Diez años después, Cuba se desdolariza

La desdolarización de la economía reviste singularidades que analiza el economista Pavel Vidal en una de nuestras publicaciones de 2006.

Jorge Luis Baños

Mercado de Carlos III, uno de los principales centro de ofertas de productos en CUC.

Después de diez años de dolarización, la economía de la isla comenzó el proceso inverso en julio de 2003, con la puesta en práctica de la Resolución 65 del Banco Central de Cuba. Además de haber muy pocas experiencias internacionales sobre el tema, el caso cubano es interesante por la manera en que sucede, muy relacionada con el contexto institucional y las características propias de los mercados. Es útil entender las condiciones que se dieron en los años previos, ya que esto permite evaluar, al mismo tiempo, algunos de los desafíos que enfrentará en el futuro la política económica de la isla, en particular la monetaria. Entre estos, la estabilidad económica parece ser la pieza central.

UNA ECONOMÍA Y TRES MONEDAS

El comienzo de la dolarización de la economía cubana puede ubicarse en 1993. El 13 de agosto de ese año se despenalizó la tenencia de divisas convertibles por parte de personas naturales y se abrió la posibilidad de tener cuentas bancarias en dólares estadounidenses. También se extendieron a la población las ventas minoristas en dólares por parte de las entidades estatales. Alrededor de esta fecha, la dolarización empezó igualmente a extenderse al sector empresarial, comenzó a crecer el número de empresas autorizadas a operar en divisas aumentaron las entidades que tributaban dólares y, en los años siguientes, se expandió el crédito bancario en moneda extranjera.
Pueden enumerarse diversas causas de la dolarización, pero, evidentemente, tal proceso está relacionado con la crisis económica de aquel período y con los desequilibrios fiscales y monetarios que trajo aparejados.

Desde 1990, la crisis económica contrajo el Producto Interno Bruto (PIB) 34,8 por ciento en cuatro años, en tanto el presupuesto del Estado y las distintas empresas sufrieron una caída significativa de sus ingresos. A pesar de ello, el presupuesto mantuvo los gastos en educación y salud y, para evitar un desempleo masivo, se aumentaron los subsidios por pérdida a las empresas. Todo esto provocó un incremento del déficit entre ingresos y gastos fiscales. Desde 1990 hasta 1993, el promedio anual de la proporción del déficit presupuestario con respecto al PIB fue de 24,9 por ciento.

Para financiar el déficit fiscal se emitió una gran cantidad de pesos cubanos. Como resultado, se acumuló un exceso de liquidez en toda la economía. En las empresas no ocurrió un impacto significativo en los precios, pues mayoritariamente estaban controlados. Pero en la población sí aconteció un proceso hiperinflacionario en los precios del mercado informal que, según algunas estimaciones, aumentaron más de 150 por ciento en 1991 y más de 200 por ciento en 1993. La tasa de cambio del mercado negro -según la mayoría de las estimaciones- superó los 100 pesos por dólar, cuando antes de la crisis se cotizaba alrededor de cinco pesos por dólar.

Con la dolarización, los ingresos provenientes del turismo, las remesas, la inversión extranjera, las exportaciones y otros flujos desde el exterior entraban al país en monedas extranjeras. El exceso de liquidez, la inflación y, en general, los desequilibrios fiscales y monetarios impedían en aquellos años la formación de un mecanismo cambiario estable y confiable. Haber obligado a cambiar estos ingresos en divisas a pesos cubanos hubiese sido completamente ineficaz; se habría frenado la entrada de divisas al país; los inversionistas extranjeros y los beneficiarios de las remesas no hubiesen estado dispuestos a canjear sus activos a una moneda con un valor futuro incierto. Ante tales circunstancias, fue preferible dolarizar y, de esta forma, aislar de los desequilibrios existentes tanto al desarrollo del turismo y la inversión extranjera, como a los sectores llamados “emergentes”.

