Como anillo al dedo

La agricultura urbana gana cada vez más adeptos en Cuba.

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) calcula que unos 800 millones de personas están implicadas en la agricultura urbana a escala internacional. De esta cantidad se estima que 200 millones son productores comerciales que proporcionan trabajo a 150 millones de personas a jornada completa.

 

En Cuba, esa práctica gana cada vez más adeptos debido a las insuficientes ofertas de alimentación y por los altos ingresos obtenidos por la venta de hortalizas y condimentos frescos en las ciudades.

Según un informe del Grupo Nacional de Agricultura Urbana, este tipo de explotación ha proporcionado 326.000 empleos en los últimos siete años. Más de medio millón de familias participan en la agricultura mediante la explotación de los patios de sus viviendas o las parcelas concedidas por el Estado en usufructo gratuito para el autoabastecimiento.

Datos oficiales revelaron que en 2003 se cosecharon 3.700.000 toneladas de hortalizas y condimentos frescos a escala nacional. Hace 10 años la agricultura urbana sólo proporcionó 4.200 toneladas. El auge de esta modalidad urbana y periurbana se debe a los ingresos que alcanzan los buenos horticultores, a la demanda de verduras por la población, a cambios en los hábitos de consumo y al apoyo estatal para impulsar este movimiento.

La cifra informada en 2003 no descuenta las pérdidas por deterioro que se producen en los puntos de venta por mala calidad, desechos que son empleados en la elaboración de abonos orgánicos o en alimento animal.

Algunos dudan de las cifras reportadas. No siempre se emiten los registros de cosecha debido a la falta de pesas precisas e incluso muchos miden la producción por mazos, aunque ese cálculo está prohibido por el Grupo Nacional de la Agricultura Urbana. Así, el popular refrán “a ojo de buen cubero” predomina en muchos poblados.

Estimados indican que la cosecha reportada en 2003 a escala nacional aportaría el equivalente a un promedio de 56 libras de vegetales por persona cada mes. Esa cantidad, consideran observadores, dista de la realidad, aunque se incluya lo consumido por la vía llamada social, en centros laborales, educacionales y de salud.

Mientras en Cienfuegos, un territorio de la zona centro-sur de Cuba, es fácil encontrar vegetales en cualquier lugar de la ciudad, en La Habana no sucede así. No todas las personas de la capital cubana reciben las ventajas de este sistema productivo. Quienes no tienen huertas cercanas a sus hogares deben pagar altos precios por las hortalizas que compran o desplazarse hacia otras zonas donde el expendio es más barato, lo que resulta difícil o imposible si no se dispone de automóvil y gasolina.

A uno de los agromercados más concurridos de La Habana, el situado en calle Boyeros y Tulipán, administrado por el Ejército Juvenil del Trabajo, acuden personas de muy disímiles lugares para adquirir hortalizas a más bajo costo que en los organopónicos situados en la capital.

Según las cifras del Grupo Nacional de Agricultura Urbana, la cosecha de 2003 se obtuvo en unas 45.000 hectáreas, distribuidas por todo el país. De esa cantidad, 1.198 hectáreas corresponden a la tecnología más avanzada, denominada organopónicos (canteros artificiales con sustratos orgánicos). Como huertos intensivos se explotan 8.156 hectáreas y las restantes áreas son parcelas y patio caseros.

Algo de historia

Desde 1987 el general de Ejército Raúl Castro, ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, dio la indicación de generalizar en Cuba las experiencias derivadas de los organopónicos de la empresa Hortifar, situada en el municipio capitalino de La Lisa.

Tras esa orientación de la segunda figura del gobierno, la tecnología avanzó poco. Ante esta situación, el titular instó al Ministerio de la Agricultura y a los secretarios del partido en los territorios, a tomar cartas en el asunto.

En 1994 se formó un grupo de expertos para impulsar en el país esa modalidad productiva. Se organizó el Grupo Nacional de Agricultura Urbana, que cada año rinde cuenta de su gestión a Raúl Castro, a finales del mes de diciembre.

