Migraciones y remesas familiares: Veinte hipótesis sobre el caso de Cuba

La actividad de remesas es uno de los más importantes sectores de la economía cubana contemporánea.

Cuba iniciará el siglo XXI con un status reforzado de típica economía de pequeña isla. Turismo, azúcar y rentas externas se encuentran en la actualidad entre las principales vías de inserción del país en la economía mundial. Aunque en rigor Cuba no puede ser clasificada como una economía “rentista” clásica, en años recientes se ha hecho muy transparente la creciente dependencia de la nación respecto a las transferencias externas, en particular las remesas familiares. En realidad lo que se habría producido en la década de los noventa sería una modificación en la fuente y magnitud de esas “rentas”: de la vasta ayuda oficial externa de décadas anteriores a las transferencias privadas –relativamente menores– originadas en gran medida en la población emigrada. La emigración y las remesas familiares tienen hoy –a pesar de la existencia de poderosos obstáculos migratorios y de un agudo conflicto político con sectores de la población emigrada– un protagonismo económico y social sin paralelos en la historia reciente de la nación y en la práctica las remesas están actuando como un mecanismo de inserción internacional y de “modernización”.

El fenómeno pudiera estar expresando –aunque pueda resultar perturbador- que la exportación acumulada de fuerza de trabajo es en la actualidad una de las áreas de mayores “ventajas comparativas” del país y que de hecho una parte significativa del sector “moderno” de la economía cubana se encuentra más allá de sus fronteras formales. Una de las implicaciones posibles sería que el bienestar económico de los cubanos dependería así –en un grado no desdeñable– de las rentas familiares remitidas desde el exterior, las cuales permitirían mantener en el país niveles de consumo superiores a los que cabría esperar del funcionamiento exclusivo de la “economía interna”.

En un mundo crecientemente vinculado (o globalizado, como se le ha dado en llamar ahora) las estrategias de inserción internacional no se limitan a los estados y empresas multinacionales. Todo parece indicar que también existen estrategias transnacionales a nivel familiar en las que la emigración y las remesas desempeñan un papel central. El incremento del potencial migratorio del país (temporal y definitivo) así como el vertiginoso crecimiento de los flujos de remesas familiares sugieren la existencia de una especie de esfuerzo modernizador “por cuenta propia” en vastos sectores de la población cubana.

Paradójicamente, las remesas familiares constituyen el fenómeno económico menos estudiado entre los nuevos procesos de la sociedad cubana de la llamada era de post Guerra Fría a pesar de que en la práctica las remesas han actuado desde la primera mitad de la década del noventa como uno de los principales componentes de la “nueva economía” del país. De hecho, el propio monto de las remesas es objeto de agudas polémicas. Las notables discrepancias entre los estimados que se ofrecen por distintas fuentes reflejan no solamente las dificultades informativas asociadas a la estimación de un fenómeno por naturaleza poco transparente sino también la adopción de supuestos muy distintos y no siempre claramente articulados.

Los datos oficiales de la balanza de pagos de Cuba indican que en 1998 las “transferencias corrientes netas” –en su mayor parte formadas por remesas familiares y donaciones- alcanzaron los 820 millones de USD y aunque no se ofrece información más detallada acerca del monto específico de las remesas, cabría asumir que estas son una parte considerable de esa cifra.
Otros estimados realizados en Cuba colocan el volumen de las remesas en el rango de los 300 a 400 millones de USD, en tanto CEPAL las estimó en 1996 en el orden de los 800 millones de USD. En este artículo asumimos el supuesto –relativamente cauteloso¬de que las remesas oscilan alrededor de los 500 millones de USD.

La actividad de remesas es por tanto uno de los más importantes sectores de la economía cubana contemporánea en términos de inserción internacional, solamente superada por el turismo y el azúcar en cuanto al volumen de ingresos brutos en divisas aunque en términos del aporte neto de divisas a la economía la actividad de remesas es el sector líder. La tasa de crecimiento promedio anual de las transferencias corrientes durante el período 1992- 1996 fue del 242 por ciento, más de diez veces superior al ritmo de crecimiento del turismo en aquel período, usualmente citado como el sector más dinámico de la economía cubana durante la década del noventa. Visto desde otra perspectiva, el flujo de remesas equivalía en 1998 a casi el 35 por ciento de las exportaciones cubanas de bienes.

En el transcurso de apenas cinco años las transferencias monetarias familiares desde el exterior se han convertido en una de las principales vías de inserción del país en la economía mundial y ello no puede ser minimizado. A nivel económico las remesas han actuado como un factor decisivo en la atenuación del empobrecimiento de sectores de la población y han representado una fuente importante de ingresos en divisas del presupuesto estatal, por la vía de los impuestos indirectos gravados a las mercancías y servicios cuya demanda proviene de las remesas. Más importante aún ha sido el papel que han desempeñado las remesas en la articulación de un extenso mercado interno de productos y servicios ofertados en divisas, alrededor del cual se ha estructurado una compleja red de eslabonamientos productivos que ha favorecido la reactivación de importantes actividades y que sobre todo ha permitido un manejo favorable del ajuste económico.

La existencia de un comercio interno en divisas en gran escala y en mercados relativamente protegidos, al que se le ha denominado sector de “exportaciones en frontera”, ha facilitado una especie de inserción internacional “indirecta” (en ese caso la inserción “directa” se produce a través de las remesas y no de las exportaciones) de carácter “sub- óptimo” en términos de eficiencia, es decir, sin tener que alcanzar necesariamente los niveles de eficiencia internacional que demandaría una inserción vía exportaciones reales. En otras palabras, las “exportaciones en frontera” –sustentadas en gran medida en las remesas– han hecho posible un manejo socialmente atenuado del ajuste económico, sin el incremento del desempleo que exigiría una inserción directa en el mercado mundial. El caso de la reactivación de la industria ligera es altamente revelador en ese sentido. En 1997 la producción global de esa rama de la industria, que incluye diversas actividades que van desde la industria textil y de confecciones hasta la jabonería y perfumería, no rebasaba el 75% del nivel alcanzado en 1989 aunque el volumen de empleo se había mantenido aproximadamente igual. Es decir, era menos eficiente que una década atrás. Sin embargo, los niveles de ingresos en divisas habían crecido considerablemente, se habían modernizado y transformado capacidades productivas y la rama crecía a tasas anuales muy superiores al crecimiento global de la economía nacional. La explicación de esta situación “mágica” (una actividad ineficiente generadora de divisas, empleo y “modernización”) radica en el proceso de inserción sub- óptima apoyado en las “exportaciones en frontera”. El 66% de los ingresos en divisas se obtuvieron de producciones destinadas a las ventas en los mercados minoristas en divisas, el 22% se generaron en los suministros al turismo, y solamente el 11% de los ingresos correspondieron a exportaciones reales.
Sin embargo, los efectos de las remesas también se extienden a otros planos. La estratificación del consumo, la segmentación de los mercados, y la exclusión social han sido procesos derivados de la manera específica en que las remesas se han articulado a la economía cubana en la década del noventa. Por otra parte, el reforzamiento del aspecto simbólico del consumo sustentado en divisas así como la disociación entre ese consumo y el esfuerzo personal han impactado de manera negativa una serie de valores relativamente extendidos entre la población con anterioridad a la crisis de los noventa.

El tema de las remesas en Cuba exige, por tanto, un estudio mucho más profundo que el que hasta el momento se ha realizado. El enfoque predominante entre los estudios realizados en el país es el de considerar las remesas como un fenómeno de la balanza de pagos, el cual es sin dudas un enfoque útil pero muy limitado. Por otra parte, los estudios realizados fuera de Cuba han hecho énfasis en problemas relativos a la escala y dinamismo de las fuentes de las remesas pero desde una perspectiva relativamente restringida. En este artículo nos hemos propuesto adelantar algunas consideraciones que pudieran complementar estudios anteriores y contribuir así a una mejor comprensión del fenómeno de las remesas en Cuba.

Algunas interrogantes fundamentales relativas al tema todavía no han sido adecuadamente respondidas, entre ellas las siguientes:

-¿Por qué los emigrantes remiten hacia Cuba una parte (en ocasiones significativa) de sus ingresos?

-¿Qué factores determinan el volumen de las remesas?

-¿Existen patrones estables en el flujo de remesas?, ¿se modifican tales flujos a través del tiempo?, ¿son predecibles los flujos de remesas?

-¿Cuáles son los usos probables de las remesas y sus efectos?

-¿Cómo pueden las políticas económicas influir en las remesas y en sus usos?, ¿en que medida la política migratoria puede ser considerada como un componente de la política económica?

El propósito de este artículo no es el de ofrecer respuestas a estas interrogantes sino solamente el de estimular la reflexión para la búsqueda de las claves correctas. No nos hemos propuesto exponer en extenso las teorías y consideraciones conceptuales que existen sobre el tema de las remesas sino reseñar la literatura que pudiera ser más relevante para poder evaluar el tema en el caso de Cuba y adelantar algunas hipótesis. En este sentido nos ha parecido importante identificar algunos de los principales estudios que han abordado el fenómeno de las remesas en islas pequeñas.11 Como se verá a continuación, la literatura revisada que expondremos no se limita a esos estudios y además es importante dejar aclarado desde el principio que existen importantes diferencias entre Cuba y la mayoría de esas pequeñas islas. No obstante, consideramos que el aparato conceptual utilizado en los estudios sobre islas pequeñas ofrece importantes claves de investigación cuya utilidad no queda confinada a los casos analizados y que para el caso particular de Cuba pudieran tener más relevancia que los estudios sobre remesas en otro tipo de países.12

En la parte inicial de este artículo se identificarán aspectos centrales de las teorías generales sobre las remesas familiares y sobre la dinámica de estas en islas pequeñas. Posteriormente se introducirán algunas hipótesis sobre el caso de Cuba.