Cuatro meses después de despenalizada la tenencia de divisas se creó el peso convertible (CUC), emitido inicialmente por el Banco Nacional de Cuba (BNC) y, luego de la reestructuración del sistema financiero, por el Banco Central de Cuba (BCC). El peso convertible reemplazó de la circulación a los diferentes certificados de divisa existentes. Comenzó únicamente como dinero físico, en el sector de la población, con la función de medio de pago. Más adelante se abrió la posibilidad, para las personas naturales, de tener cuentas bancarias en esta moneda. No fue hasta 2003 que el CUC llegó a las empresas; hasta esta fecha sólo circuló parcialmente en las actividades comerciales y financieras vinculadas al sector de la población.

Desde 1994 se utilizaron en la economía cubana tres monedas como medios de pago: el dólar estadounidense y dos monedas nacionales: el peso cubano y el peso convertible. El dólar y el peso convertible no desplazaron de la circulación al peso cubano en su totalidad. Los salarios se mantuvieron en pesos cubanos, así como una parte importante de las cuentas de ahorro y de las transacciones en los distintos mercados de la población. El presupuesto del Estado, los créditos bancarios y los pagos entre empresas también conservaron una proporción significativa en pesos cubanos.

ESTABILIDAD ECONÓMICA

Antes de plantearse la desdolarización de la economía, en 2003, las autoridades económicas debieron resolver primero los desequilibrios monetarios y fiscales. Tuvieron que pasar diez años de estabilidad económica para que el peso cubano recuperara -y el peso convertible se ganara- la confianza necesaria para sustituir las funciones que venía realizando el dólar estadounidense. En la Tabla 1 se muestra la evolución, desde 1990, de algunas de las variables monetarias y fiscales que pueden considerarse más relacionadas con la estabilidad, así como el crecimiento del PIB, evidenciándose en todas un punto de inflexión en 1994.

A partir de 1995 es el tipo de cambio en las Casas de Cambio (CADECA), antes son estimaciones del mercado informal.

Con el objetivo de corregir los desequilibrios monetarios en los mercados de la población, en 1994 se pusieron en práctica las medidas de saneamiento financiero: elevación de precios de las ventas minoristas estatales, incremento de tarifas, y cobro de impuestos y servicios anteriormente gratuitos. Con ello no sólo se detuvo el crecimiento de la liquidez en pesos cubanos en poder de la población (agregado monetario M2A [1]), sino que disminuyó en 10 por ciento durante 1994 y en siete por ciento el siguiente año.

El presupuesto del Estado también se benefició con estas medidas y con las políticas que se aplicaron para reestructurar, redimensionar y aumentar la eficiencia en el sector empresarial. Comenzaron a disminuir los subsidios por pérdida y aumentaron los ingresos presupuestarios. Se acortó drásticamente el déficit fiscal. Se iniciaba también un escenario más favorable para los equilibrios fiscales y monetarios: en 1994 el PIB dejaba de caer y empezaban a reportarse datos siempre positivos en el crecimiento económico.

El financiamiento que el Banco Central le da al presupuesto para cubrir el déficit entre ingresos y gastos fiscales –monetización- representa la fuente fundamental del crecimiento de dinero en la economía cubana. En este sentido, para el control del crecimiento del agregado monetario M2A ha sido vital que la proporción del déficit fiscal con el PIB se haya mantenido alrededor del tres por ciento. A su vez, el control del agregado M2A resulta de gran importancia por la relación positiva que tiene con los precios.

Se puede decir que en los últimos diez años la economía cubana ha recuperado la estabilidad monetaria. La trayectoria del Índice de Precios al Consumidor (IPC) en pesos cubanos sintetiza este resultado. Después del período de hiperinflación, la variación promedio anual del IPC, desde 1995 hasta 2005, fue de -0,8 por ciento y de 2000 a la fecha ha sido de 1,1 por ciento. La mayor inflación se registró en 2002, con 7,3 por ciento.

El signo negativo en la inflación muestra que el promedio de los precios en pesos cubanos que enfrentó la población se redujo. Estos datos tienden a sorprender, ante el alto nivel de los precios en la economía cubana. Los precios actuales son ciertamente mayores que los de 1989; sin embargo, a partir de 1996 se han mantenido sin grandes variaciones y, en algunos años, el promedio de los precios en los distintos mercados, a nivel nacional, ha disminuido respecto al año anterior.

