Envejecimiento productivo y digno

En 2025 la cifra de trabajadores con 60 o más años en Cuba se incrementará en casi una cuarta parte de los ocupados totales.

Jorge Luis Baños - IPS

Es necesario buscar las mejores variantes que motiven suficientemente el alargamiento de la vida laboral.

Muchas veces se asocia la insatisfacción laboral  al pago por el trabajo. Ello se debe casi siempre a que el salario no es utilizado por los empleadores como elemento motivador, en lo que en la literatura especializada se conoce como contrato psicológico.

El salario debe tener en cuenta elementos determinantes como la suficiencia (para cubrir necesidades de consumo), la equitatividad (medio de compensación social por el trabajo realizado) o la progresividad (dinámica en el tiempo).

En el caso de la jubilación y/o alargamiento de la vida laboral, se puede hablar de un contrato social, basado en algunas teorías como la del intercambio social, la cual postula que las personas interactúan para recibir aquello que satisface sus necesidades personales. También se establecen relaciones intersubjetivas, que es imprescindible tener en cuenta.

Desde luego, esto no debe llevarse a extremos y a explicar todo tipo de comportamientos en términos de “dar y recibir”, aunque tampoco obviar la idea de “dar y recibir”, por más complejas que sean las circunstancias sociales de la motivación. Se trata de un fenómeno complejo, en cuyos análisis debe considerarse la mayor cantidad de interconexiones e interacciones posibles.

En septiembre venidero, los colectivos laborales cubanos se convertirán en parlamentos obreros una vez más y en ellos se darán explicaciones y argumentaciones, se recogerán criterios y sugerencias y se harán reflexiones enriquecedoras.

En este sentido, es importante tener en cuenta que el envejecimiento poblacional es un fenómeno global y complejo, que viene enfrentando el mundo en las últimas décadas con respuestas más o menos efectivas.

Entre ellas, se encuentran el alargamiento de la edad de jubilación, los recortes presupuestarios para los programas sociales heredados de la época dorada del Estado de Bienestar y la privatización de los sistemas de pensiones.

Esto tiene una lógica interna que es la de responder, en primer lugar, al sujeto individual ante su derecho a la jubilación, y que sea precisamente él quien cubra la mayor parte de los gastos. Esa lógica ha llevado a la comunidad europea a aprobar recientemente la insólita propuesta de extender la jornada diaria y semanal de trabajo.

En Cuba se propone enfrentar el fenómeno con todas las garantías que el Estado ha establecido como parte de las políticas sociales, priorizadas desde hace casi medio siglo, sin olvidar que confluyen factores individuales, familiares, institucionales y sociales.

Los fundamentos brindados para elevar la edad de jubilación y los años de servicio en el Anteproyecto de la nueva Ley de Seguridad Social no exigen muchas más explicaciones y se pueden sintetizar en los siguientes elementos que han ido marcando tendencias: el envejecimiento poblacional es real, se acentúa y se traduce en que casi cinco por ciento de los ocupados actualmente tienen 60 o más años. Por demás, según todas las proyecciones, en 2025, esta cifra se incrementará a casi una cuarta parte de los ocupados totales.

Pero, alrededor de seis años antes de esa fecha, en 2019, saldrán de la actividad más personas de las que arribarán a la edad laboral, de no revertirse de múltiples maneras el panorama actual.

Cambiar la situación se hace extremadamente difícil, debido a la marcada disminución de la natalidad en los últimos 30 años y la caída de las tasas de fecundidad y de reproducción, que luego de unos niveles relativamente estables en los años 90, reportaron una disminución a partir del 2000.

Sin duda, el fenómeno es a la vez causa y consecuencia de múltiples situaciones y problemas. No se trata solo de un problema demográfico, ni solo laboral, ni de seguridad social. Es más bien de la sociedad entera, y paradójicamente, basado en una de las conquistas más importantes del proyecto cubano. Pero debe tenerse presente que es multidimensional y que además de social, es individual, colectivo, educativo, cultural, de salud, laboral y organizativo.

En consecuencia, es necesario enfrentarlo y buscar soluciones flexibles, con pensamiento flexible. Es un problema en el cual el Estado es garante, pero donde el individuo debe decidir, y en tanto el individuo y el colectivo laboral deciden y toman parte en el proceso de diálogo, el Estado socialista cobra sentido y es tan fuerte como lo es cada individuo.

Es un hecho que la edad real de jubilación ha mostrado una tendencia decreciente en las últimas cuatro décadas. Esto se explica por el hecho de que a edades inferiores se llega a la cantidad requerida de años laborados. Y esto puede plantear interrogantes que debieron ser atendidas en su momento.

No se trata solo de ver la cantidad de mujeres y hombres por rangos de edades que pudieran jubilarse, sino de buscar las mejores variantes que motiven suficientemente la “permanencia” y el alargamiento de la vida laboral, de forma efectiva, productiva, y digna.

