Alimentos en la ciudad

Principios y caracterización de la agricultura urbana en Cuba.

Durante la primera mitad de siglo XX, la agricultura urbana en Cuba estuvo dirigida a la producción en pequeña escala de algunas hortalizas, fundamentalmente de hojas, producidas por pocas personas. También se destinaba a la cría de algunos animales domésticos en patios y pequeñas fincas, dirigidas al autoabastecimiento familiar y del vecindario.

A partir de los ‘60s se introduce en el país una nueva modalidad de producción hortícola, basada en una compleja tecnología constructiva y de manejo de los cultivos, como fueron los hidropónicos y zeopónicos,[1] que requerían de una alta utilización de productos industriales y químicos.

La especialización de estos sistemas y el vertiginoso desarrollo de grandes empresas, basadas en el fomento de una agricultura industrial entre 1960 y 1970, con vistas a la producción de hortalizas, principalmente, acaparó la atención y expectativas del abastecimiento de productos hortícolas en las ciudades, en tanto se relegaron a un segundo plano las producciones a pequeña escala.

En medio de las dificultades internas que venía acumulando el modelo agrario en su funcionamiento, se produce la caída del campo socialista a principios de los ‘90s, lo que originó una crisis agroalimentaria en la nación caribeña.

Hasta ese momento, el modelo se caracterizó por la baja calidad de algunas producciones hortícolas, la ausencia de especies tradicionales, la ineficiencia del sistema de acopio estatal –organización estatal que no garantizaba la llegada a tiempo y con la calidad requerida de los alimentos a las ciudades[2]–, el déficit de transporte para el acopio y su ineficiencia operativa.

Esta situación, unida a la percepción de la existencia de amplias posibilidades productivas en las propias ciudades, fueron los motivos para dar un impulso definitivo a la agricultura urbana en Cuba, a principios de los ‘90s.

Las principales premisas que propiciaron el desarrollo de la agricultura urbana son:

– La alta demanda de los productos alimenticios que generan las grandes concentraciones poblacionales, muchos de los cuales, como las hortalizas y las frutas, son de fácil deterioro por la transportación a grandes distancias, lo que a su vez encarece los costos de producción.

– La producción de hortalizas, frutas, flores, condimentos y otros renglones, así como la crianza intensiva de animales exigen el empleo de abundante fuerza de trabajo, la que precisamente se encuentra en gran disponibilidad en pueblos y ciudades. El 75 por ciento de la población del país es urbana, lo que constituye el elemento fundamental para su empleo ya que cuenta con suficientes conocimientos empíricos para el manejo de los cultivos y la producción pecuaria.

– La excesiva concentración poblacional, así como el crecimiento periférico de las ciudades a partir de la migración desde el campo, ha generado innumerables espacios vacíos que llegan a convertirse en verdaderos basureros y fuente de todo tipo de vectores. Esto, además de afear las ciudades, constituye una amenaza para la salud humana. Dedicar estas áreas a la producción de alimentos permite eliminar estos males.

Principios básicos

Todo el accionar de la agricultura urbana en Cuba se rige por un conjunto de principios, a partir de los cuales se definen los objetivos específicos y su estructura. Entre estos se encuentran:

– Distribución uniforme por todo el país.

– Correspondencia entre la producción planificada y el número de habitantes de cada lugar.

– Interrelación cultivo-animal con máxima utilización de las posibilidades para el incremento de ambos.

– Uso intensivo de la materia orgánica y los controles biológicos, preservando la fertilidad de los suelos y sustratos.

– Utilización de cada área disponible para producir alimentos de forma intensiva con el fin de obtener altos rendimientos de los cultivos y animales.

– Integración multidisciplinaria e intensa aplicación de la ciencia y la técnica.

– Intención de mantener un suministro de productos frescos y garantizar una producción balanceada de no menos de 300 gramos per cápita diarios de hortalizas y adecuado surtido de fuentes de proteína animal.