Dentro del Índice de Precios al Consumidor en pesos cubanos -con base 1999- que calcula la Oficina Nacional de Estadística (ONE), el mercado formal en el cual el Estado oferta los bienes y servicios representa 40 por ciento del total del índice. El mercado agropecuario, por su parte, tiene una ponderación cercana al 30 por ciento, y el informal, que registra precios del sector privado y del mercado negro, alcanza otro 30 por ciento. [2] En suma, los precios no regulados representan 60% del índice. Es por ello que se puede identificar en su evolución la presencia o no de desequilibrios monetarios en el sector de la población.

Junto con la estabilidad de los precios se ha conseguido también la de la tasa de cambio del peso cubano en el mercado cambiario de la población. Luego de la reevaluación ocurrida en 1994, 1995 y 1996, la mayor devaluación fue de 23,3 por ciento en 2001, como resultado de los sucesos del 11 de septiembre y la caída del turismo. Desde 2002 hasta 2004, la tasa de cambio de CADECA se mantuvo sin variación; en marzo de 2005 se reevaluó de 26/27 pesos por un CUC hasta 24/25 pesos por un CUC.

El valor de la tasa de cambio de CADECA se fija en el Comité de Política Monetaria del Banco Central de Cuba, pero es importante señalar que desde la creación de la red de cajas de cambio de CADECA, en 1995, el Banco Central nunca se comprometió con un valor para dicha tasa. El mercado de cambio de la población, al menos hasta 2001, funcionó con un régimen que podría denominarse de flotación sucia, en el cual el tipo de cambio, aunque se mantenía sin modificaciones en determinados períodos, reaccionaba para ajustar los desequilibrios de carácter más permanente en el mercado, tal y como sucedió en 2001. Por esta razón, puede decirse que la estabilidad del tipo de cambio, al igual que la del Índice de Precios al Consumidor, ha sido un resultado de los equilibrios monetarios logrados en estos años.

La estabilidad monetaria y la desdolarización de la economía también se han visto favorecidas por el desarrollo y la estabilidad del sistema financiero cubano. En la segunda mitad de la década del noventa, la estructura del sistema financiero se amplió y modificó. Surgió un sistema financiero de dos niveles, encabezado por el Banco Central de Cuba como órgano rector del sistema financiero y que tiene la estabilidad monetaria como uno de sus principales objetivos (Decreto-Ley 172).

Actualmente, el sistema financiero cubano está conformado por nueve bancos, 16 instituciones financieras no bancarias y 17 oficinas de representación de instituciones financieras extranjeras. El sistema se ha ido modernizando y ha desarrollado nuevos servicios financieros y formas de intermediación, elementos que ayudaron en la práctica y la operatividad de las medidas para la desdolarización.

A partir de 2000, los bancos han captado depósitos a plazo fijo en pesos cubanos de las personas naturales, con tasas de interés que actualmente son del cuatro por ciento para el plazo de tres meses y ocho por ciento para el mayor plazo de tres años. Para los depósitos en pesos convertibles se encuentran en un rango entre tres y 5,5 por ciento. También se han permitido los depósitos a plazo fijo en dólares estadounidenses; para estos, las tasas son de 1,5 por ciento en el plazo de tres meses y de 2,75 por ciento cuando el depósito se coloca por tres años. El diferencial de las tasas de interés a favor del peso cubano es un instrumento de política monetaria que ha ayudado a mantener el ahorro en esta moneda.

La captación del ahorro de la población y el papel del sistema financiero en el proceso de desdolarización se han sustentado en la confianza que genera la inexistencia de episodios de quiebra bancaria o crisis en el sistema de pagos cubano; y en el hecho de que la política económica siempre ha respetado el dinero en los bancos, algo que también estuvo presente en la Resolución 80 y en los acuerdos 13 y 15 del Comité de Política Monetaria.

