Alerta apícola

Una de nuestras publicaciones de 2007 profundiza en el desarrollo de la apicultura en Cuba.

Tomado de Cubadebate

Ante la súbita y hasta ahora inexplicable desaparición de colonias enteras de abejas en Estados Unidos, los científicos del Centro de Investigaciones Apícolas de Cuba y del Instituto de Medicina Veterinaria, junto a los apicultores cubanos, siguen de cerca el tema, por lo que representa la miel para la economía cubana.

En declaraciones a la televisión local, el director del Centro de Investigaciones Apícolas de la isla, Adolfo Pérez, señaló que especialistas cubanos en apicultura están atentos al fenómeno, que se presenta sin dejar rastros ni cuerpos de los insectos muertos.

A juicio del experto cubano, la causa del llamado trastorno y colapso de las colonias pudiera ser la suma de un grupo de problemas ambientales y otros tecnológicos, de la agricultura, principalmente en la aplicación de los pesticidas, así como situaciones específicas de la salud de las abejas.

“Hasta ahora las investigaciones no han demostrado que alguno de esos factores sea el principal, aunque sí se ha observado la rápida diseminación por el mundo de un parásito propio de las abejas asiáticas, la Nosema ceranae, un microsporidio parásito de las abejas, que se presentó por primera vez en España y Francia en 2005” , explicó.

De acuerdo con informaciones del Centro Apícola Castilla-La Mancha, España, el despoblamiento de las colmenas se detectó a fines de la pasada década del noventa y principios de 2000, aunque con una difusión inferior a la actual. Las investigaciones permitieron determinar que el responsable de este problema sanitario era el Nosema ceranae, un parásito exótico en esa nación.

El “síndrome de despoblamiento de las colmenas” se caracteriza por la progresiva disminución del número de abejas de una colonia, sin causa aparente, hasta que esta entra en colapso y desaparece, al no poder mantener las abejas sobrevivientes las tareas elementales dentro de la colonia.

Reportes de noticias indican que investigadores españoles demostraron que el Nosema ceranae era extremadamente patógeno para la abeja melífera, en mucha mayor medida que la otra especie parásita emparentada más conocida, Nosema apis.

Según Pérez, ese parásito se ha distribuido por el mundo y pudiera estar involucrado en el mal que aqueja a las colmenas en Estados Unidos. El experto explicó que, al terminar el invierno, las abejas salen a hacer su vuelo de limpieza, cuando defecan y limpian sus intestinos, y en ese vuelo –aparentemente por la destrucción interna que sufren a causa del parásito–, las abejas desfallecen y desaparecen de los campos.

Aunque, agregó, ese fenómeno pudiera estar combinado con otros parásitos, por lo que se vuelve difícil encontrar los restos de los insectos. Las abejas existen desde hace 100 millones de años y sobrevivieron a la desaparición de los dinosaurios y todas las catástrofes, lo que significa que tienen capacidad de adaptación.

Los científicos estadounidenses manejan hipótesis que plantean la posibilidad de daños neurológicos con pérdida de la orientación, como consecuencia de la acción de insecticidas, estrés por transportación, hongos y virus, entre otros.

El fenómeno es muy interesante porque se manifiesta, principalmente, en países de una agricultura con una alta tecnología, gran cantidad de insumos, sobre todo productos químicos, consideró Pérez.

De acuerdo con un estudio del Centro Nacional de Investigaciones Apícolas, las abejas cubanas son muy resistentes a las enfermedades y clasifican entre las más productivas del mundo, con un potencial promedio de 100 kilogramos por colmena.

Miel cubana

Luego de un notable descenso en sus producciones de miel en los años más críticos de la crisis económica iniciada en la pasada década del noventa, Cuba acopió anualmente, a partir de 2003, más de 7.000 toneladas del producto, y desde entonces los apicultores trabajan por alcanzar el récord nacional logrado en 1983, con más de 10.000 toneladas.

En 2001, la varroasis -enfermedad causada por un insecto devorador de las crías de abejas llamado varroa- ocasionó pérdidas a la apicultura calculadas en dos millones de dólares en los últimos cinco años, entre los gastos para luchar contra el mal y la destrucción de 16.000 colmenas.

La producción de miel de 2005, con apenas unas 3.800 toneladas, se considera la más baja de la historia en la isla y fue una de las consecuencias de la intensa sequía y el paso de los huracanes.

El pasado año, el país obtuvo 6.900 toneladas de ese producto, la segunda producción más alta desde 1990, informó Pérez en enero pasado, durante un evento internacional sobre apicultura. Expertos señalan que el comportamiento favorable del régimen de lluvias durante 2006, en todo el territorio nacional, fue un factor decisivo en el significativo repunte experimentado en el acopio de miel en todo el país. Una mayor floración de las plantas melíferas y buena atención a los apiarios fueron esenciales para que se cerrara el año con la producción de cifras cercanas a las 7.000 toneladas.

