar a lo largo de una extensa zona del litoral.

De todos los peligros relacionados con un ciclón tropical, en especial cuando es huracán, la surgencia representa una mayor amenaza en cuanto a la vida de la población. La surgencia es una sobreelevación del nivel del mar, ocasionado por la baja presión del centro del huracán, la acción de los vientos huracanados que soplan hasta 80 km. de distancia del lugar donde el centro toque tierra, y la interacción con el fondo marino. Los mayores desastres relacionados con huracanes han sido ocasionados por este elemento, como ocurrió con las 5.000 vidas perdidas en Galveston, Estados Unidos, durante el huracán de septiembre de 1900, y en Santa Cruz del Sur, Camagüey, con el huracán de 1932, cuando sobrevino la mayor catástrofe natural de la historia de Cuba, al desaparecer la ciudad con un saldo de 3.033 muertes.

No se debe confundir la surgencia con la marea de tormenta o marejada ciclónica. La primera es la elevación de las aguas generada por el huracán, por encima o por debajo de la marea astronómica normal; mientras que la marejada ciclónica o marea de tormenta es la combinación de la surgencia con la marea astronómica presente en el lugar donde está ocurriendo el fenómeno, produciéndose la mayor sobreelevación del nivel medio del mar ante la presencia de una pleamar. A los efectos devastadores de este dañino fenómeno natural se le añade, además, la altura que alcanza el oleaje provocada por los fuertes vientos del ciclón tropical, cuyas olas se desplazan muy por encima. Un ejemplo elocuente de este efecto combinado lo constituye la inundación costera ocasionada por el huracán Wilma (2005) en La Habana, aunque la surgencia era en realidad pequeña.

La acción de los vientos: El poder destructor del viento aumenta rápidamente con su velocidad, ya que depende del cuadrado de esa velocidad. Los vientos de una depresión tropical son usualmente débiles y sólo son capaces de ocasionar daños en estructuras débiles o en cultivos de poca raíz y amplio follaje, como el plátano. En una tormenta tropical son lo suficientemente fuertes como para representar ya una cierta amenaza.

Los vientos de intensidad de huracán pueden fácilmente destruir una casa o un edificio, cuya estructura sea de mala calidad. Durante un huracán, los escombros, los carteles, las tejas y materiales que se desprenden de los techos y cualquier objeto pequeño que se haya dejado afuera, se transforman en proyectiles. Los vientos más intensos soplan generalmente en el lado derecho de la pared del ojo del huracán. Las rachas son las que más daños ocasionan. El valor de las rachas es sólo de uno a tres segundos de duración y puede alcanzar de 1,3 a 1,5 veces el valor del viento máximo sostenido. Los vientos dañinos comienzan mucho antes de que el centro de la tormenta haga su entrada en tierra, por lo que las medidas de prevención deben estar completadas desde mucho antes de que llegue a tierra el centro del ciclón tropical.

A la altura de un edificio de 10 ó 12 pisos, la intensidad del viento puede aumentar hasta en una categoría de la escala Saffir-Simpson con respecto a la superficie, por lo que hay que extremar las precauciones en la seguridad de las ventanas y puertas que dan al exterior.

La acción de las lluvias: La lluvia asociada a los ciclones tropicales no se relaciona con la intensidad de estos. Las lluvias intensas en los sistemas más débiles (depresión tropical y tormenta tropical) ocurren, por lo general, en el semicírculo derecho y se pueden extender muy lejos de la región central, mientras que en los más intensos (huracanes) tienden a concentrarse alrededor de la pared del ojo y en las bandas espirales. Los factores fundamentales que dominan la cantidad de lluvia caída son la velocidad de traslación del ciclón y el tamaño del área de lluvias. En el caso de un ciclón que afecta un área terrestre, se incluye además la orografía.

Los ciclones tropicales con frecuencia producen grandes cantidades de lluvias y las inundaciones pueden ocasionar un problema significativo, particularmente en las comunidades. Un huracán típico produce, al menos, entre 75 y 150 milímetros de lluvia por la zona en cruce. Las inundaciones resultantes causan considerables daños y pérdidas de vidas, especialmente en las áreas montañosas, donde las fuertes lluvias ocasionan inundaciones repentinas y pueden resultar deslizamientos de tierra devastadores.

La segunda catástrofe natural de la historia de Cuba fue causada por este elemento, cuando el huracán Flora, de octubre de 1963, tuvo un rumbo errático y lento sobre la zona oriental de Cuba, dejando caer en sólo tres días la cantidad de lluvia promedio de un año, con valores de 1.800 milímetros, y causando terribles inundaciones con el triste saldo de la pérdida de 1.200 vidas.

