El mercado de los alimentos

Análisis sobre la comercialización de alimentos en Cuba, rescatado de una de nuestras publicaciones de 2006.

Archivo IPS Cuba

Las reformas económicas implementadas para detener la crisis e iniciar un proceso de recuperación conllevaron a transformaciones significativas en el sector agropecuario, lo que motivó la diversificación de las formas de comercialización de los productos agrícolas y pecuarios.

Este periodo es considerado por algunos especialistas como una quinta etapa (antecedida por cuatro momentos y toda una evolución histórica desde 1959), caracterizada por la diversificación de la comercialización de los productos agrícolas. Se inicia en octubre de 1994, con la reapertura del mercado agropecuario de oferta y demanda.

También aparecieron nuevas formas de comercialización, como los mercados agropecuarios estatales. Entre sus objetivos está estimular a los productores en sus diferentes formas mediante una mayor atención, precios de compra y control por las empresas y el consejo popular, así como motivar a los comercializadores, compradores y vendedores del Estado por medio de la vinculación de los ingresos a los resultados de su trabajo y una mayor organización y control.

Por otro lado, se mantiene la comercialización en:

– Mercado racionado o normado.

– Consumo social.

– La venta directa y a partir de las áreas de autoconsumo a trabajadores.

– En huertos u organopónicos por la agricultura urbana , puntos de venta atendidos por cooperativas.

– A través de mercados del Ejército Juvenil de Trabajo (EJT), con precios inferiores a los de los mercados libres campesinos.

– Mercado de alimentos en las tiendas de recuperación de divisas (ventas a precios elevados de productos gravados con un impuesto de más de 240 por ciento).

– La autorización de diversos organismos para vender productos agrícolas.

– Mercado negro o sumergido, fundamentalmente para los productos cuya venta está prohibida en los mercados libres autorizados en moneda nacional y otros productos similares o sucedáneos que se venden en moneda convertible, pero a más bajo precio.

El monopolio de la comercialización de productos agropecuarios a través de la Empresa de Acopio entró en contradicción con el proceso de descentralización económica (década de los ’90s).

Por tal motivo se empezaron a introducir mecanismos que autorizaron la venta de productos agropecuarios mediante otras instituciones tales como : las empresas agropecuarias del territorio, empresas de frutas selectas, la agricultura urbana , las granjas de nuevo tipo, Unidades Básicas de Producción Cooperativa, Cooperativas de Producción Agropecuaria, Cooperativas de Créditos y Servicios. También la empresa de comercio y gastronomía por medio de las Unidades Básicas de Abastecimientos, el Ejército Juvenil del Trabajo, industrias locales, unidades comercializadoras, fincas estatales, ciudadanos con parcelas o patios y los usufructuarios de tierras, entre otros.

La reapertura del mercado libre agropecuario, en octubre de 1994, provocó la disminución de los precios de los productos en el mercado negro. El riesgo por la venta en la economía sumergida se manifestaba a través de un importante incremento del precio de venta.

Desde 1995, estudios realizados por especialistas en el tema de la producción y el mercado de los alimentos alertaban sobre la presencia e incidencia de factores que, desde ese entonces, ya limitaban la producción y la oferta, incidiendo en el incremento de los precios:

– Actuación del Estado a través de Acopio como recaudador en vez de competidor.

– Prohibición del acceso al mercado de productos como : leche, carne vacuna, papa, café, miel de abeja, huevos, entre otros, con lo cual se estimula el mercado negro de estos productos.

– Falta de autonomía de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC).

– Exclusión de las UBPC cañeras, con sus excedentes de la producción de cultivos varios.

– Débil estimulación al productor, por los bajos precios que paga Acopio.

– Ineficiencia en la producción agrícola, elevados costos de producción del Estado–UBPC.

– Todo lo anterior favorecía a quienes participaban en el mercado libre agropecuario, con la obtención de ganancias significativas.

