Agroindustria azucarera: Oportunidades perdidas y posibilidades futuras

La crisis en la industria azucarera ha impedido a Cuba aprovechar el alza de precios en el mercado mundial.

Baldrich - IPS

Central azucarero Heriberto Duquesne

La caña de azúcar llegó a Cuba traída por Diego Velázquez en el siglo XVI y constituye la segunda actividad económica más antigua del país, precedida solo por la producción de tabaco aborigen. A finales del siglo XVI se instaló en la isla el primer trapiche y, desde entonces y hasta la última década de la pasada centuria, fue el principal renglón económico.

Durante siglos, la economía cubana se caracterizó por la monoproducción. Si bien esa característica deformó estructuralmente la economía, también contribuyó a crear y fomentar una vasta cultura azucarera. Con el desarrollo de la ciencia y la técnica, que permitió el paso del trapiche a la caldera de vapor, la introducción del ferrocarril y finalmente el corte mecanizado, la agroindustria azucarera se convirtió en la locomotora de la economía. En el período colonial se erige como la actividad económica fundamental, rasgo que se acentuó luego en la etapa neocolonial, en la cual se realizaron cuantiosas inversiones estadounidenses en el sector.

Tras el triunfo de la Revolución cubana, como parte de las estrategias económicas aplicadas, el gobierno llevó a cabo un proceso de diversificación industrial en aras de minimizar la dependencia del país de la industria azucarera. No obstante, el azúcar continuó como el principal renglón exportable del país, cuyo destino fundamental eran los países del extinto campo socialista europeo, principalmente la Unión Soviética, un amplio mercado que le garantizaba precios preferenciales.

Con un fuerte encadenamiento productivo en la década de los ochenta, la industria consumía gran cantidad de insumos provenientes de la industria básica, sideromecánica y ligera, entre otras. A su vez, proveía de materias primas a la alimenticia, básica y médico farmacéutica. El sector contaba con una amplia infraestructura: 156 fábricas de azúcar y presencia azucarera en 147 de los 169 municipios del país; 2.000.000 de hectáreas destinadas al cultivo de la caña; 7.000 kilómetros de vías férreas y más de 35.000 camiones. Esta agroindustria aportaba a la economía más de 4.000 millones de dólares.

Con la caída del campo socialista, Cuba perdió sus principales mercados para el azúcar, que representaba 80 por ciento de las exportaciones totales, y demás renglones exportables. Esto trajo consigo una significativa caída de las principales fuentes de financiamiento y aprovisionamiento de insumos para la industria azucarera y otras.

Las conocidas cifras de la pérdida de casi 85 por ciento del comercio exterior y la caída de 34 por ciento del Producto Interno Bruto se tradujeron en el cierre de muchas fábricas y centros que garantizaban los insumos necesarios para la zafra y la carencia casi total de los que provenían del exterior. Estos iban desde el calzado de los obreros o las limas y otros instrumentos para el trabajo agrícola hasta las cuchillas de las combinadas, combustible, fertilizantes y productos para el control fitosanitario de los campos de caña o las piezas de repuesto imprescindibles para el funcionamiento de los centrales. A pesar de esa situación, durante la década de los noventa, el azúcar siguió siendo el principal garante para obtener créditos externos.

Como es de suponer, ante la carencia de los recursos imprescindibles para el mantenimiento del nivel de actividad del sector, la producción y los rendimientos por hectárea comenzaron a caer bruscamente. La tabla 1 muestra cómo se comportaron esos indicadores durante esta etapa.

En 2002, la industria consumía unos 600 millones de dólares y solo ingresaba 200 millones, además de consumir 400.000 toneladas de diesel al año. Como resultado de esta situación y los deprimidos precios del azúcar en el mercado internacional, se decide acometer la denominada Tarea Álvaro Reinoso, mediante la cual se cerraron 70 de las 156 fábricas de azúcar existentes a lo largo de todo el país. Con posterioridad se han cerrado otros y actualmente quedan 61 centrales en la isla. Lamentablemente, ante la situación objetiva de ese año, esta decisión se tomó abruptamente y no progresivamente, como habían propuesto algunos especialistas desde hacía algún tiempo.

