Consideraciones sobre el desarrollo de la agricultura urbana en Cuba: Balance de los resultados en el año 2001 (II PARTE)

Segunda parte de una de nuestra publicaciones que analiza y pone en contexto el desarrollo de la agricultura urbana en Cuba.

La agricultura urbana, aún sin haber rendido todo su potencial, ha demostrado su valía para incentivar la incorporación de tierras, incrementar la disponibilidad de alimentos destinados a la población y el consumo social y propiciar miles de empleos a hombres y mujeres en la producción agropecuaria.

El año 2001 resulta para la agricultura urbana un año de avance productivo, de perfeccionamiento organizativo y de incorporación de nuevos subprogramas, haciéndose más integral. Así, se incorporaron otros cuatro subprogramas (vacuno, frijoles, cultivos protegidos y comercialización) hasta conformar los 26.
A continuación se presentan algunos de los logros de esta actividad:
– La aplicación de 2.360.15 toneladas de materias orgánica en los canteros, creciendo en 676 mil toneladas con respecto al año anterior. Esto permitió renovar la fertilidad de los suelos y sustratos como requisito indispensable para mantener altos y estables los rendimientos y garantizar la preparación de nuevas unidades de organopónicos y huertos intensivos. Durante este año la producción de humus de lombriz fue de 113 215 toneladas. Esta actividad recibe prioridad y debe intensificarse junto a cada fuente de materia orgánica (unidad pecuaria o central azucarero) como una vía para disminuir los gastos de transportación
• Especial atención se le ha dedicado al abastecimiento de semilllas a los productores, procurando garantizar el material de siembra necesario. Se han creado y se mantienen funcionando un total de 176 fincas de producción de semillas para la agricultura urbana las cuales deben garantizar parte de la semilla necesaria de aquellas especies posibles a reproducir en nuestras condiciones
• La diversificación de los frutales continúa avanzando en todos los territorios con el soporte fundamental de 1569 viveros y la organización de colecciones territoriales. La producción de frutas creció en 10,6% al cosecharse 508.146 toneladas. La actividad de viveros, además se ha fortalecido en forestales y café, encontrándose funcionando 1.221 y 591 respectivamente. Se superó la cifra de posturas de forestales y café a sembrar, encontrándose en fomento 50,1 y 4,6 millones de plantas
• Se entregó para su uso directo y procesamiento en la industria 2239 toneladas de plantas medicinales y condimentos secos.
• La producción de flores reporta crecimiento en la mayoría de las provincias, no se ha avanzado lo esperado en esta actividad a pesar de la diversificación de las especies, el suministro de semillas y el perfeccionamiento de las tecnologías de cultivo y la comercialización.
• La producción de arroz popular, aún insuficiente, continúa avanzando en la introducción de variedades y en la producción de semillas para los productores.
• La producción de viandas en la agricultura urbana continúa su desarrollo, tanto en plátano, como en raíces y tubérculos tropicales.
• La producción de aceites continúa desarrollándose modestamente a nivel local. Se incentiva el incremento de siembras de cultivos oleaginosos.
• Se ha consolidado el objetivo de mantener 2 colmenas por hectáreas en hortalizas y frutales. Se cuenta con suficientes colmenas en todos los territorios, incluyendo la generalización de las abejas de tierra.
• La crianza animal alcanzó resultados, aunque lejos aún de su potencial actual. Se continúa impulsando la popularización de las aves semirrústicas y fortaleciendo las restantes especies.
• La cunicultura continúa consolidando su producción superando las 1000 toneladas de carne, al producir 1.197 toneladas. El número de productores creció en un 42%.
• La producción popular de cerdo sobre la base de las medidas sanitarias establecidas se incrementa pero resulta insuficiente.
Conjuntamente con los avances, la actividad presenta las siguientes limitaciones:
• No se avanza con la rapidez necesaria en la capacitación sistemática de las fuerzas productivas, que aunque pueden poseer alguna experiencia en la agricultura, necesitan cierta preparación para producir en condiciones urbanas con características diferentes al campo.
• No existe un completamiento de las unidades de organopónicos o huertos intensivos, parcelas y patios, en todos los lugares posibles.
• Existen reservas para aumentar la atención especializada al consumo social.
• Todavía existe una acentuada diferencia en el volumen y el surtido de producción de hortalizas durante los meses de verano y parte del otoño respecto al invierno e inicio de la primavera.
• Existen reservas para potenciar los subprogramas pecuarios y revolucionar la producción de alimento animal en el ámbito local.
• No se acelera la introducción de nuevas variedades e híbridos, así como el mejoramiento genético de las razas de animales.
• Ausencia de un potencial de agua potable para el riego. No existe un sistema de regadío y de cultivos adaptados a la sequía y, al mismo tiempo, un sistema de recolección y reciclaje del agua de lluvia.
• Encarecimiento de los sistemas. La transportación de desechos urbanos de otras regiones implica la desestabilización de esos sistemas.
• Lento avance en la inserción dentro del ordenamiento y en la planificación territorial.
• Prevalece el monocultivo (se rota y se diversifica limitadamente entre un grupo de plantas).
• Limitada independencia de los territorios para desarrollar esta actividad por sus propios medios. Aún las localidades no poseen las condiciones suficientes para garantizar todo el proceso en su integralidad.
• No se logra vincular las producciones de vegetales con una mayor crianza animal, ordenada y con rigor en la sanidad.
• Lenta gestión de venta y permanencia de precios de venta altos y poco flexibles (si bien deberían funcionar según los movimientos de oferta y demanda y, adicionalmente está normada por la empresa una rebaja entre un 20 y 30% en relación con los precios del mercado agropecuario que son su principal referente).
• La falta de promoción de las existencias del producto y la ausencia de una redistribución de éste, de acuerdo con la densidad poblacional.
• Existen reservas no cuantificables en el uso de la tierra y su máxima explotación con tecnologías sostenibles.
• El avance es lento en la conservación y manejo de la fertilidad de suelos y sustratos.
• Existen amplias reservas para el perfeccionamiento integrado del control de plagas y enfermedades, especialmente en el suministro territorial del bioproducto y en la disciplina tecnológica.
• Ausencia de un constante perfeccionamiento de las tecnologías de cultivos y de crianza y manejo del rebaño.