El doctor en Ciencias Agrícolas, Adolfo Rodríguez Nodals, director del Instituto de Investigaciones de Agricultura Tropical Alejandro de Humboldt, encabeza a su vez el movimiento de la agricultura urbana. Rodríguez nutrió su equipo con especialistas de 16 centros científicos y representantes de siete organismos de la administración central del Estado.

La agricultura surgió desde tiempos inmemoriales alrededor de las ciudades. Los poblados se fundaron alrededor de las áreas fértiles, donde los hombres encontraron el sustento para vivir. En Cuba, recientes descubrimientos de enterramientos aborígenes en el municipio de Banes, en la oriental provincia de Holguín, revelaron evidencias de asentamientos con siembras estables en sus alrededores.

En el siglo XIX los chinos trajeron consigo el hábito de producir a pequeña escala muchos vegetales. Colocaron sus pequeñas huertas a orillas de los ríos y en diminutas parcelas que dispusieran de agua para regar las hortalizas. Esas prácticas asiáticas se mantuvieron alrededor de muchas ciudades y poblados durante el siglo XX y hasta la década de los sesenta.

Pero con la llegada de la revolución al poder, desaparecieron los horticultores chinos de las ciudades, arrastrados por la ola de crear una agricultura a gran escala y tecnificada. Y con los chinos se fueron los vegetales. Los jóvenes rechazaban las verduras de hojas y se acostumbraron a comer el tomate verde por la escasez de hortalizas.

Intentos varios

En una primera etapa del proceso revolucionario se impulsaron los huertos escolares para arraigar los conceptos de estudio y trabajo, más que para crear hábitos de consumo en niños y jóvenes. Pero como esa modalidad surgió basada en el uso de elevadas dosis de fertilizantes químicos y plaguicidas, con el tiempo feneció.

Después se intentó producir hortalizas, cerca de la ciudad capital, en hidropónicos de alto costo constructivo. Se sembraba en una fórmula de agua con nutrientes de diversos tipos, pero la experiencia duró poco tiempo. Los salarios que pagaban en esas instalaciones no eran atractivos y la fluctuación del personal imposibilitó los rendimientos esperados. Además, se necesitaba de mucha agua y no siempre se concluyeron las inversiones para llevarla a los hidropónicos. Luego vino la era de los zeopónicos, canteros artificiales con sustratos de zeolita, modalidad que también languideció por las mismas razones que los hidropónicos.

Las personas de más edad recordaban, con añoranza, la época en que los chinos vendían las verduras frescas y baratas, en carretas, por los barrios. Fue un descendiente de chinos precisamente, el general retirado Moisés Sio Wong, quien construyó el primer organopónico dentro de la ciudad, en la céntrica Quinta Avenida, al lado del Instituto de la Reserva Estatal que este militar dirige. El éxito que obtuvo hizo que se replicara su experiencia en la ciudad habanera y hoy se reconoce como uno de los impulsores máximos de la agricultura urbana en la isla.

Para contrarrestar la escasez

Durante la década de 1990 la carencia de recursos para producir a gran escala en las zonas rurales promovió otras vías agrícolas más sustentables. Las autoridades adoptaron la que alentaba la producción en terrenos ociosos de las zonas urbanas y periurbanas, por el ahorro de combustible que significaba, al no tener que trasladar vegetales a distancias de 30 kilómetros o más fuera de La Habana. Además, permitió ofrecer empleo a muchas personas que habían quedado excedentes de sus centros laborales, cuando comenzó la crisis económica en 1990.

A gran escala y en las zonas rurales, resultaba muy costoso continuar produciendo hortalizas por la gran demanda de combustible, fertilizantes y plaguicidas. Como anillo al dedo vino el impulso a esta modalidad, cuyos preceptos se avenían a las condiciones económicas existentes en Cuba, en medio de la escasez de dinero para importar fertilizantes, combustible y plaguicidas que debían adquirirse de fuentes a las que había que llegar con divisas en mano. Ya no se contaba con los suministros de los ex aliados comerciales del otrora campo socialista de Europa del Este.