La depauperada situación de la industria azucarera se vincula directamente con la casi nula inversión de recursos financieros por parte del Estado en este sector, durante años, como consecuencia de la carencia de recursos financieros. En este período, el país ha recibido propuestas de inversionistas extranjeros interesados en la industria de la caña de azúcar, las cuales no han sido aceptadas, y que tal vez, de haberse valorado, hubiesen permitido aprovechar infraestructuras y experiencia acumulada.

En los momentos actuales, cuando los precios del azúcar han llegado a los valores más altos en los últimos 28 años, la industria cubana no ha podido aprovechar esta favorable coyuntura, por haber estado relegada por años y hoy día apenas se encuentra en condiciones de garantizar dos por ciento del comercio mundial (unas 700.000 toneladas), una cantidad insignificante si consideramos que se llegó a exportar más de 4.000.000 de toneladas en los años de mayores producciones.

Aunque podría ser cuestionable o contradictorio, en la década de los noventa, cuando más deprimidos estuvieron los precios del sector, Brasil invirtió fuertemente en su agroindustria y amplió considerablemente sus plantaciones cañeras. La diferencia estriba en que la industria brasileña era altamente flexible y contaba con un desarrollo importante de los derivados, destacándose el alcohol para uso combustible.

La industria azucarera no solo produce azúcar. Entre sus principales derivados están la electricidad, alcohol, mieles, y se plantea que se pueden obtener más de 100 derivados, destacándose las resinas para soldaduras de metales en frío y otros usos industriales, medicamentos y alimentos de uso humano y animal, bioestimulantes agrícolas para incrementar el aprovechamiento que hacen las plantas de los fertilizantes y sustratos, plásticos a partir de la industria alcoquímica

Además, este cultivo tiene entre sus ventajas, el impacto favorable que ejerce sobre el medio ambiente. Por estas razones, fue que en su momento el gigante sudamericano potenció el desarrollo de la agroindustria, principalmente con vistas a potenciar la producción de alcohol carburante. Esta política le permitió convertirse en el primer productor y exportador mundial de azúcar y en el segundo productor y consumidor de etanol.

Analicemos algunas cifras de Cuba. La tabla 1 muestra varios elementos importantes. En primer lugar la superficie destinada al cultivo de la caña bajó a casi un millón de hectáreas de la zafra 1983-1984 a la de 2007-2008. La producción se redujo 20 por ciento y los rendimientos se disminuyeron considerablemente, llegando en algunos casos a ser menos de la mitad de los que se obtenían en la década de los ochenta. Esto fue, en buena medida, resultado de la crisis que afrontó el país, tras la caída del campo socialista y el desabastecimiento de insumos agrícolas.

Como parte de la tarea Álvaro Reinoso, se determinó destinar las tierras que se utilizaban a la producción de caña, pertenecientes a las industrias desmanteladas, a la producción de alimentos. En la tabla 2 se muestra la distribución de la tierra según su uso y estructura. Como se ilustra, la superficie agrícola no cultivada llegó a ser en 2007 de 3.632.000, lo cual es 2,3 veces la superficie no cultivada que existía en el país en 1990 y más de 2,5 veces la tierra que se destinó a la zafra del año 90.

Todo esto apunta a que la redistribución de las tierras de la agricultura cañera solo logró reducir sustancialmente las tierras que se destinaban a este cultivo, incrementar las tierras ociosas y no cultivadas y como es lógico, reducir la caña disponible y con ello, la producción azucarera que apenas supera hoy 1,3 millones de toneladas de los más de 7.000.000 que se llegaron a producir en las décadas de los setenta y los ochenta.

Como se señalaba con anterioridad, los precios del azúcar y el etanol en el mercado internacional han llegado a su mayor valor en los últimos 28 años, pero la agroindustria azucarera cubana no está en condiciones de aprovechar esta coyuntura. El sector carece de tierras sembradas y caña lista para aprovechar la situación del mercado y poder iniciar o acelerar una recuperación destinada a invertir en tecnologías modernas y eficientes que permitan obtener una amplia gama de derivados de mayor valor agregado; generar en la medida de lo posible energía eléctrica para el Sistema Electroenergético Nacional; y producir alcoholes para mejorar los combustibles y con ello reducir la contaminación ambiental, entre otros elementos que podrían y deberían aprovecharse a partir de esta industria.