– Máxima utilización de todo el potencial existente para producir alimentos, fundamentalmente la fuerza laboral y el uso de residuos o subproductos para la nutrición vegetal y animal.

Existen factores que han facilitado el desarrollo de esta modalidad productiva, entre ellos:

– Estudios existentes sobre los espacios disponibles, previstos con otros fines inversionistas y no netamente agrícolas. Con posterioridad, los extensionistas en los Consejos Populares (forma de gobierno a nivel de la comunidad) los detallaron más, con un proceso que se denominó “caracterización”. Hoy día existe un registrador de las tierras por municipio, que controla y rige la aplicación de los decretos vigentes sobre el uso de la tierra, su entrega, control, adecuada explotación y conservación.

– La agricultura urbana es una fuente de altos ingresos, lo que viene dado por la existencia de un mercado insatisfecho.

– El apoyo y reconocimiento oficial de las autoridades del país a este programa, y en especial a los productores que han logrado obtener producciones con altos rendimientos en hortalizas y vegetales, sólo con recursos locales. Actualmente se alcanzan rendimientos de más de 200 toneladas/hectárea al año.

– El alto nivel educacional existente en la población facilita la rápida asimilación de técnicas y tecnologías nuevas, por lo que la labor de capacitación constituye la herramienta básica para el desarrollo de la agricultura urbana.

– Introducción de nuevas especies y variedades de cultivos, algunos desconocidos y otros olvidados, así como de razas de animales.

– El apoyo al desarrollo de iniciativas locales.

Estructura organizativa

La agricultura urbana cuenta en el país con una estructura presente en todos los poblados y ciudades, dado por el impacto y desarrollo alcanzado en esta forma popular de producir alimentos y por el grado de urbanización de la población cubana, que se expresa en la tabla 1.

Tabla 1

Urbanización en las provincias cubanas, 2004

Provincia

% población urbana

Provincia

% población urbana

Pinar del Río

62

Ciego de Ávila

71

La Habana

73

Camaguey

76

Ciudad de La Habana

100

Las Tunas

61

Matanzas

82

Holguín

63

Villa Clara

75

Granma

58

Cienfuegos

81

Santiago de Cuba

69

Sancti Spíritus

69

Guantánamo

61

   

Isla Juventud

84

Fuente: Anuario Estadístico de Cuba, Oficina Nacional de Estadísticas, 2004.

En 1994 se creó el Grupo Nacional de Agricultura Urbana, insertado en el Ministerio de la Agricultura e integrado por diversos funcionarios, especialistas y productores procedentes de distintos ministerios e instituciones.

El grupo ejerce influencia hasta el nivel de base, a través de los grupos provinciales y municipales, responsabilizados con la organización, desarrollo y control de esta actividad en su territorio. Entre sus actividades se encuentra la coordinación entre todos los organismos y factores que, de una u otra forma, se relacionan con la producción, el procesamiento y la distribución de alimentos en el perímetro de cada municipio y provincia, en primer lugar con el Poder Popular.

En el Consejo Popular, la agricultura urbana se coordina a través de un representante o delegado. También se encuentran representadas actividades como la medicina veterinaria y la sanidad vegetal, entre otras. El escenario de acción a nivel del consejo popular contempla todas las unidades de producción en las distintas modalidades productivas. También coordina las actividades con las unidades técnicas y de servicio, como son: la clínica veterinaria, la tienda del agricultor, las casas de posturas y los laboratorios para la producción de bioplaguicidas, entre otras.

La coordinación entre todos los Consejos Populares que conforman un municipio se realiza a través de la Granja Urbana Municipal. Ésta cuenta con la infraestructura mínima necesaria para su trabajo coordinador así como de carácter técnico y de prestación de servicios, ya que tiene la posibilidad de agrupar a todos los recursos científicos y técnicos, así como a productores de las diferentes unidades de producción e instituciones afines de su territorio.

Estructura por tipos de unidades

La heterogeneidad de las condiciones a través de todo el país, junto a la diversidad de posibilidades para la producción agropecuaria, ha permitido el empleo de modalidades en las cuales se desarrollan cultivos y animales de forma integrada.