Hoy día, efectivamente, una buena parte de los que están próximos a la edad de jubilación actual tienen 35 años o más de servicio. En consecuencia, tienen también la percepción de haber cumplido con la sociedad, para no hablar de aquellos que sobrepasan la edad propuesta en el Anteproyecto de Ley de Seguridad Social.

Al calcular la pensión que recibirán en algunos casos y actividades, incluso les puede reportar una cuantía superior a lo que devengan hoy como salario y esto pudiera ser elemento suficiente para jubilarse.

A esta fuerza, interesada, motivada, con experiencia, conocimientos y habilidades, es necesario apoyarla y nuevamente motivarla. Una de las vías efectivas podría ser la reincorporación a la actividad que venían desempeñando, es decir, al mismo cargo.

Por otra parte, es sabido desde hace tiempo, que a estas edades y aún más tempranas, los cambios de actividad que pueden implicar los cambios de cargos pueden no ser productivos ni atractivos, ni efectivos.

Es una edad para transmitir experiencia y conocimientos,  entrenar, asesorar o enseñar. La curva de aprendizaje, quiérase o no, no está ya en la meseta de asimilación, sino en declive, que en todo caso, puede demorarse o alargarse.

Es necesario monitorear constantemente situaciones clave, como tener en cuenta si el individuo desea realmente continuar trabajando, y de ser así, si es de su interés permanecer en el mismo cargo, si se requiere de la disminución de las horas de trabajo, o si es posible y necesario ubicarlo en otro puesto que exija quizás menor esfuerzo.

También debe conocerse con antelación el estado de salud de la persona y si el trabajo y la remuneración le resultan atractivos, para no hablar de la importancia de las condiciones de trabajo.

Por estos días se escuchan preguntas como ¿es necesaria la obligatoriedad del incremento de la edad de jubilación para alargar la vida laboral?,  ¿no es posible que el individuo decida, según su estado y condición?, ¿por qué no estimular desde ya la permanencia de la fuerza de trabajo con por cientos incrementados por cada año de servicio de más y que sume 20 por ciento y más, en lugar de aplicar al final del término de la edad y años de servicio establecidos para la jubilación?, ¿es necesaria la permanencia obligatoria de aquellos que no están interesados, satisfechos y motivados, o no están en condiciones?, ¿no sería más efectivo darle a esta fuerza la posibilidad de jubilarse?.

Otras interrogantes arrastran concepciones tradicionales estrechas y deterministas como  las limitaciones y excepciones a los que quieran reincorporarse. ¿Por qué limitar a los que se reincorporan al trabajo a que sea en un cargo diferente al que desempeñaban— que por demás puede ser deficitario—, en el cual tienen experiencia, conocimientos y habilidades que pueden transmitir, y sin embargo, se plantean vías para las excepciones?,  y  ¿por qué limitar la reincorporación al trabajo en el mismo cargo que desempeñaban anteriormente a las excepciones comprendidas en la propuesta, sabiendo de antemano, por experiencias anteriores que esto puede provocar tramitaciones innecesarias?.

¿Por qué fuera de las excepciones planteadas por la autorización para determinadas ramas y sectores o actividades de interés económico y social o a propuesta de los organismos, la suma de la pensión y el salario no puede exceder el salario que devengaba el trabajador al momento de obtener la pensión? ¿Es que acaso la reincorporación al trabajo, no tiene también que ver con un componente económico y las necesidades para cubrir las demandas personales y familiares no son reales y crecientes?

¿No son dos conceptos diferentes, los de salario y el derecho a la pensión por vejez en razón de la edad y los años de servicios prestados? Finalmente, ¿por qué concebir la posibilidad de optar por la reincorporación al trabajo a cualquier cargo, mediante la solicitud de suspensión de la pensión por vejez que percibe o debe percibir, que le corresponde al trabajador por la labor realizada?

Se trata de alargar la vida productiva y útil de las personas, paliar en alguna medida  las situaciones creadas. Esto implica una permanencia laboral que puede ser decisión del trabajador y en ella intervienen múltiples factores de todo tipo y en las que se tienen en cuenta, quizás en primer lugar, las condiciones económicas y sociales propias y de la sociedad; también del colectivo donde labora, o del colectivo donde pudiera reincorporarse.

De manera que todos, desde distintas instituciones y niveles, deben velar y apoyar la creación de condiciones cualitativas de vida en los centros laborales en correspondencia con las exigencias de trabajo y de la sociedad, y en primer lugar, considerar si efectivamente se necesita una persona en ese puesto, y de ser así, planificar y crear las condiciones para que el trabajador que se reincorpore, labore en condiciones organizativas tales que potencien su experiencia, conocimientos y habilidades. Esa es una manera productiva y digna en el proceso de envejecimiento en la llamada tercera edad.

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