Planta invasora puede ser aliada

La erradicación del marabú puede convertirse en algo provechoso para el propio ganado.

Jorge Luis Baños - IPS

El marabú cosechado puede ser consumido por el ganado vacuno y otros animales en forma de forraje verde o se puede secar y molinar para convertirlo en harina.

Al marabú, arbusto leñoso que ocupa casi un millón de hectáreas en Cuba, siempre se le observa desde la perspectiva de planta maligna que acaba con los pastizales y tierras productivas del mayor archipiélago caribeño. Es verdad que, como planta invasora, se ha apoderado de las tierras de buena parte del país.

Sin embargo, su erradicación puede convertirse en algo provechoso para el propio ganado, sin que haya que tirar por la borda los subproductos que puede ofrecer el proceso de su eliminación. Para expertos, al marabú hay que entrarle con inteligencia, espíritu científico e innovación tecnológica, para que su erradicación o contención conlleve el menor costo económico y contribuya al mejoramiento de la producción de leche y carne.

Investigadores de todo el país se reunieron recientemente en el Instituto de Investigaciones de Sanidad Vegetal para exponer sus propuestas y los resultados de variados estudios. Para mantener a raya ese árbol, de rápida reproducción, no basta con limpiar y desbrozar campos, apuntó Eduardo Pérez Montesbravo. El que chapea un campo y lo da por libre de ese arbusto se engaña a sí mismo, si no lo explota después convenientemente.

Quién lo introdujo

El nombre científico del marabú es Dichrostachys cinerea. Pertenece a la familia de leguminosas, de la subfamilia de las mimosáceas y es oriundo de África del Sur. Al sacarlo del contexto de la pradera africana, no tiene los enemigos naturales de su ecosistema nativo, desde los grandes animales vertebrados: elefantes, jirafas o leones, hasta minúsculos insectos que lo ataquen como plaga.

Es un arbusto con espinas que no crece aislado, sino que forma masas compactas impenetrables, las cuales alcanzan a veces una altura mayor de cuatro o cinco metros, según referencias de publicaciones del eminente botánico cubano Juan Tomás Roig.

Sobre la introducción del marabú en Cuba hay diversas versiones. En Camagüey, provincia del centro-oriental de la isla, se plantea que fue la señora Monserrate Canalejo de Betancourt, muy aficionada a las plantas, la que la introdujo como ornamento y la sembró en su finca La Borla, situada en las afueras de la ciudad, a mediados del siglo XIX. Se dice, además, que en Taco-Taco, Pinar del Río, fue introducido por José Blaín, un estudioso de las plantas.

Una tercera versión, no tan difundida, parece estar más en lo cierto y refiere que el propagador de esta planta invasora fue el ganado extranjero introducido después de la guerra de 1868, para repoblar las fincas ganaderas. En aquella época se importaron animales de Colombia y otros países, donde existía ya esa maleza, según narraron especialistas de la Estación de Pastos y Forrajes de Camagüey. Los animales, luego de ingerir los frutos del marabú, deyectaban las semillas.

Hay reportes de áreas con marabú que han sido chapeadas hasta más de 20 veces seguidas, sin que se haya erradicado el arbusto, afirma Diego Muñoz, de la Estación de Pastos y Forrajes de Camagüey. El especialista elaboró un estudio titulado “Posibilidad de procesamiento de marabú como suplemento proteínico para alimentación de ganado”, presentado en un taller sobre cómo actuar ante esta planta invasora.

Como antecedentes, Muñoz cita datos de la década del cincuenta del siglo XX, cuando el ganadero camagüeyano Bernabé Sánchez, dueño de la fábrica de pienso, construyó un equipo que permite utilizar el marabú para obtener pequeños trozos, los cuales, posteriormente molinados, constituían una harina que era comercializada para la formulación de piensos y sustituía otras fuentes proteicas compradas en el extranjero.

Muñoz señaló que el abaratamiento de los cereales importados en esa época hizo que los dueños de ganado de esa provincia desecharan los experimentos. Además, en aquellos años, el marabú no constituía un problema, pues no había gran cantidad de áreas infestadas.

