Extender la edad laboral

En 2025 habrá unos 770.000 ciudadanos menos en edad laboral que los actuales.

Jorge Luis Baños - IPS

Desde 1978, las mujeres cubanas no garantizan el reemplazo poblacional al dejar, al culminar su período fértil, menos de una hija por mujer.

Cubanos y cubanas están asimilando la idea de que deberán trabajar cinco años más para poder jubilarse y pagar impuestos para financiar la seguridad social.

Aunque el tema de marras ya estaba en el espacio público desde hace ya algún tiempo, la propuesta de reforma de la seguridad social, presentada en la última sesión ordinaria de la Asamblea Nacional por el presidente Raúl Castro, ha puesto el asunto en uno de los primeros planos de la opinión pública nacional.

Tal propuesta legislativa buscaría mitigar en parte los efectos que trae aparejada la tendencia al rápido envejecimiento de la población de la isla.

Castro dijo que un anteproyecto para modificar la ley de Seguridad Social, actualmente en estudio, prevé la extensión de las edades de jubilación de 55 a 60 años en las mujeres y de 60 a 65 en los hombres, un tema que no por necesario deja de resultar controvertido en la población de la isla de 11,2 millones. Cuba tenía el pasado año 3,1 trabajadores por cada jubilado.

La propuesta legislativa será debatida a partir de septiembre por los trabajadores en asambleas sindicales, proceso que deberá concluir antes del segundo período ordinario de sesiones del parlamento, en diciembre, donde será sometida a votación.

De aprobarse la norma jurídica, comenzaría a aplicarse, de manera gradual, a partir de 2009, hasta concluir en 2015, y otorga garantías como el pago adicional por cada año de trabajo que sobrepase los 30 exigidos por la legislación.

Entre las razones expuestas por el mandatario está que la realidad actual es radicalmente distinta a la de 1963, cuando se aprobó la legislación vigente, y se “impone extender la vida laboral activa de los ciudadanos” en un país cuyos gastos de seguridad y asistencia social representan 13,8 por ciento de su presupuesto.

El fenómeno abordado por Castro ante los diputados se complejiza aún más si, como él puntualizó: “A lo anterior se suma el problema de la baja natalidad, persistente desde hace varias décadas. Este y otros factores motivaron que la población disminuyera ligeramente en los últimos años”.

Como indicativo revelador, según los pronósticos, en 2025 habrá unos 770.000 ciudadanos menos en edad laboral que los actuales. Asimismo, la cifra de jóvenes que arriban a la edad laboral se redujo de 238.000 en 1980 a poco más de 166.000 en 2007 y seguirá cayendo hasta 129.000 en 2020, según cálculos oficiales.

Para muchos jóvenes, trabajarle al Estado no resulta un atractivo por lo poco valorizado que está el salario. Aunque en Cuba el gobierno subsidia una amplia gama de servicios estratégicos, como la educación y la salud, entre otros, y también alimentos, agua y electricidad, los sueldos no parecen ser motivación suficiente para los cerca de 282.000 jóvenes que, según cifras oficiales, no quieren trabajar, ha revelado la prensa local.

Sin embargo, el presidente Raúl Castro propone una fórmula más realista para contribuir a resolver el problema: dejar atrás las fórmulas igualitaristas de distribución y pagar los salarios según los resultados.

Causas y azares

Para los expertos, el envejecimiento y paulatino decrecimiento de una población es el resultado, principalmente, de la vinculación de las bajas tasas de fecundidad y mortalidad y del aumento de la esperanza de vida al nacer.

A juicio de esos especialistas, la propuesta de extender la edad para jubilarse será apenas una de las tantas medidas que deberá impulsar el gobierno para contrarrestar el impacto económico del acelerado proceso de envejecimiento poblacional e intentar cambiar las actuales tendencias demográficas.

Estudios demográficos concluidos el pasado año indican que las personas de 60 años representaban 16,6 por ciento de los 11,2 millones de habitantes de Cuba y la edad media era de 37,4 años.

En tal sentido, la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) ha pronosticado que, de mantenerse invariables las tendencias actuales, hacia 2025 esa proporción crecerá a 26 por ciento y la población estará decreciendo.

Otro elemento que, al parecer, han tenido en cuenta las autoridades para impulsar la nueva legislación radica en estudios demográficos que apuntan a que la población de la isla no llegará a los 12 millones de habitantes.

No obstante, voces autorizadas como Juan Carlos Alfonso, director del Centro de Estudios de Población y Desarrollo de la ONE, sí considera que “se puede incidir” y promover un cambio en las bajas tasas de fecundidad.

A su juicio, habrá que educar para cambiar concepciones que tienden a frenar los embarazos en mujeres mayores de 35 años y, además, comprender que se puede envejecer más tarde. “A los 60 años todavía se pueden hacer maravillas”, comentó a IPS el experto que cataloga como más vulnerable la población de 80 años y más.