Las más extendidas, en las condiciones de Cuba, son los organopónicos, los huertos intensivos, las parcelas y huertos populares, las fincas para el autoabastecimiento de centros de trabajo, las fincas suburbanas, los cultivos protegidos y la agricultura en el hogar.

– Organopónicos y huertos intensivos

Son las modalidades más destacadas en los últimos años en todo el país. La principal diferencia entre estos dos sistemas de producción radica en que los organopónicos se desarrollan en áreas con suelos infértiles o con serias limitaciones para su explotación, así como sobre superficies artificiales. Los canteros están construidos por paredes laterales de diferentes materiales, los cuales se rellenan con un sustrato conformado con materia orgánica y suelos, sobre el cual crecen lo cultivos.

Se clasifican según su tamaño: el grande, de una hectárea o más; los medianos o populares, de unos 500 metros cuadrados; y los pertenecientes a organismos, cuya producción se consume, sobre todo, en comedores obreros. Hasta 2001, en el país existían 3.500 organopónicos, de ellos 168 en Ciudad de La Habana, el cinco por ciento de todo el país. Las posibilidades de expansión de esta forma productiva son ilimitadas.[3]

Los organopónicos cubanos podrían lograr rendimientos productivos de 20 kilogramos por metro cuadrado al año. Esto significa 200 toneladas por hectárea al año. No es una utopía:”El jardín de las hortalizas”, en Ciego de Ávila, logró 26 kilogramos/metro cuadrado en 1995; y un organopónico de Baracoa alcanzó 44 kilos/metro cuadrado, durante similar etapa.[4]

A diferencia de los organopónicos populares, los de altos rendimientos reciben inversiones por parte del Estado; además, se diseñan espacios para su construcción y ajuste.

Por otro lado, el huerto intensivo se desarrolla en áreas cultivables, conformándose los canteros in situ, sin utilizar soportes o paredes laterales. La materia orgánica se aplica directamente al suelo durante el proceso de laboreo para la siembra.[5] A finales de 2001 existían en el país 7.189 huertos intensivos en 3.953 hectáreas.[6]

– Parcelas y huertos populares

Es la forma productiva más popularizada por el alto número de participantes. Regularmente, el área que atiende un productor es pequeña y está sujeta a cuanto espacio útil potencialmente cultivable existe entre edificaciones y calles, o en viviendas situadas en solares con área disponible para la producción agropecuaria.

Por lo general, las parcelas, los patios y los huertos populares situados en áreas periféricas de las ciudades alcanzan mayor superficie que los ubicados en el área central urbana.

La producción en esos espacios alcanza un nivel considerable en el abastecimiento familiar y regional. De estas modalidades productivas se encontraban en producción, a finales de 2001, a nivel nacional, 512.014 parcelas y patios en un área de 13.906 hectáreas, con un aporte productivo algo superior al de los organopónicos y huertos intensivos en conjunto.[7]

La utilización de estas tierras proporciona un gran apoyo a la alimentación de la población urbana, además del significado que tiene para el desarrollo de una cultura agrícola, así como para el ambiente urbanístico, ya que contribuye a la eliminación de vertederos urbanos con sus correspondientes secuelas de vectores y plagas. Asimismo, crea condiciones para el empleo del tiempo libre en una labor productiva y socialmente útil.[8]

– Fincas de autoabastecimiento de fábricas y empresas (para autoconsumo)

La concentración de la producción industrial de las direcciones administrativas y de innumerables entidades de la educación, la salud y los servicios en los principales núcleos de población, requiere del funcionamiento de miles de comedores obreros, cuyo abastecimiento necesita del suministro de considerables cantidades de productos del agro con adecuado surtido.

Con cubrir esa demanda, un gran número de centros laborales ha organizado la producción agropecuaria en áreas aledañas o cercanas a sus unidades, con lo que se evita competir con el abastecimiento a la población de las ciudades.

