Otra dosis de optimismo

El V Congreso del Partido Comunista de Cuba aseveró que la isla se encuentra inmersa en un proceso de recuperación irreversible.

Baldrich - IPS

El Congreso llegó al consenso de que era necesario redimensionar la industria azucarera.

Sin sorpresas ni avances en las reformas económicas, el recién finalizado V Congreso del Partido Comunista de Cuba -rector de la sociedad cubana, como lo consagra la Constitución-, reiteró su voluntad de reivindicar el predominio del sector estatal y de la empresa socialista.

Un llamado a convertir la  excepción en regla, en clara alusión a hacer realmente eficientes y competitivas el conjunto de tales entidades productivas y de servicios, hicieron los principales dirigentes partidistas locales.

La preocupación por el tema está centrado en dos aspectos estrechamente vinculados: por un lado, demostrar que la economía socialista es viable como concepto de sistema y, por el otro, que de ello depende la salida definitiva de la crisis económica que vive el país, destacan analistas.

Tras casi seis años de la anterior reunión partidista en que se delineó la denominada estrategia de supervivencia, tras la desaparición de los aliados del este europeo y el reforzamiento del bloqueo norteamericano, la cita del partido gobernante aseveró que la isla se encuentra inmersa en un proceso de recuperación irreversible.

Sin embargo, reconoce que tal dinámica de crecimiento estará determinada, en buena medida, por la solución del más grave problema económico del país: la falta de financiamientos externos.

El propio Carlos Lage, ejecutor principal de la política económica, dijo a los 1.500 delegados que hoy para adquirir un dólar en préstamo se requiere pagar 1,42.

El gobierno ha hecho ingentes gestiones para renegociar la deuda externa cercana ya a los 11.000 millones de dólares. Sin embargo, las presiones de Estados Unidos hacia los acreedores y nuevos socios, junto a la tendencia de los flujos financieros internacionales, no hacen previsible una mejoría de la situación a ojos vistas.

Ante esa situación, la resolución económica del V Congreso indica que para paliar tan grave problema, la pieza clave está en el esfuerzo interno y en la eficiencia con que se realice.

El ejemplo más dramático y elocuente de esa realidad se encuentra en la estratégica industria azucarera que en el último lustro ha perdido un estimado de 2.200 millones de dólares.

Justamente, la situación de este sector que cerró con una pobre cosecha calculada en 4,2 millones de toneladas de azúcar, cuando el país llegó a estabilizar producciones de más de 7 millones, fue objeto de un profundo análisis.

La imperiosa necesidad de un redimensionamiento de esa industria para hacerla verdaderamente eficiente, tuvo el consenso de la reunión.

Blanco de numerosas críticas fueron también los muy pobres resultados de las unidades básicas de producción cooperativas encargadas de cultivar la caña de azúcar. Problemas de índole organizativo interno de estas empresas que se expresan en la baja productividad y de los niveles demandados de caña fueron objeto de debate.

Otro tanto, ocurrió con la parte industrial y la necesidad de bajar los costos de la producción de la tonelada del dulce calculada ahora en cerca de 400 pesos como promedio nacional y que es preciso llevar a 270.

La importancia de la modernización de este sector y la producción de valores agregados como son los de generar energía eléctrica, alimento animal, alcoholes, entre otros derivados, se puso en evidencia.

Quizás el aspecto más controvertido del asunto fue el del inevitable cierre de fábricas de azúcar y sus traumáticas consecuencias políticas y sociales. Tan espinoso tema, al menos quedó resuelto en palabras, al decir que nadie quedaría desamparado.

Los problemas develados allí hace presumible una pronta sustitución del actual ministro de la industria azucarera, ingeniero Nelson Torres, quien, por lo pronto, dejó de ser miembro del Buró Político.

Aún con todas esas dificultades hubo un acento optimista al considerar que la recuperación cañera puede ser viable y sostenida a partir de la cosecha 1998-99, cuando se estima un incremento sistemático de las disponibilidades de materia prima.

Aunque el crecimiento del producto interno bruto (PIB) de este año sólo alcanzará poco más del dos por ciento de un estimado inicial de hasta un cinco, las perspectivas auguran para los venideros niveles del orden de los 4 al 6 como promedio anual, según se afirma en la Resolución Económica presentada al encuentro.

Para lograr semejante propósito se privilegia el turismo que deberá generar ingresos brutos anuales estimados en más de 2.600 millones de dólares a partir del ingreso anual al país de dos millones de turistas. Esta industria marcará, para inicios del año 2000, a la economía cubana como de servicios.

A lo anterior se suman las exportaciones tradicionales como el azúcar, el níquel, el tabaco y la pesca, cada una con importantes incrementos en lo sucesivo.

