A la espera de cambios

La eventual eliminación de la libreta de abastecimiento centró el debate sobre temas económicos en Cuba en el 2008.

Jorge Luis Baños - IPS

Aunque las cuotas normadas sólo cubren una parte de las necesidades del mes, constituyen un paliativo para la alimentación familiar.

Desde el discurso del presidente Raúl Castro, el 24 de febrero pasado, en el cual anunció para las “próximas semanas” cambios en la economía, los cubanos debaten, analizan y sacan sus propias conclusiones sobre los eventuales pasos que dará el nuevo gobierno de la isla.

Muchos acudieron a las casas de cambio ante una eventual reevaluación del peso cubano. “Había una familia de cuatro personas con bolsas llenas de pesos convertibles para cambiar por pesos cubanos, por si acaso se adelantaban con la medida”, comentó Laura Rojas, trabajadora del sistema de salud, quien atribuyó esa alza en las transacciones a los rumores de que “van a bajar el peso convertible a 16 pesos”.

Otros decidieron gastar el poco dinero acumulado en mejoras en los hogares, comprando en la red de divisas algunos artículos que, según sus conclusiones, “pudieran aumentar de precio o desaparecer del mercado, si realmente bajan la tasa de cambio”. Desde 2005 y hasta la actualidad, el peso convertible (CUC) se cotiza a 25 pesos cubanos, moneda que se usa para pagar salarios y pensiones a la población.

El peso convertible, sustituto del dólar estadounidense desde 2004, permite acceder a determinados servicios y comprar en las llamadas “tiendas recaudadoras de divisas”, también estatales, donde se ofertan productos básicos de mayor calidad, así como electrodomésticos, muebles, bebidas y otros de consumo doméstico. A su vez, cada peso convertible equivale oficialmente a 1,05 dólares estadounidenses.

Algunas personas están preocupadas por el impacto que esa medida tendría en otro grupo de cubanos. “Si bien saldrán beneficiados los que viven del salario, serán perjudicados quienes reciben remesas, pues disminuirá su poder adquisitivo”, indica Lidia Rodríguez, bibliotecaria.

Una reevaluación del peso cubano implicaría un aumento del consumo en la red de divisas –mientras esta se mantenga y se cree otro mecanismo de comercio–, que el país no está en condiciones de asumir. “Si baja el peso convertible, no hay mercancías para responder a esa medida, ni el país tiene una infraestructura adecuada de almacenes y transporte que pueda reabastecer las tiendas”, señala Agustín Perdomo, especialista de comercio minorista.

En su alocución televisada, cuando asumió el cargo, Raúl Castro dijo que su gobierno “seguiría estudiando el fenómeno de la doble moneda en la economía (…) para evitar consecuencias traumáticas y falta de uniformidad. Cualquier cambio relacionado con el dinero se hará integralmente”. Aunque la fuerte actividad de los primeros días después del discurso cedió en intensidad, no pocas personas están al acecho y saben que, tarde o temprano, las palabras del nuevo mandatario se harán realidad.

Incluso, sectores vinculados a la banca consideran apropiado realizar el canje porque, aunque sea de forma progresiva, el fin de la circulación de las dos monedas llegará. “Por un problema de soberanía, que respondería a una línea conservadora, se quedaría el peso cubano”, opinó un trabajador gráfico de 60 años.

Algunos testimonios indican que los ingresos de pesos convertibles por el canje sobrepasaron con creces la media diaria en los días posteriores a la designación oficial del presidente Raúl Castro, quien sustituyó a Fidel desde julio de 2006, cuando este le cedió el poder temporalmente, debido a problemas de salud. “Eran camiones y camiones de dinero circulando”, refirió una persona vinculada al sistema de Casas de Cambio (Cadeca).

En declaraciones a medios de noticias, el economista Armando Nova, escéptico ante una posible reevaluación inmediata del peso cubano, consideró que la reacción de la población se debió a “especulaciones y a una mala interpretación del discurso”. Para el especialista, la solución no está en el descenso progresivo de la tasa de cambio, sino en el aumento de la producción.

La doble circulación monetaria fue autorizada por el gobierno en 1993, con el objetivo de inyectar dólares frescos a la economía nacional, que pasaba por el peor momento de la crisis. En aquella época, cada dólar llegó a costar 150 pesos cubanos, sólo en el mercado negro, pues las Cadecas aparecieron en 1995.

De acuerdo con el economista Pavel Vidal, del Centro de Estudios de la Economía Cubana, “la eliminación de la dualidad monetaria en los mercados de la población no acabaría con las desigualdades”.

A su juicio, las disparidades en los ingresos podrían reducirse mediante la reevaluación del peso cubano en las Casas de Cambio y el incremento de los salarios y pensiones, ambos dependientes de factores como la productividad del trabajo, las exportaciones y la competitividad.

Necesidades de la población

Otro de los tópicos que se mantiene en la palestra es la eventual eliminación de la distribución racionada de los alimentos, establecida desde la década del sesenta, mediante la cartilla de racionamiento, conocida como libreta de abastecimiento.

En su discurso de asunción como presidente del Consejo de Estado, el menor de los hermanos Castro afirmó que su administración tendría como prioridad “satisfacer las necesidades básicas de la población”, siempre sobre la base del “fortalecimiento sostenido de la economía nacional y de su base productiva”.