MIGRACIONES Y REMESAS: NOTAS SOBRE TEORÍAS Y MODELOS

La importancia de los recursos enviados por los emigrantes a sus países de origen ha sido reconocida desde hace tiempo en la literatura económica y social aunque en realidad los estudios sobre el tema cobraron auge a partir de la década del setenta de este siglo. En ese período se produjeron grandes movimientos migratorios en Europa y en el Medio Oriente caracterizados fundamentalmente por ser migraciones “temporales” de la fuerza de trabajo, a diferencia de las grandes migraciones de otros períodos históricos que fueron fundamentalmente migraciones de reasentamiento permanente. Las migraciones de los setenta condujeron a un incremento sin precedentes en la escala de las remesas, las cuales comenzaron a desempeñar un importante papel en las economías de los países suministradores de la fuerza de trabajo.13

La mayoría de los estudios han hecho énfasis en la cuestión de los beneficios y los costos de esas remesas, pero existen también trabajos de orientación más teórica que han explorado los factores determinantes de las remesas y del volumen de éstas, sus posibles usos y efectos, y los patrones de comportamiento de estos flujos a través del tiempo.14

El fenómeno de las remesas familiares puede ser percibido desde diferentes perspectivas, tal y como lo reflejan la cantidad y la diversidad de estudios que existen sobre el tema. Un primer problema a considerar en cualquier aproximación conceptual al asunto es tratar por tanto de definir la dimensión que resulta más adecuada para abordar el tema, y esto dependerá en gran medida del caso concreto que se desee analizar.

Es muy diferente el estudio del proceso en pequeñas islas donde existen posibilidades legales para una alta movilidad migratoria, casi siempre como resultado de arreglos especiales con sus antiguas metrópolis o por estar bajo la administración directa de otros países, que estudiar el fenómeno en condiciones de severas restricciones legales para la emigración, o para casos donde existe un determinado nivel migratorio pero en un contexto de circunstancias económicas o políticas muy particulares.

Un segundo problema viene dado por la profundidad con que se desee o se pueda estudiar el proceso, algo que en ocasiones no depende de la curiosidad intelectual de las personas sino de la existencia de parámetros que tienen su origen en el plano ideológico, en el político, o en ambos. La percepción de las remesas desde una perspectiva convencional de balanza de pagos puede resultar menos perturbadora que la consideración de éstas como un “subsidio” originado en la fuerza laboral emigrada y que es fundamental para garantizar el nivel de vida de la población de un país. Aún más perturbadora puede ser la noción de que las remesas estarían expresando que, en términos de empleo y de productividad, el “sector moderno” de un país pudiera estar en realidad más allá de sus fronteras, en particular localizado en aquellas áreas de otros países donde se concentra la fuerza de trabajo emigrada.

Finalmente, está el problema de que ese es un tema que por su propia naturaleza es muy difícil de estudiar. En materia de remesas y de otras formas de transferencias familiares no monetarias no existen como norma registros estadísticos confiables ni es un terreno muy propicio para obtener información. No se trata fundamentalmente de la falta de capacidad o de voluntad que pudiera existir a nivel de gobiernos sino de que éste es un terreno donde predominan el hermetismo de la mayoría los actores involucrados y la multiplicidad de mecanismos informales. Por otra parte, algunas técnicas de investigación fundamentales en este terreno, como los llamados “estudios longitudinales” (longitudinal surveyresearch) resultan demasiado costosas para la mayoría de los gobiernos y no son atractivas para muchas instituciones que hacen o que financian investigaciones porque sus resultados solamente pueden obtenerse en plazos muy prolongados.

El estudio de las remesas requiere como premisa la comprensión previa de la teoría sobre las migraciones de la fuerza de trabajo. Debe quedar claro que en ocasiones las remesas pueden estar asociadas a movimientos migratorios que tuvieron su origen en factores políticos y que por tanto no reflejan una lógica de movimiento de fuerza de trabajo. Sin embargo, aún en esos casos es frecuente que el proceso migratorio se haga más complejo con el paso del tiempo y terminen por imponerse los factores de orden económico. Cabe recordar también que las remesas no se originan solamente en las migraciones permanentes. Las migraciones temporales –en las que por regla son muy acentuados los factores económicos– son en muchos casos las más importantes en términos de su contribución a las remesas.

Las teorías sobre las migraciones de la fuerza de trabajo consideran que éstas se originan en la disparidad geográfica del desarrollo. El proceso continuo de migración laboral a través del tiempo es una forma de respuesta del factor fuerza de trabajo a un sistema socioeconómico que desde el punto de vista espacial es asimétrico.15

Las migraciones de fuerza de trabajo pueden ser tanto internas como externas. En el caso de los países subdesarrollados, las asimetrías espaciales son muy marcadas en los dos ámbitos y por eso se producen de manera regular tanto las migraciones internas (sector “tradicional”- sector “moderno”) como las externas (hacia los países desarrollados). La movilidad de la fuerza de trabajo como respuesta a esas asimetrías espaciales puede ser permanente o temporal.16

Sin embargo, desde el punto de vista metodológico, las teorías sobre las migraciones de la fuerza de trabajo pueden ser divididas en dos grandes grupos. De una parte, las llamadas teorías “convencionales” que por lo general consideran que las migraciones son mecanismos originados en las tendencias hacia la compensación de las disparidades regionales de ingresos. De la otra, la perspectiva “estructural” que concibe la migración laboral como un mecanismo que apoya y que mantiene patrones de desarrollo desigual típicos de la acumulación capitalista.17

Las teorías “convencionales” pueden ser de diferente tipo, pero todas parten de la premisa de que la migración de la fuerza de trabajo incrementa el ingreso nacional al representar una forma de movilización productiva de recursos laborales subutilizados. Resulta interesante anotar que dentro de esta tradición teórica hay dos “escuelas” que arriban a diferentes conclusiones. La escuela neoclásica considera que la migración desempeña un importante papel en la reducción de las diferencias geográficas del ingreso. El supuesto básico es que la migración actúa como mecanismo de equilibrio económico. Así, por ejemplo, el desplazamiento de fuerza laboral desde áreas menos desarrolladas, y por lo general con exceso de población, hacia áreas de mayores ingresos conduciría a rendimientos más “balanceados” de la fuerza laboral en ambas áreas.18

Sin embargo, existen otros autores que llegan a conclusiones distintas aún manteniendo la misma lógica de que a nivel agregado la migración laboral favorece el incremento del ingreso al canalizar un uso más productivo de los recursos laborales subutilizados. Esos autores asumen un paradigma de “centro- periferia” y consideran que ese incremento del ingreso sería desbalanceado y estaría concentrado en el sector “moderno” de la economía. En ese sentido, la migración sería un mecanismo de polarización del ingreso y de afianzamiento de un patrón dual desarrollo- subdesarrollo. El flujo de recursos laborales hacia el sector “moderno” se haría en detrimento del sector “tradicional”.19

Por otra parte, la perspectiva “estructural” de las migraciones de la fuerza de trabajo se inscribe en el contexto más amplio de teorías que destacan el papel del control del capital sobre la fuerza de trabajo en el desarrollo de la formación socioeconómica capitalista. Partiendo de esa premisa, se considera que las migraciones laborales estarían determinadas por las necesidades de acumulación del capital.20

Esas teorías también asumen un esquema “centro- periferia” pero lo que destacan es sobre todo su existencia como condición para la acumulación de capital. Es decir, la presencia de áreas “tradicionales” no sería solamente un resultado de la acumulación del capital sino sobre todo una condición necesaria para que ésta se produzca. En estas teorías se concibe el desarrollo histórico del capitalismo en los países subdesarrollados a partir de la “articulación” de diferentes modos de producción. Los modos de producción precapitalistas no habrían sido suprimidos sino transformados y subordinados a las necesidades del modo de producción capitalista.21

En las economías subdesarrolladas coexistirían por tanto un número relativamente limitado de “centros” (ciudades, plantaciones, enclaves mineros y turísticos) que representarían el sector “moderno” capitalista con una amplia “periferia” basada en economías de subsistencia o semi-subsistencia. La “periferia” desempeñaría un papel en la reproducción de una fuerza de trabajo barata para el funcionamiento del capital. En los marcos de esa teoría se considera que una parte del sector “moderno” se encuentra por “fuera” de las fronteras de la economía subdesarrollada, es decir en los países desarrollados hacia los cuales emigra una parte de la población.22

En este proceso tendría un lugar destacado la llamada “circulación” de la fuerza de trabajo, entendida esta como una forma particular de movimiento laboral de corto plazo y de carácter repetitivo o cíclico. El funcionamiento de economías de plantación azucareras, por sólo citar un caso, ha estado asociado históricamente a este tipo de modalidad migratoria.23