Referencias de personas que trabajaron en la fábrica de pienso de Bernabé Sánchez, entre ellos el operador de la máquina diseñada por el ganadero, además de documentos archivados en el laboratorio de la fábrica, dan cuenta de que se elaboraron piensos utilizando la harina de marabú como sustituta de la de alfalfa, que se importaba del exterior.

Muñoz también dispuso de documentos presentados en la primera reunión nacional de investigaciones científicas agrícolas, realizada en La Habana en los primeros años de la década del sesenta, en los cuales se glosan los resultados de experimentos con vacas productoras de leche y alimentadas con harina de marabú. El ensayo se hizo en la Escuela Tecnológica “Manuel Cañete Ramos”, de Camagüey.

Harina de marabú

Los experimentos fueron precedidos por numerosos análisis al follaje. Estos arrojaron un contenido de 13,18 por ciento en proteínas, mientras que la harina de alfalfa poseía 15 por ciento y era la que importaban en grandes cantidades para mezclar con concentrados en la fábrica de piensos de Camagüey.

Para el estudio de la década del sesenta se seleccionó ganado de línea lechera, que se alimentaba de pienso comercial con un contenido de 20 por ciento de proteína. También se recopiló información respecto al sabor de la harina del follaje de marabú, la asimilación de su proteína y el efecto sobre la producción de leche.

El primer día del experimento se procedió a mezclar la ración de pienso que recibían los animales con una libra de harina de marabú. En sucesivas jornadas, se elevó cada vez más la cantidad de masa molida de esa planta y se redujo la de pienso, hasta que al cabo de 10 días los animales estaban comiendo sólo harina de hojas de la leguminosa espinosa, mezclada con miel de purga y 0,5 por ciento de sal común.

La harina de marabú conservó un color verde, similar al de la harina de alfalfa, tenía un olor dulzón muy agradable y permaneció inalterable durante meses en sacos de yute, expuestos al aire. La producción se chequeó sistemáticamente y, a los 35 días de comenzado el cambio de alimentación, se observó un aumento de 3,8 a 4,2 por ciento en la composición de grasa en la leche, mientras el acopio de este alimento subió 13 por ciento y no se reportaron olores desagradables en el producto ordeñado.

Se construyó una máquina trilladora recolectora especial para el follaje del marabú en los talleres “Jorge Lucas”, de Camagüey. Para evitar que la masa recogida fermentara, proceso que ocurre rápidamente en cinco o seis horas, además de coger un fuerte olor a moho, el follaje fue secado al sol y, en días nublados, se utilizó un pequeño secador. Después de quitarle la humedad, se colocó en un separador, en un eje con varias paletas que giraban a gran velocidad y lanzaban la masa sobre una malla con perforaciones. Después fue pasada por un molino que la convertía en un polvo fino, similar a la harina de trigo.

Un documento de la delegación provincial del Instituto Nacional de Reforma Agraria de Camagüey, en septiembre de 1961, reflejó estos datos, al analizar las hojas de marabú:

– las hojas deshidratadas tienen 13,81 por ciento de proteína,

– las hojas completas con pedúnculo tienen 18,27 por ciento de proteína,

– el marabú total deshidratado tiene de ocho a 15 por ciento de proteína.

Rejuvenecen viejas ideas

El Ministerio de la Agricultura en Camagüey decidió retomar, durante los años 1998 y 2004, los resultados de esas investigaciones en la utilización del follaje de la hoja de marabú como alimento. Se recuperó información sobre la máquina original y se localizó al operador que trabajó con el equipo para los dueños de la fábrica de pienso antes de 1959.

A partir de ahí, se organizó un grupo de trabajo y se proyectaron e hicieron dos máquinas que permiten el aprovechamiento del área foliar y leñosa de la planta, de tal forma que primero pueda ser empleada en la alimentación animal y después aprovechar la leña para diferentes usos.

La primera máquina cosechadora –molinadora de marabú y otras plantas similares– se utiliza cuando los arbustos tienen entre 1,5 y dos metros de altura y poco grosor en el tallo. El equipo separa la parte comestible de la leñosa, el tamaño de las partículas de harina que entrega depende de los cernidores o cribas utilizados y se puede operar con un tractor Yumz-6, explicó Diego Muñoz.