Así, por ejemplo, indica el citado documento, la industria azucarera deberá recuperar sus niveles de siete millones de toneladas; la niquelífera, podría alcanzar producciones de 100.000 toneladas; el tabaco lograr los 200 millones de habanos para el mercado mundial, y la pesca aportaría ingresos estimados en 300 millones de dólares con el conjunto de sus exportaciones.

Especial tratamiento tuvo el tema de la energía por su decisiva incidencia en la economía y sus costos, junto al valor que entraña para la independencia económica de una nación.

La producción de crudos nacionales parece brindar un panorama halagüeño a mediano plazo, a juzgar por el interés mostrado por empresas extranjeras por la inversión de la modalidad de exploración a riesgo. Incluso, expertos auguran la posibilidad de que la isla pueda convertirse en exportadora.

En tal sentido el inicio de la explotación de cuatro nuevos pozos, entre ellos dos con el denominado petróleo ligero, dan una medida de esa perspectiva, amén del crecimiento sostenido que ha experimentado la extracción en los últimos años.

El ingeniero Marcos Portal, ministro de la Industria Básica (MINBAS), quien en este congreso ascendió al Buró Político, informó que se gestiona la instalación de una planta generadora de 100 megawatts en el occidente del país, a partir del gas natural acompañante del petróleo.

El titular del MINBAS se refirió al plan de modernización de las termoeléctricas de procedencia de la antigua URSS y Checoslovaquia, caracterizadas por su baja eficiencia y alto consumo de combustible, junto a la construcción de una unidad de 200 megawatts, en la planta de Felton, en la oriental provincia de Holguín, a unos mil kilómetros al este de La Habana.

Transcendió de la reunión que el titular de la Industria Básica se mostró muy optimista con la posibilidad de resolver el déficit actual de generación eléctrica en los venideros tres años, tiempo necesario en el que podrían llevarse a cabo tales inversiones.

Tales declaraciones, le hicieron pronunciar al primer secretario del Partido, Fidel Castro, un llamado a la cautela.

Sin embargo, la perspectiva petrolera, no parece restarle la debida prioridad al empleo de la energía renovable, en especial a la que atesora la industria azucarera con el bagazo de caña.

Como se expresó en dicho cónclave ese subproducto azucarero guarda reservas para generar, en tiempo de cosecha, no sólo la energía que consume la industria, sino también aportar hasta un 60 por ciento de la que produce al sistema electroenergético nacional.

La sustitución de viejas calderas por otras más eficientes y la introducción de nuevas tecnologías en este campo, la creación de reservas de bagazos para dedicar centrales azucareros a la generación eléctrica más allá del período de zafra e, incluso, la perspectiva de centrales eléctricas a partir de ese derivado de la caña, fueron abordados por los delegados y especialistas invitados a la reunión.

El V Congreso del dirigente Partido Comunista de Cuba también examinó la experiencia del sistema empresarial de las fuerzas armadas que tiene por base el denominado concepto de “traje a la medida”.

Esa forma de  administrar y hacer en una entidad productiva o de servicios socialista se afianza, según sus diseñadores, en que el dispositivo económico se adapte a las necesidades del plan económico previsto con los logros de costos y eficiencias que garanticen la rentabilidad.

Esta experiencia resulta crucial, toda vez que el socialismo cubano aún no ha encontrado una concepción de organización empresarial que responda a sus intereses y necesidades, salvo excepciones como ésta del cuerpo castrense que lleva madurándose un decenio.

La reunión partidista, si bien no se pronunció por un paso adelante en el trabajo por cuenta propia con la apertura de pequeñas y medianas empresas, no es menos cierto que en la Resolución Económica, y con cierta ambigüedad en su lenguaje, deja la puerta entreabierta a esa posibilidad.

El perfeccionamiento del sistema tributario, la continuidad de la política de saneamiento de las finanzas internas, la continuidad del proceso de modernización de la banca y del comercio exterior, también se hicieron explícitos en las intervenciones de delegados y dirigentes del gobierno.

Un marcado acento ideológico tuvieron los reiterados llamados a la lucha contra toda tendencia a la corrupción y a las desviaciones a que se exponen quienes laboran con empresas extranjeras capitalistas, contacto caracterizado una vez más como un mal inevitable en la coyuntura actual del país.

Para los analistas, el V Congreso cierra la etapa de la supervivencia y lanza la proyección de la recuperación bajo el alerta de desafíos externos como los que provoca la ley Helms-Burton y, a lo interno, la posibilidad de remontar el grave lastre de la ineficiencia.

El cubano medio que esperó escuchar un plazo definido para ver solventadas sus más apremiantes necesidades, recibió, a cambio, otra dosis de optimismo y la advertencia de que sin trabajar duro no hay progreso posible.

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