Ahorro energético, nacional, empresarial y doméstico

La Revolución Energética se convirtió en una alternativa nacional a la subida de los precios del petróleo en el año 2008.

Jorge Luis Baños - IPS

La Revolución Energética ha incidido en todos los estratos de ingreso familiar, desde los excesivamente altos hasta los demasiado bajos

Con el precio de la tonelada de petróleo en el mercado internacional oscilando entre 90 y 100 dólares, muchos países que no disponen del combustible (o tienen insuficiente) se encuentran en una situación difícil para mantener sus normales actividades y desarrollo.

El elevado precio –al que todos los especialistas internacionales le atribuyen una nada despreciable proporción de componente especulativo–, beneficia directamente no sólo a los países productores, sino a un grupo de compañías transnacionales que lo procesan y comercializan, en detrimento de las naciones y entidades más débiles. En ese contexto, aquellos países vinculados a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) son un caso particular, pues pueden contar con un suministrador seguro y en condiciones menos desventajosas.

Cuba es miembro fundador de esa iniciativa promovida de conjunto con Venezuela, además de producir prácticamente la mitad de sus necesidades de petróleo, por lo que sólo una pequeña cantidad de ciertos derivados la adquiere del libre mercado internacional.   

Sin embargo, las autoridades de la isla avizoraron con suficiente tiempo los efectos desfavorables de la acelerada escalada de los precios mundiales del petróleo crudo y sus derivados. Aprovecharon la muy alta centralización implantada en la economía y la facilidad de maniobra que esta otorga a los decisores para adoptar, desde finales de 2004, diversas medidas dirigidas a atenuar los efectos de una era de energía muy cara.

Similares medidas habían sido aplicadas anteriormente. En octubre de 1997, la Plataforma Programática del Partido Comunista de Cuba [1] se refería al ahorro de portadores energéticos de manera muy concreta y menciona un “…nuevo programa de medidas de ahorro, basado en el empleo de combustibles y equipos más eficientes…”. Existe también el documento Resultados del programa de ahorro de electricidad: año 2003, en el cual, con cifras y gráficos, se comentan los logros y dificultades existentes entre 1997 y 2003, junto a los objetivos propuestos para 2004.

En estos últimos tres años, por imperativo de las circunstancias, las acciones llevadas adelante nacionalmente han sido más drásticas. Aglutinadas en la denominada Revolución Energética, estas han tenido una incidencia múltiple en los más disímiles campos, entre los cuales se contemplan tanto el combustible como la producción de energía eléctrica y su distribución hasta el destino final. Es conocido que la generación eléctrica es, precisamente, el máximo consumidor cubano de combustibles. Entre las líneas de trabajo se encuentran:

– Intensificar la búsqueda y extracción de petróleo en la plataforma marina, con socios extranjeros.

– Ampliar opciones en fuentes de energía sin gasto de combustible (generadores eólicos, paneles solares, minihidroeléctricas, cogeneración en plantas industriales).

– Compra de 6.841 grupos electrógenos para respaldo a centros priorizados, más 947 generadores eléctricos diesel y después 696 generadores de fuel oil, con menor gasto específico que las grandes y a veces obsoletas termoeléctricas existentes.

– Facilitar la construcción, por empresas mixtas o propias, de nuevas plantas eléctricas de ciclo completo, que aprovechan el gas acompañante procedente de la extracción de petróleo.

– Cambio gratuito de millones de bombillas incandescentes por otras ahorradoras y destrucción de todas las recogidas, para evitar su reutilización.

– Verificación de la importación de equipamiento tecnológico y no tecnológico, de manera que se adquieran aquellos de menos gasto energético.

– Promover mayor acomodo de cargas en los grandes consumidores industriales de energía eléctrica.

– Transferir a cientos de miles de familias que utilizan luz brillante, gas o leña en sus domicilios, al uso de la electricidad (hornillas y ollas eléctricas).

– Acelerar la sustitución de equipos electrodomésticos de alto consumo de energía eléctrica en funcionamiento (refrigerador, motor de agua, televisor), por la compra de otros nuevos, más eficientes.

– Implantar severas medidas restrictivas en las asignaciones de combustibles o aplicar límites de gastos de energía eléctrica a entidades estatales de todo tipo.

– Reparar las conductoras, a fin de evitar que en Ciudad de La Habana cerca de 60 por ciento del agua potable bombeada se desperdicie por salideros,  y sustituir motores obsoletos del acueducto.