No obstante, no todo está perdido en esta actividad económica, considerando que el comportamiento del mercado azucarero es cíclico, y que una parte de los incrementos actuales de precios se debe a la retirada de 5.000.000 de toneladas de azúcar del mercado por la Unión Europea y al incremento sostenido de aproximadamente dos por ciento de la demanda mundial, aspectos que no van a cambiar. Además, los grandes productores tienen una capacidad finita de crecer en la producción, entre otras causas por la necesidad de destinar una parte de la producción cañera a la obtención de alcohol.

Como la mayor limitación para poder relanzar la industria es la situación financiera del país, una parte de este financiamiento se puede obtener a partir de la inversión extranjera. El que se obtenga por esta u otra vía debe estar encaminado a desarrollar la industria, trazar políticas que estimulen la producción de caña y tratar de lograr un mayor nivel de eficiencia en toda la cadena agrícola e industrial.

Si se tiene en cuenta que el principal mercado del azúcar cubano es China— país que consume 14 por ciento del total mundial, cuya población y demanda per cápita están creciendo, a lo que se adicionan las buenas relaciones financieras de la isla con este país asiático—, quizás podrían gestionarse allí créditos en condiciones favorables para fomentar estas producciones.

Otra fuente importante para financiar el desarrollo de esta industria está en los ahorros que se pueden lograr a partir de la generación eléctrica en el sector. La industria produce hoy 37 kilovatios por tonelada de caña molida, de los cuales consume 28 en el proceso. Con algunas inversiones, podrían obtenerse hasta 130 kilovatios por tonelada, a un costo de dos centavos por kilovatios, mucho más bajo que el costo más bajo de la generación con diesel, la cual oscila entre 14 y 18 centavos.

En adición, el alcohol que se obtiene en la industria puede mezclarse en una proporción de entre un 20–25 por ciento con gasolina, con lo cual se sustituyen sustancias químicas que dañan el medio ambiente y tienen efectos cancerígenos en la salud humana. Esta mezcla, además, mejora la combustión, emite menos gases de efecto invernadero y libera una parte de la gasolina que tiene mayores precios que el etanol de caña.

Evidentemente, si bien puede decirse que, por cuestiones objetivas coyunturales, el país ha perdido un tiempo precioso en el fomento de la industria azucarera, también es cierto que no es hora de lamentos ni de análisis descontextualizados, sino de reorientar la industria, con un alto peso de los derivados y una significativa participación de aquellos altamente energéticos, lo cual es clave hoy, tanto para la sustitución de importaciones como para fomentar algunas exportaciones.

La industria azucarera cubana no volverá a desempeñar el papel que tuvo en la década de los ochenta, pero, sin duda, podrá dar un aporte significativo al desarrollo agrícola e industrial del país.

Tabla 1

Superficie cosechada, producción y rendimiento 
de la caña de azúcar por zafra, destino a industria

 

Superficie cosechada (Mha)

Producción (a) (MMt)

Rendimiento por hectárea (a) (t)