La acción de los tornados: Los tornados generados en los ciclones tropicales que entran en áreas terrestres pueden causar destrucciones enormes. Según el ciclón tropical se mueva tierra adentro, los tornados se desarrollan en el borde derecho del sector delantero. Sin embargo, a menudo también se forman en otras partes del ciclón, lejos del centro, asociados a las bandas espirales de lluvia intensa. Los daños causados por los tornados son mucho mayores que los que ocurren por los propios vientos de la circulación del ciclón tropical, aunque este sea un huracán, pero estos daños se localizan en zonas muy pequeñas. Usualmente los tornados resultan enmascarados al observador por el ruido del viento y la lluvia del huracán, pero después se notan sus daños. Durante el huracán Wilma de 2005, pese a que su centro no cruzó por Cuba, fueron reportados cinco tornados en San Juan y Martínez, Pinar del Río, con gran daño en un área muy localizada.

Otras consecuencias peligrosas, que no están relacionadas directamente con la tormenta, son los fuegos generados por la caída del tendido eléctrico, además de los accidentes, ataques cardíacos y derrames químicos, que pueden empeorar las condiciones de un potencial desastre.

Los huracanes en Cuba

Una de las cuestiones más importantes, relacionadas con el clima de esta isla del Caribe, es la ocurrencia de los ciclones tropicales y las pérdidas que ocasionan. Al considerar las tormentas o huracanes cuyo centro cruzó sobre el territorio cubano y aquellos que tuvieron un impacto notable sobre las condiciones del tiempo, pero su centro no cruzó sobre el país durante el período 1899-2006, la estadística indica que sobre Cuba incide cada año un ciclón tropical (tormentas tropicales + huracanes) y un huracán cada dos años.

La influencia de los ciclones tropicales en Cuba también tiene una marcada estacionalidad. En octubre se presenta la mayor frecuencia, seguido por septiembre y agosto, respectivamente. La mayor parte de los huracanes se originaron en el Mar Caribe, mientras que los restantes procedieron del Océano Atlántico.

En junio, las trayectorias de los ciclones tropicales que han azotado la isla presentan una marcada componente sur-norte, originándose en su mayoría sobre el Caribe Occidental. El más notable de ellos fue el huracán Alma, de 1966, que cruzó al Oeste y muy cerca de Ciudad de La Habana, produciendo vientos máximos del orden de los 180 km/h.

Las trayectorias de los ciclones tropicales que han azotado Cuba en julio presentan una componente aproximada hacia el oestenoroeste, con una procedencia más oriental que en junio. Julio es el mes de menor incidencia de los ciclones tropicales sobre el país, pues sólo la han azotado cuatro huracanes en algo más de 200 años. El último de julio fue Dennis (categoría 4) durante los días 7 y 9 de julio de 2005. Dennis es, además, el único huracán intenso que ha afectado a Cuba en ese mes.

En agosto, la influencia de los ciclones tropicales se extiende por todo el territorio cubano, con la supremacía para la región occidental (81 %). La característica que presenta el movimiento de los ciclones tropicales en esta época del año conlleva que haya sistemas que atraviesen la isla longitudinalmente y, en algunos casos, penetren en tierra por su costa norte. Los huracanes de mayor significación han sido el de 1915, durante los días 14 y 15, sobre el extremo occidental y, recientemente, en 2004, el Charley, que cruzó por la parte occidental de las provincias habaneras entre los días 12 y 13. Ambos fueron de categoría 3.

En septiembre, la influencia también ocurre sobre toda Cuba, con preferencia para la región occidental. En este mes se destaca el huracán de Nueva Gerona, de 1917, (categoría 4), que afectó el día 15 la Isla de la Juventud y la porción este de Pinar del Río, registrándose la presión mínima de 939 hPa. Otros huracanes notables fueron el de Sagua la Grande de 1933 y el de Cienfuegos de 1935. El último que afectó el territorio cubano, en septiembre de 2004, fue Iván.

En octubre, las trayectorias de los ciclones tropicales que azotan a Cuba presentan una marcada componente sur-norte, originándose la mayoría de ellos sobre el Mar Caribe Occidental. La región más expuesta a la influencia de estos sistemas es la occidental, incluyendo la Isla de la Juventud. Por ser el mes de mayor frecuencia, tanto de ciclones tropicales como de huracanes intensos, octubre es el más interesante de la temporada de huracanes en Cuba.

