Cítricos: mitigar los cambios climáticos

Los huracanes y la sequía causaron impactos negativos en las empresas citrícolas cubanas entre 2001 y 2005.

Jorge Luis Baños - IPS

La nueva política de precios establece que el quintal de naranja con destino a la industria sube de 7,30 a 14,10 pesos cubanos.

Los cuatro huracanes que, entre 2001 y 2005, azotaron a Cuba, devastaron plantaciones citrícolas y dejaron pérdidas por alrededor de 131.000.000 de dólares, entre frutas derribadas y plantas destrozadas por la fuerza de los vientos.

La sequía y los meteoros de grandes proporciones han ocasionado un grave perjuicio a los sembrados de frutas agrias, después de que se iniciaba una recuperación de la producción, tras la crisis económica de la década del noventa, señalan expertos.

En 1990, fecha en que se explotaban 112.257 hectáreas con muy bajos rendimientos, la producción citrícola de la isla fue de 1.060.000 toneladas. En aquel entonces, Cuba exportaba fruta fresca al mercado socialista de la colapsada Unión Soviética y los demás países del llamado bloque de Europa del Este.

Después de la interrupción abrupta de ese destino, del que Cuba recibía a cambio elevadas cantidades de combustible ruso y muchos insumos químicos para las plantaciones, la citricultura tuvo que adaptarse a las nuevas condiciones y reinsertarse en un mercado muy diferente.

A partir de 1995 comenzó un reordenamiento de las plantaciones y se seleccionaron las de mayor potencial productivo, de manera que los escasos recursos tuvieran una contrapartida en frutas. En 2000, de las 112.257 hectáreas quedaron 52.000, a las que se les incorporaron nuevas tecnologías con los recursos provenientes de contratos con grupos corporativos como BM, de Israel, que controlaba los mercados y aportaba capital para recuperar los cítricos.

Cuando en 2000 los rendimientos de los sembrados comenzaban a subir y dar los frutos de las inversiones, llegó la época de los continuos huracanes entre 2001 y 2005 y las principales empresas citrícolas del occidente y centro-oriental de Cuba recibieron impactos negativos de envergadura. En tanto, las plantaciones de la región oriental padecían las secuelas de la intensa y prolongada sequía.

Por otro lado, la edad promedio de las plantaciones en producción rebasaba los 35 años, lo que obligaba a una urgente renovación de las áreas. Sin embargo, la carencia de recursos, por todos los problemas antes señalados, sólo permitió sembrar poco más de 9.400 hectáreas en los últimos ocho años.

Para mitigar problemas climáticos

Como la experiencia indica que la mayoría de los ciclones que se forman en las inmediaciones de Cuba repercuten con mayor frecuencia en las zonas occidental y central, se decidió aumentar las áreas en la región oriental, pero con tecnologías de riego que permitan mitigar los ciclos de sequía que, para el futuro cercano, han vaticinado los expertos en el clima.

Como parte de los planes de rescate de los agrios, los especialistas caracterizan cada región citrícola del país con el objetivo de seleccionar las zonas con mejores condiciones y dotarlas de las tecnologías más avanzadas en la producción de cítricos.

Para obtener plantaciones sanas, las empresas de Jagüey Grande, en Matanzas, y Ceiba, en la provincia La Habana, disponen ya de casas viveros con tecnología avanzada que les permiten producir plantas totalmente sanas.

En estas instalaciones, totalmente techadas y aisladas, se obtiene material reproductivo de elevada calidad y sanidad vegetal, con el fin de evitar la propagación de enfermedades.

Las casas de cultivo encargadas de proporcionar el nuevo material de siembra ya están terminadas en Matanzas y La Habana. Estas producirán posturas para las siembras que se realicen en las provincias comprendidas entre Pinar del Río y Cienfuegos.

Ahora se levantan edificaciones similares en las empresas de Ciego de Ávila y Santiago de Cuba, como parte de un programa de creación de los viveros asépticos necesarios en la región oriental.

Si se aseguran posturas sanas, suelos óptimos, riego con eficiencia y garantía de agua, están cumplidos los tres primeros requisitos para fomentar cítricos de calidad, lo cual debe ser complementado con una protección fitosanitaria adecuada y cordones sanitarios alrededor de las plantaciones que eviten el incremento de enfermedades asociadas a los cítricos en la región del Caribe y el continente americano.

Con este programa se aspira obtener rendimientos promedio de 20 toneladas por hectárea al quinto año de la siembra, explican especialistas del Grupo Empresarial Frutícola. El propósito es reducir las plantaciones a un promedio nacional de poco más de 31.100 hectáreas en las empresas especializadas en cítricos, que tienen que garantizar las exportaciones de jugos y las necesidades del turismo.