La magnitud de la producción agropecuaria de las fincas de autoabastecimiento de centros de trabajo (conocidas popularmente como autoconsumos), ha alcanzado un nivel que le permite figurar como una modalidad independiente dentro del contexto de la agricultura urbana, teniendo en cuenta las particularidades propias del sistema de producción y manejo de estas unidades agropecuarias.

Sólo en la capital del país funcionaban, a principio del presente siglo, más de 300 fincas de autoabastecimiento, con un área de 5.368 hectáreas, las cuales obtienen cada año cantidades significativas de hortalizas, viandas, granos y frutas, así como de carne, leche, pescado, huevos y condimentos.[9]

– Fincas suburbanas

Las fincas suburbanas integrales conforman el llamado cordón o anillo de las ciudades y su ubicación ha estado determinada por factores urbanísticos, ya que forman parte del entorno de la ciudad y, por tanto, de sus exigencias actuales de planeamiento y desarrollo.

Sin pretender cubrir todas las necesidades alimentarias de la población, son unidades con un nivel de producción e integración entre los distintos componentes de la producción agropecuaria superior al de las parcelas o huertos populares, ya que su tamaño fluctúa entre 2 y 15 hectáreas.

El sistema de explotación y los objetivos de su producción reciben la influencia de las poblaciones cercanas, desde el punto de vista de infraestructura, uso de residuales, productos a ofertar, comercialización de la producción, etc. Por ello, la tecnología de explotación agrícola a aplicar tiene que contemplar determinados requisitos, entre los que sobresale la explotación intensiva, la máxima utilización del área disponible, el uso racional del agua, así como la eliminación o reducción al mínimo del uso de agrotóxicos.[10]

Han alcanzado un importante auge en todas las provincias en los últimos años, fundamentalmente en Ciudad de La Habana, Villa Clara, Sancti Spíritus, Camagüey y Santiago de Cuba. En la capital cubana se encuentran en producción más de 2.000 fincas suburbanas de campesinos y 285 en áreas estatales, las que agrupan en su conjunto 7.718 hectáreas con niveles de producción elevados.[11]

– Cultivos protegidos y agricultura del hogar

Estas dos modalidades se encuentran en su fase inicial de desarrollo. Los cultivos protegidos comprenden la utilización de “casas de tapado” de tecnología española, israelita y cubana, tanto para la obtención de productos agrícolas, como de posturas para la siembra. En ellas se ejecutan ajustes tecnológicos necesarios para su optimización en las condiciones de Cuba. Esta modalidad permite el cultivo de hortalizas durante todo el año, especialmente durante los meses más cálidos y de sol intenso.

La agricultura del hogar comprende la utilización de las más variadas posibilidades productivas, desde el cultivo en recipientes con sustratos y soluciones hasta el uso de cultivos en canteros reducidos, balcones, techos, etc., con el empleo de sustratos mínimos. Cuenta con su tecnología de explotación y formas propias de organización.[12]

– Grupo de apoyo

Lo conforman las casas de posturas, los consultorios agrícolas y los centros de producción de materia orgánica.

Las casas de posturas apoyan a la agricultura urbana en el suministro de posturas para garantizar su producción. El Estado las subsidia para que no se incremente el precio de las semillas. En la Ciudad de La Habana existían, en 2000, 70 casas de posturas.[13]

Los consultorios agrícolas nacen con este nombre y, posteriormente, se transforman en la tienda del agricultor, la que realiza la venta y distribución de herramientas y equipos, semillas para apoyar la actividad y cuenta con un agrónomo para el asesoramiento o consulta. La entidad cobra por sus servicios.

Los centros de producción de materia orgánica compran la materia prima, la transforman y la venden a las unidades de producción urbana.

Estructura productiva

La agricultura urbana posee en la actualidad 28 subprogramas que abarcan temas específicos como la producción de hortalizas, plantas medicinales, condimentos, granos, frutas, crianzas de animales, entre otros renglones que se desarrollan a través de todo el país (ver Tabla 2). En total son 11 dedicados a cultivos, siete pecuarios y 10 de apoyo.