La explotación de las zonas urbanas disponibles, con los preceptos de la agroecología, constituía el mejor remedio para aumentar las ofertas de hortalizas a las poblaciones citadinas, ávidas de alimento. Como en el entorno urbano está prohibido el uso de agrotóxicos por el riesgo de contaminar las aguas, la agricultura sostenible era la mejor opción para las autoridades estatales y para las familias.

Pero el problema esencial para extender esta práctica no radicaba en el interés de las personas en dedicarse a producir hortalizas. Los tiempos de escasez alentaron hasta a los más morosos a doblarse en el surco. El obstáculo, al inicio, fue estimular la perseverancia de los chinos, cualidad de la cual carecen en gran medida los cubanos.

Sin embargo, cuando los bolsillos comenzaron a llenarse de billetes, al participar los trabajadores en las ganancias de los organopónicos, los horticultores surgieron fácilmente, incluso en la gran ciudad de La Habana, donde por tradición a las personas les cuesta trabajo dedicarse a las faenas agrícolas.

Ahora la red nacional de puntos de venta de hortalizas y condimentos frescos alcanza la cifra de más de 10.516 unidades en todo el país, según el Grupo Nacional de Agricultura Urbana. En la ciudad de La Habana se reportan más de mil centros de expendio de este tipo. Los precios más elevados son los de La Habana, porque no siempre se cumplen las reglamentaciones indicadas y se abusa de la gran demanda que tienen las verduras.

Ante la carencia de empleos en las provincias orientales y la necesidad de aumentar el consumo de vegetales en esas regiones, en 2000 el gobierno autorizó una inversión elevada de divisas para construir 3.000 hectáreas de organopónicos y huertos intensivos, con modernos sistemas de riego. Luego esa idea se extendió a 5.750 hectáreas, distribuidas por todo el país. Hasta el momento esas inversiones han dado empleo a cerca de 66.000 personas y la cifra deberá aumentar los próximos meses.

Pero la agricultura urbana en Cuba no se restringió a la cosecha de vegetales, sino que, al igual que en todo el mundo, promovió la crianza animal a pequeña escala, en momentos en que la proteína animal es bastante escasa en la isla.

Megaciudades

En Cuba, más del 75 por ciento de su población vive en ciudades. Según estudios de la FAO, en el próximo cuarto de siglo la explosión demográfica característica del siglo XX será sustituida por otra drástica transformación: un crecimiento de la población urbana a una escala sin precedente.

La población urbana de los países en desarrollo se duplicará hasta alcanzar la cifra de 4.000 millones de habitantes en 2025. En contraste, el crecimiento de la población rural será lento y casi cesará al llegar a 3.000 millones de personas.

El número de ciudades con más de un millón de habitantes llegará a 400 en 2015. Según datos de la propia fuente, en 2020 el 54 por ciento de la población de África vivirá en ciudades. En América Latina se calcula en 87 por ciento. En Asia, excluyendo Japón, se estima 56 por ciento; mientras que en los países industrializados ascenderá a 81 por ciento. En Cuba, entretanto, se prevé que 77 por ciento de su población radicará en zonas urbanas dentro de doce años.

¿A QUÉ LLAMAN AGRICULTURA URBANA?

A la producción de alimentos dentro del perímetro urbano y periurbano, mediante aplicación de técnicas intensivas que tengan en cuenta la relación entre hombre-cultivos-animales durante todo el año, y que utilicen los manejos sostenibles que permitan reciclar los desechos.

¿Qué área abarca la agricultura urbana y periurbana en Cuba?

En Ciudad de La Habana toda la provincia. En ciudades cabeceras provinciales (14), además del municipio especial Isla de la Juventud y Manzanillo, se consideran 10 kilómetros a la redonda. En las cabeceras municipales (169 municipios, excepto Centro Habana y Habana Vieja) y pueblos importantes, se establecieron cinco kilómetros en circunferencia. En otras ciudades y poblados de más de mil habitantes se acordaron dos kilómetros.

