El microcrédito en las nuevas condiciones de la agricultura

La ausencia de una tasa de cambio en el ámbito empresarial en 2008, obligaba a trabajar la línea del microcrédito en moneda convertible.

Jorge Luis Baños - IPS

Los microcréditos pueden convertirse en una pieza clave para el desarrollo de la producción agrícola nacional

La reciente promulgación del Decreto Ley 259 y su reglamento, referido a la entrega de tierras ociosas a personas jurídicas y naturales, abre un importante espacio, fundamentalmente para los futuros agricultores y ganaderos, y  su contribución a la producción nacional de alimentos. Con ello, también, a la sustitución de importaciones de estos últimos, bajo condiciones de competitividad.

De inicio, los nuevos productores necesariamente requerirán algún soporte o ayuda económica-material, que les permita despegar y lograr los objetivos previstos. Ante esta situación, los microcréditos pueden convertirse en una pieza clave para el desarrollo de la producción agrícola nacional. Estos pueden constituirse en una herramienta importante para los pequeños productores, facilitándoles las vías de acceso a las fuentes de financiamiento.

Los créditos a los productores agrícolas constituyen una práctica ya establecida mediante instituciones bancarias del país. No obstante, ante la nueva situación que se avecina, de entrega  de grandes cantidades de terrenos, y de acuerdo  al número de solicitudes de tierras recibidas hasta la fecha (ver cuadro  no. 1), resulta necesario disponer de un fondo o financiamiento en moneda convertible. Incluso, la colaboración financiera internacional pudiera estar interesada en brindar financiamiento e  instrumentar una línea de microcrédito para los productores, mediante las instituciones nacionales bancarias existentes por territorio (municipios).

La dualidad monetaria y la ausencia por el momento de una tasa de cambio en el ámbito empresarial, obliga a trabajar la línea del microcrédito en moneda convertible, con vistas a proveer a los productores de una fuente de ingreso que, hasta el presente, los limita en el cierre exitoso de su ciclo productivo.

De las 69.086 solicitudes recogidas hasta el cierre de octubre, corresponde 98 por ciento a personas naturales y el dos por ciento restante a las jurídicas. Es de destacar que hasta el presente,  79 por ciento de las personas naturales  no tiene tierras, lo que pudiera marcar  el inicio de un proceso de recampesinización en el  sector agropecuario cubano. En el caso de las solicitudes hechas por entidades jurídicas, las mayores cifras se concentran en las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS), que abarcan 82 por ciento del total solicitado.

El alcance del microcrédito puede ir más allá o no limitarse  a proveer servicios financieros exclusivamente. Este pudiera ofrecer entrenamiento en el manejo de la microempresa, es decir, como parte de un paquete que incluya actividades relacionadas con la organización de la producción, seguros, distribución y utilización de bienes, asistencia técnica y asesoría de comercialización, entre otros aspectos.

Las bases sobre las cuales se desarrollaría el microcrédito en las condiciones de la agricultura cubana pudieran ser algo diferentes a las formas tradicionales existentes en otros países, por cuanto los productores en el sector agropecuario cubano suelen tener el apoyo del Estado. Por lo general, en otros países se exige a los solicitantes determinadas condicionantes, entre ellas: poseer algún terreno agrícola, experiencia mínima de un año de trabajo y títulos de propiedades (que sostengan cierta garantía de pago), entre otros aspectos. En general, estas condiciones difieren de las existentes en la agricultura cubana.

Lo anterior no implica  que no se establezca un mecanismo de cobro para el préstamo otorgado; sino que este deberá ser instrumentado por las instituciones bancarias, atendiendo a las particularidades y condiciones de los productores agrícolas y los intereses inmediatos y perspectivos de la economía cubana.

El monto del microcrédito y las condiciones de pago pudieran estar en función del tipo de producción de origen vegetal y animal,  teniendo presente la demanda del mercado interno, el interés social, precios internos y externos, la sustitución de importaciones y la generación de fondos exportables. Lo anterior (otorgamiento, monto y condiciones de pago), debe estar precedido de un  análisis de la evaluación del proyecto agrícola que se pretende llevar a vías de hecho, determinando su efectividad económica, potencialidad de ingreso,  capacidad y términos de pago.