La Tormenta de San Francisco de Borja (1846), se considera el huracán más intenso de que se tiene memoria en La Habana, y es también el más intenso que haya azotado a Cuba. Este, de categoría 5, tuvo una variación de la presión barométrica de 85,3 hPa en 10,5 horas, registrándose una presión mínima de 916 hPa, la más baja registrada hasta el presente en el área cubana.

En la tabla 2 se muestran los huracanes más intensos que han azotado a Cuba (1799–2006).

Además del huracán de 1846, hubo otro de categoría 5, en 1924, que se conoce como Huracán Sin Precedentes, pero azotó sólo al extremo occidental de Pinar del Río, en aquella época casi despoblado. Dos huracanes de categoría 4 muy recordados son los de 1926 y de 1944, además del Flora, que a pesar de haber afectado como un huracán de categoría 2 en 1963, ocasionó un terrible desastre por las torrenciales lluvias que produjo sobre el oriente cubano y su prolongado azote durante cinco días. Este organismo igualó la permanencia sobre una misma región al huracán de los cinco días de octubre de 1910. Flora resultó la segunda catástrofe natural registrada en la historia de Cuba, al ocasionar cerca de 1.200 muertes.

El último huracán que cruzó en este mes sobre el territorio cubano fue Lili (categoría 2), que afectó el día primero de octubre de 2002 a la Isla de la Juventud y Pinar del Río.

La mayoría de los ciclones tropicales que han cruzado sobre Cuba, en el mes de noviembre, se han originado en el Caribe y en ellos predominaron trayectorias con componente sur-norte, aunque el Kate (categoría 2) de 1985 se trasladó con componente este a oeste. El huracán más intenso que afectó a esta isla caribeña, en este mes, fue el de Santa Cruz del Sur (categoría 5), tristemente recordado por ser la mayor catástrofe natural en la historia de nuestro país. Azotó directamente a Camagüey, el 9 de noviembre de 1932, con una presión barométrica de 940 hPa en Nuevitas, cuando ya se había debilitado algo. Los vientos huracanados duraron unas ocho horas, con acumulados de hasta 300 milímetros de lluvias en 24 horas. Lo más importante, y que le dio su carácter catastrófico, fue la marejada ciclónica, con una pared de agua de 6,5 metros de altura, la cual arrasó con la población de Santa Cruz del Sur y dejó 3.033 muertes.

El último huracán que azotó a Cuba en este mes fue Michelle, en la temporada 2001, el cual atacó con fuerza a la Isla de la Juventud, Cienfuegos, Villa Clara y Matanzas.

Variabilidad de los ciclones tropicales

El número de ciclones tropicales que afecta anualmente a Cuba es muy variable, con totales que van desde cero hasta seis (1909) y el de huracanes desde cero hasta cuatro (1886 y 1909).

Además de la variabilidad interanual, también hay períodos activos e inactivos, de altas y bajas frecuencias que se alternan. El número total de ciclones tropicales entre 1900 y la década del treinta conformó períodos de elevada actividad y, en el caso de los huracanes del siglo XX, fueron los años 1900 y las décadas del cuarenta y cincuenta. Con respecto a estos últimos, sobresalen los años veinte y la etapa de 1973 a 1994 como componentes de los dos períodos principales de poca actividad.

La disminución observada en ese último período de baja no impidió la ocurrencia de efectos desastrosos, como los casos de los ciclones tropicales Frederic (1979), Alberto (1982) y Kate (1985), por las torrenciales lluvias de los dos primeros y la gran área que abarcó el último, dadas las características de su trayectoria.

Entre 1909 y 1952 (44 años) azotaron 12 huracanes intensos de los 14 ocurridos en el siglo XX, lo que guarda cierta similitud con el brote de huracanes intensos ocurridos entre 1844-1888 (45 años), cuando afectaron ocho de los 11 intensos del siglo XIX.

Estamos viviendo ahora un nuevo período de gran actividad ciclónica que se inició en 1995, fecha desde la cual han azotado a Cuba ocho huracanes, cuatro de ellos de gran intensidad (categorías 3, 4 ó 5). Es interesante destacar que esos huracanes intensos ocurrieron entre 2001 y 2005.

La prevención de huracanes en Cuba

El seguimiento y pronóstico de la trayectoria y de la intensidad futura de un ciclón tropical es una tarea operativa ardua y compleja, revestida también de una gran responsabilidad, por las decisiones que hay que adoptar en un tiempo relativamente breve, con un impacto directo en la población y la economía, a las que hay que proteger. Es, además, un trabajo muy colectivo, en el cual cada paso es importante.  