También calificó de “irracionales e insostenibles” los subsidios que el Estado mantiene en la distribución igualitaria de servicios y productos, en particular los comprendidos en la llamada “libreta de abastecimiento”, una canasta básica de alimentos y artículos de higiene asignada a todas las familias.

La preocupación flota entre personas de ingresos bajos y medios. “Ahora todo el mundo se queja de la libreta, de que si no viene casi nada, pero cuando haya que comprar lo básico –arroz, azúcar, frijoles y sal, entre otros–, a precios más altos, eso generará una crisis”, opina Teresa López, profesional cuya edad la aproxima a la jubilación laboral y a una pensión que no rebasará los 300 pesos.

“Yo me lo imagino de forma crítica. Me recuerda la crisis de Argentina, cuando las personas asaltaron los supermercados. A no ser que el alza de las pensiones y los salarios logre compensar la liberalización de los precios, mucha gente la pasará muy mal”, señala Oscar Brito, directivo de una organización no gubernamental.

“Si la quitan (la libreta de racionamiento), tendrán que dejar alguna opción para quienes tienen poco dinero, sobre todo para los jubilados como yo”, sugirió una enfermera retirada, mantenida hoy por sus hijos, pues, asegura, “la pensión no alcanza para nada”.

Aunque las cuotas normadas sólo cubren una parte de las necesidades del mes, sí constituyen un paliativo para la alimentación familiar. El resto, los cubanos deben adquirirlo ya sea en la red de divisas o en los mercados agropecuarios, ambos con altos precios en relación con el salario medio de 408 pesos.

En una investigación publicada a comienzos de 2007, el estudioso Armando Nova concluyó que una familia de cuatro personas, dos de ellas adultas, necesitaba alrededor de 1.319 pesos cubanos mensuales para cubrir sus necesidades mínimas. Si dos personas de ese núcleo trabajan y ganan el salario medio actual, de 408 pesos, necesitarían al menos 503 pesos extra.

Se calcula que cada hogar destina, como promedio, más de 93 por ciento de sus ingresos a la compra de alimentos. El presupuesto doméstico apenas alcanza, entonces, para otras exigencias también elementales, como ropa, calzado o el disfrute de actividades recreativas y culturales.

Otra investigación, realizada por Vidal, sostiene que el salario medio real de 2006 representaba apenas 24 por ciento del devengado en 1989, antes del inicio de la crisis económica, a pesar del incremento en el salario nominal, de 188 a 385 pesos.

El alza general de sueldos y pensiones en 2005 aumentó ligeramente el poder adquisitivo. Pero, desde entonces a la fecha, se han sucedido leves y sistemáticas alzas de precios en la red de divisas y en los mercados agropecuarios, de 4,33 por ciento en 2006 y de 1,3 por ciento en 2007.

¿Apertura para los cubanos?

Desde diciembre pasado, al intervenir ante la última sesión de 2007 de la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento), el actual presidente cubano se ha referido a prohibiciones que han sido superadas por la vida. Esa idea la retomó en su discurso de estreno oficial en el cargo.

Los cubanos leyeron entre líneas y concluyeron que, dentro de poco, les estará permitido alojarse en los hoteles en divisa, una prohibición que acompañó al desarrollo acelerado del turismo, emprendido a inicios de los noventa.

“Dicen que esa será una de las primeras medidas que se tomarán, de manera que el país pueda tener ingresos por ese concepto”, comenta Tahití Ortega, quien recuerda cuando, a inicios de la década del noventa, podía venderles excursiones en dólares a personas que recibían remesas desde el exterior y querían dedicarlas a paseos con toda la familia.

Esa ha sido una de las quejas más reiteradas de los cubanos, quienes vieron disminuidas sus posibilidades de recreación, al destinarse la mayoría de los hoteles –y precisamente los de mayor calidad– al turismo inter-nacional.

“Desde el punto de vista financiero no lo entiendo muy bien, porque recogerían no dólares ni euros, sino pesos convertibles, pero habrá que ver lo que vendrá. El refrán dice que `cuando el río suena, piedras trae´”, agrega Ortega.

Hace unos tres años se proyectaba abrir los hoteles a los nacionales, pero se decidió no hacerlo por consideraciones políticas. General-mente, quienes podrían pagarlo eran aquellas personas que no obtenían sus ingresos por la vía del trabajo estatal y honrado.

En la actualidad, el país dispone de más de 46.453 habitaciones hoteleras, en 307 instalaciones dedicadas al turismo internacional. La ocupación lineal promedio es de cerca de 50 por ciento. Habría que analizar qué le conviene más al país económica y socialmente en este asunto.

Para el gobierno de Cuba, la prioridad pasa por cotizar mejor la moneda nacional y, por ende, aumentar el valor real del salario, muy deteriorado desde los inicios de la crisis económica que sucedió a la pérdida de sus socios comerciales de los hoy desaparecidos bloque socialista europeo y la Unión Soviética, a comienzos de la década del noventa. Al despedir el año y felicitar a los cubanos, el nuevo mandatario dijo, en dos palabras, lo que viene diciendo desde julio de 2006: “A trabajar mucho”.

Aunque todas las medidas y cada paso lo estudia al más alto nivel gubernamental una comisión integrada por políticos y expertos, para la población el tema sigue creando confusiones y temores. Los cubanos continúan entonces a la espera de los cambios, incluso calculando cómo pueden sacarle partido a las medidas.

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