Papa, más alimento por superficie en menor tiempo

La cosecha de papa en Cuba ascendió a 195.432 toneladas, 37 por ciento por encima de la campaña anterior en 2008.

Jorge Luis Baños - IPS

A pesar de los altos costos de este cultivo para el país, la papa constituye una inversión que garantiza un alimento imprescindible para los cubanos y las cubanas.

La papa está considerada uno de los alimentos principales en el mundo. Por unidad de superficie, es el cultivo que produce más alimento, en menor tiempo y con menos tierra que cualquier otro. Constituye una fuente de energía para gran parte de la población pobre del mundo.

En la mayoría de los hogares cubanos, contar con esa vianda es una garantía en la cocina, aunque el clima de la isla caribeña condena el cultivo de la papa. El ardiente ambiente tropical es el reverso de lo que recaban esos tubérculos para desarrollarse a sus anchas, bajo la tierra fría.

Acostumbrada a sobreponerse al calor con un buen manejo del riego, en 2008 la cosecha ascendió a 195.432 toneladas, 37 por ciento por encima de la campaña anterior, cuando sólo se alcanzaron 142.100 toneladas y los rendimientos promediaron sólo 14 toneladas por hectárea.

La papa se siembra en Cuba entre octubre y finales de diciembre, para que el período de desarrollo de los tubérculos coincida con los meses de temperaturas más bajas. Sin embargo, las lluvias de esos meses de preparación de tierra atrasaron el acondicionamiento de los suelos y el depósito de las simientes con máquinas.

Félix Manso, responsable de este cultivo en el Ministerio de la Agricultura, indicó que 54 por ciento de las siembras se concentró entre el 20 de diciembre y principios de enero, debido fundamentalmente a las precipitaciones intermitentes que se presentaron al inicio de la campaña.

En el pasado febrero, las temperaturas mínimas nocturnas se mantuvieron por encima de los 21 grados Celsius, comportamiento que supera la media histórica para esa etapa del año. Este calor influye en la cantidad de tubérculos por planta y en su tamaño y peso.

La siembra cubrió poco más de 10.260 hectáreas en los territorios comprendidos entre Pinar del Río y Ciego de Ávila, incluyendo el municipio especial Isla de la Juventud. Para Manso, la experiencia y el dominio de la tecnología de los productores cubanos convierten en un milagro cosechar papa en una isla tropical tan ardiente. Para compensar el exceso de calor, el riego electrificado abarcó más de 95 por ciento del área cultivada.

A lo largo del día, cálido y con abundante sol, las plantas acumulan energía para parir tubérculos y engrosarlos durante el horario nocturno. Si en la noche las temperaturas no descienden a unos 17 grados, esa energía que la planta asimiló se la “traga” el calor. Como resultado, los rendimientos bajan.

Otro desafuero climático fueron las lluvias constantes desde el 20 de enero hasta el pasado 10 de abril, que sobrepasaron el promedio histórico para esta etapa. Dicen campesinos como Juan Gómez, de Alquízar, uno de los mejores productores del país, que a este cultivo no le asienta el agua que cae del cielo, sino la que viene con el riego a humedecer la tierra. Esas precipitaciones provocaron pudriciones y, en algunas zonas, se tuvo que acortar el ciclo del cultivo y extraer los tubérculos antes de concluir su completo desarrollo.

No obstante, el rendimiento promedio del país en este cultivo llegó a 19 toneladas por hectárea, cinco más que lo reportado en la cosecha de 2007, aunque menor que otros años, cuando el promedio rebasó las 20 toneladas.

La campaña del pasado año fue muy mala, no sólo por el clima y las enfermedades, sino porque algunos insumos llegaron tardíamente, algo que no sucedió ahora, pues todo llegó a tiempo, aseguró el especialista de la Agricultura. Siempre se presentan atrasos en el arribo de las semillas de 14 variedades comerciales, todas importadas desde Canadá y Europa.

La campaña de papa tiene un costo de casi 40.000.000 de dólares anuales. Sin embargo, constituye una inversión que garantiza un alimento imprescindible en la alimentación de los cubanos.