Para llegar a tener el pronóstico del ciclón tropical y emitir un aviso, hay que realizar diferentes tareas, entre ellas, la obtención de los datos de las estaciones meteorológicas y los sistemas de observación, incluyendo el satélite y el radar; el trabajo de los sistemas de comunicaciones, nacionales e internacionales, que trasladan todo el flujo de información hacia y desde el Centro Nacional de Pronósticos del Instituto de Meteorología de Cuba; el procesamiento de datos en las estaciones de trabajo y las computadoras; el empleo de modelos de pronóstico, tanto nacionales como de otros países; el análisis de toda la información disponible, del que se obtiene primero un diagnóstico y después se realiza el pronóstico de la trayectoria y la intensidad, en el cual, además de los modelos numéricos-guía, se emplea el factor más importante: el ser humano, el meteorólogo con sus conocimientos y su experiencia, que muchas veces provee una mayor eficiencia que los mejores modelos numéricos.  

Después se hace el análisis y pronóstico de los impactos de los fenómenos peligrosos que puede ocasionar el ciclón tropical en determinadas áreas y se pasa a la redacción el Aviso de ciclón tropical.  

Entonces se emprenden las coordinaciones pertinentes entre la Dirección del Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología de Cuba, el Gobierno y el Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil. Este último, después de analizar la situación, propone al Consejo de Defensa Nacional las fases y medidas que entiende necesario establecer.  

Por último, los meteorólogos transmiten el aviso y las informaciones actualizadas sobre el ciclón tropical mediante la televisión y la radio nacionales a toda la población. Igualmente, los especialistas de la Defensa Civil dan a conocer sus orientaciones para la protección de la vida y los bienes de la sociedad.  

El Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología de Cuba emite avisos sobre ciclones tropicales de cualquier clasificación y categoría que se encuentren en el área del océano Atlántico, el Mar Caribe y el Golfo de México. Estas informaciones se difunden con una mayor frecuencia a medida que el ciclón tropical se aproxima más al país. Cuando estos sistemas se encuentran situados al Este del meridiano 55º W o al Norte del paralelo 30º N, se emiten cada 24 horas, a las seis de la tarde;  si el ciclón tropical ha penetrado, o se ha generado, dentro de los límites señalados anteriormente, los avisos se emiten cada 12 horas, a las 6 pm. y 6 am.; por otra parte, si el ciclón tropical representara algún peligro para Cuba en las 72 horas siguientes, los avisos de ciclón tropical se emiten cada 6 horas, a las 6 pm., 12 pm., 6 am. y 12 m. Cuando está muy próximo o ya azotando al territorio nacional, pueden emitirse cada tres horas, con actualizaciones de la posición y vientos más frecuentes a través de las cadenas nacionales de radio y televisión.  

Sin embargo, antes de que exista alguna fase de la Defensa Civil en el país, puede que haya indicios de un peligro potencial a Cuba en plazos más o menos largos. En esos casos, el Centro Nacional de Pronósticos del Instituto de Meteorología de Cuba emite, además, avisos de Alerta Temprana. La Alerta Temprana representa un elemento de gran utilidad, al informar a las autoridades que deben tomar decisiones, con suficiente antelación (de 72 a 120 horas), de la posibilidad o peligro potencial de que algún ciclón tropical pueda afectar alguna zona del territorio nacional. Representa en sí una alerta de que algo puede suceder y promueve la preocupación, al incrementar la percepción de un posible peligro. En períodos inferiores a 72 horas, las alertas vienen contenidas en los Avisos de ciclón tropical.  

Es muy importante la interacción de los pronosticadores con los medios de difusión y la Defensa Civil. A través de los medios de difusión, principalmente la radio y la televisión, los meteorólogos dan a conocer sus pronósticos a la población, habituada a verlos diariamente en las emisiones estelares del Noticiero Nacional de Televisión, de la revista informativa Buenos Días y otros programas de las emisoras nacionales y provinciales de radio y televisión. Sin embargo, ante la amenaza de un ciclón tropical o cualquier otro fenómeno meteorológico peligroso de gran envergadura, las cámaras de la televisión y los micrófonos de las cadenas nacionales de radio se trasladan a la sede del Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología de Cuba y, desde allí, se dan a conocer los avisos y cualquier otra información actualizada, de manera continua, mientras permanece en peligro alguna zona del país. De esa manera se brinda una información oficial y única, a la cual el pueblo cubano le presta una gran atención y le ofrece una gran confianza.  

La prensa escrita, debido a su mayor lentitud de difusión, no tiene la posibilidad de divulgar estos avisos actualizados. Sin embargo, la información complementaria que aparece en los artículos que se publican es de gran utilidad para que se conozcan más detalles de la situación meteorológica general y de la amenaza del ciclón tropical en particular. Los medios de difusión divulgan, además, el esfuerzo que se hace en el país para proteger a la población y la economía mediante las orientaciones emitidas por el Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil y los Consejos de Defensa Provinciales.  