En Mercado Agropecuario: factores que limitan la oferta, el economista cubano Armando Nova indicaba que el “futuro escenario del mercado de alimentos agropecuario precisa de dos momentos, siendo el primero condición indispensable de tránsito hacia el segundo, aunque no necesariamente se requiere concluir totalmente el primero para dar inicio al segundo”.

El primer momento precisa de la adopción de una serie de medidas para neutralizar un grupo de factores que actualmente limitan la producción y la oferta, como:

– Una mayor participación de las UBPC, el Ejército Juvenil del Trabajo, cooperativas de producción agropecuaria y granjas estatales en el mercado agropecuario propiciará un incremento de la oferta, la competitividad necesaria y una reducción de los precios.

– Eliminación de las restricciones que limitan la amplia participación en el mercado de diferentes productos, con vistas a incrementar la oferta.

– Propiciar la autonomía que necesitan las UBPC en sus decisiones productivas, económicas y el destino de sus resultados, que posibilite el amplio desarrollo de las fuerzas productivas y con ello el incremento de la producción y la eficiencia económica.

– Lograr que el Estado desempeñe un adecuado papel de regulador a través de los mecanismos económicos y la utilización de las leyes del mercado en función del beneficio social.

Se estima que la ejecución de las medidas señaladas contribuirá a la necesaria disminución del precio de los productos agropecuarios en el mercado actual.

Un segundo momento consiste en pasar a la unificación de mercados que, además de alimentos liberados, incluya insumos productivos, de bienes de consumo personal y duradero; en fin, de un único mercado.

En relación con la unificación de un solo mercado, el investigador señalaba que los productores asociados al mercado libre agropecuario se enfrentarían a precios inferiores a los que actualmente obtienen y su reacción será reducir su oferta. A su vez, consideraba que ese comportamiento sería contrarrestado con creces por los productores asociados fundamentalmente a los precios de mercado racionado, donde el nuevo precio (se planteaba eliminar de forma progresiva el mercado racionado, en otras palabras la cartilla de racionamiento), constituiría un fuerte estímulo para incrementar la producción.

Un aspecto a valorar sería el impacto que tendría en los consumidores de bajos ingresos el paso hacia un único mercado de alimentos liberados.
Para completar los requerimientos diarios que no cubre el mercado racionado, las personas necesitan acudir a otras fuentes de alimentos, fundamentalmente el mercado agropecuario de precios elevados, al que tienen acceso limitado los consumidores de bajos ingresos. En la etapa más reciente, el incremento de la proporción de la población con acceso a la divisa ha amortiguado estos efectos.

Por esta razón, los estudios para la determinación de los grupos de bajos ingresos se convierten en la actualidad en un elemento vital con vistas a proponer las políticas más adecuadas, bajo las nuevas condiciones económicas.

Otro aspecto a valorar sería el de los precios que rigen en la red de tiendas en divisas. La dualidad monetaria imprime complejidad al proceso de transformación económica. En modo alguno se pueden considerar dos áreas económicas independientes, pues entre ambas hay vasos comunicantes. Un reflejo de ello es la existencia de una tasa de cambio variable del peso respecto al dólar estadounidense en las Casas de Cambio
(Cadeca) y en la economía sumergida.

Los precios de la red de tiendas en divisas tienen efecto en el mercado de alimentos, tanto en el agropecuario como en la economía sumergida.
Por lo tanto, la fijación de los precios en dicha red debe formar parte de un análisis que incluya las interrelaciones señaladas, algo válido tanto para el primer y, sobre todo, para el segundo momento del escenario futuro de un mercado único de alimentos liberados.

El especialista planteaba que el país debía llegar a un solo mercado interno de los alimentos y eliminar el racionado o por la libreta, teniendo presente la forma desigual de distribución que esta encierra en la actualidad.

Este sistema racionado subsidia por igual a todas las personas, sin tomar en cuenta las diferencias de ingresos y contribuyendo con ello a una menor equidad.