Según Manso, La Habana fue la provincia que mayor rendimiento alcanzó en todas sus formas de producción, con un promedio de 20,5 toneladas por hectárea. Sancti Spíritus fue la segunda en el escalón de ese indicador, con 18,4, seguida de Ciego de Ávila y Matanzas, ambas con 18.

La fuente señaló que Gómez, del municipio habanero de Alquízar, y Bárbaro Galbán, de Máximo Gómez, en Matanzas, fueron los mejores productores del país, al lograr 39 toneladas por hectárea. La Granja Novedades, del Ministerio del Interior, y la Cooperativa de Producción Agropecuaria Héroes de Yaguajay, ambas situadas en Alquízar, lograron rendimientos de 29,3 y 26 toneladas por hectárea, respectivamente.

Cuba ha disminuido la superficie de siembra de la papa, para sólo fomentarla en las provincias con temperaturas más aceptables para este cultivo. En la zona oriental, los rendimientos son muy bajos y no hay cultura ni infraestructura agrícola para atender con esmero esos sembrados, excepto en la provincia Granma.

Alternativas de preservación


La producción de la papa en Cuba necesita de nuevas alternativas para la conservación del tubérculo, además del empleo de frigoríficos.Para suerte de los que gustan de la papa, en los frigoríficos se almacenaron 98.758 toneladas, siete por ciento más que el año anterior. Esa cantidad posibilita asegurar la distribución del producto por la cuota normada en próximos meses.

En los momentos en que se recolecta papa en Cuba, muy pocas naciones disponen de ese producto en forma fresca. Antes del derrumbe del campo socialista de Europa del Este, se enviaban tubérculos de la isla hacia la antigua Unión Soviética y luego, en los meses de septiembre y octubre, venían por vía marítima los envíos desde esa lejana nación, aunque nunca tuvieron la calidad de los cultivados en el país caribeño.

Observadores consideran que Cuba tiene que resolver, con inversiones, la conservación de la papa, en una forma distinta a la actual, pues en ningún país se guardan los tubérculos en frío por tantos meses, debido a que sobrevienen pudriciones. Las tecnologías actuales tienden a deshidratar el producto o comercializarlo en varias formas industrializadas, como las patatas prefritas.

En algunas plantas de los ministerios de la Agricultura y de la Industria Alimenticia se envasan papas prefritas y fritas, pero sólo se comercializan en las tiendas recaudadoras de divisas, a precios que no están al alcance del cubano promedio. También se venden en el mercado paralelo, en moneda nacional, envases pequeños con papas fritas, que gustan mucho a los niños, pero también tienen elevados precios, de acuerdo con los ingresos promedio de las familias cubanas. Datos oficiales indican que, al cierre de 2007, el salario medio en la isla era de 408 pesos.

Por lo general, en el mundo las papas se consideran un producto voluminoso, perecedero y cuyo transporte es costoso, con poco potencial de exportación. Estas limitaciones no han obstaculizado el comercio, que se ha duplicado en volumen, y el valor casi se ha cuadruplicado desde mediados del decenio de 1980, según información de especialistas de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

El crecimiento del comercio se debe a la demanda internacional sin precedentes de productos elaborados, en particular de papas congeladas y deshidratadas. Hasta hoy, los países en desarrollo no se han beneficiado de este incremento comercial. Como grupo, se han convertido en los principales importadores netos de este alimento. El elevado costo del transporte, así como el de la refrigeración, son importantes obstáculos para ampliar el comercio internacional de este producto.

El representante en Cuba de la FAO, el brasileño Marcio Porto, resaltó que el cultivo de ese tubérculo es uno de los cinco que mayor respeto merecen en el mundo, junto al arroz, el trigo, el maíz y la yuca. Por esa razón, se designó 2008 como el Año Internacional de la Papa, para promocionar ese alimento como fuente barata de nutrición, rica en carbohidratos y alternativa a otros más caros.