EFECTOS DEL MOVIMIENTO DE LA AGRICULTURA URBANA

Las principales contribuciones del desarrollo de la agricultura urbana son:
• El rescate de tradiciones agrícolas. La agricultura urbana ha permitido el rescate de tradiciones, que con el propio desarrollo industrial se iban perdiendo, incluyendo tradiciones alimentarias.
• Seguridad alimentaria. La ciudad no producía prácticamente ningún alimento y dependía de la importación de los mismos tanto del exterior del país como de otras provincias cercanas. Con el surgimiento de la agricultura urbana se ha logrado contribuir a la seguridad alimentaria de la población, ya que no sólo se producen alimentos, sino que se encuentran disponibles y la población tiene acceso a ellos. Cabe destacar que por la complejidad que tiene la ciudad de La Habana (2,2 millones de habitantes) todavía se está lejos de satisfacer las necesidades de alimentos que requiere la población, para lo cual se está trabajando, sobre todo en aquellas zonas más densamente urbanas que se encuentran limitadas en áreas donde desarrollar estas producciones. No obstante, existen dos territorios dentro de la ciudad que por ser periurbanos han logrado sobrepasar el objetivo propuesto de 300 gramos/per cápita diarios de hortalizas y vegetales y tienen posibilidades de seguir incrementando estas producciones para contribuir con aquellos que están limitados.
En 1994 los niveles de producción alcanzados eran de 44,0 mil toneladas, al cierre del año 1999 se reporta una producción de 128,0 mil toneladas de cultivos varios; entiéndase viandas, granos, hortalizas, cítricos y frutales.
Igualmente, los rendimientos han ido aumentando como resultado de la aplicación de un conjunto de mejoras, lo que demuestra una mejor utilización de los recursos, de las técnicas y de las semillas, entre otras (ver Tabla 8).