Por otra parte, señalaba que el proceso de eliminación de la libreta transitaba por el incremento de la producción y la oferta, en primera instancia, que facilitaría la reducción de los precios, lo que podría convertirse en una vía para limitar cada vez más el acceso a los alimentos de los consumidores con menos ingresos.

En mayo de 2000, ante la continuada manifestación de dificultades y problemas, un grupo de especialistas (Pampin Blanca Rosa, Nova Armando y
otros) hizo un análisis sobre el comportamiento y la situación del mercado agropecuario. En septiembre de igual año, el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS) conformó un equipo de estudio (Martín Juan Luis, Nova Armando y otros), para llevar adelante una investigación similar.

Posteriormente, en 2004, la Editorial Ciencias Sociales, en el libro Reflexiones sobre Economía Cubana, publicó el trabajo “El Mercado Interno de los Alimentos”, del economista Armando Nova, que analiza ampliamente la segmentación del mercado y sus causas, así como la continuada limitación de la oferta en el actual mercado de los alimentos, interrelacionando la economía familiar con la continuada tendencia en el alza de los precios.

El estudio hizo una serie de consideraciones, entre ellas que “los elevados compromisos de venta al Estado de las UBPC y CPA restringen la participación de estas entidades en el mercado agropecuario, limitando la oferta y contribuyendo con ello a que los precios no desciendan”.

Por otro lado, existe una serie de restricciones que limitan la oferta: hasta 2001 las UBPC cañeras no podían acceder al mercado agropecuario con los excedentes de producción de cultivos varios que destinan para su autoconsumo. Las UBPC ganaderas tampoco pueden vender carne bovina, equina, leche y sus derivados mientras a las Unidades Básicas de Producción Cooperativa arroceras y de cítricos les está prohibido vender en esa red su producto principal. Además, existe una serie de productos que tampoco pueden comercializarse en ese mercado, como café, papa, cacao y huevo de gallina.

La existencia aún de la estructura empresarial de la cual partieron las UBPC, que toma decisiones y centraliza recursos, impide el desenvolvimiento adecuado de estas. Esa falta de autonomía en relación con la adquisición de los insumos productivos, las decisiones sobre la gestión productiva y los resultados se traduce en la no realización de la propiedad, lo que limita el desarrollo de la fuerza productiva del sector agropecuario y se convierte en restricción que dificulta el crecimiento de la producción y, por ende, de la oferta.

Los bajos niveles de eficiencia de las empresas estatales y las UBPC, manifiestos en los bajos rendimientos agrícolas por área y en la elevada proporción de unidades no rentables, motivan altos costos de producción y hacen que los productos agrícolas se mantengan caros.

La dualidad monetaria vigente y las posibilidades de acceso a la divisa de una parte de la población potencian los ingresos de ese estrato y facilitan su acceso a los altos precios vigentes en el mercado agropecuario, lo que posibilita el sostenimiento de precios elevados.

La alta proporción que todavía se registra en la masa monetaria, tanto en la circulación como en cuentas de ahorro, es otro factor que facilita la vigencia de los altos precios en el mercado libre agropecuario. Esos volúmenes de dinero constituyen una capacidad potencial de compra latente y, aunque los precios de los insumos y servicios han motivado crecimiento en los costos y reclaman una mayor masa monetaria, en el presente esta es el doble a la que existió en 1989 y 1990, ante un volumen actual inferior de mercancías y servicios.

El costo de los alimentos en las Tiendas de Recuperación de Divisas también contribuye a mantener los altos precios del mercado agropecuario, ya que constituyen puntos de referencia de los oferentes para fijar precios.

Los factores exógenos anterior-mente señalados deberán analizarse y adecuarse, con vistas a elevar la oferta productiva en el mercado agropecuario y lograr una importante reducción en los precios de los productos alimenticios.