Los diferentes modos de producción que coexisten desempeñarían funciones distintas: el sector “tradicional” proporcionaría una fuerza de trabajo no solamente abundante sino también barata en la medida en que una parte de su reproducción habría sido asegurada mediante mecanismos de subsistencia en el sector “tradicional” y no tendría que formar parte del salario que debe ser pagado por el capital, mientras que el sector “moderno” sería el encargado de utilizar esa fuerza de trabajo para la acumulación capitalista. La migración laboral –en particular en su modalidad de circulación migratoria– sería el mecanismo que aseguraría que la plusvalía inherente a la fuerza de trabajo fuese transferida desde el sector no capitalista hacia el sector capitalista. En ese proceso, la migración beneficiaría al sector “moderno” capitalista a expensas del sector tradicional.24

La fuerza laboral emigrada temporalmente hacia el sector “moderno” recibe un ingreso salarial que parcialmente es enviado hacia el sector “tradicional” (remesas) lo que significa que de manera temporal la fuerza de trabajo de ese sector se convierte en asalariada del sector “moderno” para asegurar su supervivencia y reproducción social. Esas teorías sostienen la noción de la existencia de subsidios cruzados entre los dos sectores. De una parte, al asumir parte del costo de la reproducción de la fuerza de trabajo que será empleada por el sector “moderno”, el sector “tradicional” subsidia la acumulación capitalista, la cual está en condiciones de pagar salarios menores. De otra parte, el empleo temporal en el sector “moderno” permite obtener ingresos que cubren de manera parcial los costos de reproducción de la fuerza de trabajo en los marcos del sector “tradicional” y en ese sentido el sector “moderno” subsidia a la economía “tradicional”. La población de la “periferia” puede mantener así niveles de consumo que no son tan bajos como los que cabría esperar como resultado de su propia capacidad productiva. Cabe apuntar que se considera que la parte de las remesas que es empleada en comprar productos que son suministrados por el sector “moderno” representa una transferencia neta desde la “periferia” hacia el “centro”.25

Como puede observarse, en general la teoría considera que las remesas no son simplemente un componente de la balanza de pagos. Expresan procesos sociales más complejos y profundos hacia los cuales se ha dirigido precisamente la atención de muchos especialistas y que explica el surgimiento de diferentes aproximaciones teóricas al tema de las remesas.

Las teorías que han tratado de explicar las remesas pudieran ser clasificadas en tres categorías, atendiendo al objeto central de estudio que se plantean. En primer lugar están los estudios que han priorizado el estudio de la relación “costo- beneficio” desde una perspectiva macroeconómica. En segundo lugar, las llamadas teorías sobre el “sistema de remesas” (remittancesystem), es decir, las que han centrado su atención en la operación de los procesos intermedios que se encuentran ubicados entre los factores determinantes y los efectos finales de las remesas. Finalmente, las teorías del tipo “migración- remesas” que son estudios de tipo “microeconómico” que hacen énfasis en los condicionamientos mutuos que existen entre esos dos procesos.

Los estudios del tipo “costo- beneficio” son sin dudas los que han tenido una mayor difusión. Su preocupación central ha sido la de determinar cuál es el balance macroeconómico general de las remesas en una sociedad dada. Las dos preguntas centrales que han tratado responder esos estudios han sido:

-¿pueden ser canalizadas las remesas hacia la inversión productiva o por el contrario, dada su dispersión, terminan éstas estimulando las importaciones y la inflación?

-¿puede conducir la utilización que se dé a las remesas a procesos de retroalimentación (feedback) en el terreno de las divisas que a su vez exacerben los procesos de balanza de pagos y que incrementen la dependencia de un país respecto al país desde dónde se envían las remesas?

Los beneficios y los costos de las remesas identificados con mayor frecuencia en la literatura serían los siguientes 26:

Argumentos “a favor” que destacan los beneficios de las remesas:

1.- Alivian las restricciones de divisas y contribuyen a mejorar la posición de la balanza de pagos.

2.- Permiten la importación de bienes de capital y de materias primas para el desarrollo industrial.

3.- Son una fuente potencial de ahorro y por tanto de inversión para la formación de capital para el desarrollo.

4.- Moderan los efectos del posible incremento de los precios del petróleo y otros insumos.

5.- Representan adiciones netas de recursos.

6.- Incrementan el nivel de vida de las personas que las reciben.

7.- Mejoran la distribución del ingreso de un país si los que emigran son los más pobres o los menos calificados.

Argumentos “en contra” que destacan los costos de las remesas:

1.- Las remesas son impredecibles.

2.- Se utilizan básicamente en bienes de consumo, lo que provoca inflación y tiende a elevar el nivel de los salarios.

3.- Generan poca o ninguna inversión en actividades de incremento del capital.

4.- El elevado componente importado de la estructura de la demanda que ellas generan incrementan la dependencia de las importaciones y tiende a exacerbar problemas de la balanza de pagos.

5.- Reemplazan otras fuentes posibles de ingresos incrementando la dependencia respecto a ellas y erosionando los “buenos hábitos de trabajo”. Por otra parte, acentúan los efectos negativos que pudieran darse en caso de que se produjera una reversión del flujo migratorio (p.ej. el regreso masivo de emigrados).

6.- Se emplean en inversiones de tipo “improductiva” o “personal” (p.ej. viviendas)

7.- Provocan envidia y resentimiento e inducen a patrones consumistas entre los no emigrantes.

Como cabría esperar, la mayoría de estos estudios tienen implicaciones directas para las políticas. Generalmente el diseño de éstas toman como referente el planteamiento previo de un esquema de tipo “costos- beneficios”.

Las teorías pertenecientes a la segunda categoría mencionada, es decir la del “sistema de remesas” (remittancesystem) parten de considerar que el enfoque de “costo- beneficio” es limitado porque no facilita una comprensión adecuada de cómo funciona integralmente el sistema de remesas. Según esa crítica, es necesaria una investigación “dentro” de ese sistema que haga énfasis en la acción de los mecanismos “intermedios” que son claves para la comprensión del proceso.

El aparato conceptual diseñado para ese tipo de análisis parte de considerar que entre los factores potenciales “determinantes” de las remesas 27 y las consecuencias de largo plazo de éstas pueden identificarse cinco “efectos intermedios” que son esenciales: formación de un fondo “disponible” de remesas, decisión de hacer o de no hacer la remesa, forma de hacer la remesa, cantidad a remitir, y usos posibles de la remesa.28

El modelo de decisión resultante de la identificación de esas variables destaca el hecho de que cuatro de los cinco efectos “intermedios” son decididos por los emigrantes, de ahí el papel clave de las decisiones de éstos en el proceso. La implicación de esta perspectiva teórica para las políticas es muy clara: el papel de los gobiernos está limitado en gran medida a tratar de influir indirectamente sobre esa decisiones. Cualquier intento de un gobierno por actuar sobre el flujo y la utilización de las remesas debe partir de la identificación clara de cuáles son las variables de decisión que deben ser manipuladas y ésto sería el resultado de la aplicación del modelo a la situación concreta de un país en un momento determinado.29

Un punto que ha recibido una atención particular en el marco de esos estudios es la cuestión de la llamada “economía oculta”, un fenómeno asociado a las remesas y que se deriva de la multiplicidad e importancia de los mecanismos informales que se utilizan para canalizar las remesas. En este caso, el término se utiliza estrictamente para identificar la estructura económica surgida de los flujos de capital inter fronteras generados por la migración laboral.30

La “economía oculta” se relaciona más directamente con las formas de remisión pero también se vincula a otros dos “factores intermedios”: la decisión de remitir y el monto de la remisión. Es por tanto un fenómeno bastante abarcador y sus efectos también se producen a varios niveles. Por una parte, contribuye al enmascaramiento del proceso de remesas, dificultando en extremo la apreciación del fenómeno y estableciendo así importantes limitaciones a la efectividad de las políticas. Por otra parte, el predominio de mecanismos informales para circular las remesas priva a los gobiernos de las posibilidades de acceso directo a esos fondos y los conduce a la adopción de políticas “alternativas” para acceder a esos fondos que pueden ser problemáticas en otras áreas. Finalmente, cuando las remesas son grandes y los canales informales son los predominantes pueden existir apreciaciones incorrectas de los parámetros macroeconómicos. Una de las áreas más afectadas es la política monetaria en la medida en que dificulta el control de la oferta monetaria, haciendo muchas veces que la política monetaria sea poco efectiva.31

El predominio de canales informales para la circulación de las remesas en economías donde el peso relativo de éstas es grande desata procesos de interacción económica muy complejos. Hay interacciones a cierto nivel entre esos mecanismos y la economía formal pero sobre todo tiende a estructurarse una economía informal que puede tener un peso importante en la economía del país. De hecho, el fenómeno puede tener implicaciones políticas en la medida en que pudiera llegar a operar alguna “estructura de poder” en la “economía oculta”. Otra dimensión del problema que en ciertos casos puede ser muy relevante es qué tipo de productividad tiene más importancia para el país, ¿ la productividad de los trabajadores emigrados o la de los que permanecen en el país? 32

En el caso de la tercera categoría de teorías, es decir las del tipo “migración- remesas”, solamente nos limitaremos a apuntar algunos de sus aspectos más generales porque en realidad el mayor desarrollo de esas teorías ha tenido lugar en el contexto de los estudios específicos sobre las remesas en islas pequeñas, que serán examinados más adelante en este mismo epígrafe.

La teorías “migración- remesas” tienen puntos de coincidencia con las otras dos categorías anteriormente presentadas, sobre todo con las teorías de “sistema de remesas”, pero han tratado de ir más allá de la presentación de modelos macroeconómicos y de los modelos de toma de decisiones. El objetivo central ha sido diseñar diferentes modelos “microeconómicos” que expliquen las remesas de manera integral a nivel de lo que consideran como la unidad económica decisiva en la determinación de éstas: la familia.