En núcleos poblacionales (con más de 15 viviendas) se califica como urbana la agricultura que abarque el área inmediata a las viviendas para su autoabastecimiento.

Según el informe del grupo nacional de la agricultura urbana, las cooperativas y entidades estatales comprendidas en el ámbito geográfico de la agricultura urbana reportarán sólo las producciones obtenidas en organopónicos, huertos intensivos, patios y parcelas de autoabastecimiento local.

TIERRA OCIOSA

A partir de 1997 se realizó un levantamiento de las áreas disponibles que se hallaran ociosas dentro del ámbito geográfico que abarca la agricultura urbana. Según este censo, sólo han logrado explotar hasta el 90 por ciento de sus terrenos improductivos los municipios de Cerro, Plaza de la Revolución, Centro Habana, Habana Vieja y Regla, en la capital. En el resto del país sólo la Ciénaga de Zapata, el mayor municipio de Cuba, es el único que registra ese elevado nivel de uso de sus tierras urbanas y periurbanas con fines hortícolas.

Objetivos según expertos

– Proveer una oferta de alimentos todos los meses del año en las localidades del país, en correspondencia con su población residente, entorno y las posibilidades de cada lugar.

– Convertir la producción de alimentos en parte de la cultura de la población, sobre la base de una amplia capacitación y el efecto educativo de una explotación excelente que contribuya a dignificar las faenas agrícolas.

– Acercar la producción al consumidor y a la fuerza de trabajo, para evitar intermediarios y el deterioro de los productos, además de abaratar sus costos.

– Transformar lugares improductivos en jardines sostenibles con alta productividad.

– Generar empleos.

MODALIDADES Y OFERTAS

Los organopónicos constituyen la modalidad técnica más superior, estable y de mayor rendimiento. El rendimiento promedio de un año es de casi 240 toneladas por hectárea, sobre la base de seis rotaciones de cultivos y más de 50 por ciento de intercalamiento. Su área promedio en la isla es de un cuarto de hectárea.

Los huertos intensivos alcanzan un rendimiento promedio anual de 135 toneladas y abarcan un área no mayor de 0,9 hectáreas.

Oferta por época

Durante junio-octubre predominan la habichuela, pepino, quimbombó, calabaza, remolacha, rabanitos, acelga china, ají chay, pimiento de la variedad Verano 1, espinaca de Caracoa o Suriname, ajo puerro criollo, cebollinos, entre otros.

Entre noviembre-mayo, se recolectan lechuga, tomate, remolacha, zanahoria, acelgas chinas y española, berenjena, cebollinos y cebolla multiplicadora, ajo puerros. Entre diciembre- abril prevalecen otros tipos de ajíes, espinaca, perejil, apio, entre otras.

Aunque este es el programa ideal, en la práctica se advierten baches productivos en los organopónicos y estructuras de cultivos muy diferentes a las indicadas o pocas opciones a los clientes en el surtido.

Ofertas especiales

Las entregas a los centros del Ministerio de Salud Pública, entre enero y octubre de 2003, oscilaron entre 4 y 5,76 kilogramos per cápita mensuales. Los círculos infantiles y escuelas seminternas recibieron durante igual período entre 3,9 y 4,2 kilogramos per cápita mensuales. Aunque estas cifras son oficiales, en la práctica no se aprecia la presencia de hortalizas en hospitales y escuelas con la dimensión que el Estado cubano ha solicitado. En unos casos porque no se saben preparar bien, en otras porque las ofertas no llegan frescas o porque de los comedores van a parar a revendedores. En los círculos infantiles aún no se han creado las condiciones óptimas para que el personal que trabaja en esos lugares eduque a los niños en esos hábitos de consumo. En ocasiones, algunas de las asistentes de estas guarderías les dicen a los niños: “lo tomas o lo dejas”. Si el niño no los quiere, esos desechos van a parar a la crianza animal.

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