Dentro de las instituciones financieras no bancarias, la entidad Casas de Cambio Sociedad Anónima (CADECA, S.A.) ha desempeñado un papel fundamental en la estabilidad y credibilidad, tanto del peso cubano como del peso convertible. Fue creada el 14 de junio de 1994 y el primer año sólo operó con los turistas extranjeros. A partir de 1995 comenzaron sus transacciones con la población, formalizando así la convertibilidad a dólares tanto del CUC como del peso cubano. [3] Desde su creación, CADECA, SA. se ha ido expandiendo y han aumentado las operaciones de compraventa de moneda que realiza la población en sus cajas. Un elemento a destacar es que la oferta de dólares a la población por parte de CADECA no se ha interrumpido durante todo el tiempo que lleva funcionando: las cajas de cambio no han cerrado aún en los períodos de mayor incertidumbre.

Otro factor clave a la hora de entender las condiciones que se dieron para la desdolarización en Cuba se refiere a la política monetaria y cambiaria que acompañó al peso convertible desde su instauración. El peso convertible se creó con un tipo de cambio fijo con respecto al dólar: un CUC igual a un dólar. Para respaldar este cambio, el Banco Central sostuvo una caja de conversión: por cada peso convertible en circulación se tenía un dólar de reserva. Dicho régimen cambiario siempre se respetó y la tasa de cambio con respecto al dólar se mantuvo fija hasta el Acuerdo 15 del Comité de Política Monetaria de 2005, momento en que se reevaluó ocho por ciento.

DESDOLARIZACIÓN

En la Tabla 2 se resumen las medidas que conducen a la desdolarización, según su orden cronológico.

Tabla 2: Cronología de las medidas monetarias de 2003 a 2005

Resolución 65/2003

A partir de julio de 2003 se estableció el uso del peso cubano convertible (CUC) como único medio de pago para denominar y ejecutar las transacciones entre las entidades cubanas, incluyendo los créditos y otros financiamientos que estas reciben. Todas las cuentas en dólares u otra divisa de estas entidades fueron cambiadas a pesos convertibles, de acuerdo con la tasa de cambio un peso convertible igual a un dólar. En lo adelante, los ingresos recibidos en moneda extranjera serían canjeados por pesos convertibles automáticamente por los bancos, al ser depositados en sus cuentas.

Se estableció, además, un régimen de control de cambio para la compraventa de dólares con CUC en el sector empresarial. Con la entrada en vigor de esta medida, las entidades cubanas que operaban cuentas en pesos convertibles y requieren moneda extranjera para realizar el pago de una transacción comercial o saldar una deuda, deben solicitar la autorización al Banco Central de Cuba para su compra, lo que condujo a la creación de los Comités de Aprobación de Divisas (CAD).

Resolución 80/ 2004

A partir del 8 de noviembre de 2004 se dictaminó que todas las entidades que, al cobrar sus transacciones en el territorio nacional, aceptaban dólares en efectivo, sólo debían ingresar pesos convertibles (CUC). Los servicios a la población y a visitantes extranjeros que anteriormente se nominaban en dólares comenzaron a cobrarse en pesos convertibles. La modificación de los precios se hizo con la tasa de cambio vigente de un peso convertible igual a un dólar.

Adicionalmente, desde el 14 de noviembre de 2004 se impuso un gravamen del 10 por ciento a la compra de pesos convertibles y pesos cubanos con dólares en efectivo. No se vieron afectados con el gravamen los saldos de las cuentas bancarias abiertas antes del 13 de noviembre. Con ello, las personas tuvieron tiempo de colocar en los bancos los dólares que poseían en efectivo. A partir de ese día, tales cuentas no han admitido depósitos en efectivo de dólares y los clientes han podido extraer CUC o dólares sin que se les aplique el gravamen del 10 por ciento. Con la medida no se prohibió la tenencia de divisas, sino que se ha mantenido la posibilidad de abrir nuevas cuentas en los bancos en dólares y de comprar dólares con CUC.