A su vez, existen factores endógenos que inciden en el funcionamiento de los mercados. Las normas complementarias para la organización y funcionamiento del mercado agropecuario establecen la obligación de pagar los impuestos, del 5, 10 ó 15 por ciento, según el lugar, del valor total de la mercancía declarada al inicio y a los precios seleccionados. Pagar un impuesto sobre la base de un precio anterior pudiera convertirse en un factor que limite la rebaja de estos. En caso de que, durante el día, el concurrente no llegara a vender la totalidad o una proporción considerable de la mercancía, y ante el riesgo de perder el producto perecedero y no tener que incurrir al día siguiente en gastos de transportación, almacenaje y nuevos impuestos, quizás la decisión sería bajar el precio; sin embargo, el pago anticipado limita esa decisión.

Otra situación derivada del pago previo del impuesto está en el hecho de que los vendedores, conocedores del comportamiento casi mono-pólico del mercado agropecuario y de su poder, sólo ofertan de forma diaria la cantidad que ellos estiman se puede vender a los precios fijados, para no tener que bajar precios ante una oferta superior a la demanda y evitar pérdidas de ingresos motivados por la reducción del precio o el pago adicional al día siguiente de gastos de transporte, almacenaje e impuestos. Todo ello impide el incremento de la oferta.

El gravamen sobre las ventas suele afectar el equilibrio del mercado y crear un efecto conocido como incidencia del impuesto, mediante el cual una parte de ese monto se traslada al vendedor y la otra al consumidor. En el caso de los alimentos, la mayoría es invariable, por lo que la mayor parte del impuesto suele trasladarse al consumidor, para motivar una disminución en la producción y consecuentemente en la oferta.

En el mercado existe una figura conocida como intermediario, que desempeña un papel muy importante, toda vez que media entre varios productores y uno o varios vendedores, o entre el transportista y uno o varios vendedores, pero no está reconocido jurídicamente, por lo que no paga impuesto. Este miembro de la cadena se reconoce como persona natural, vinculada al mercado, por la resolución No. 413/98 del Ministerio de Comercio Interior.

En la práctica, por lo general los vendedores no son los representantes de los productores (excepto los representantes vendedores de las CPA y CCS). Existen los que operan como mediadores mayoristas entre el productor y el vendedor. El intermediario le compra al por mayor a varios productores y contrata a varios vendedores, en uno o varios mercados agropecuarios. De esta manera los intermediarios disponen del poder de mercado suficiente como para que los precios minoristas no sean determinados por la ley de la oferta y la demanda.

La cuantía de los pagos por los servicios que facilita el mercado (espacio de venta, pesaje, almacenaje, entre otros), los determina de forma individual cada administración. Estos han aumentado con el paso del tiempo y, aunque no constituyen un impuesto, forman parte del costo de comercialización, cuyo incremento grava los precios minoristas.

Hasta aquí las consideraciones más generales sobre las causas que motivan que los precios no desciendan. Se estima que, en la búsqueda de las soluciones a los problemas que generan los factores exógenos, sería recomendable liberar las fuerzas productivas y eliminar las trabas que dificultan el crecimiento de la producción y la oferta, para lo cual habría que considerar:

– Establecer que los compromisos de ventas al Estado por parte de los productores agrícolas sean, en una primera fase, solamente para los productos que se distribuyen por el sistema normado: papa y plátano. El resto de los productos y los excedentes en la producción de papa y plátano deben realizarse por la vía del mercado de libre oferta y demanda. En una fase posterior, una vez logrados los incrementos necesarios en la oferta y la consecuente reducción de los precios, realizar de forma paralela cambios en las vías de distribución de los productos normados, orientados a aquellos grupos económicos más vulnerables y, por supuesto, orientar el subsidio hacia dichos grupos.

– Mantener dentro de los compromisos de ventas al Estado, a precios de la Unión de Acopio, aquellos productos destinados al consumo social en hospitales, escuelas, círculos infantiles y hogares de ancianos.

– Eliminar el tutelaje que aún mantienen sobre las UBPC las empresas estatales agrícolas, lo que interfiere en sus decisiones y resultados.