TABLA 8
COMPORTAMIENTO DEL RENDIMIENTO PROMEDIO DE LOS CULTIVOS VARIOS EN CIUDAD DE LA HABANA (EN KG/M.2)

1994

1995

1996

1997

1998

1999

0,36

3,03

13,50

17,48

20,4

21,2

Fuente: Ponencia “La experiencia de la agricultura urbana en la Ciudad de La Habana”, al evento “Agricultura urbana en las ciudades del siglo XXI”, Quito, Ecuador, Abril 2000.

• Incorporación del hábito de consumir vegetales. Se destaca cómo a partir de los programas se han ido incorporando nuevos hábitos de consumo de vegetales que anteriormente no se ingerían por falta de costumbre como por ejemplo la espinaca, el brócoli y la coliflor, entre otros. Estos nuevos hábitos se van incorporando desde los primeros años de vida con la vinculación de las unidades productivas a los círculos infantiles y a las escuelas primarias, al igual que con los hogares maternos donde permanecen ingresadas y con una dieta especial las mujeres con riesgo en su embarazo.
• Fomento de la vocación agrícola desde edades tempranas. Cuba es un país netamente agrícola y, sin embargo, esta actividad ha sufrido un deterioro desde el punto de vista de su reconocimiento social, ligado al fomento de nuevas fuentes económicas (primero la industria, más recientemente el turismo) y, por ende, una falta de estímulo a la incorporación de nuevos trabajadores al sector agropecuario. Anteriormente los recién graduados en especialidades agropecuarias, tanto técnicos como universitarios, buscaban otros empleos, pues las ubicaciones laborales eran lejanas a sus sitios de residencia. La agricultura urbana ha fomentado nuevos intereses, hoy son muchos los profesionales que se incorporan y los que buscan vinculación con la agricultura urbana, entre otros beneficios, por la posibilidad de cercanía a sus hogares.
• Fuente de empleo. La vinculación a la agricultura de un considerable número de trabajadores constituye una de las más notables manifestaciones del impacto social de la agricultura urbana, impulsados por las ventajosas condiciones salariales que alrededor de esta actividad se fueron creando.
En el año 2000, la agricultura urbana había creado en el país 100 mil empleos, mientras que en la ciudad de La Habana se crearon 20 mil empleos.
Según una encuesta realizada el 11% de los productores de la agricultura urbana son mujeres y el 18% son jubilados; el 14% son nuevos empleos generados durante el año 1999; el 5,4% de los productores son menores de 30 años; el 3% son técnicos de nivel medio y el 2% son universitarios. De los encuestados el 54% participó en acciones de capacitación.
En las actividades técnico-administrativas las mujeres representan el 51% de la fuerza laboral. Entre esas actividades tenemos, por ejemplo, las de dirección, el diseño de proyectos agropecuarios, el extensionismo, las tiendas-consultorios y la medicina veterinaria, entre otras; mientras, en las actividades productivas solamente representan el 18%.
• Generación de ingresos. La agricultura urbana ha contribuido a aumentar el nivel de ingresos de los trabajadores vinculados a esta actividad entre un 10 y un 20%, propiciando un mejoramiento de las condiciones de vida.
• Precios competitivos. La agricultura urbana crea nuevas ofertas de productos frescos y de calidad, para ser vendidos directamente a la población, que compiten contra los grandes mercados agropecuarios, que hasta el surgimiento de la red de comercialización de la agricultura urbana, eran la única opción de productos agrícolas no normados. Esta mayor disponibilidad de productos contribuye al descenso de los precios.
En la mayor parte de las unidades se vende un por ciento importante de los productos directamente a la población y el resto se oferta en los mercados agropecuarios y ferias. En la red de comercialización de la agricultura urbana los productores venden a precios en un 20% más bajos que los del mercado agropecuario. Desde el fortalecimiento de la agricultura urbana en 1994 los precios comenzaron a bajar, aunque son aún altos para la mayor parte de la población.
• Mejoramiento de las condiciones higiénico sanitarias de las ciudades. A principios de los años noventa las ciudades se vieron grandemente afectadas por la falta de combustible y de transporte para la recogida de los desechos urbanos y fueron proliferando espacios que del día a la mañana, se convertían en grandes basureros. La entrega de estos espacios para la producción de alimentos evitó que estas acciones siguieran proliferando y propició la defensa de esos espacios, muchos de los cuales se convirtieron en jardines. Ha proliferado el mejoramiento del medio ambiente a través del programa de silvicultura urbana “Mi Programa Verde”, que desde el año 1996 se viene desarrollando. En la actualidad, la ciudad de La Habana ha llegado a la cifra de 35,5 m2 de áreas verdes por habitante.
• Reconocimiento nacional e internacional de las ciudades. Se incorpora el programa de la agricultura urbana como un atractivo más a los visitantes de las ciudades y ha permitido el intercambio de información entre productores, investigadores y el acercamiento entre pueblos y culturas de varias partes del mundo.
• Integración multidisciplinaria. Permite el trabajo integrado de varios profesionales involucrados en un mismo tema, tales como investigadores, educadores, productores y funcionarios del gobierno.
• Acción Integradora. Ha permitido la integración de diferentes actores al desarrollo del programa. Por ejemplo, se colabora con más de 23 ONG’s tanto nacionales como extranjeras, destacándose el Consejo de Iglesias de Cuba, la Asociación Cubana de Producción Animal y Agro Acción Alemana, así como la Secretaría Adjunta del Gobierno Provincial para la Colaboración y Donaciones.

