La producción manda

“El funcionamiento general de la economía cubana depende de las importaciones, tanto de insumos intermedios como de bienes de capital”, aseguraron expertos en 2008.

Jorge Luis Baños - IPS

Aunque Cuba desarrolló una relativamente sólida infra-estructura productiva, que le posibilita fabricar disímiles surtidos, tiene que importar las materias

La necesidad de sustituir importaciones y elevar las exportaciones no es un tema nuevo para la economía cubana. Sin embargo, a juzgar por los objetivos de trabajo que para 2008 se proponen diferentes ministerios de la isla, el asunto toma fuerza nuevamente, dada la necesidad del país de evitar posibles erogaciones.

Disminuir las importaciones de leche en polvo, con precio de unos 5.000 dólares la tonelada en el mercado internacional, así como las de puré de tomate a partir de un incremento del procesamiento industrial del vegetal, y de carne de cerdo, como resultado de un programa que ha requerido erogaciones millonarias, son algunos de los ejemplos en los cuales se avanzó durante 2007 o que andan en camino. Detrás de todos se esconde una irrebatible verdad: para dejar de comprar en el exterior o vender hacia afuera, hay que producir.

Sucede que esta realidad no acaba de tomar forma, pese a los reiterados llamados de las autoridades centrales a diferentes organismos productores. Las causas son muchas y, en no pocos casos, tienen que ver con problemas organizativos vigentes, formas de pago o las condiciones que existen para elevar la producción. Por ejemplo, en el sector industrial, los llamados “programas de la Revolución” llegan acompañados de financiamiento para su ejecución. No sucede así con otros, que tendrán también que solicitar créditos y esperar a que les sean concedidos, en el mejor de los casos, para iniciar los trámites de materias primas y recursos que posibiliten comenzar el proceso productivo.

Madeja compleja

Lo que para algunos resulta lógico y evidente en el funcionamiento empresarial respecto a las importaciones y sustituciones, parece ser más que complicado. Todavía el país continúa importando productos factibles de hacer en la isla. En ocasiones no se trata sólo de la relación precio-calidad, sino que el factor tiempo resulta determinante, sobre todo si los plazos de terminación involucran a contrapartes extranjeras.

Un ejemplo real: una obra tiene fecha de terminación pactada con socios foráneos y la industria cubana, independientemente de cuál sea la causa, no puede cumplir el pedido. Sencillamente, la parte cubana sale a buscarlo en el mercado porque la indemnización que tendría que pagar por incumplimiento del contrato saldría mucho más elevada. “Parece simple, pero es un asunto que tiene muchas caras”, comenta una persona vinculada a los temas económicos.

Aunque por suerte Cuba desarrolló una relativamente sólida infra-estructura productiva, que le posibilita fabricar disímiles surtidos (desde una batería automotriz hasta un equipo de generación de frío de alta demanda en el turismo), tiene que recurrir a la importación de materias primas, piezas, accesorios y materiales para su ensamblaje. De acuerdo con expertos, “el funcionamiento general de la economía cubana depende de las importaciones, tanto de insumos intermedios para las operaciones corrientes de las empresas como de bienes de capital para lograr una expansión de las fuerzas productivas”.

Debido a las muchas regulaciones existentes en aras de evitar fugas de dinero y duplicidad de operaciones, el proceso de aprobación de las compras al que tienen que someterse todas las empresas retrasa hasta en más de 200 días el proceso interno de autorización. No pocas veces, indican funcionarios de la industria, esta larga espera está motivada por la falta de organización, conocimientos exactos y ejecutividad en los supuestos interesados. “Sucede entonces que se pierde la oportunidad, porque no somos lo suficientemente ágiles en responder a la demanda que tiene algún cliente potencial”, agrega.

Por disímiles causas, la única fábrica de baterías de la isla, ubicada en el oriente cubano, no pudo alcanzar las producciones previstas en el tiempo planificado, lo que en algunas oportunidades obligó a la importación de esos accesorios. Se calcula que existe una alta demanda, superior a las 250.000 baterías, que deben ser traídas del exterior debido a la poca capacidad de la planta existente y al hecho de que no siempre se cumple lo pronosticado. En la actualidad se estudia una inversión que permitirá fabricar un amplio espectro de las baterías que se usan en el país y sólo habría que importar las especiales, no comprendidas en la inversión.