– Crear un mercado de insumo, equipos y servicios competitivos, al cual puedan acudir los productores, a partir de sus resultados, para comprar lo necesario y completar el ciclo productivo con eficiencia, con la necesaria reducción de los costos de producción.

– Permitir que las empresas y cooperativas pecuarias, UBPC, CPA, CCS, granjas estatales y productores privados, puedan acudir al mercado libre con sus producciones funda-mentales y derivados, en una primera etapa, a partir de los sobrecumplimientos productivos y, en la medida que se recupere totalmente la producción, ampliar la oferta de forma gradual a dicho mercado.

– Quitar las barreras de acceso al mercado libre de los alimentos producidos por las entidades estatales, UBPC, CPA, CCS y privado, como la papa, el café, el arroz, los cítricos, a partir de los excedentes y sobrecumplimientos, para aumentar de forma gradual la oferta a dicho mercado.

Respecto a los factores endógenos del mercado libre sería recomendable:

– Estudiar y valorar las medidas y regulaciones necesarias, para en el más breve tiempo sustituir el cobro del impuesto de la mercancía declarada al inicio por el impuesto sobre los beneficios netos, de manera que afecte lo menos posible a los consumidores, la oferta aumente y los precios se acerquen a los costos.

– Reconocer al intermediario mayorista e incorporarlo al sistema de pago de impuestos.

– Facilitar una mayor concurrencia de los productores, como UBPC, CPA y CCS, entre otros, para que vendan sus productos de forma directa y se beneficien de las posibilidades de precio que ofrece el mercado libre. Crear cooperativas comercializadoras integradas por varios productores que vendan de forma directa. Lo anterior debe estar encaminado a eliminar el poder de mercado que actualmente poseen los intermediarios y lograr que los precios se establezcan por las relaciones de oferta y demanda y no por formas oligopólicas, por monopolio de unos pocos vendedores.

Por lo general, la producción agrícola y pecuaria ha sido insuficiente para afrontar la demanda.
Durante el pasado año, la oferta disminuyó de forma significativa y, como era de esperar, aumentaron los precios, lo que afectó sustancialmente la economía del consumidor.

En los primeros cuatro meses de 2005, la oferta-venta de los productos agrícolas y cárnicos disminuyó 27,6 y 26,9 por ciento, respectivamente, en relación con igual período del año precedente, [3] en tanto los precios se incrementaron en 8,5 por ciento. Hasta julio continuó la tendencia a la disminución de la oferta-venta, en los dos renglones mencionados, en 14 y 22,5 por ciento, respectivamente, mientras los precios promedios acumulados se incrementaron en cuatro por ciento.[4]

Todo parece indicar que aún continúan vigentes las dificultades pendientes de resolver, algunas de ellas señaladas desde hace diez años.

La más reciente medida adoptada durante noviembre pasado fue lanzar una fuerte ofensiva contra los intermediarios, (transportistas y comercializadores), a los cuales se les atribuye de forma reiterada ser los causantes del incremento de los precios. Esta medida ha sido adoptada en más de tres ocasiones desde la reapertura del mercado libre agropecuario, rompiendo la cadena de suministro de productos hacia la capital. Esa acción implicó el desabastecimiento de los productos agropecuarios a dicha red y elevó mucho más los precios.

Notas

1 “Mercado agropecuario: factores que limitan la oferta”, A. Nova, revista Investigación Económica, No. 3, 1995.

2 “UBPC, mercado agropecuario y propiedad”, Economics Press Service , no.17, septiembre de 1999, IPS-Corresponsalía Cuba .

3 Ver “Mercado agropecuario en 2005” , Economics Press Service , no.14, julio de 2005, IPS-Corresponsalía Cuba .

4 Ver “Mercado agropecuario: los precios no bajan”, Economics Press Service , no.18, septiembre de 2005, IPS-Corresponsalía Cuba .

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.