Acuerdo 13 del Comité de Política Monetaria

El Acuerdo 13/2005 del Comité de Política Monetaria dispuso que, a partir del 18 de marzo de 2005, la tasa de cambio para las operaciones de venta y compra por parte de la población a CADECA se fijara en 24 pesos cubanos para la venta de pesos convertibles y dólares y de 25 pesos cubanos para la compra de pesos convertibles, lo que reevaluó en 7,5 por ciento al peso cubano. Se anuncia que se “han creado condiciones propicias para una progresiva, gradual y prudente reevaluación de la moneda nacional”.

ACUERDO 15 DEL COMITÉ DE POLÍTICA MONETARIA

El Acuerdo 15/2005 del Comité de Política Monetaria contempló reevaluar la tasa de cambio del peso cubano convertible respecto al dólar y demás monedas extranjeras, a partir del día 9 de abril de 2005, en un ocho por ciento. Además, fijó una tasa de cambio para la venta y otra para la compra del dólar estadounidense, práctica ya establecida con el resto de las divisas. No se afectaron las cuentas en dólares en los bancos y se ofreció un plazo para que la población pudiera recomponer sus saldos monetarios de acuerdo con las nuevas condiciones.

Las resoluciones 65 y 80 no tuvieron como único objetivo la desdolarización de la economía. La desdolarización más bien se impuso como la forma en que se podían alcanzar otros objetivos planteados entonces. En esta coyuntura, dado que se trataba de un objetivo deseado y muchas veces definido dentro de la estrategia monetaria del país, se decidió sustituir el dólar estadounidense por el peso convertible, primero en las empresas y luego en la población.

La Resolución 65 se propuso lograr una mayor centralización y control de los recursos financieros en divisas del país. Para ello reemplazó al dólar estadounidense por el peso convertible como medio de pago en el sector empresarial estatal, lo que permitió instaurar los Comités de Aprobación de Divisa (CAD) en las operaciones de compra de divisas con pesos convertibles. El control de cambio funcionó, inicialmente, como un mecanismo de supervisión y auditoría de las importaciones y otros gastos en divisa que realizaban las empresas; más adelante, con la Resolución 92 de 2005, los CAD y los procedimientos de la Cuenta Única comenzaron a influir de manera más directa en la asignación de recursos en el sector empresarial. [4]

Por su parte, la Resolución 80 respondía a las medidas adoptadas por el gobierno de Estados Unidos, encaminadas a impedir que Cuba pudiera utilizar los recursos en dólares en efectivo. El país corría el peligro de no poder depositar en bancos extranjeros los dólares en efectivo que la población y los turistas gastaban en los establecimientos cubanos, por la compra de mercancías o servicios en esa moneda.

Al pasar toda la comercialización de bienes y servicios en dólares a pesos convertibles, se le exigió a la población y a los turistas cambiar sus ingresos desde el exterior a cualquiera de las dos monedas nacionales para poder consumir dentro de Cuba. Con ello, se vieron obligados a pagar el gravamen del 10 por ciento si ingresaban dólares físicos. De esta forma se intentó incentivar, a quienes ingresaban dólares en efectivo al país, a que lo hicieran por la vía bancaria o en otras divisas (euros, dólares canadienses, yenes, libras esterlinas o francos suizos). Antes de la medida, el 80 por ciento de los flujos de entrada de efectivo era en dólares; un año después, se habían reducido al 30 por ciento.

Ese paso no significó un retorno a la penalización de la tenencia de divisas, pues la población mantuvo las cuentas en dólares en los bancos y el efectivo en moneda extranjera en su poder. Probablemente, este fue un elemento crucial que permitió superar el riesgo inherente a la sustitución de una moneda. El instrumento al que se recurrió para alcanzar el objetivo final no fue una prohibición, sino que se utilizó un precio -en este caso un gravamen- para desincentivar la entrada de dólares físicos. La población dispuso de una variedad de opciones a elegir en función de sus demandas y percepciones de riesgo.

Desde el 23 de octubre de 2004, cuando se anuncia la Resolución 80, hasta el 14 de noviembre de 2004, momento a partir del cual se puso en práctica, las personas, para evitar el gravamen, transformaron sus dólares en efectivo a: efectivo y cuentas en pesos convertibles; depósitos en dólares en los bancos; y efectivo y cuentas en pesos cubanos. Algunos optaron también por la opción de mantener dólares “debajo del colchón”.