En la literatura revisada pueden ser identificados como los principales modelos los siguientes: a) modelo de información asimétrica, b) modelo de privación relativa, c) modelo de altruismo atemperado, d) modelo de acuerdo implícito de co-seguro familiar, y c) modelo de acuerdo implícito de préstamo familiar.33

En particular parecen relevantes, por su utilización relativamente más extendida, los dos últimos modelos mencionados, los cuales tienen como característica común que perciben la migración como una estrategia familiar. Bajo ese supuesto, la familia –pieza clave en esos modelos microeconómicos– actúa como entidad colectiva que trata de maximizar la utilidad a través del tiempo. En realidad, los modelos no son mutuamente excluyentes y de hecho se considera que diferentes modelos pueden explicar distintas partes de las remesas. Ésto ha conducido a la generalización de los llamados modelos “eclécticos”, que en realidad son combinaciones de los modelos antes mencionados, especialmente de tres de ellos. Se considera que por lo general los tres elementos más importantes en las remesas son los componentes de préstamo y de co-seguro familiar, y el “altruismo”. 34

Sin embargo, el diferente peso relativo de esos elementos puede tener implicaciones significativas en las consecuencias de las remesas, de ahí la importancia de identificar con la mayor precisión posible el tipo de modelo que sería más relevante para explicar el proceso de remesas en un país específico.

El modelo que más atención ha recibido últimamente ha sido el del “acuerdo implícito de préstamo familiar”. Ese modelo asume como premisa que existe un mercado financiero informal al interior de aquellas familias que tienen miembros que emigran. En el contexto de ese mercado las remesas representan la forma bajo la que aparecen tanto los préstamos como el servicio de éstos a través del tiempo. La hipótesis que se asume es que existen tres “oleadas” que definen un patrón estable del flujo de las remesas en el largo plazo. La primera “oleada” estaría compuesta por el “servicio” que hacen los emigrantes de lo que consideran como un “préstamo” que recibieron antes por parte de sus familiares que quedaron en el país de origen. Ese “préstamo” sería el que habría hecho posible obtener la educación y las habilidades que les habrían permitido insertarse en el sector “moderno”. La segunda “oleada” consistiría en un préstamo implícito que los emigrantes hacen a sus familiares en el país de origen, sobre todo para financiar la educación de niños y jóvenes, y crear condiciones para que estos puedan emigrar en el futuro. La tercera “oleada” estaría formada por dos tipos distintos de flujos. El primero, consistiría en el “servicio” que harían los emigrados más recientes (los que antes eran niños y jóvenes) de los “préstamos” recibidos en la segunda “oleada”. Ese “servicio” sería enviado al país de origen porque los que una vez fueron “emigrantes- prestamistas” habrían vuelto a su país de origen para retirarse. El segundo componente de la tercera “oleada” en rigor no estaría relacionado con la lógica de los préstamos sino que estaría formado por los fondos que remesan los emigrantes que desean crear condiciones para un próximo retiro en su país de origen (p.ej. pueden enviar dinero para comprar o para fabricar una casa). 35

El énfasis en el uso de las remesas para la educación es un aspecto central del modelo y no se limita al hecho de que ésta es esencial para garantizar la inserción del futuro emigrante en el “sector” moderno. Es también un aspecto importante para explicar la lógica de “préstamos- servicios” del modelo. En un país subdesarrollado el trabajo infantil es un componente de la economía de subsistencia. La educación exige privar a la economía familiar de ese factor y asumir gastos adicionales en la medida en que para recibir una educación secundaria casi siempre el joven debe ser enviado a una ciudad. La educación representa por tanto no solo una inversión grande y riesgosa sino que también reduce el consumo percápita de la familia durante ese período. La lógica es que esto se hace solamente en el entendido de que en el futuro el joven emigrante permitirá un mayor nivel de consumo de la familia. La familia habría extendido al joven, mediante una especie de contrato informal, un préstamo que luego debe ser pagado con intereses (primera “oleada” de remesas). En un segundo momento, cuando ya existe un emigrante en la familia, la educación de los jóvenes sería financiada también con remesas (segunda “oleada”) de manera que la situación familiar no sería tan precaria como la primera vez. 36

Una característica importante de ese modelo –que lo diferencia del llamado modelo de “acuerdo implícito de co-seguro familiar”– es que asume que las remesas son utilizadas fundamentalmente en el consumo. Éste es precisamente uno de los atractivos del modelo en la medida en que refleja una evidencia empírica bastante extendida entre los países receptores de remesas.

Este punto necesita ser bien entendido porque aunque el componente de “préstamo” del modelo se emplea en la “inversión” en el desarrollo de capital humano, es decir en la educación de los niños y de los jóvenes, en rigor ese es un tipo de “inversión” que se materializa fundamentalmente en gastos en bienes de consumo y servicios. Por esa razón, este modelo asume que las remesas se emplean en el consumo.

El predominio del consumo como destino real observado de las remesas ha sido por tanto uno de los factores que ha limitado la utilización del modelo del acuerdo implícito de co-seguro familiar, aunque éste conserva su validez para explicar otros componentes de las remesas, que en algunos casos concretos pudieran ser los predominantes. Ese modelo descansa en el concepto de “dispersión del riesgo” y asume que las remesas deben ser invertidas.37

En ese modelo se considera que al interior de una familia con emigrantes se han establecido contratos informales e implícitos que establecen que en un momento inicial la familia actúa como “asegurador” en la medida en que se hace cargo de la educación del futuro emigrante e inclusive puede asumir el costo inicial del establecimiento del emigrante hasta que éste encuentre un trabajo estable en el sector “moderno”. En un segundo momento es el emigrante el que se convierte en “asegurador” enviando remesas a la familia, permitiendo asegurarle a ésta un determinado nivel estable de ingresos que la estimula a hacer inversiones riesgosas, que en otras condiciones no haría, en el sector “tradicional” del país de origen. En una tercera etapa el emigrante podría convertirse de nuevo en el receptor del seguro ya que recibiría remesas de los jóvenes de la familia, ahora emigrados, a los que una vez ayudó y también pudiera haberse beneficiado con la herencia de activos de la familia. El modelo asume que el “contrato” es respetado porque por sus propias características es capaz de crear fuertes incentivos para que todas las partes interesadas lo cumplan. Por una parte, gracias al componente de “lealtad familiar” es una variante menos costosa que cualquier otra alternativa de seguro. En segundo lugar, las partes que reciben y las que envían se alternan en el tiempo, creando un patrón de dependencia mutua.38

Hemos apuntado antes que estos dos modelos microeconómicos consideran que la familia actúa como un actor económico racional. En particular, asumen que existe una estrategia familiar de tipo “transnacional”. 39 Sobre esto volveremos más adelante, pero por el momento deben quedar claros tres aspectos de este supuesto, que en la literatura revisada es considerado como muy importante porque se considera que el supuesto alternativo de “utilidad máxima individual” no puede explicar adecuadamente el proceso de remesas.

Primero, se asume que la búsqueda del nivel máximo posible de utilidad por parte de la familia no se limita a los elementos materiales sino que también incluye los llamados aspectos de “calidad del nivel de vida” que los miembros de la familia solamente pueden obtener en su país de origen en la medida en que esos aspectos dependen de un “entorno socio-cultural tradicional”.40

Segundo, y derivado de lo anterior, se considera que el nivel de utilidad máxima para la familia como grupo depende del establecimiento de una combinación óptima de las capacidades individuales de cada miembro del grupo familiar, lo que a su vez depende de la existencia de niveles de especialización que puedan ser aprovechados de la manera más productiva posible en cada sector. Así, por ejemplo, los miembros de mayor calificación deben emigrar u ocupar empleos bien remunerados en el país de origen, mientras que los menos productivos (niños, jóvenes, ancianos y los de menos calificación) deben permanecer en la economía tradicional, subsidiados por las remesas a cambio de garantizar aspectos de la “calidad del nivel de vida del grupo” y de garantizar la reproducción social del colectivo (educación y cuidado de los niños y los jóvenes, y atención de los ancianos).41

Finalmente, se asume que opera a nivel de familia la lógica del modelo de “ingreso permanente” de la teoría macroeconómica del consumo. Es decir, se considera que los niveles actuales de consumo y de inversión no dependen tanto de los ingresos del período actual sino de las perspectivas de riqueza material de largo plazo de la entidad consumidora (en este caso la familia). Por esa razón, se plantea que las remesas deben ser apreciadas en un contexto más amplio en el que lo importante no es el nivel actual de sus flujos sino el papel que puedan desempeñar estos en el incremento de la riqueza familiar en el largo plazo.42

Como ya se mencionó antes, el peso relativo de los modelos particulares es importante en la conformación de los llamados “modelos eclécticos” que tratan de explicar las remesas a partir de argumentos diferenciados para sus distintos componentes. El distinto peso de los modelos no solamente tiene efectos explicativos sino también sobre las políticas que pudieran adoptarse. Cabe recordar que todos estos modelos tienen un componente directo de diseño de políticas en la medida en que proporcionan un medio para maximizar el flujo y el efecto de las remesas.