Industria sideromecánica

Para este año, la industria sideromecánica cubana se propone consolidar su programa para sustituir importaciones, en función del rescate de productos que representen ahorro de moneda libremente convertible.

Ese organismo, que abarca 12 grupos y más de 200 empresas, muchas de ellas productoras de bienes y servicios, responden por la producción de acero y sus derivados, chatarras, mobiliario y equipos médicos, barras de aluminio, piezas fundidas y repuestos, casas de cultivo, baterías intercambiadoras, cilindros para gas, perfiles de aluminio, herrajes hidrosanitarios, cables eléctricos y telefónicos, cubiertas ligeras metálicas, carpintería galvanizada, derivados del alambre y elementos de bajo voltaje, entre un largo listado de surtidos.

Además de los mencionados, sobre su maquinaria descansan labores relacionadas con la industria agroazucarera, la agricultura, la llamada Batalla de Ideas –programas de carácter social que incluyen reparaciones y construcciones de hospitales, viviendas, escuelas y policlínicos, entre muchos otros– y de la defensa. Por su peso industrial y productivo, podría considerarse una de las fundamentales para la economía de la isla, de ahí que sus resultados sean de importancia para el país.

En función de ello, se prevé un alza en las ventas totales y en la producción y los servicios, renglones en los que se incluye la sustitución de importaciones, el desarrollo de un eficaz proceso de contratación de importaciones –que garantice el arribo en tiempo de las materias primas y materiales, de manera que puedan cumplirse los compromisos en la fecha prevista–, así como reforzar el control del plan de importaciones y la eficiencia en la gestión comercial.

En el caso de las exportaciones, se espera un crecimiento de las ventas de bienes y servicios, con mayores esfuerzos en aquellos surtidos cuya rentabilidad económica sobrepase el 20 por ciento, además de potenciar los renglones de la rama mecánica, que permitan la elaboración de productos cada vez más alejados de las materias primas originales y con la participación de las empresas asentadas en el exterior como canales para fomentar las ventas externas.

Estos objetivos no han sido adoptados por el Ministerio de la Industria Sideromecánica porque no los haya intentado o cumplido en la etapa precedente, sino debido a que se estima existen reservas y posibilidades productivas para un desempeño superior.

Según datos del organismo, las exportaciones de las diferentes ramas industriales se comportaron por encima de lo programado y 19 por ciento superior a la etapa precedente. En el período crecieron significativamente las ventas al exterior de acero, chatarra y productos de la rama mecánica, vinculados a proyectos de exportación, sobre todo, con los países de la región.

Aunque crecieron las exportaciones de todas las ramas, alcanzaron mayor destaque la siderurgia (34 %), la mecánica (33 %) y el reciclaje (tres %). El acero representó 43 por ciento del valor total exportado, seguido de la chatarra, con 42 por ciento. El mayor mercado es el Caribe, luego Europa y otros destinos.

Por la importancia que revisten, el Ministerio de la Industria Sideromecánica sigue de cerca las ventas de bienes y servicios al exterior. Para el economista Pavel Vidal, las exportaciones tienen efectos sobre el crecimiento del Producto Interno Bruto. El primero se manifiesta de forma directa, pues se contabilizan como parte de la producción nacional de bienes y servicios; el segundo es su efecto multiplicador y el tercero es que ayuda al relajamiento de la restricción de la balanza de pagos, al generar ingresos externos. En pocas palabras, Vidal considera que “el crecimiento económico futuro de la economía cubana dependerá principalmente de la posibilidad de mantener la expansión de las exportaciones”.

Como las exportaciones y la sustitución de importaciones dependen del incremento productivo, el Ministerio de la Industria Básica adoptó, entre sus objetivos para 2008, garantizar la implementación de un programa de desarrollo tecnológico y organizativo de manera integral, que asegure la materialización de un proceso inversionista y permita ampliar capacidad productiva; la recuperación de capacidades tecnológicas de producción y servicios a partir de la implantación de un sistema de mantenimiento en cada empresa, así como la certificación del sistema de gestión de la calidad según las normas IS0 9001 de 2001, en no menos de 62 organizaciones.

Para un observador, más allá de los objetivos, se precisa que quienes tienen a su cargo las decisiones, mediten, a profundidad, sobre todas aquellas trabas, obstáculos, regulaciones y limitaciones, incluidas las de tipo salarial, que impiden el despegue de la producción de manera que se hagan realidad los propósitos de sustituir importaciones y crecer en las exportaciones.

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