El gravamen del 10 por ciento no debe definirse como una reevaluación de la tasa de cambio del peso convertible, debido a que sólo se aplica al dólar sin modificar el canje con otras divisas, y porque únicamente se emplea en las operaciones en efectivo. A las remesas recibidas a través de los bancos, o a las exportaciones, no se les computa el 10 por ciento y, en general, los flujos empresariales se ven poco afectados con el gravamen.

Transcurridos cuatro meses desde la Resolución 80, el Acuerdo 13 del Comité de Política Monetaria reevaluó la tasa de cambio del peso cubano en CADECA, después de más de tres años sin haberse variado ese precio en la economía. Por primera vez se informó sobre el sentido que tendría su tendencia futura; en este caso, hacia el incremento del valor del peso cubano.

Seguidamente, el Acuerdo 15 hizo una reevaluación del peso convertible. Este paso se distinguió por no afectar los depósitos bancarios existentes y por el anuncio previo del movimiento del valor de la moneda, lo que dio tiempo a que las personas ajustaran sus acervos monetarios. El objetivo fundamental de los acuerdos 13 y 15 fue la redistribución de riquezas en el sector de la población; mediante la penalización de los ingresos en divisas y el aumento del poder adquisitivo de los ingresos en pesos cubanos. El resultado conjunto de ambos acuerdos representó una reevaluación del 15 por ciento del peso cubano en relación con el dólar en el segmento de la población.
Así, la reevaluación de los signos monetarios nacionales y, sobre todo, las características especiales de los acuerdos y las expectativas generadas provocaron un traspaso de los ahorros en dólares estadounidenses hacia el peso convertible y hacia el peso cubano; ampliando un movimiento que, en menor magnitud, se había dado con la Resolución 80. En conclusión, la desdolarización abarcó los depósitos bancarios de la población y el dólar estadounidense también fue sustituido en la función de reserva de valor.

En los doce meses que siguieron a las medidas monetarias, las cuentas bancarias en dólares de la población habían experimentado una reducción del 57 por ciento; mientras que las cuentas en pesos convertibles se habían multiplicado más de tres veces y los depósitos en pesos cubanos habían crecido en 35 por ciento. En dólares estadounidenses, quedan: una parte minoritaria de los depósitos bancarios a la vista y a plazo de la población; así como las cuentas corrientes de las empresas mixtas y de capital totalmente extranjero, asociaciones y representaciones extranjeras, que no fueron cambiadas a pesos convertibles con la Resolución 65.

ALGUNOS DESAFÍOS Y OPORTUNIDADES

Además de los objetivos seguidos con la adopción de las medidas monetarias, estas han tenido otras implicaciones para la economía:
– Al sustituirse el dólar estadounidense por signos monetarios nacionales, el Banco Central de Cuba ha alcanzado un mayor control de la oferta monetaria en la economía. En las nuevas condiciones, se han ampliado las posibilidades de hacer política monetaria y hay una mayor flexibilidad para financiar la actividad económica.

– Ha aumentado el nivel de reservas internacionales en poder del Banco Central de Cuba y se ha incrementado la seguridad de los pasivos del sistema financiero. Cuando los depósitos estaban dolarizados, ante un problema de liquidez, el Banco Central se veía inhabilitado de asistir con financiamiento al sistema bancario. Al convertirse a moneda nacional, se han extendido las posibilidades del Banco Central de actuar como prestamista de última instancia del sistema.

– Después de la Resolución 80 y los acuerdos del Banco Central de Cuba, una cantidad significativa de dólares en efectivo que estaba en manos de la población ha sido cambiada a pesos cubanos o a pesos convertibles, o se ha colocado en el sistema bancario, en las cuentas no afectadas con el gravamen y la reevaluación. Ello ha permitido una mejor medición de la cantidad de dinero en circulación, ya que el valor de los dólares físicos en poder del público no está en las estadísticas de los agregados monetarios. Teniendo como base los registros de la bóveda del Banco Central y los balances de los bancos comerciales, ahora es posible tomar en cuenta una parte de la oferta monetaria que anteriormente no se conocía, facilitándose así el ejercicio de la política monetaria.