Este punto de la importancia del peso relativo de los distintos modelos puede ser apreciado mejor a partir de las siguientes consideraciones. Si predomina el aspecto de “acuerdo informal de préstamo familiar” entonces la remesa no sería utilizada para inversiones, se establecería un patrón de remesas a largo plazo con una tendencia estable, y la magnitud de las remesas dependerían de la magnitud del “préstamo” recibido. Por otra parte, si lo que predomina es el aspecto de “acuerdo informal de co-seguro familiar” se observaría a través del tiempo una fuerte correlación negativa entre la remesa y el ingreso del grupo familiar que no emigró (las remesas aumentan cuando empeora la situación económica de los no emigrados, y viceversa). Las remesas se utilizarían fundamentalmente para la inversión pero existiría el problema de que las remesas tendrían un comportamiento más variable en el largo plazo y serían menos predecibles. El elemento de altruísmo es por lo general complementario en los marcos de un modelo ecléctico y se utiliza por lo general para explicar algunos casos particulares, p.ej. por qué a veces las remesas no guardan necesariamente una correlación negativa con el ingreso del grupo no emigrado, es decir, en ocasiones las remesas no disminuyen a pesar de que la situación de los no emigrados no empeora e inclusive mejora.43

La identificación de estos aspectos teóricos generales sobre las remesas contribuyen a la mejor comprensión del aparato conceptual desarrollado para explicar el proceso en las islas pequeñas, que como ya hemos adelantado nos parece particularmente relevantes para el caso de Cuba. Vale recordar que antes de entrar directamente a la consideración de las remesas en esas economías se hará una referencia a la teoría que estudia las características económicas generales de esos países.

LOS PAÍSES PEQUEÑOS: APERTURA EXTERNA, RENTAS Y MODELOS DE DESARROLLO

Existen numerosos estudios que afirman que la mayoría de los modelos convencionales de desarrollo e inclusive algunos más recientes pertenecientes a la línea del “desarrollo sostenible” no son aplicables a los países pequeños, en particular en el caso de las islas pequeñas.

Se considera que en esencia los modelos convencionales de desarrollo reflejan procesos históricamente ocurridos en Europa y se corresponden fundamentalmente con el desarrollo de economías “cerradas”. Las modificaciones introducidas con en el tiempo en esos modelos para hacerlos más flexibles han consistido básicamente en la adición de características de economías abiertas tales como el comercio, los flujos de capital, la emigración y la influencia de los precios internacionales, pero se plantea que en esencia continúan siendo modelos de economías “cerradas” y por tanto no pueden reflejar las realidades de pequeñas economías abiertas. Es más, se afirma que en el caso de los países pequeños los modelos de desarrollo deberían indicar cómo capitalizar las ventajas de apertura extrema de esos países, algo que no puede ser reflejado por los modelos convencionales.44

Con independencia de que el propio concepto de desarrollo “sostenible” es objeto de debate45, existen estudios que consideran que estos modelos tampoco son aplicables a los países pequeños. En el contexto de este trabajo adoptaremos convencionalmente la noción de que es “sostenible” el desarrollo cuando una economía es capaz de generar internamente a través del tiempo los requerimientos productivos necesarios para su reproducción ampliada46. Se plantea que esos modelos son pesimistas respecto a las posibilidades de las pequeñas economías en cuanto a poder seguir un camino de desarrollo “sostenible” similar al de países mayores precisamente porque consideran que ese tipo de desarrollo solamente es posible cuando se apoya en la actividad productiva dentro de fronteras determinadas. En esa lógica, las limitaciones físicas de la mayoría de las economías pequeñas no haría posible alcanzar el grado de utilización de recursos que permitiría elevar el producto económico interno a los niveles característicos de los países desarrollados.

Los críticos de la aplicación de ese modelo a las economías pequeñas consideran un hecho paradójico que la alternativa que como resultado de esa valoración se les recomiende a esos países sea la de la “autosuficiencia” (self-reliance), es decir, adoptar un paradigma de desarrollo que en la práctica equivaldría a renunciar a la aspiración de alcanzar los niveles de “bienestar” de las naciones desarrolladas. Debe quedar claro que en este caso no se trataría solamente de renunciar a los componentes superfluos del nivel de vida de los países desarrollados sino inclusive a aspectos necesarios. La crítica que se le hace a la “autosuficiencia” incluye dos dimensiones, primero, que de aplicarse resultaría insostenible desde el punto de vista ambiental, social y cultural. Segundo, que el análisis de las posibilidades de “sustentabilidad” de esas economías no debe hacerse solamente a partir de variables físicas y ecológicas ni puede estar limitado a la noción del espacio nacional.

Los que proponen un modelo alternativo de desarrollo (no “autosuficiente”) para las economías pequeñas, en particular para las islas, consideran que en el caso particular de esos países la “autosuficiencia” no es necesaria para alcanzar un desarrollo “sostenible”. Plantean que éste es posible en la medida en que los habitantes de esos países, no importa donde residan, sean capaces de mantener ingresos y rentas que les permitan un nivel de vida adecuado, al mismo tiempo que sean capaces de preservar y de fortalecer su identidad colectiva y el entorno natural del país. Consideran que existen “caminos viables hacia la modernidad y el bienestar que no descansan en una repetición de los modelos de acumulación originaria e industrialización de los países europeos”.47

En esa lógica serían las variables de tipo político y social las decisivas, no las físicas o ambientales. Señalan que la confusión respecto al peso de esas variables hace irrelevantes las conclusiones de muchos estudios acerca de la “fragilidad” económica y social de muchos países pequeños, en particular de las islas, que en realidad tienen una situación mucho mejor de lo que cabría esperar a la luz de las teorías convencionales.

En realidad, el problema del desarrollo en países pequeños, en particular de las islas, debe ser analizado desde modelos específicamente diseñados para sus características. De otra manera no podrían comprenderse algunas de sus particularidades. Es cierto que existen diferencias notables entre los propios países que integran esta categoría. Muchos de estos países son importantes destinos turísticos, algunos son ricos en recursos minerales y unos pocos son exportadores de productos industriales y de servicios, incluyendo en esta última categoría las llamadas “ciudades mundiales” como Singapur.

Sin embargo, muchos países pequeños se caracterizan por tener economías apoyadas en factores distintos a los antes mencionados, dándose el caso en algunos de ellos de que a pesar de no tener un potencial productivo o de servicios, sus niveles de vida son superiores a los de la mayoría de los países subdesarrollados. El análisis de ese grupo de países ha concentrado la atención de diversos estudios que han producido algunos de los modelos más interesantes y conocidos, como el llamado modelo MIRAB que abordaremos más adelante. La literatura académica ha catalogado a esos países como países “rentistas”, un fenómeno que se observa de manera muy marcada en islas y territorios del Pacífico y del Caribe.

Se trata de islas en las que el peso de las rentas externas, fundamentalmente remesas de los emigrados y la ayuda de otros gobiernos, tienen un peso decisivo en la economía y permiten la existencia de niveles de ingreso disponible superiores a los que pudiera garantizar la actividad económica propiamente dicha del país. En algunos caso, la ayuda exterior es mayor que el producto interno bruto del país.48

Existen diferencias entre las propias economías “rentistas” pero en general son identificables algunas características comunes, además de la ya antes mencionada acerca del peso relativo de las “rentas” externas. Esas características serían las siguientes:

-una proporción relativamente alta de la fuerza de trabajo se encuentra empleada en el exterior sobre una base permanente o temporal.49

-el sector estatal es por lo general el mayor empleador de trabajadores asalariados que residen en las islas.50

-la condición de “rentistas” de esos países ha determinado la configuración de la estructura económica y de la existencia en ellos de niveles de bienestar relativamente amplios. Esa es la relación de causalidad que debe asumirse en esas economías. En ese sentido, la existencia de déficits comerciales y presupuestarios no deben ser entendidos de manera convencional como brechas (gaps) de ahorros y de divisas. Los déficits observados son en realidad consecuencias ex post del hecho de que esas economías no se sustentan en ingresos derivados de factores productivos sino en rentas externas. Es decir, los déficits han surgido precisamente porque ha existido la posibilidad de financiarlos de manera sostenida con recursos externos. 51

-la ayuda externa actúa de una manera muy particular, es decir, su impacto mayor no es en la inversión sino directamente sobre el fondo de ingresos disponibles para el consumo de la población. Una parte sustancial de la ayuda se utiliza para financiar empleos en el sector estatal.52

-el concepto de ayuda “merecida” es más adecuado que el de ayuda “dependiente” para explicar la naturaleza de ese componente de las rentas externas. La razón sería que esos países “son partes de contratos implícitos con países mayores mediante los cuales los países pequeños entregan beneficios reales a cambio de flujos de ayuda y de facilidades migratorias para su fuerza de trabajo”53 El punto central es que esas islas tienen un “valor”, que puede ser de diferente naturaleza, y por el cual los países mayores han estado dispuestos o interesados en esos arreglos. En ocasiones, el “valor” de las islas ha sido un resultado de compromisos contraídos durante el proceso de descolonización, en otros casos se trata del llamado “valor de existencia”, es decir del papel estratégico o geopolítico de algunos de esos países, e inclusive en ocasiones se deriva de razones turístico- ecológicas.54

-desde la perspectiva anterior, existen estudios que consideran simplista la consideración de que esos son países “que viven más allá de sus medios”, en la medida en que en el caso de esas islas “sus medios” no se limitan a la dotación de factores productivos sino que también incluyen sus diferentes formas de “valor” como país. Sus niveles de vida se explicarían por esa circunstancia y no por simple generosidad o limosna externa.55