ZAFRAS

Total

Estatal

No Estatal

Total

Estatal

No Estatal

Total

Estatal

No Estatal

1983/1984

1.349,5

1.102,8

246,7

77,4

63,2

14,2

57,4

57,3

57,6

1984/1985

1.347,8

1.102,7

245,1

67,4

55,0

12,4

50,0

49,8

50,7

1985/1986

1.328,6

1.094,5

234,1

68,5

56,2

12,3

51,6

51,3

52,7

1986/1987

1.358,3

1.126,3

232,0

70,8

58,2

12,6

52,1

51,7

54,5

1987/1988

1.297,3

1.061,6

235,7

73,7

59,3

14,4

56,8

55,9

61,3

1988/1989

1.350,6

1.118,3

232.3

81,0

66,4

14,6

60,0

59,4

62,8

1989/1990

1.420,3

1.192,0

228.3

81,8

67,0

14,8

57,6

56,2

64,8

1990/1991

1.452,2

1.219,2

233.0

79,7

64,9

14,8

54,9

53,2

63,7

1991/1992

1.451,7

1.230,6

221.1

66,3

54,4

11,9

45,6

44,2

53,7

1992/1993

1.211,7

1.013,2

198.5

43,7

35,4

8,3

36,0

35,0

41,4

1993/1994

1.248,9

63,8

1.185,1

43,2

2,2

41,0

34,6

34,1

34,6

1994/1995

1.177,4

60,1

1.117,3

33,6

1,7

31,9

28,5

28,3

25,8

1995/1996

1.244,5

97,1

1.147,4

41,3

2,7

38,6

33,2

28,3

33,6

1996/1997

1.246,3

111,3

1.135,0

38,9

2,7

36,2

31,2

24,3

31,9

1997/1998

1.048,5

67,5

981,0

32,8

1,7

31,1

31,3

25,2

31,7

1998/1999

995,8

82,3

913,5

34,0

2,6

31,4

34,1

31,5

34,4

1999/2000

1.040,9

89,7

951,2

36,4

2,9

33,5

35,6

32,2

35,9

2000/2001

1.007,1

86,6

920,5

32,1

2,6

29,5

31,4

31,1

31,5

2001/2002

1.041,2

89,6

951,6

34,7

2,8

31,9

33,3

31,2

33,5

2002/2003

643,8

45,2

598,6

22,1

0,6

21,5

34,3

13,3

35,9

2003/2004

661,0

44,2

616,8

23,8

1,3

22,5

36,0

29,4

36,5

2004/2005

517,2

21,8

495,4

11,6

0,4

11,2

22,4

18,3

22,6

2005/2006

397,1

13,8

383,3

11,1

0,4

10,7

28,0

24,5

28,0

2006/2007

329,5

12,0

317,5

11,9

0,3

11,6

36,1

25,0

36,5

2007/2008

380,3

10,5

369,8

15,7

0,4

15,3

41,3

34,9

41,4

Calculado tomando las cifras de producción en toneladas y de superficie en hectáreas.

Fuente: Oficina Nacional de Estadísticas (One), Anuario Estadístico de Cuba, edición digital 2009.

Tabla 2

Distribución de la tierra de acuerdo con su uso

CONCEPTO

1997

1999 (a)

2000 (a)

2003

2005

2006

2007

Superficie total (Mha)

10.972,2

10.673,9

10.547,8

10.988

10.988,6

10.988,6

10.988,6

Agrícola

6.686,7

6.660

6.553,4

6.637,7

6637

6.629,6

6.619,5

Cultivada

3701,4

3.647,9

3.599,6

3.468,7

3.223,7

3.124,3

2.988,5

Cultivos permanentes

2.606,1

2.463,1

2.419,7

2.252,6

2.010

1.924,3

1.796,6

Cultivos temporales

1.089,4

1.178,4

1.173,8

1.209,8

1.208,8

1.195,2

1.187,2

Viveros y semilleros

5,9

6,4

6,1

6,3

4,9

4,8

4,7

No cultivada

2.985,3

3.012,1

2.953,8

3.169

3.413,3

3.505,3

3.631

Pastos naturales

2.222,8

2.112

2.094,5

2.179,9

2.290,9

2.331,7

2.398,2

Ociosas

762,5

900,1

859,3

989,1

1.122,4

1.173,6

1.232,8

No agrícola

4.285,5

4.013,9

3.994,4

4.350,3

4.351,6

4.359

4.369,1

Forestal

2.924,9

2.732,8

2.731,1

3.014,1

3.022,7

3.032

3.047

Otras tierras (b)

1.360,6

1.281,1

1.263,3

1.336,2

1.328,9

1.327

1.322,1

Estructura

Superficie total (%)

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

Agrícola

60,9

62,4

62,1

60,4

60,4

60,3

60,2

Cultivada

33,7

34,2

34,1

31,6

29,3

28,4

27,2

Cultivos permanentes

23,8

23,1

22,9

20,5

18,3

17,5

16,3

Cultivos temporales

9,9

11,0

11,1

11,0

11,0

10,9

10,8

Viveros y semilleros

0,1

0,1

0,1

0,1

0,0

0,0

0,0

No cultivada

27,2

28,2

28,0

28,8

31,1

31,9

33,0

Pastos naturales

20,3

19,8

19,9

19,8

20,8

21,2

21,8

Ociosa

6,9

8,4

8,1

9,0

10,2

10,7

11,2

No agrícola

39,1

37,6

37,9

39,6

39,6

39,7

39,8

Forestal

26,7

25,6

25,9

27,4

27,5

27,6

27,7

Otras tierras (b)

12,4

12,0

12,0

12,2

12,1

12,1

12,0

 

(a) Excluye el uso de las tierras en los cayos.

(b) Incluye la superficie no apta, la acuosa y la poblacional constructiva.

Fuente: Elaboración propia a partir de Oficina Nacional de Estadística (One), Anuario Estadístico de Cuba.

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