“Nadie elude los problemas económicos, pero por ahí no anda sólo la solución. Si no todo sería mucho más fácil”, añadió Alfonso ante los asistentes al IV Coloquio de Población, Educación, Salud Sexual y Reproductiva y Desarrollo Humano, realizado recientemente en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona.

Los especialistas consideran que existe una tendencia al crecimiento absoluto de la población de más de 80 años, todo un contraste con el decrecimiento del sector poblacional en edad reproductiva y de plena capacidad para trabajar.

En tal sentido, la esperanza de vida de la población para el período 2005-2007 fue de 77,97 años. “En el caso de los hombres es de 76 años y en el de las mujeres, de 80,02”, reveló Alfonso, quien recordó que este es uno de los indicadores que se tienen en cuenta para medir el Índice de Desarrollo Humano.

Otro detonante

La crisis económica recesiva iniciada en 1990 también ha dejado su huella en las estadísticas de crecimiento poblacional.

Carestía de la vida, limitaciones materiales en la vida cotidiana de la ciudadanía, la caída de los salarios y falta de viviendas, entre otros factores, se erigieron en mezcla explosiva para que la posibilidad de tener descendencia se convirtiera en un verdadero dolor de cabeza y, por tanto, en el sueño postergado de muchas parejas o la planificación de un solo hijo en la familia.

No obstante, estudios indican que desde 1978, las mujeres cubanas no garantizan el reemplazo poblacional al dejar, al culminar su período fértil, menos de una hija por mujer. Estadísticas oficiales muestran que en 2007 la tasa global de fecundidad fue de 1,43 hijos por mujer y la tasa bruta de reproducción apenas llegó a 0,69 hijas.

El crecimiento de la emigración de población joven con condiciones para trabajar plenamente y para la reproducción, también se ha convertido en un punto rojo que no ha escapado a la observación gubernamental a la hora de enfrentar el problema.

Sin embargo, estudios especializados apuntan como principales causas del descenso de los patrones de fecundidad en esta isla, el nivel educacional de la mujer, sus aspiraciones profesionales y personales y el acceso universal a la anticoncepción y al aborto.

Las autoridades, con plena conciencia del fenómeno y de sus consecuencias, junto a las posibilidades que se han venido abriendo en la misma medida que se sale de la turbulencia económica, lleva adelante un programa integral para dar frente al complejo problema del envejecimiento de la población.

El gobierno contempla ahora el fortalecimiento de la red de círculos infantiles y el impulso de servicios de apoyo al hogar, prácticamente desaparecidos desde comienzos de la pasada década, pero descarta experiencias de otros países que incluyen estímulos económicos a las familias para que aumenten su descendencia.

No se descartan más adelante acciones de estímulo material, como compensaciones monetarias y otros recursos por nuevos hijos y hasta la solución del acuciante problema de la vivienda, señalan fuentes vinculadas a los estudios gubernamentales sobre el asunto.

Miradas diversas

La contundencia de los estudios demográficos y de otros asociados al fenómeno del envejecimiento, es pasada por alto por buena parte de la población bajo las necesidades que depara el día a día en la vida de cubanas y cubanos.

En tal sentido, el alargamiento de la fecha de la jubilación, que ahora propone realistamente el gobierno, no ha dejado de levantar la polémica que alcanzará su clímax cuando se desarrollen las asambleas sindicales donde se discutirá el proyecto de Ley.

Para muchas personas, la edad de jubilación la sigue marcando el rumbo de la economía nacional y de la capacidad adquisitiva de su salario o la pensión por jubilación que le toca a la hora de dejar el puesto de trabajo. Por ahora ni lo uno ni lo otro compensa las necesidades de la población.

Para otros, en especial las mujeres, la normativa en estudio no deja de ser una carga no deseada en atención a la intensidad de su vida laboral y familiar, muy especialmente en lo referente a la llamada segunda jornada laboral que realiza una vez llegada al hogar.

“Las profesoras tenemos una carga muy grande de trabajo, sin contar que después una llega a la casa y comienza en la cocina la segunda jornada del día”, comentó a IPS una maestra de enseñanza primaria, de 45 años, que contaba con acogerse a retiro en cuanto cumpliera los 55.

Aún así, en el caso del magisterio, el presidente Raúl Castro hizo un llamado a los maestros jubilados a reincorporarse a las aulas para mitigar el déficit de profesores con alta calificación y experiencia que existe en el país.

A ellos, el mandatario le propuso un retorno garantizándole su pensión y pagándole además el salario. Para los analistas, este tipo de iniciativas pone de relieve que harán falta acciones inteligentes como estas de los maestros y del alargamiento de la fecha de jubilación para enfrentar un problema que ya toca con insistencia a la puerta de la Cuba de hoy.

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