Las instituciones territoriales enmarcadas en el municipio tendrían la autoridad necesaria para llevar a cabo este proceso desde el análisis, evaluación, otorgamiento y formas de pago. Es probable que las organizaciones de base, particularmente las bancarias y otras situadas en el territorio, deban fortalecerse técnicamente para afrontar este proceso.

El otorgamiento de los microcréditos debe estar personalizado de forma directa a los nuevos productores (surgidos a partir del Decreto Ley 259), y avalado por alguna organización productiva: cooperativa a la cual se asocie el productor —como pudieran ser la Cooperativas de Créditos y Servicios (CSS) y/o que varios productores individuales se integren o agrupen. En  ambos casos, los pagos del microcrédito tendrían el respaldo, en el primer caso, de la cooperativa y, en el segundo, del  grupo creado para asimilar el préstamo. Si alguno de los productores individuales no pudiera pagar su cuota, la cooperativa o el grupo de productores asociados asumirían, de forma temporal,  el compromiso de pago.

Las fuentes de ingresos que amparen el pago de los compromisos del microcrédito pueden ser variadas. Entre ellas pudiera estar la posibilidad de que los productores directos puedan ingresar moneda convertible (CUC) por ventas directas a instalaciones turísticas de su territorio. Por otro lado, la economía cubana registra erogaciones anuales en divisas por montos superiores a un millón 600.000 dólares (2007) y se pronostica para el presente año que sobrepase los 2.000 millones en la importación de alimentos. Estos montos pudieran constituir una fuente de financiamiento para el pago de los créditos, en la medida que las producciones resultantes sustituyan importaciones de alimentos y los productores puedan obtener ingresos en moneda convertible a través de esta vía.

Por supuesto, el otorgamiento  de nuevos microcréditos  dependerá del comportamiento del cumplimiento de los compromisos de pago. El otorgamiento de nuevas partidas de préstamos, así como el aumento del monto de futuras partidas, estaría supeditado al cumplimiento de los compromisos de pago establecidos en el microcrédito inicial.  

Resulta importante considerar que el monto del préstamo, además de estar respaldado financieramente en la moneda convertible correspondiente,  debe disponer de su contrapartida material, de la existencia física de los insumos y medios de producción que el productor necesite. El financiamiento recibido de las instituciones extranjeras se  transformaría de inmediato en insumos, medios de trabajo y equipos, de acuerdo a lo demandado por los productores, a partir de sus solicitudes y necesidades expresadas previamente, mediante encuestas y con asesoría técnica. Una proporción menor del  monto del financiamiento quedaría para cubrir necesidades de compras imprevistas. Lo anterior permitiría lograr un abastecimiento y fluidez de insumos y medios para brindar respuesta oportuna a los productores.

El propio productor realizaría las compras directamente en las tiendas o establecimientos creados al efecto, previamente  abastecidos. Estas adquisiciones estarán respaldadas  por la capacidad de compra que le otorga el microcrédito obtenido y canalizado mediante la agencia bancaria del municipio. Todo este proceso debe garantizar que el productor tenga acceso directo a los insumos y medios que requiera, en el momento oportuno en que el proceso agrícola lo demande, con vistas a facilitar eficientemente el cierre del ciclo productivo.

Las instituciones bancarias, de conjunto con el equipo técnico multidisciplinario, creado para afrontar este proceso en el territorio (municipio), se encargarían del asesoramiento y fiscalización del proceso de implementación,  su ejecución y buen desempeño.

Actividad/cultivo

Cantidad (uno)

Ganadería vacuna

28.783

Cultivos varios

28.229

Ganadería menor

5.292

Arroz

4.503

Café

1.116

Tabaco

1.036

Caña

127

TOTAL

69.086

Fuente: Asociación Cubana de Técnicos Agrícolas y Forestales (ACTAF), Dirección de tierra adjunta al Ministerio de la Agricultura, octubre de 2008.

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