ASPECTOS A CONSIDERAR PARA EL AVANCE DEL MOVIMIENTO DE LA AGRICULTURA URBANA

La agricultura urbana surge en el país producto de la influencia de factores internos y externos, sin existir las condiciones necesarias para su implementación. Por ello el desarrollo de esta actividad tropieza en la práctica con una serie de limitaciones. De aquí se desprende la necesidad de concebir una estrategia alimentaria urbana, fundamentada y adaptada a las condiciones socioeconómicas de cada territorio y bajo la concepción del uso óptimo de los recursos propios.
Esta estrategia debe tener como herramienta fundamental la interrelación entre todos los factores y los instrumentos económicos financieros, tratando de desarrollar una concepción socioeconómica en su contenido que se base en un modelo descentralizado, de fondo autogestionario. Hasta el momento, su concepción como sistema productivo se ve permeada de mecanismos que tienen en su esencia enfoques económicos no eficientes y que en la práctica limitan la formación de los productores en la autogestión financiera participativa.
Aun cuando el sistema productivo urbano trabaja sobre algunos principios de autogestión, necesita de una concepción económica en su integralidad y funcionamiento, que relacione a todos sus elementos, desde los productores hasta las infraestructuras de apoyo con los indicadores económicos de su unidad, a la vez que esta concepción le sirva como fundamento en la toma de decisiones. Como apoyo a esto se necesita de una capacitación y preparación, que permita ir creando y/o elevando gradualmente la cultura económica en la producción de alimentos urbanos.
Los gobiernos locales deben adoptar políticas que ayuden a los agricultores urbanos a localizar la tierra idónea y otros insumos, así como a conseguir niveles razonables de productividad. Asimismo, se deberán buscar las vías para incrementar la colaboración con las organizaciones no gubernamentales (ONG) y otros organismos, que colaboren en la planificación, la transferencia de tecnología, la asistencia técnica y la promoción, con vistas a superar algunos obstáculos financieros, normativos y jurídicos.
Además, las autoridades locales deben considerar ante todo cuáles son los planteamientos más adecuados para las diferentes localidades y examinar si los sistemas agrícolas urbanos utilizados en algunas zonas son transferibles a otras. También deben tener en cuenta que las políticas más valiosas para cada ciudad dependen de varias características: quiénes son los agricultores y cuál es su objetivo, hasta qué punto la agricultura urbana es una actividad permanente, cuáles son las necesidades más urgentes de los agricultores y cuál es la función económica y social de la agricultura dentro de la comunidad. Asimismo deberán considerarse otros problemas, en dependencia de las circunstancias del país y de las ciudades.
Los gobiernos locales deben continuar trabajando en la movilización de los recursos locales existentes, institucionalizándolos y procurando su ampliación en el ámbito nacional; y asignando partidas presupuestales municipales para la ejecución de prácticas de agricultura urbana. Se añade el desarrollo por parte de los gobiernos locales de políticas de estímulo, como las de índole fiscal, y la promoción del relevamiento de información de las actividades de agricultura urbana en sus procesos de planificación territorial.
El gobierno de la localidad debe ocupar una posición indirecta en la gestión y funcionamiento de la agricultura urbana, ocupándose de la dirección, la proyección de las estrategias y el control de la política inversionista de la localidad, la política bancaria, el funcionamiento del sistema bancario, las políticas sanitarias, la ciencia y técnica, etc. También debe trazar las políticas indirectas que ayuden al fomento de las producciones de alimentos urbanos de la localidad.
La administración de los insumos, debe pasar de formas centralizadas a las descentralizadas que el productor tenga la posibilidad de decidir el momento y la magnitud de los recursos productivos que requiere dentro de los límites de las posibilidades de los territorios para disponer de ellos.