Tabla 2

Subprogramas de la agricultura urbana

Control, uso y conservación de la tierra

Materia orgánica

Semillas

Riego y drenaje

Hortalizas y condimentos frescos

Plantas medicinales y condimentos secos

Plantas ornamentales y flores

Frutales

Cultivos protegidos

Arroz popular

Forestales, café y cacao

Plátano popular

Raíces y tubérculos

Oleaginosas

Frijoles

Alimento animal

Acuicultura

Avícola

Cunicultura

Ovino-caprino

Porcino

Apícola

Comercialización

Pequeña agroindustria

Ciencia, tecnología y capacitación.

Medio ambiente

Comercialización

Fuente: Díaz, S. “Agricultura Urbana: Surgimiento y evaluación C.Habana, Rodríguez A INIFAT. Taller científico internacional y local. Universidad de La Habana, 2005.

Esta línea de producción constituye un complemento, pero no significa la solución del problema alimentario. La salida básica y fundamental radica en la producción organizada en las diferentes formas de empresas agrícolas y pecuarias (Unidades Básicas de Producción Cooperativa, Cooperativas de Producción Agropecuaria, Cooperativas de Créditos y Servicios, sector estatal y privado), de los actuales ministerios de la Agricultura y el Azúcar.

Notas:

1 Utilizaba el mineral llamado zeolita como principal fertilizante. Ver Nelson Campanioni y otros: La agricultura urbana en Cuba, Instituto Nacional de Investigaciones Fundamentales de Agricultura Tropical (INIFAT). 2000.

2 La propia naturaleza de esos vegetales hacía que su transportación y acopio fueran los eslabones más débiles de una larga cadena de producción-acopio-transportación-acopio-puntos de venta-consumidor, llegando solamente a los hogares cerca del 50-60 por ciento de lo producido y, en la mayoría de los casos, con mala calidad.

3 MINAGRI. Grupo Nacional de Agricultura Urbana. VII Encuentro Nacional de Agricultura Urbana y XV Encuentro Nacional de Organopónicos y Huertos intensivos. Informe Central. Enero-febrero de 2002. Además, ver Santiago Rodríguez Castellón: “La agricultura urbana como fuente de alimentación en Cuba”, en Semanario Negocios en Cuba, 1-5 de Octubre 1999. Prensa Latina. Cuba.

4 Periódico Granma, 5 Febrero 2001.

5 Elizabeth Peña: Cachaza como sustrato en organopónicos. II Encuentro Nacional de agricultura orgánica, 1995, Instituto de Ciencia Animal, La Habana, Cuba.

6 Ministerio de la Agricultura, Grupo Nacional de Agricultura Urbana. VII Encuentro Nacional de Agricultura Urbana, Informe Central, enero-febrero de 2002.

7 Nelson Campanioni y otros: La agricultura urbana en Cuba, INIFAT, MINAGRI, 2000. Grupo Nacional de Agricultura Urbana. VII Encuentro Nacional de Agricultura Urbana. Informe Central, enero-febrero de 2002.

8 Ojeda Yanes: Impacto económico social del extensionismo agropecuario en la agricultura urbana, XI Forum de Ciencia y Técnica, 1997, INIFAT, Ciudad de La Habana.

9 Nelson Campanioni y otros: La agricultura urbana en Cuba, INIFAT, MINAGRI, 2000.

10 Ibídem, p. 5.

11 Ibídem, p. 10.

12 Miriam Carrión: Agricultura del Hogar en la Agricultura Urbana y el Desarrollo Sostenible, MINAGRI-FIDA-CLARA, pp. 58-72.

13 Conferencia impartida por el ingeniero Oscar Gómez de la ONG “Naturaleza y Medio Ambiente: Enrique Núñez Jiménez”, de Cuba, en la Universidad Autónoma de México (UNAM), 20 de junio 2001.

 

 

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