Con este programa se reducirían las plantaciones de 45.000 a 31.184 hectáreas, pero estas últimas dispondrían de los recursos y la tecnología necesaria para expresar su mayor potencial productivo. Según el programa, 60 por ciento de las áreas corresponderían a naranja, 35 por ciento a la toronja y el resto al limón.

Nuevos precios estimularán producción

Durante años, los precios que se pagaban por el quintal (un quintal equivale a 100 libras, 2,2 libras equivalen a un kilogramo) de naranja y toronja, enviados a la industria o beneficiados para vender como fruta fresca, eran muy bajos. Eso desalentaba a los trabajadores que laboran en fincas y reciben sus ingresos por el saldo de los resultados finales de las cosechas entregadas para la exportación o para abastecer el turismo.

El quintal de naranja con destino a la industria sube de 7,30 a 14,10 pesos cubanos y la beneficiada para vender como fruta fresca se eleva de 9,00 a 16,50 pesos. El quintal de toronja destinado a jugo se incrementa de 8,40 a 14,19 y el clasificado para beneficio pasa de 9,70 pesos a 17,20.

Cuando se vendía a las empresas estatales, el limón, que tanto escasea, tenía precios muy bajos. Por 100 libras se pagaban 8,50 pesos, ahora se elevó a 16,59. Este incremento de precios debe ir acompañado, además, del suministro de ropas, calzado e instrumentos de trabajo para los obreros. Las empresas especializadas en cítricos sólo pueden comercializar 15 por ciento en el mercado de oferta y demanda, debido a que su objetivo y los recursos que les entregan van dirigidos a suministrar cítricos para exportar o abastecer las instalaciones del turismo.

Los productores que cultivan cítricos en sus fincas y no tienen contratos con empresas especializadas venden sus frutos a altos precios, pues sólo una naranja pelada cuesta un peso y los jugos caseros que comercializan los venden también con jugosas ganancias.

Si un campesino tiene varias matas de limón y vende la recolección en los mercados agropecuarios, obtiene ingresos muy superiores a los del sector estatal, cuando aun con los nuevos precios sólo recibe 16,59 pesos por 100 libras de limón.

Diversificación

Las empresas citrícolas han comenzado a alternar sus plantaciones con frutas como mango, guayaba y frutabomba. La empresa de Jagüey Grande sembró 1.400 hectáreas de mango hace algunos años, y ahora recoge sus primeras 2.500 toneladas. En esa entidad matancera han edificado pequeñas industrias artesanales para elaborar conservas de frutas.

Terminada la etapa de procesamiento de cítricos, en el combinado industrial de Ciego de Ávila, dotado de moderna tecnología, aprovechan los equipos para elaborar pulpas de plátano y de guayaba e iniciarán las de mango. Con esto reducen las que debían importarse para elaborar compotas y reciben ingresos para seguir el desarrollo de los cítricos. En ese territorio se fomentan, también, 268 hectáreas de mango para procesarlo como pulpa, además de aumentar la superficie de piña, que es la fruta por excelencia en esa región del país.

El propósito es que se eleve la producción de frutas no agrias, con el objetivo de eliminar las importaciones de materia prima para compotas y aumentar los recursos financieros para sustentar el programa de reestructuración del cítrico.

Plantas sanas

En la década del noventa, debido a las nuevas proyecciones de la citricultura cubana, la existencia de técnicas modernas de diagnóstico y la aparición de Toxoptera citricida, conocido como pulgón café de los cítricos, se revisó, actualizó y perfeccionó el Sistema de Producción de Material de Propagación Certificado, según informó Cuba ante un panel intergubernamental de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

En 1995 se introdujeron las casas protegidas (con el uso de aisladores) y las técnicas moleculares en el diagnóstico, de acuerdo con las nuevas regulaciones fitosanitarias vigentes. El Sistema de Producción de Material de Propagación Certificado, los estrictos controles de cuarentena para la importación de material vegetal y las inversiones en infraestructuras y actividades científico-técnicas, han permitido mantener a la agroindustria citrícola cubana en una posición ventajosa respecto a otras zonas citrícolas de la región, al estar libre de las principales enfermedades devastadoras de los cítricos presentes hoy en el continente americano, según el informe a la FAO.

Estudios iniciados por el Instituto de Investigaciones en Fruticultura Tropical, hace más de 30 años, permitieron incrementar el conocimiento de los elementos bioecológicos fundamentales de las principales plagas y sus enemigos naturales.

Los especialistas cubanos dominan la epidemiología de las principales enfermedades fungosas, víricas y afines de los cítricos y se dispone de la información básica necesaria. También se adecuaron y obtuvieron métodos de control químico, biológico y otras opciones de manejo que se sumaron de forma armónica en un Programa de Manejo Integrado de Plagas.

Entre los principales resultados introducidos directamente en las áreas de producción se encuentran la poda sanitaria, la lucha química dirigida, la selección y uso de productos menos tóxicos y el control biológico, lo cual permite que se logre un uso más racional de los recursos naturales disponibles.

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