Para darle solución a la autogestión económica ante el dilema de la dualidad de moneda, se deben crear mecanismos más flexibles en la gestión de la actividad como sucede con otras actividades del país. En lo particular, es necesario crear dispositivos que permitan que a partir de la compra de insumos en divisas el productor agrícola pueda aportar valor agregado a la producción y realizarla en el mercado en divisas, y por otro lado, que la producción obtenida producto de la diferencia de tecnologías pueda ser vendida también en dicho mercado. A partir de estas variantes los productores podrán aportar al Estado y contar con un fondo en divisas para realizar su reproducción.
Es necesario reformular la política de comercialización de alimentos urbanos, donde se refleje una gestión de venta eficiente, apoyada en un sistema de precios flexibles. Todo esto fundamentado en un conjunto de mercados articulados especializados en los productos de la agricultura urbana con un sistema de información de mercadeo permanente y con amplio uso de las relaciones monetario mercantiles. Se necesita fomentar un ambiente de competencia entre todos los sujetos agrícolas urbanos cuya estructura sea unificada acorde a las realidades y a la vez que permita una combinación estrecha entre los mercados agrícolas urbanos.
Por otro lado, es importante concebir la Unión Nacional de Productores Agrícolas Urbanos como una organización autónoma e integrada, ramal y territorialmente, y con los espacios jurídicos y funcionales necesarios. Esto representaría para los productores un órgano de apoyo para la representación de sus intereses económicos y de manejo más eficiente de los recursos disponibles.
La planificación territorial debe estar compuesta por un nuevo contenido acorde a las nuevas realidades en términos de métodos, instrumentos y estilos de dirección como expresión de los intereses de la comunidad. La planificación local debe implicar la colaboración entre las entidades gubernamentales de la comunidad, en particular los responsables de las actividades de la energía, abastecimiento hídrico, infraestructura, transporte y eliminación de desechos. Además, el proceso de planificación debe actuar como un elemento multifuncional en el uso del suelo y la protección ambiental.
En las actuales circunstancias, los aspectos biológicos y naturales inherentes a una agricultura urbana sostenible adquieren una importancia decisiva para cualquier variante de producción que se adopte. La recuperación productiva a que se aspira y el ulterior crecimiento de las producciones alimentarias tienen obligadamente que partir de una premisa básica ineludible, una gestión eficiente de los recursos naturales.
Es necesario desarrollar un proceso de fortalecimiento de los órganos de dirección de la agricultura urbana a escala municipal, con vistas a propiciar una mayor integración territorial de los diferentes subsistemas que conforman el sistema agropecuario, viabilizando la aplicación de la política agrícola urbana en cada territorio en correspondencia con los aspectos básicos económicos, sociales, físicos y organizacionales.
Los órganos de apoyo deben producir y divulgar herramientas metodológicas, guías y mecanismos que recojan la experiencia local y que informen la formulación y ejecución principalmente de: la planificación urbana, el ordenamiento territorial, la reutilización de aguas y residuos sólidos orgánicos.
Constantemente se debe perfeccionar el uso de recursos locales y de tecnologías propias, que coadyuven a reducir los costos de las economías agrícolas urbanas y a asegurar mejoras en los niveles de calidad de vida de la población. La concertación entre los actores locales urbanos y nacionales impulsa decididamente el desarrollo de la agricultura urbana.
En el ámbito de la superación, es imprescindible perfeccionar la ejecución de programas y sistemas de estudios para capacitar a los gobiernos locales y para los propios agricultores urbanos, con vistas a su adaptación a las nuevas tecnologías y condiciones urbanas y para elevar la eficiencia de la agricultura urbana en general. Será una tarea diaria trabajar en la capacitación constante de los técnicos y de la comunidad y, al mismo tiempo, se motive a los gestores locales, promoviendo el intercambio entre municipios sobre experiencias regionales, nacionales e internacionales sobre políticas municipales vinculadas con este tipo de agricultura, y se establezcan criterios e indicadores que permitan sistematizar las experiencias y al mismo tiempo faciliten la toma de decisiones.