Las autoridades han insistido en que la Revolución Energética es económicamente autosustentable para el país. Es decir, por el ahorro que genera deben recuperarse, en menos de tres años, las inversiones y gastos corrientes efectuados. Seguramente es cierta la afirmación, pero no todos los enfoques son iguales. Imaginemos tres niveles: nacional, empresarial y doméstico, para establecer sus diferencias.

Nivel nacional

La Revolución Energética involucra una serie de medidas que inciden  en disímiles campos, entre los cuales se contemplan el combustible, la producción de energía eléctrica y su distribución. (Foto: Baldrich)A instancia nacional, las autoridades miden los gastos e ingresos de la Revolución Energética en divisas extranjeras, por lo cual se considera sustentable en ese sentido, sin igual consideración respecto a las dos monedas cubanas (el peso y el peso convertible). Cuando, a partir de septiembre de 2004, los prolongados apagones provocados por la grave rotura en la termoeléctrica “Antonio Guiteras”, en la provincia de Matanzas, impulsaron el esbozo de dicho programa, los primeros cálculos de inversiones rondaron los 400 millones de dólares.

Según se procedía a concretar los objetivos iniciales, surgían nuevas necesidades. En enero de 2006 se comprendió claramente que los grupos electrógenos y motores generadores de diesel requerían de la rehabilitación casi integral de la red de distribución eléctrica. Por esa y otras vías, los propósitos se diversificaron y multiplicaron. Según avanzó el tiempo, los gastos (inversiones y gastos corrientes) sobrepasaron los 1.000 millones, después 2.000 millones y deben estar actualmente por encima de los 3.000 millones de dólares, o el equivalente en otra moneda extranjera.

No obstante, este programa continúa siendo económicamente autosustentable en su balance externo, dados los múltiples ahorros que el país ha ido obteniendo.

En la presentación del Informe a la Asamblea Nacional del Poder Popular sobre los resultados de 2006 y los lineamientos para 2007, José Luis Rodríguez, ministro de Economía y Planificación, se refirió “…a la baja efectividad del proceso inversionista, donde se continúa inmovilizando recursos, pues el valor de los activos fijos en las obras que se concluyen resulta inferior a lo que se invierte cada año.” [2] Pero otro es el caso de la Revolución Energética. “Un ejemplo de las inversiones en las que está previsto recuperar lo gastado a través del ahorro de divisas que producen en el más breve plazo posible, son las del programa electroenergético y las del transporte, tomando en cuenta la elevación del precio del petróleo a más del doble en los últimos tres años”. [3]

Nivel empresarial

En el nivel empresarial se incluyen no sólo las verdaderas empresas estatales (directamente o como sociedades mercantiles), que se asume cubren los gastos con sus ingresos, sino las unidades presupuestadas, financiadas centralmente, dado que en ese caso cualquier ingreso se transfiere a la denominada cuenta única del Estado.

Se excluyen entidades directamente implicadas en recibir abundantes recursos a causa de la Revolución Energética (por ejemplo, la Unión Eléctrica, las panaderías, los talleres de reparación de electro-domésticos del Ministerio de Comercio Interior y la Oficina Cubana del Ozono).

La economía empresarial se ha beneficiado por la eliminación de apagones y por mejoras en las oscilaciones del voltaje. Además, la sustitución de los equipos electro-domésticos, bombas de agua o de iluminación en este sector se efectúa al costo en pesos, que se les reintegra del presupuesto central, pues la cuenta única del país afronta las divisas.

Pero realmente, para la gran mayoría del sector empresarial, lo que los directivos y trabajadores aprecian son restricciones, sean por disminución de las compras o del combustible asignado, o por reducción del límite de consumo de energía eléctrica, particularmente en horario pico. Directivos y trabajadores carecen de estímulo económico respecto a los avances que logran para este objetivo.

Al tema se refirió Rodríguez cuando manifestó: “Sin embargo, tal y como se expresa en el informe, no se logra aún conciencia del ahorro de portadores energéticos en nuestras entidades (estatales) que permita contar con planes verdaderamente rigurosos para reducir el gasto, lo cual obligará a continuar restringiendo la asignación de combustible y energía eléctrica en el año 2007” [4].

Nivel doméstico

La economía doméstica en Cuba es increíblemente compleja, pero la Revolución Energética ha incidido en todos los estratos de ingreso familiar, desde los excesivamente altos hasta los demasiado bajos.

