Cuba, el caso distinto

Expertos valoraron positivamente el lugar 39 de la isla en el cálculo del IDH en 1998, en contraste con el puesto 79 del año 1996.

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Desde la perspectiva del desarrollo humano, el caso cubano es calificado como una experiencia única.

Si se hiciera una encuesta entre los habitantes de la isla, posiblemente el por ciento de quienes creen que su país ocupa un lugar destacado en el desarrollo humano no sería mayoritario, incluso, no pocos se asombrarían al saber que su lugar en la cola es el 39.

En sus opiniones y sin profundizar en las variables de los organismos internacionales, aquí entrarían a jugar otros factores que nada tienen que ver ni con la salud y la educación, considerados por las autoridades como su carta de triunfo. En la respuesta, los encuestados darían gran peso a sus condiciones de vida actuales.

Y son precisamente las dificultades económicas de la isla a raíz de la desaparición del campo socialista, además de errores cometidos en la política económica, las que impiden a la isla mejor puesto en el escalafón.

De acuerdo con Ariel Francais, representante residente del Programa de Desarrollo de Naciones Unidas (PNUD) en su prólogo a Investigación sobre el Desarrollo Humano en Cuba, los logros cubanos que se reflejan en el Informe de desarrollo Humano 1997, publicado para el PNUD, colocan a Cuba en el segundo lugar entre los países en desarrollo que superaron la pobreza y ocuparía una posición superior a la alcanzada en termino de desarrollo humano – 86 – si su índice no estuviera tan afectado por la dimensión económica (PIB real per cápita).

De acuerdo con especialistas, desde la perspectiva del desarrollo humano, el caso cubano que tiene como característica peculiar haber empezado en un proceso revolucionario que se propuso eliminar las causas generadoras de pobreza y ubicar al ser humano como ente principal del proceso de desarrollo, es calificado como una experiencia única.

El economista cubano Osvaldo Martínez, director del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM) en su sinopsis a la Investigación sobre el desarrollo humano en Cuba 1996, presentada este año, refiere que “la conducción estatal de la política social, basada en la concentración de los recursos de inversión y la movilización de todos los factores materiales en función de objetivos definidos y en la estabilidad de su aplicación, ha sido un factor de gran importancia en el logro de altos grados de Desarrollo Humano”.

El investigador destaca la participación popular como uno de los factores que propiciaron la consecución de esa política.

Según Martínez, “los elevados indicadores de Desarrollo Humano, alcanzados por Cuba en los últimos 37 años deben examinarse a la luz de las condiciones iniciales de partida y de las complejidades de un proceso revolucionario” entre cuyas características estuvo siempre el enfrentamiento con el gobierno de Estados Unidos y su política hostil hacia la isla.

Las diferentes políticas encaminadas a distribuir de forma equitativa la riqueza, han provocado una sustancial reducción de los desequilibrios y disparidades sociales. Si en 1953, el 20 por ciento más pobre sólo disponía del 6,5 por ciento del total de los ingresos y el 20 por ciento más rico percibía el 57,9 por ciento, para la década de los 80, los resultados eran del 11,3 por ciento y 33,8 por ciento, respectivamente, según estimaciones académicas, asegura la Investigación.

Coyunturas adversas en el terreno internacional provocaron una crisis económica severa con una caída del PIB cercana al 35 por ciento, con las consiguientes restricciones derivadas de la misma. Aún así, los especialistas consideran como diferencia sustancial los esfuerzos por preservar los logros sociales, la decisión de repartir de forma equitativa el peso de los ajustes, la no suspensión de la aplicación de la política social, así como la mejoría de índices como la mortalidad infantil y la esperanza de vida, aun en medio de la crisis.

“Si se analiza la tendencia del Índice de Desarrollo Humano (IDH) calculado para Cuba en 1990-1996, puede apreciarse una tendencia decreciente en 1990-1994 y luego una nueva caída en 1996, puede concluirse que la razón fundamental de la caída tendencial antes referida fue la disminución sostenida del logro relativo en la dimensión ingreso”, señala.

La dimensión ingreso, indican expertos, conforma la tercera parte de la composición del IDH, mientras que las dos terceras partes restantes corresponde a las variables longevidad y conocimientos.

A juicio de Martínez, el enfoque actual de definir el IDH tiene la virtud de diferenciar entre crecimiento y desarrollo, lo que lo lleva a la conclusión de que “el crecimiento económico es condición necesaria, pero no suficiente, para el desarrollo y que los indicadores convencionales de crecimiento del PIB muestran limitaciones significativas para medir el desarrollo ya que, entre otras cosas, no consideran el uso que se hace del incremento productivo registrado, ni la distribución del ingreso, ni las políticas sociales encargadas de enfrentar la pobreza y el atraso”.

El crecimiento económico no es sinónimo de desarrollo real para una nación o para la mayoría de sus habitantes, afirma el economista, en el caso cubano, sin embargo, “con niveles modestos del PIB por habitante, han logrado un notable avance en materia del desarrollo humano a partir de una utilización acertada de los recursos disponibles”, asevera la Investigación realizada por expertos del CIEM.

La situación actual, con crecientes desigualdades entre los 11 millones de cubanos provocados por las medidas económicas, el acceso de cerca de un 50 por ciento de la población, según cálculos independientes, a la divisas, la inestabilidad en los suministros de alimentos normados que dejan desprotegidas a las capas de menores ingresos impone retos sustanciales e inaplazables para el proceso de desarrollo cubano.

Martínez considera que el hecho de que Cuba ocupe el lugar 39 en el cálculo del IDH, en contraste con el puesto 79 en 1996, es una muestra de la acertada política del estado en la asignación de los recursos hacia aspectos básicos del desarrollo humano.

Por otra parte, a juicio de Francais, el país tendrá que consolidar los logros sociales y prevenir la pobreza en el contexto de una reinserción brusca en la economía mundial, reestructurar la economía nacional para que pueda sustentar y ampliar los logros sociales y preservar la equidad, la solidaridad y la justicia social en una sociedad que se ve afectada por las limitaciones económicas y la penetración de valores ajenos al modelo social.

Quizás solo de esa forma pudiera conservarse el escalón alcanzado y mucho más, el modelo mismo.

Valores de cada uno de los indicadores utilizados para el cálculo del IDH en Cuba

Indicador

Informe de

1990

1991

1992

1993

1994

1995

1996

Esperanza de vida al nacer

74

75,4

75,4

75,4

75,6

75,3

75,4

Tasa de alfabetismo en adultos (%)

96

92,4

94,9

94,0

94,5

94,9

9,2

Escolaridad Promedio

a

5,7

7,6

7,6

8,0

a

a

Tasa de matrícula combinada primaria, secundaria y superior (%)

a

a

a

a

a

a

a

PIB real per cápita (dólares PPA)

2.500

 

2.500

2.500

2.200

2.200

3.412

3.000

PIB real per cápita ajustado (dólares PPA)

a

 

2.500

2.500

2.200

2.000

3.412

3.000

IDH

0,877

0,754

0,732

0,711

0,666

0,769

0,726

 a- indicador no se empleó para el cálculo del índice en el informe.

PPA- paridades de poder adquisitivo.

Fuente: Investigación sobre el desarrollo humano 1996.

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