Porto elogió la forma en que se desarrolla el cultivo de papas en Cuba, donde hay buenas variedades del fruto. Ese tubérculo se introdujo en época de la colonia española, hace más de 200 años, según estudios de especialistas de la isla.

Expandir su producción contribuye a reducir la falta de arroz y trigo, que son muy costosos en el mercado internacional y no siempre están disponibles para su importación. Actualmente, el comercio internacional de papas está valorado en unos 6.000 millones de dólares, y predominan los productos congelados y deshidratados.

Aumento en países en desarrollo


La producción mundial de papa superó los 320.700.000 toneladas en 2007, según reportes de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. Hasta inicios del decenio de 1990, casi la totalidad de la papa se producía y consumía en Europa, América del Norte y en los países de la antigua Unión Soviética. Desde entonces, se constata un espectacular aumento de la recolección y la demanda de este tubérculo en Asia, África y América Latina, donde la producción aumentó de menos de 30.000.000 de toneladas a principios de la década del sesenta del pasado siglo, a más de 165.000.000 en 2007.

En 2005, por primera vez, la producción de esta vianda en las naciones en desarrollo excedió la reportada en el mundo industrializado. Asia y Europa son las principales regiones productoras del mundo y, en 2007, suministraron 80 por ciento de la cosecha mundial. Si bien en África y América Latina las cosechas fueron de un volumen mucho menor, comparativamente con otras regiones, se evaluó de extraordinaria por parte de expertos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.

China se ha convertido en el primer productor a escala internacional. El pasado año recolectó unos 72.000.000 de toneladas y es el mayor productor de kilogramos de ese tubérculo por persona, reporta la mencionada organización. En cuanto a rendimiento por área, América del Norte ocupa el lugar cimero, al reportar promedios de más de 36 toneladas por hectárea.

Conservación de la biodiversidad


La papa se consume en los Andes desde hace unos 8.000 años. Fue trasladada a Europa por los españoles y se propagó rápidamente por todo el planeta. Hoy se cultiva una superficie estimada de 192.000.000 de kilómetros cuadrados con ese tubérculo, en todo el mundo.

En la región andina, el punto de origen de esa planta, generaciones de agricultores han domesticado miles de variedades de papa. Todavía los campesinos de esas zonas cultivan hasta 50 variedades en sus fincas. En la reserva de biodiversidad del archipiélago de Chiloé, en Chile, la población local produce, asimismo, unas 200 variedades de tubérculos autóctonos.

Para rescatar la biodiversidad, los agricultores peruanos de los Andes adoptan medidas destinadas a conservar y utilizar en forma sostenible los tipos de tubérculos que quedan. Seis comunidades quechuas firmaron un acuerdo con el Centro Internacional de la Papa (CIP), donde se reconocen los derechos sobre esas variedades tradicionales que los indígenas han logrado producir y mantener. Se creó una zona de conservación, donde cultivan y cuidan esas plantas. El parque, como le llaman a ese lugar, tiene una superficie de 15.000 hectáreas y está considerado como una “biblioteca viva” de diversidad genética de este tubérculo, al acumular 1.200 variedades cultivadas en las tierras altas. Uno de los objetivos a largo plazo es restablecer el total de las 4.000 variedades conocidas en el valle, lo que permitiría validar ese lugar como segundo centro de origen de tan vital cultivo.

Si el clima se modifica drásticamente, la zona donde crecen las variedades silvestres podría reducirse hasta 70 por ciento, alertaron expertos del CIP, situado en Perú.

Como el tubérculo se propaga casi todo en forma vegetativa, pues la mayor parte de las plantas tiene una limitada capacidad de florecer, la polinización natural continúa siendo importante para sustentar la diversidad de las variedades autóctonas (las que crean los agricultores y se adapten a las condiciones del entorno local). Por suerte, los diversos sistemas agrícolas a pequeña escala en los Andes contienen una variedad de especies florecientes que atraen a los polinizadores, como las abejas y los abejorros, lo cual contribuye a incrementar la producción de semillas y sustentar la diversidad.

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