En general, tuvo buena acogida popular el cambio gratuito de los bombillos incandescentes por los ahorradores, aunque no se entendió la inmediata destrucción de los millones de bombillos en buen estado. Se ha comentado que algunos miles pudieron haberse aprovechado en otros destinos, como en las incubadoras avícolas.

La casi total eliminación de los apagones resultó de igual beneficio para la población, aun cuando el daño a miles de equipos electrodomésticos por problemas de voltaje —catalogado legalmente como daño a la propiedad privada de las familias por parte de la Unión Nacional Eléctrica (UNE)— generó serios comentarios desfavorables.

Miles de casos fueron reclamados, pese a no ser nada sencillo el procedimiento para demostrar el motivo del daño, pues los damnificados debían aportar en corto tiempo la información del momento exacto en que ocurrió, los datos del equipo y tipo de rotura, lo cual debe ser confirmado por un inspector. La Unión Nacional Eléctrica admitió que han sido aceptadas como válidas dos de cada tres reclamaciones. Pero, una vez aceptadas, la Unión Eléctrica no disponía de organización y medios para darles solución en forma tan amplia, por lo que al finalizar 2006 tres de cada cuatro reclamaciones quedaron sin solución. Al concluir 2007, se trabajaba para invertir la proporción, dejando pendiente una de cada cuatro reclamaciones.

Otros problemas en las viviendas se debieron a la baja calidad de los primeros bienes entregados (hornillas eléctricas, refrigeradores llamados espontáneamente “lloviznados” [5]), falta de instrucciones sobre su utilización [6], carencia de personal entrenado, de piezas, herramientas y ausencia de talleres para afrontar roturas.

En el caso de las hornillas eléctricas, se agravaron los efectos de su deficiente funcionamiento, debido a la inmediata suspensión de la venta del anterior combustible utilizado en la vivienda (keroseno o gas licuado) en el comercio minorista. Las decisiones para enmendar tales errores de la Revolución Energética han requerido mayores gastos en divisas que los previstos inicialmente, como antes se señaló.

A lo anterior hay que añadir el efecto que está teniendo en la economía doméstica la deuda contraída por la reposición y entrega de equipos con elevado precio [7], que en no pocos casos grava notablemente la estrecha situación financiera de ciertas familias, a tal punto que algunas se han negado a efectuar el reemplazo y otras se arrepienten de haberlo hecho.

Epílogo

El ahorro en divisas para el país por concepto de la Revolución Energética es grande y compensa sus gastos en esa moneda, entre estos los correspondientes a la transmisión y distribución de energía eléctrica.

Otras pérdidas aún pendientes de solución son las fugas de agua en las conductoras primarias, secundarias y acometidas, incluso en centros estatales y viviendas de la capital, con derrame superior a 50 por ciento del volumen bombeado. Constituye un potencial de doble ahorro: del recurso agua y de energía eléctrica, con su efecto colateral en combustible.

No obstante, debido a los actuales elevados precios del petróleo crudo y sus derivados, es de enorme importancia que, comparado con el año precedente, en 2006 se hicieran nada pequeños ahorros en diesel, gasolina, keroseno y gas licuado, que continuaron aún más fuertes durante 2007, con independencia de provenir de un real ahorro o de restricciones al consumo.

En definitiva, el ahorro también ha permitido emplear formas no convencionales de reexportación de derivados haciendo –como antes se ha insistido– económicamente autosustentable en divisas la Revolución Energética. No obstante, los resultados alcanzados en pesos cubanos se aprecian demasiado débilmente por el sector empresarial o la economía familiar. No siempre el gran esfuerzo central se estima como directamente vinculado al beneficio de la microeconomía propia (de institución o doméstica), a pesar de la amplia insistencia publicitaria en el efecto social que alcanza para todos.

Notas

[1] Principal documento sobre el desarrollo del país, aprobado en el V Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) y aún vigente.

[2] “El crecimiento económico es fruto del enorme esfuerzo desplegado por nuestro pueblo”, periódico Granma, diciembre 23, 2006, p. 5.

[3] Ibíd.

[4] Ibíd.

[5] Originan agua (semejante al rocío) en los laterales del mueble, por fuera.

[6] Con las consiguientes roturas por mala operación o uso indebido.

[7] Ver “El dinero, un medio de distribución”, Economics Press Service, diciembre 15, 2007.

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