– Los efectos del Acuerdo 15 sobrepasan el ámbito de las personas naturales, ya que la tasa de cambio del peso convertible respecto al dólar es común para la población y las personas jurídicas. No sucede igual con los movimientos del tipo de cambio del peso cubano, pues la tasa de cambio oficial del peso cubano en las empresas es independiente de la tasa de CADECA y se mantiene invariable en un peso cubano igual a un CUC.

En este sentido, se debe tener un especial cuidado con el incremento de las importaciones y las consecuencias negativas que la reevaluación del peso convertible puede tener sobre las empresas exportadoras, entre ellas el turismo.

– Las medidas han estado acompañadas de una mayor centralización en el manejo de la actividad económica, lo que puede tener efectos positivos, pero también perjudiciales para la economía. Si bien permite ejercer un mayor control en el uso de los recursos financieros y una reducción de los costos -al eliminar intermediarios y aumentar la negociación comercial central a mayor escala-, la centralización puede tener implicaciones desfavorables en el perfeccionamiento empresarial y la eficiencia económica que se deriva de la autonomía en la toma de decisiones.

– Dado que no parece ser casual la relación que se observa entre inestabilidad y dolarización, y entre estabilidad y desdolarización, mantener los equilibrios fiscales, monetarios y financieros que se lograron en los últimos diez años resulta una condición necesaria para que el peso cubano y el peso convertible se mantengan cumpliendo eficazmente las funciones de medio de pago y reserva de valor que anteriormente cumplía el dólar.

– Quedan aún por aplicar varias transformaciones monetarias que no se han resuelto con la desdolarización. En los años de la década del noventa se establecieron determinados marcos económicos e institucionales para enfrentar la crisis, sin hacer un ajuste recesivo de la economía; en las actuales circunstancias se pueden ir desmontando esos límites, en la medida que estén dadas las condiciones y beneficie el ejercicio de la política económica. Como ejemplos, sirva mencionar la dualidad monetaria –peso cubano y peso convertible-, la sobrevaloración del tipo de cambio oficial del peso cubano, la inconvertibilidad del peso cubano en el sector empresarial, y la segmentación de los circuitos monetarios y cambiarios entre la población y las empresas.

Notas:

 1 Los agregados monetarios son distintas formas de medir la cantidad de dinero u oferta monetaria que circula en la economía. El agregado que más sigue el Banco Central es el M2A, que también se conoce como liquidez en poder de la población, este incluye el efectivo, las cuentas de ahorro a la vista y las cuentas a plazo fijo en pesos cubanos de personas naturales.
2 Estas ponderaciones son calculadas por la ONE a partir de la Encuesta de la Situación Económica de los Hogares, mediante la cual se obtiene el peso de cada mercado dentro del total de gastos de una familia. En este Índice de Precios al Consumidor no se incluyen los precios en pesos convertibles.
3 En el caso del peso cubano, la convertibilidad es indirecta, ya que las cajas de cambio no venden dólares a cambio de pesos cubanos, sino que se necesita comprar primero pesos convertibles.
4 La Resolución No. 92 estableció, a partir del primero de enero de 2005, que todos los ingresos en moneda convertible que recibía la Caja Central por concepto de aportes, impuestos, recaudaciones u otros, se depositaran en una cuenta en el Banco Central de Cuba denominada “Cuenta única de ingresos en divisas del Estado”, mediante la cual se controla centralmente la asignación de estos recursos.
Adicionalmente, se establece que los Comités de Aprobación de Divisas son los encargados de autorizar las transacciones en pesos convertibles para distintos organismos, reservándose el derecho de vetar cualquier transacción. Los bancos cubanos no pueden procesar ninguna operación en pesos convertibles o divisas de las entidades cubanas que no haya sido previamente autorizada por los Comités de Aprobación de Divisas.

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