En la línea de la capacitación, se impone el impulso de las líneas de investigación, difusión, sensibilización y capacitación en el uso de las fuentes alternativas de energía y uso eficiente del agua; y se regule el uso sanitario del agua residual de origen domiciliario. Además, es importante que se profundicen y validen las técnicas de aprovechamiento de los residuos sólidos; capacitando a los agricultores urbanos en las técnicas de la reutilización y reciclaje de sus residuos; educando a la comunidad en la selección (educación formal y no-formal); y propiciando la normatividad a nivel de los gobiernos locales y nacionales para promover y regular la clasificación y el uso de los residuos sólidos.
Las estrategias deben incluir políticas e instrumentos crediticios y financieros para la agricultura urbana con especial énfasis para los productores más vulnerables, acompañados de programas de asistencia técnica.
Es necesario crear y perfeccionar los mecanismos que propicien una mayor integración de la agricultura urbana de la comunidad con la economía local, principalmente en el suministro de alimentos al sector turístico y a algunas áreas sociales. Esto contrarrestaría la tradición negativa del sector agrícola rural en el abastecimiento alimentario, lo cual ha traído como consecuencia que el sector turístico tenga que importar una parte importante de las hortalizas para su consumo.
Profundizar en la integración agroindustrial urbana a nivel de la localidad, sobre la base de la creación de una infraestructura de procesamiento industrial de las producciones agrícolas urbanas, permitiría aportar un mayor valor agregado a estas producciones, elemento ausente en el resto de los esquemas de producción agrícola urbana desarrollados en América Latina.
Por último, se necesita consolidar una base informativa objetiva que contenga un sistema de indicadores del movimiento de la agricultura urbana, lo que servirá de base para efectuar estudios de los costos y beneficios más amplios de este fenómeno, teniendo en cuenta toda la diversidad de los efectos no relacionados, con los mercados, en particular la utilización de los desechos y los riesgos para el medio ambiente y la salud en las condiciones de Cuba. Se agrega la comparación de los costos de la producción urbana con los de la agricultura rural a fin de determinar lo que cuesta a la sociedad permitir o alentar la continuación de la agricultura urbana.
Como factores decisivos de carácter agrotécnico en el desarrollo de la agricultura urbana en las condiciones de Cuba y teniendo en cuenta el nivel alcanzado, se hace imprescindible dedicarle la mayor atención a la organización y puesta en práctica de las siguientes actividades:
1- Trabajar en la conservación y manejo de la fertilidad de suelos y sustratos. A pesar de ser múltiples los factores que inciden en la conservación de la fertilidad, algunos de ellos necesitan mayor atención que otros en las condiciones actuales, entre ellos por ejemplo, se encuentran las medidas antierosivas. Las características del régimen de lluvia en el país propician un intenso lavado de nutrientes de la materia orgánica de la capa superficial y de los canteros mejorados. Esto plantea la necesidad de poner en práctica todo tipo de medidas, fundamentalmente de carácter agrotécnico, que protejan al suelo. A esto se suma la necesidad del suministro constante de materia orgánica al suelo y de sustratos a los canteros que permitan devolver los nutrientes extraídos.
2- Trabajar en el perfeccionamiento del sistema integrado para el control de plagas y enfermedades. Este sistema comprende entre sus principales componentes el manejo fitotécnico y el uso de biopesticidas. Se destaca la necesidad de profundizar en las vías de suministro y disciplina tecnológica de aplicación.
3- Trabajar en el perfeccionamiento de la tecnología de cultivos y de crianza de animales (se incluye la creación de una base alimentaria nacional). Esto es necesario debido a las diferentes características y limitaciones que transmiten al proceso productivo las condiciones de las ciudades. Por este motivo se hace más necesaria la estrecha vinculación entre investigadores y productores en el logro de una producción intensiva e integral sobre bases orgánicas. En el perfeccionamiento tecnológico se debe prestar atención a los aspectos relacionados con una efectiva integración cultivo-animal. Se impone la búsqueda de fórmulas nacionales que potencien el desarrollo de una base alimentaria sobre la base de recursos nacionales, con el fin de disminuir la incertidumbre del sistema en este sentido.