Como consecuencia de las características antes apuntadas resulta entonces explicable por qué en los estudios sobre estas economías se le adjudica al término “dependencia” una connotación positiva que no puede encontrarse en el resto de los estudios sobre el desarrollo. Las causas de ésto se hallan profundamente enraizadas en la historia reciente de esos países y también encuentran un importante referente en el presente y en las expectativas para el futuro. Para estos países, la dependencia ha estado asociada en general a niveles de vida crecientes e inclusive ha sido compatible con la preservación de la cultura y de la identidad nacional, algo que ha sido muy diferente para otros países subdesarrollados. Lo que es más importante aún, existe una percepción muy fuerte en esos países de que la clave para su bienestar futuro radica fundamentalmente en el manejo inteligente de esa dependencia, noción a la que inclusive le han denominado “dependencia y desarrollo negociado con dignidad”.56

Éste, por supuesto, es un tema polémico. Otros autores que también han estudiado las economías de estos países han arribado a conclusiones muy diferentes. El planteamiento fundamental que hacen es que la sostenibilidad de la estructura económica y social de esos países –gracias a la existencia de mecanismos como las migraciones, las remesas y la ayuda externa no se limita a ser un ajuste local a fuerzas externas sino que representa un obstáculo a los cambios estructurales necesarios en esos países. Se argumenta que la preservación del sector “tradicional” contribuye a mantener un patrón de desarrollo polarizado en detrimento de esos países.57

Es cierto que algunas de las características antes mencionadas, y sobre todo la noción muy particular de dependencia que existe en esos países, no existen hoy ni serían reproducibles en el futuro para otras naciones. También es cierto que las nociones alternativas de desarrollo propuestas por algunos de esos análisis son polémicas. No obstante, como ya mencionamos antes, los estudios sobre economías pequeñas pueden ofrecer claves útiles para el análisis de otros países. La razón para ello no solamente radicaría en la existencia de características comunes (economías abiertas, alto peso de las remesas, porciento relativamente alto de la fuerza laboral emigrada y elevada participación del sector estatal en el empleo) sino también en que esos estudios contribuyen a ampliar las miras del análisis, estimulan a búsquedas que rebasan las propuestas convencionales de estudios sobre el desarrollo. El énfasis que hacen en percibir la apertura no como una debilidad, sino como un “activo” que debe ser aprovechado, resulta particularmente atractivo para el análisis de otros países.

(Continuará)

NOTAS

1El término ‘modernización’ ha estado sujeto a un despiadado abuso verbal en Cuba. Usualmente se evoca en el contexto de referencias acerca de la adaptación del país a las nuevas condiciones de inserción internacional definidas a partir de la desaparición del bloque socialista a inicios de los noventa.

2 Existen trabajos no publicados sobre el tema realizados por diversas instituciones académicas y administrativas del país. La restringida difusión de esos estudios ha limitado el conocimiento del fenómeno.

3 El hecho de que la mayor parte de las remesas arriben a Cuba por vías no controladas ha hecho de la estimación del volumen de éstas un ejercicio altamente controvertido. En algunos casos las estimaciones se hacen por el lado del “destino” de las remesas (p.ej. Banco Nacional de Cuba, Informe Económico 1996, La Habana), mientras que otros estimados se basan en estudios de las “fuentes” (ver Díaz- Briquets, Sergio, “EmigrantRemittances in the Cuban Economy: TheirSignificanceDuring and Afterthe Castro Regime”, Cuba in Transition. Volume 4, Association for the Study of the Cuban Economy, Washington DC, 1994). En otros casos no queda claro en que se basaron las estimaciones (CEPAL, La Economía Cubana. Reformas Estructurales y desempeño en los noventa, Ciudad de México, 1997).

4 Oficina Nacional de Estadísticas, Cuba en Cifras. 1998, La Habana, 1999.

5 Cfr. Cuba en cifras. 1998. Oficina Nacional de Estadísticas, La Habana, 1998. Se asume un monto de remesas de 500 USD.

6 En rigor, las “exportaciones en frontera” también incluyen las ventas de producciones nacionales para satisfacer las crecientes demandas del sector turístico.

7 Calzadilla, Iraida, “Cuando restar significa sumar”, Granma, 15 de junio de 1998.

8 La aparición de mercados en gran escala de los cuales vastos sectores de la población están excluidos como consumidores estables es un fenómeno que no se produjo durante el período de aproximadamente treinta años que median entre principios de la década del sesenta y los inicios de la década del noventa.

9 Rodríguez, Alina, “The Dollar Route”, Cuban Review, April 1998. Amsterdam, p 13.

10 Díaz- Briquets, Sergio, “Emigrant Remittances in the Cuban Economy: Their Significance During and After the Castro Regime”, Cuba in Transition. Volume 4, Association for the Study of the Cuban Economy, Washington DC, 1994; Díaz- Briquets, Sergio y Jorge Pérez López, “Refugee Remittances: Conceptual Issues and the Cuban and Nicaraguan Experiences,” International Migration Review 31:118 (Summer 1997); y Díaz- Briquets, Sergio y Jorge Pérez López, “The Determinants of Hispanic Remittances: An Exploration Using U.S. Census Data,” Hispanic Journal of Behavioral Sciences 20:3 (August 1998).

11 La clasificación de los países en determinadas categorías según su “escala” puede hacerse atendiendo a diferentes indicadores, siendo los más utilizados la cantidad de habitantes, la superficie del país, o el nivel de ingreso nacional. El más frecuentemente utilizado es el de la cantidad de habitantes. De acuerdo con ese criterio se considera que un país es “pequeño” cuando tiene menos de 10 millones de habitantes y “muy pequeño” cuando tiene menos de 5 millones. Sin embargo, la mayoría de las islas pequeñas incluidas en esos estudios pudieran constituir ellas mismas una categoría especial por lo mínimo de sus dimensiones tanto en población como en territorio. Streeten, Paul, “The Special Problems of Small Countries”, World Development, Vol. 21, No. 2, 1993.

12El estudio del tema de las remesas en un país como México ofrece pocas claves de interés para el análisis del caso de Cuba.

13Bohning,W. R.,”International migration and the international economic order”, Journal of International Affairs, Vol. 33, 1979, pp. 187-200.

14Kritz, M. M., C. B. Keely, y S. M. Tomasi (compiladores), Global Trends in Migration: Theory and Research on International Population Movements, Center for Migration Studies, Staten Island, New York, 1981.

15Sofer, Michael, “Uneven Regional Development and Internal Labor Migration in Fiji”, World Development, Vol.21, No. 2, 1993; y Soja, E. W., “The socio-spatial dialectic”, Annals of the Association of American Geographers”, Vol 70, 1989, pp. 207-225.

16Sofer, Michael, op. cit.

17Rigg, J., “Perspectives on migrant labouring and the village economy in developing countries: The Asian experience in a world context”, Progress in Human Geography, Vol. 12, 1988; Shrestha, N. R., “A structural perspective on labour migration in underdeveloped countries”, Progress in Human Geography, Vol. 12, 1988; y Du Toit, B. M., “People on the move; rural- urban migration with special reference to the Third World: Theoretical and empirical perspectives”, Human Organization, Vol. 49, 1990.

18 Sjaastad, L. A., “The costs and returns of human migration”, Journal of Political Economy, Vol 70, 1962; y Todaro, M. P., Internal Migration in Developing Countries, International Labor Organization, Ginebra, 1976.

19Myrdal, G., Economic Theory and Underdeveloped Regions, Ducksworth, Londres, 1957; y Friedmann, J., “A general theory of polarized development”, en N. Hansen (compilador) Growth Centers in Regional Economic Development, Free press, New York, 1973.

20 Wallerstein, I., The Origins of the Modern World System, Academic Press, New York, 1974.

21 Wallerstein, op. cit; y Meillassoux; C., “From reproduction to production: A Marxist approach to economic anthropology”. Economy and Society, Vol. 1, 1972.

22Meillassoux; C., “From reproduction to production: A Marxist approach to economic anthropology”. Economy and Society, Vol. 1, 1972.

23Sofer, Michael, op. cit.

24 Sofer, Michael, op. cit., y Meillassoux, C. op. cit.

25 Sofer, Michael, op. cit.

26 Tomados de un resumen presentado por Sharon Stanton Russell. Cfr. Russell, Sharon S., “Remittances from International Migration: A Review in Perspective”, World Development, Vol. 14, No. 6, 1986.

27La literatura revisada identifica 15 factores potenciales “determinantes” de las remesas: número de trabajadores emigrados, nivel de salarios, actividad económica en el país receptor de los emigrantes, actividad económica en el país de origen de los emigrantes, tasa de cambio, diferencias en las tasas de interés de los dos países, factores de riesgo político en el país de origen de los emigrantes, facilidades para la transferencia de fondos, proporción de mujeres entre los emigrantes, años de emigración transcurridos, nivel de ingreso familiar, posibilidades de empleo de otros miembros de la familia, estatus marital, nivel de educación y nivel ocupacional de los emigrados.

28Russell, Sharon, op. cit.

29Russell, Sharon, op. cit.

30 Pueden existir otras acepciones del concepto de “economía oculta”. Nótese que en la definición utilizada en este trabajo no equivale a “mercado negro”, también incluye procesos que son informales pero no ilegales.

31Choucri, Nazli., “The Hidden Economy: A New View of Remittances in the Arab World”, World Development, Vol. 14, No. 6, 1986.

32 Choucri, Nazli, op. cit.

33 Stark, O., The Migration of Labour, Basil Blackwell, Oxford, 1991.

34Poirine, Bernard, “A Theory of Remittances as an Implicit Family Loan Arrangement”, World Development, Vol. 25, No. 4, 1997.