El marabú cosechado puede ser consumido por el ganado vacuno y otros animales en forma de forraje verde o se puede secar y molinar para convertirlo en harina. Además, donde se corta con la máquina queda limpia el área, mediante la acción de descortezado y deshojado que realiza el equipo.

Se conoce que el marabú es una planta leguminosa, con alto contenido de proteína asimilable por variados tipos de animales, también fija nitrógeno al suelo y lo protege de la erosión, y puede utilizarse como materia prima para varios usos industriales.

El diseño actual de la máquina para su cosecha y aprovechamiento constituye una alternativa ecológica y sustentable para controlar y eliminar el marabú, sostiene Muñoz. Agregó que el equipo forma parte de un sistema compuesto, además, por otra máquina para el marabú de hasta tres o cuatro metros de altura y tallos de 100 a 120 milímetros. Y una trilladora para separar las hojas de los fragmentos de tallos cosechados.

Otras técnicas válidas

Otra técnica empleada por especialistas de la Estación de Pastos y Forrajes de Camagüey fue el acuartonamiento y pastoreo intensivo, desarrollada entre 1999 y 2005 en la micro vaquería La Rubia, con alta infestación de marabú. Fueron seleccionadas 42 hectáreas que tenían 90 por ciento del arbusto espinoso. Se determinó que esa área podía ser manejada con pastoreo, después de acuartonar y chapear el marabú a una altura de entre 20 y 30 centímetros. Cuando la planta tiene ese tamaño, los rebrotes contienen entre 15 y 18 por ciento de proteína bruta y pueden ser consumidos por el ganado. Se hizo la rotación de los animales con un tiempo de ocupación por cuartón determinado por el estado del pastizal, el cual osciló de siete a 10 días en primavera, y de tres a cinco días en la etapa seca, con una carga de 1,5 cabezas de ganado mayor, como promedio, por hectárea.

En el primer año de experiencia se realizaron dos chapeas y sólo una en los siguientes seis años, lo que derivó en un incremento sustancial de la producción de leche de esa unidad.

Una de las causas de temor ante el uso del follaje es el contenido de taninos. Con respecto a la presencia de esos elementos tóxicos en las hojas, se conoce que existen tecnologías sencillas, como la exposición al calor, que podrían disminuir la presencia de esos compuestos, aunque igualmente se plantea que esos elementos no podrían dañar el ganado.

Similares criterios tienen también los trabajos de los investigadores de la Estación Experimental de Pastos y Forrajes de la provincia de Las Tunas, quienes consideran que esta planta puede producir follaje consumible en una proporción de entre cinco y 8,6 toneladas de masa seca por hectárea cada año (incluye tallos tiernos consumibles y hojas), en dependencia del tipo de suelo, población, manejo, condiciones climáticas, entre otros factores. Por ello, se calcula que puede aportar entre 0,65 y 1,29 toneladas de proteína por hectárea al año. En este caso, los cortes al arbusto serían entre 10 y 20 centímetros, aproximadamente, lo cual permite su rebrote con alta densidad poblacional y la obtención de una harina foliar, así como una biomasa significativa para la explotación animal con ciertos valores nutritivos, que será necesario aprovechar para la producción de alimentos.

Otro ensayo consistió en seleccionar 22 hectáreas infestadas de marabú en la propia área de la Estación de Pastos y Forrajes de Las Tunas, para la producción de carne. Una vez chapeada y dividida en ocho cuartones de 1,75 hectáreas cada uno, se lograron ganancias superiores a los 300 kilogramos de peso vivo al año por animal.

Para suelos de baja capacidad agroproductiva, erosionados y con poca fertilidad natural, el marabú constituye una opción para la producción de leche y carne, si se someten a chapea (entre 20 y 30 centímetros). Con el fin de evitar el incremento de su densidad cuando se corta a bajas alturas o a ras de suelo, por cada hectárea debe acuartonarse y colocarse una alta carga de vacunos y caprinos, sometidos a un sistema de rotación.

Al marabú, como se puede apreciar, hay que convertirlo en un aliado provechoso y no desbrozar áreas sin una concepción de qué se hará después en los terrenos limpios y con los subproductos que se deriven de ese gasto de combustible.

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