CONCLUSIONES

Como resultado del análisis realizado se llega a las siguientes conclusiones:
– La agricultura urbana surge en una etapa de crisis agroalimentaria y de escasez de recursos, lo cual limita su desarrollo en la práctica. Constituye una variante importante con vistas a aumentar la oferta de alimentos a la población y de presentar un impacto ambiental positivo, a la vez que va creando una cultura productora de alimentos en condiciones urbanas.
– El movimiento de la agricultura urbana en el país ha sentado las bases para demostrar la posibilidad que existe de producir alimentos en las ciudades. Este sector se ha desarrollado en los últimos años de manera sostenida, con el apoyo de los gobiernos territoriales y basado en una infraestructura de apoyo importante, constituyendo en la actualidad un vital abastecedor de alimentos a la población. El mismo debe verse como un sistema interrelacionado entre todos sus aspectos, ya que cualquier falla en los elementos que lo componen limita su realización.
– Las bases orgánicas de la agricultura urbana en Cuba, no es una condición suficiente para garantizar su sostenibilidad, para ello, es necesario alcanzar el mayor nivel de racionalidad en el desarrollo de los sistemas productivos, logrando a su vez la mayor interrelación entre los distintos programas, donde cada uno complemente la ejecución del otro y en donde en cada acción se obtenga el mejor resultado con el menor costo.
– La estrategia del desarrollo del movimiento de la agricultura urbana en Cuba adolece de una concepción económica en su realización, ya que permanecen estructuras, mecanismos, instrumentos y formas de funcionamiento en el sistema que limitan el logro de una alta eficiencia económica.
– El principal reto que tiene el movimiento es el uso intensivo de la tierra, hacia lo que deben estar dirigidos todos los esfuerzos.
La recuperación del potencial agroalimentario de los territorios, la sostenibilidad financiera, tecnológica y ambiental local y el incremento del consumo de alimentos a través del aumento de la producción territorial en aras de hacer menos vulnerable los sistemas de seguridad alimentaria de los territorios, constituyen por tanto los desafíos decisivos en el nuevo milenio.

Notas:
1. MINAGRI Grupo Nacional de Agricultura Urbana. VII Encuentro Nacional de Agricultura Urbana. Informe Central. Enero Febrero 2002.
2. Ibidem, p. 11
3. Conferencia impartida por el ingeniero cubano Oscar Gómez de la ONG Antonio Núñez Jiménez. UAM. 20 junio 2001.
4. Grupo Nacional de Agricultura Urbana y Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), encuesta realizada en junio 1999.
5. Ponencia “La experiencia de la agricultura urbana en la ciudad de La Habana” al Evento Agricultura urbana en las ciudades del siglo XXI, Quito, Ecuador, 2000, p. 12

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