35Ibidem.

36Poirine 97.

37Stark, O., op. cit.

38Ibidem.

39Poirine, Bernard, “Rent, Emigration and Unemployment in Small Islands: The MIRAB Model and the French Overseas Departments and Territories”, World Development, Vol. 22, No. 12, 1994.

40Poirine, Bernard, “Rent, Emigration and Unemployment in Small Islands: The MIRAB Model and the French Overseas Departments and Territories”, World Development, Vol. 22, No. 12, 1994.

41 Ibidem

42 Bertram, Geoffrey, “Sustainability.Aid, and Material Welfare in Small South Pacific Island Economies, 1900-90”, World Development, Vol. 21, No. 2, 1993.

43 Poirine, Bernard, “A Theory of Remittances as an Implicit Family Loan Arrangement”, World Development, Vol. 25, No. 4, 1997.

44 Bertram, Geoffrey, “Sustainability.Aid, and Material Welfare in Small South Pacific Island Economies, 1900-90”, World Development, Vol. 21, No. 2, 1993.

45 Verunadiscusiónsobreesteconcepto en Pearce D,. E. Barbier y A. Markandya, Sustainable Development:Economics and Environmmet in the Third World, Edward Elgar, Londres, 1990.

46 No desconocemos los problemas de la definición convencional adoptada en el sentido de que en ella no queda clara la relación entre crecimiento económico y sus posibles consecuencias sociales, culturales o ambientales, lo que sucede es que –sin entrar en una discusión en extenso sobre el asunto– hemos tratado de identificar el aspecto que nos ha parecido más relevante en el plano del debate sobre la “sostenibilidad” del desarrollo en los países pequeños, que es precisamente su incapacidad física para generar internamente los requerimientos de su reproducción ampliada. La sostenibilidad también se encuentra definida en la literatura especializada en otros planos, por ejemplo, el ecológico y en el terreno del mantenimiento y evolución de complejos sociales e institucionales.

47 Bertram, Geoffrey, “Sustainability, Aid, and Material Welfare in Small South Pacific Island Economies, 1900-90”, op. cit.

48 Porine, Bernard, “Rent, Emigration and Unemployment in Small Islands: The MIRAB Model and the French Overseas Departments and Territories”, World Development, Vo. 22, No. 12, 1994.

49 Sofer, Michael, “Uneven Regional Development and Internal Labor Migration in Fiji”, World Development, Vol.21, No. 2, 1993.

50 Ibidem.

51 Bertram, Geoffrey, “Sustainability, Aid, and Material Welfare in Samall South Pacific Island Economies, 1900-90”, op. cit.

52Ibidem.

53 Ibidem.

54 Ibidem

55 Ibidem.

56 Connell, J., “Sovereignty and survival: Island microstates in the Third World”, Monograph No.3, University of Sidney Department of Geography, 1988.

57 Autores como Bertram, Walters y Ogden sostienen la tesis del ajuste local a fuerzas externas, en tanto Sofer critica esa noción. Cfr. Bertram, G. y R.F. Walters, “The MIRAB economy in South Pacific Microstates”, Pacific Viewpoint, Vol. 26, No. 3, 1985; Ogden, M. R., “The paradox of Pacific development”, Development Policy Review, Vol. 4, No. 1, 1989; y Sofer, Michael, “Uneven Regional Development and Internal Labor Migration in Fiji”, World Development, Vol.21, No. 2, 1993.

Primera Quincena No. 3 Enero, 2000

MIGRACIONES Y REMESAS FAMILIARES: VEINTE HIPÓTESIS SOBRE EL CASO DE CUBA (II PARTE)
– Las remesas en las economías rentistas
– Emigración y remesas: veinte hipótesis sobre el caso cubano
– Notas
– Bibliografía

MIGRACIONES Y REMESAS FAMILIARES: VEINTE HIPÓTESIS SOBRE EL CASO DE CUBA (II PARTE)
– (Enf.,3/00)
Por: Dr. Pedro Monreal
Centro de Investigaciones de la Economía Internacional (CIEI)
Universidad de La Habana, Cuba

LAS REMESAS EN LAS ECONOMÍAS RENTISTAS

La teorización del fenómeno de las remesas en las economías rentistas ha integrado los estudios teóricos anteriormente apuntados en las áreas de la emigración, las remesas y los problemas del desarrollo de las islas pequeñas. Ha tomado en consideración, además, los diversos estudios empíricos que se han realizado sobre migraciones, rentas y remesas en esas economías. En particular se destacan los estudios realizados para islas y territorios del Pacífico.

En esa tradición se inscribe precisamente el que probablemente sea el más conocido de los modelos de interpretación del funcionamiento de muchas islas pequeñas del Pacífico y del Caribe, el llamado modelo MIRAB, cuyas siglas en inglés significan migración, remesas, ayuda y burocracia, pilares de esas economías. Aunque inicialmente fue concebido como paradigma explicativo de los llamados micro-estados del Pacífico, el modelo se convirtió en referente obligado en los estudios generales sobre las economías de islas pequeñas, aún en el caso en que estas fuesen mayores que los casos inicialmente incluidos en el modelo MIRAB original.1

Este modelo se apoya en cuatro supuestos básicos:2

– la economía está formada por cuatro sectores, tres “internos” y uno “externo”. Los sectores internos serían el sector tradicional (autoempleo), el sector público, y el sector empresarial nacional. El sector “externo” está ubicado en las economías desarrolladas hacia donde emigra la fuerza de trabajo
– el stock de capital y la tecnología se mantienen constantes
– la economía es muy abierta
– existe libre movilidad de la fuerza de trabajo entre todos los sectores, incluyendo la posibilidad de emigrar libremente

La principal predicción del mencionado modelo es que la emigración de fuerza de trabajo y de capital hacia el sector “moderno” de la economía, y por tanto el estancamiento del sector “tradicional”, son compatibles con un incremento del bienestar de la población siempre que el crecimiento de las rentas externas sea mayor que el incremento de la población. Cualquier incremento natural en la población total tendería a ser “exportado”. Cabe recordar que en las rentas externas se incluye, además de las remesas, la ayuda oficial, que en esas economías puede ser muy elevada.3

Posteriores refinamientos fueron introducidos al modelo MIRAB sobre todo para tratar de explicar algunos fenómenos que los supuestos iniciales no permitía explicar adecuadamente y también para poder integrar las teorías microeconómicas sobre “migración- rentas” expuestas en otra parte de este trabajo.4

Este modelo es como ya se ha dicho antes, y esto es importante retenerlo, un modelo explicativo del funcionamiento general de esas economías y no una teoría específica sobre las remesas. Sin embargo, debido al peso de las remesas en esas economías, el modelo MIRAB y otras variantes analíticas inspiradas en él facilitan la comprensión del papel de las remesas en un grado de detalle que no es posible encontrar en otros modelos económicos. Pudiéramos inclusive afirmar que ofrece claves para el estudio del fenómeno de las remesas en países que no se ajustan al modelo.

No nos concentraremos por tanto en una revisión de este modelo “puro” sino en la exposición de algunos de los aspectos conceptuales que respecto al tema específico de las remesas se derivan del modelo.

La emigración y las remesas que de ellas se derivan representan sólo una de las alternativas de “especialización” internacional de las islas pequeñas. Donde quiera que han existido “mejores” alternativas (turismo, recursos minerales, posición estratégica) que han permitido el empleo de la fuerza de trabajo con niveles de ingreso atractivos no se ha observado una emigración importante y en consecuencia las remesas no han tenido un peso elevado en la economía.5

La mayoría de las veces, sin embargo, esas alternativas no existen o no son significativas por lo que la emigración y las remesas constituyen elementos centrales de esas economías. La emigración en particular se convierte entonces en un mecanismo de relocalización de recursos, no al interior de la economía sino en lo que se ha denominado la “frontera de posibilidad productiva” del país, es decir, en el exterior.6

El alto peso de las remesas estaría indicando que esos países son exportadores de “fuerza de trabajo”, un área en la que tendrían “ventajas comparativas”. En el largo plazo esto conduciría a un desarrollo preferencial del “sector externo” (localizado en otro país) en detrimento de la “economía interna”. Se impondría lo que algunos especialistas han denominado un tipo de economía “suburbana” en la que la mayor parte de la actividad económica de la fuerza de trabajo se realizaría en un sector “moderno” que estaría en el exterior.7 El elevado papel de las remesas “subvertiría” las nociones más extendidas sobre el desarrollo. Sin embargo, con independencia de lo polémico de este asunto, habría que retener que en el caso de esos países las remesas (y otras rentas externas) financiarían los déficits comerciales y fiscales, lo que en algunos de estos países haría posible niveles de vida generales relativamente altos.

La aplicación de modelos macroeconómicos (como el modelo MIRAB) contribuye a explicar el funcionamiento de los sistemas socioeconómicos de las pequeñas islas, pero algunos importantes aspectos de esas economías ¬como las emigraciones y las remesas¬ requieren de análisis específicos apoyados en el desarrollo de modelos “microeconómicos”.8

En particular los modelos microeconómicos del tipo “migración- remesas” reseñados en otra parte de este trabajo son empleados para tratar de responder dos preguntas: ¿por qué la emigración puede ocurrir inclusive cuando no existe en las islas un exceso de fuerza de trabajo con salarios inferiores al ingreso promedio que obtendrían de emigrar?; ¿por qué los emigrantes envían remesas a sus familiares en las islas?. Los modelos microeconómicos más utilizados se apoyan ¬como ya se dijo antes¬ en la consideración de que existe una estrategia familiar que se mantiene a través del tiempo. En otras palabras, la señalada existencia de un comportamiento “racional” de la familia como unidad económica resulta clave en la explicación de las causas de las remesas, en la determinación del nivel de éstas, de su estabilidad en el largo plazo, de sus posibles usos y efectos, y de las políticas que serían más efectivas.