El director del Centro de Investigaciones Apícolas informó que Cuba espera aumentar sus producciones de miel de abeja, así como el rendimiento en kilogramos por colmena, como parte de un desarrollo a mediano plazo hasta 2015. Según dijo, la nación caribeña posee conocimientos y reservas productivas para explotar su potencial apícola, con una producción cercana a las 10.000 toneladas de miel.

En los últimos años, en Cuba creció el número de colmenas. En 2001 se reportaban 136.000 y en la actualidad, según Pérez, los colmeneros cubanos disponen de unos 140.000 panales. Para un aprovechamiento óptimo del potencial melífero del país se necesitan otras 60.000 más, consideró el experto. Alcanzar esa cifra constituye uno de los objetivos de desarrollo de la industria apícola hasta 2015, apuntó.

De acuerdo con el experto, en Cuba hay 1.771 productores de miel y más de 2.000 personas involucradas en la cadena productiva apícola.

Cuba pretende aumentar también el rendimiento por colmena, desde un promedio anual de 43 kilogramos hasta 45/55 kilogramos. El Ministerio de la Agricultura se propone, igualmente, mejorar las condiciones de vida de los trabajadores del sector de la miel en el país, promover en ellos la cultura medioambiental y modernizar su infraestructura productiva.

Dentro del programa integral de la miel, en el país se siembran especies arbóreas foráneas altamente melíferas, por ejemplo, la acacia. En Villa Clara, al centro del país, fueron plantadas el pasado año alrededor de 2.000.000 de estos árboles. Estudios realizados en Brasil demuestran que, en una hectárea plantada con esta especie, 10 colmenas producen en un año 200 kilogramos de miel cada una, con alta calidad.

Dentro de su programa de desarrollo de este producto exportable, la isla incrementa la obtención de las llamadas mieles específicas, que provienen de un solo tipo de floración, entre ellas las de campanilla y mangle, muy solicitadas por su claridad y frescura. Según los expertos, el color, sabor y textura de cada miel depende de la flor y las diferentes variedades que libaron las abejas. Por ejemplo, los colmenares se trasladan desde la central provincia de Villa Clara hasta la cayería norte, donde las flores del mangle contribuyen a la producción del néctar, muy cotizado en el mercado internacional, principalmente por los japoneses, debido a sus cualidades curativas.

Según especialistas del Centro Nacional de Investigaciones Avícolas, la isla produce miel de alta calidad, debido a que más del 98 por ciento proviene de más de 300 especies de plantas silvestres, de las cuales unas 75 son las más visitadas por las abejas para elaborar la miel. Entre las 20 grandes especies melíferas en la isla, figuran el bejuco indio, la campanilla morada y la blanca, el romerillo de costa, el piñón florido, los cítricos, el soplillo y el mangle prieto.

La isla es un reconocido exportador mundial de este producto, cuyo proceso se realiza de forma manual, lo que le da una categoría muy especial a la miel que se recolecta en el archipiélago. Para satisfacer el mercado foráneo se fomentan, además, las llamadas mieles ecológicas obtenidas de plantaciones exentas de aplicaciones de productos químicos.

Fuentes especializadas revelan que, en la zona oriental del país, dentro de las plantaciones certificadas de café y cacao orgánicos, se ha iniciado la producción de miel de abeja orgánica, aprovechando la oportunidad de reducir los costos de certificación que brinda esta localización. Se espera que en los años venideros la producción alcance las 2.000 toneladas anuales.

Las exportaciones se realizan mediante la empresa exportadora Cubaexport y están dirigidas a Europa, especialmente Alemania, Holanda y España, entre otros destinos. Mientras, se asimila un nuevo cliente, Japón, interesado en mieles específicas, orgánicas y en propóleos. El precio de venta actual está en el orden de los 1.300 dólares la tonelada.

Además de crecientes ventas en el mercado de fronteras, una parte considerable de las mieles y sus subproductos se destina a los laboratorios del Ministerio de Salud Pública para la elaboración de fármacos y medicamentos tradicionales.

Junto con su empleo como edulcorante y materia prima industrial, a la miel de abejas se le atribuyen innumerables propiedades medicinales, entre ellas, que es un alimento energético, ayuda a conciliar el sueño y ejerce acción favorable sobre la piel y las vías respiratorias.

La primera relación que tuvo el ser humano con las abejas fue la extracción de la miel destinada a la repostería y con fines curativos.

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