También es de gran valor la interacción de los pronosticadores con el Sistema Nacional de la Defensa Civil (EMN-DC), porque las orientaciones y acciones de este órgano son las que permiten, en nombre del Estado, disminuir las pérdidas humanas y materiales. La Defensa Civil tiene establecida cuatro fases ciclónicas. Las orientaciones se toman teniendo en cuenta que debe terminarse la evacuación antes de que comiencen a manifestarse las lluvias intensas, que pueden dejar incomunicados los caminos, y antes de que comiencen a soplar los vientos de intensidad de tormenta tropical, no los de intensidad de huracán. Además, se toman en consideración otros factores para garantizar la seguridad de la población, tales como no realizar la evacuación de noche, a menos que sea imprescindible hacerlo.

Las cuatro fases ciclónicas que emite la Defensa Civil son:  

La Fase Informativa por ciclón tropical: Se establece por el Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil (EMN-DC) cuando el Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología de Cuba ha informado del surgimiento o la existencia de un ciclón tropical y de su posible aproximación a cualquier punto del país en un período próximo a las 72 horas, tomando además en consideración las características del organismo ciclónico.  

La Fase de Alerta Ciclónica: Se establece cuando el Centro de Pronósticos ha informado que un ciclón tropical puede comenzar a afectar alguna parte del territorio nacional en las próximas 48 horas.  

La Fase de Alarma Ciclónica: Se establece por el Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil cuando el Centro de Pronósticos ha informado que es inminente el azote al país de un ciclón tropical en las próximas 24 horas.  

La Fase Recuperativa: Se establece una vez que el fenómeno meteorológico haya dejado de afectar un territorio dado y es necesaria la realización de trabajos de liquidación de las consecuencias.  

Para el establecimiento de las fases ciclónicas, la Defensa Civil tiene en cuenta, además, las características propias del sistema meteorológico (depresión tropical, tormenta tropical o huracán), la intensidad de los vientos máximos y áreas de lluvias intensas que acompañan al ciclón tropical, la situación de las áreas costeras amenazadas por inundaciones costeras o por la marejada ciclónica y, también, las características específicas del territorio amenazado (costa, llano, montañas, ríos, otros), así como el estado de las presas y del manto freático.  

Hay que destacar, además, que en Cuba se fomenta una cultura de prevención, pues lo que se busca es reducir la vulnerabilidad para tener los menores daños. En ello desempeña un papel fundamental la educación y la preparación. La Directiva No. 1 del Vicepresidente del Consejo de Defensa Nacional, emitida en 2006, ha resultado un instrumento fundamental para la obtención de estos fines.  

La experiencia cubana ha sido muy exitosa. Cuba es el país con menor número de muertes por ciclones tropicales en toda el área del Atlántico, el Mar Caribe y el Golfo de México, e incluso aventaja en ese indicador a países altamente desarrollados, gracias al carácter integral del sistema de protección que ha implantado. En los 11 años transcurridos desde 1995, la etapa más activa conocida en el área atlántica, Cuba ha sido azotada por 11 ciclones tropicales, tres con categoría de tormenta tropical y ocho huracanes, de ellos cuatro de gran intensidad (categorías 3, 4 y 5). Sin embargo, el número total de muertes ha sido de 34, un promedio de tres decesos por ciclón tropical al año.

Nro.

NOMBRE

AÑO

MES

DÍA

CATEGORÍA

1

La Tormenta de san Francisco de Asís

1844

Octubre

4-5

4

2

La Tormenta de San Francisco de Borja

1846

Octubre

10-11

5

3

Huracán de San Marcos

1870

Octubre

7-9

3

3

Huracán de Pinar del Río

1882

Octubre

7-9

4

4

Huracán de los 5 días

1910

Octubre

14-18

4

5

Huracán de Nueva Gerona

1917

Septiembre

25

4

6

Huracán sin Precedentes

1924

Octubre

19

5

7

Huracán del 26

1926

Octubre

20

4

8

Huracán de Santa Cruz del Sur

1932

Noviembre

9

5

9

Huracán del 44

1944

Octubre

18

4

10

Fox

1952

Octubre

24

4

11

Flora

1963

Octubre

4-8

2

11

Michelle

2001

Noviembre

4-5

4

12

Iván

2004

Septiembre

13

4

13

Dennis

2005

Julio

7-9

4

Tabla 2. Huracanes más intensos para Cuba (1799-2006)

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