La aplicación de los modelos debe tomar además en consideración que en esos países, las remesas y sus posibles usos están fuertemente influidas por una “cultura” socioeconómica muy particular que algunos autores plantean que favorecería la existencia de una variedad de opciones económicas que no se observa en otros países. Se señala que la “gente de las islas” (islandpeople) se caracterizan por no detenerse ante las fronteras de lo “formal” y lo “informal” ni se limitan por consideraciones espaciales rígidas.9

Las remesas no se reducen a ser envíos de dinero. Sus formas no monetarias también pueden ser significativas, fundamentalmente en el caso de mercancías, servicios y pasajes. Una cuestión derivada de esto, pero de un orden diferente, es el hecho de que las transferencias en especie reducen la necesidad de importaciones convencionales, de producciones nacionales, o de ambas cosas. En ese sentido, ese tipo de transferencias debe ser considera a los efectos de la política económica. Sin embargo, la apreciación de sus efectos nunca es un proceso simple, incluye la integración de muchas variables y de consideraciones que rebasan el ámbito económico. Esas transferencias, no importa su forma específica, repercuten en el nivel de vida de las personas que las reciben.

En términos del futuro de muchas islas existen dos factores determinantes de las rentas externas que tienen un peso decisivo: la posibilidad de mantener el acceso a los mercados laborales de los países desarrollados y que los gobiernos de esos países conserven el interés y la voluntad política necesarias para garantizar los flujos de ayuda.10

Uno de los estudios más interesantes realizados sobre el tema concluyó que el modelo del “acuerdo informal de préstamo familiar” es el que mejor explica los flujos migratorios y de remesas internacionales en algunas islas.11 En esos países, las remesas tienen características que se ajustan en alto grado a ese modelo: se utilizan fundamentalmente en el consumo (o en la inversión en viviendas), son enviadas regularmente, y son sensibles a las tasas de interés del país receptor. El estudio no excluyó la posibilidad de que otros modelos como el de “acuerdo de co-seguro familiar” o el modelo “altruista” pudieran explicar parte de las remesas, pero no los consideró fundamentales. Una de las sugerencias más interesantes de ese estudio es que el modelo del “acuerdo de co-seguro familiar” explica mejor las remesas asociadas a las migraciones internas mientras que el modelo del “acuerdo informal de préstamo familiar” explica mejor las remesas asociadas a la emigración internacional legal.12

La hipótesis que se sugiere es que en el caso de las migraciones internas ¬en las que también se producen remesas del sector “moderno” al “tradicional”¬ el rendimiento esperado de la inversión en capital humano no es tan elevado respecto a la inversión en el sector tradicional (p.ej. la agricultura). En cambio, cuando se trata de una migración internacional el rendimiento esperado de la inversión en capital humano sí resulta mucho más alto que el rendimiento de la inversión en el sector tradicional. Por esa razón, cuando se observa en esos países un flujo de remesas que fundamentalmente es utilizado en la inversión de capital físico, lo más razonable es asumir que se trata de remesas que funcionan en una lógica de migración interna donde no existe un uso alternativo de mayor rendimiento para las remesas. Como se ha visto antes, en el caso en que predomina la inversión como destino final de las remesas el modelo más adecuado para explicarlas sería el de “acuerdo de co-seguro familiar”.13

Dado el peso adjudicado al modelo de “acuerdo informal de préstamo familiar” en la explicación de las remesas originadas en la emigración internacional conviene exponer varias características de interés de ese modelo14:

– el componente de “servicio” de la primera oleada es más importante que el componente de “préstamo” de la segunda. La explicación estaría en que mientras que el “préstamo” se generaría solamente en una parte de la población emigrada (los que remiten para la educación de niños y jóvenes), el “servicio” incluiría a la gran mayoría de los emigrantes.

– existencia de altos coeficientes de consumo en relación con el ingreso en los países con muy elevada emigración. Cuando se llega a la segunda generación de emigrantes el consumo y la inversión en vivienda son superiores al ingreso “interno”.

– para la segunda generación de emigrantes se observa una relación directa entre el nivel de remesas que hubieran recibido antes de emigrar y el nivel de ingresos que logran obtener después de emigrar. Esto se explica como el resultado de haber podido obtener una mejor educación.

– como promedio, los emigrantes registraron un ingreso mayor que el de los nacionales con igual nivel de educación del país hacia el cual emigraron.

– las familias del país receptor de remesas que tienen miembros emigrados tienen una alta propensión al consumo y una baja propensión al ahorro. Ese mayor nivel de consumo se apoyaría en las remesas, tanto en el componente de “servicio” como en el de “préstamo” (para la educación de los futuros emigrantes). Para las familias que no tienen emigrantes el modelo establece características de consumo diferenciadas en función de la presencia o no de futuros emigrantes. En familias sin emigración actual y sin futuros emigrantes (p.ej que no tengan niños) la propensión al consumo es menor que en las familias con emigración actual y futura, pero mayor que en las familias sin emigración actual y con posibilidades de emigración futura. Estas últimas serían las de menor consumo ya que no pueden obtener “préstamos” familiares para invertir en la educación de sus miembros más jóvenes. En ese modelo la actividad con mayores “rendimientos” es la “producción de futuros emigrantes”, actividad en la que todas las familias tratarían de “especializarse”.

– el nivel de consumo del país que recibe las remesas se reducirá si no son favorables las perspectivas económicas del país receptor de emigrantes o si se establecen restricciones legales a la emigración. Esto se produciría aún si se mantuviese igual el nivel del flujo de remesas. El modelo lo explica a partir de que ambos factores reducirían la tasa de rendimiento esperada de la inversión en capital humano y por tanto se reduciría el consumo, que en el modelo se deriva de las expectativas de ese rendimiento. Se plantea que ello pudiera conducir eventualmente a un incremento de la actividad económica en el sector tradicional y a una reducción en el flujo migratorio.

– la representación gráfica de las llamadas “funciones” de las remesas (su patrón de comportamiento en el largo plazo) ofrece también características interesantes. En el supuesto “puro” del modelo de que se trata de una emigración que al final regresa, la representación gráfica de la “función” de las remesas asume una especie de letra “M” que se ajusta a la noción de las tres oleadas. En cambio, si la emigración es permanente15, la representación gráfica de la “función” de las remesas se modifica, asumiendo la forma de una campana que expresa la existencia de un “pico” después del cual las remesas se reducen gradualmente en la medida en que las familias tienden a reunirse en el país donde se originan las remesas.

– existencia de una relación inversa entre el monto de la remesa y la duración de la estancia en el exterior. Los estudios empíricos utilizados en la aplicación del modelo muestran que como promedio los emigrantes por períodos cortos de tiempo (entre 1 y 7 años) tienden a enviar como remesas una proporción relativamente mayor de sus ingresos.

– la propensión a remitir guarda una relación directa con la tasa de rotación de la emigración, es decir, las remesas tenderán a incrementarse mientras mayor sea el porciento de la población emigrada que permanece en el exterior por períodos cortos y que es reemplazada por otros emigrantes.

– la propensión a remitir remesas más elevadas corresponde a la de los adultos jóvenes que han emigrado sin hijos y sin padres, y que tienen familias en el país receptor de remesas.

– las remesas tienden a decrecer cuando en el incremento en la población emigrada predomina u patrón de niños que van al exterior a reunirse con sus padres. Esto también repercute en una reducción de la tasa de rotación de la emigración, lo que a su vez reduce aún más los flujos de remesas.

– si en el patrón migratorio predominan los adultos que intentan regresar en algún momento, el flujo de las remesas aumentará con el incremento del número de emigrados. Si por el contrario, en la emigración predominan los adultos que tratan de buscar la reunificación en el país hacia el cual han emigrado, entonces en el largo plazo las remesas tenderán a decrecer aún con un incremento en la emigración total

– existe un nivel de emigración ¬expresado como porciento de la población total del país¬ que puede ser considerado como el óptimo de emigración (en términos de sus efectos en las remesas). Ese nivel puede variar para cada país, pero se señala que más allá de determinado porciento la emigración conduce a una especie de “ley de rendimiento decreciente” de las remesas.

El predominio de un proceso de remesas que se ajuste a un modelo de “acuerdo informal de préstamo familiar” pudiera tener implicaciones para la política de un país. Se supone que esos países estén interesados en maximizar el flujo de remesas para una escala dada de la población emigrada y también estarían interesados en mantener el flujo de manera estable y predecible. La literatura identifica las siguientes implicaciones del modelo como las más significativas para el diseño de políticas:16

– cualquier política que estimule la emigración temporal de corto plazo y que limite y desestimule la emigración de largo plazo o permanente conducirá a una mayor “propensión a remitir”.

– el retiro de los emigrantes en el país receptor de remesas estimula el flujo de éstas. En ese sentido, resultan importantes las políticas que facilitan la compra y herencia de activos por parte de esas personas, así como el establecimiento de acuerdos y mecanismos con otros países que permitan la recepción de las pensiones.

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.