Plan Turquino: Beneficios sociales, economía débil

El mayor problema de las montañas es la sustentabilidad económica, analiza este artículo de 2006 rescatado de una de nuestras publicaciones.

Archivo IPS Cuba

En las montañas cubanas es más fácil tener acceso a un médico o a un maestro, que disponer de ropa o utensilios de trabajo para cultivar la tierra. Estas paradojas responden a un modelo en el que la balanza siempre se ha inclinado a favorecer el desarrollo social por encima del material.

Mientras los programas sociales avanzan con paso seguro hacia las serranías, al desarrollo económico le ha faltado el aire para escalar las lomas, porque no ha tenido el buen balón de oxígeno que representan los recursos financieros, sobre todo después del retroceso que impuso la crisis económica de la década de los ’90s.

Los pobladores del lomerío cubano practican una estrategia de desarrollo integral, conocido como Plan Turquino, de cuyas buenas intenciones nadie duda. Pero si en el llano la vida diaria es difícil por las muchas limitaciones económicas, sobre todo en alimentos y transporte, cómo no lo será en aquellos parajes tan distantes.

Los sistemas montañosos ocupan una quinta parte del territorio nacional y en esas zonas residen 732.484 personas de los más de 11,2 millones de cubanos que pueblan el mayor archipiélago caribeño.

El programa surgió hace 19 años, cuando el gobierno de la isla comprendió que la emigración hacia el llano era el resultado del atraso de esas zonas. Las personas bajaban a las ciudades para buscar mejores condiciones económicas y sociales.

Cuando se visitan las montañas de Cuba, es recurrente la imagen de las niñas y los niños uniformados, en camino hacia su escuela rural. Como en todo el país, los planes educativos se han dirigido a ofrecer instrucción desde las edades tempranas hasta completar el nivel profesional. Por doquier han surgido escuelas: 2.275 para la educación primaria, 95 de enseñanza secundaria, 29 preuniversitarios, nueve para aprender oficios diversos, 18 centros para los niños con requerimientos especiales, 29 institutos politécnicos entre agropecuarios y de otras especialidades, tres Facultades Universitarias de Montaña, 47 escuelas para adultos y 53 sedes universitarias municipales, suficientes como para no dejar a nadie fuera. Hasta los lugares más recónditos e intrincados llegan los servicios del maestro y del médico.

La infraestructura para la instrucción y la salud recaba de mantenimiento y reparaciones, sobre todo en los niveles secundario y primario. Los serranos han recibido, en los últimos años, casi 8.000 televisores para la enseñanza audiovisual, más de 3.800 videos y 4.655 computadoras.

En salud pública, la población serrana dispone de un médico por 368 habitantes, 41 hospitales de montaña, 1.200 consultorios del Médico de la Familia, además de 278 sillones para servicios estomatológicos. La mortalidad infantil, como promedio, fue de 6,7 por cada 1.000 nacidos vivos en 2005.

Según el especialista Bernardo Oliva, quien atiende el Plan Turquino en el Ministerio de la Agricultura, durante este año se planifica reparar en mayor o menor medida todas las instalaciones que brindan servicios de Educación y Salud, para recibir el aniversario 20 del Plan Turquino en mejores condiciones, sobre todo en lo referido al transporte sanitario, cuya situación actual es crítica, pues al 64 por ciento de las ambulancias se le ha dado baja técnica.

Sustentabilidad económica

El mayor problema de las montañas es la sustentabilidad económica. Para cuidar esos ecosistemas se han dejado sólo las plantaciones propias de zonas elevadas y de microclimas especiales, como el café, el cacao, la miel, determinados frutales y vegetales, además de haberle otorgado la máxima prioridad a las plantaciones forestales.

Un paso importante fue la toma de conciencia de que, si bien el ganado menor –como los ovinos y caprinos–es propio de esos lugares, las vacas lecheras no tienen allí alimento suficiente y perjudican ese entorno y sus suelos, además de la carga contaminante que provocan cuando sus bostas llegan a los afluentes.

El café está atravesando una de sus peores etapas, pues una gran parte de las plantaciones son muy viejas y deberán dejarse solamente aquellas con mejores condiciones de suelo y clima. Aunque han sido seleccionadas las áreas de cafetos a las que se les asignarán los recursos necesarios para elevar las cosechas, estas siguen padeciendo escasez de fertilizantes, riego y tratamientos que les permitan aumentar los rendimientos. La pasada cosecha de 2005 fue la más baja de los últimos tiempos, al reportarse 7.000 toneladas de ese grano, de 50.000 que llegaron a producirse en los ’60s, cuando las cosechas eran a todo costo y las plantaciones más jóvenes.

El cacao, que había comenzado a despegar, evidenció un retroceso, al acopiarse sólo 75 por ciento de lo esperado. Según los especialistas, este cultivo fue muy asediado por la prolongada sequía y los vientos huracanados que azotaron a determinadas zonas del oriente del archipiélago cubano el pasado año.

Una potencialidad no suficientemente explotada en la montaña es la de los frutales. En algunas zonas, la carencia de transporte ocasiona estimables pérdidas. En la producción de alimentos en general, las montañas no tienen sus necesidades cubiertas en lo referente a la variedad necesaria para una correcta nutrición. Según explicó a la prensa Oliva, el único territorio que ha avanzado suficientemente es Guantánamo, que aporta viandas al llano.

Arroz, frijoles, papa, leche en polvo, pasta dental, jabones, velas, sombreros y soga cargaba en una enorme mochila la doctora Sonia Hernández, al llegar a la Terminal de Ómnibus de la capital, para partir hacia un pueblo del norte de Holguín. Comenta que, cuando va a visitar a sus padres, en el terruño la reciben como si llegara del extranjero, por la cantidad de cosas que debe llevar para obsequiar a su gente más cercana.

Caminantes sin caminos

Se dice que las personas de las montañas son caminantes por naturaleza, pero, si el trayecto es largo, es fácil percatarse de cuán difícil es abrirse paso en esas zonas, donde los accidentes siempre son fatales en los camiones que caen por los barrancos.

Para no introducir equipos de gran porte y peso que dañan el ecosistema, se organizaron más de 1.800 brigadas manuales para reparar los caminos, las cuales brindan empleo a más de 8.500 obreros, pero la carencia de barretas, vagones y palas no permite explotar suficientemente esta fuerza, que brinda mantenimiento al 90 por ciento de los viales del lomerío.

Las comunicaciones han tenido cierta mejoría con la instalación de casi 3.200 teléfonos celulares alternativos y se han abierto más oficinas de correos.

Las actividades culturales y recreativas han tenido un mayor espacio en la vida de los serranos, por el esfuerzo desarrollado por el Ministerio de Cultura y el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación, mediante el fomento de iniciativas locales. Han aumentado museos, bibliotecas, ventas de libros y presentaciones de grupos de teatro.

Pero, cuando se recorren esos lugares buscando alguna oferta gastronómica o artículos de amplia demanda popular, hay un gran vacío.

A veces la televisión estatal cubana pone como ejemplo determinados poblados, donde los delegados del Poder Popular han batallado para mejorar las condiciones de vida, pero esa no es la generalidad. Aún queda mucho por hacer en la montaña para que la espiritualidad crezca y eche raíces como un inmenso árbol de caoba.

PRINCIPALES SISTEMAS MONTAÑOSOS

Los ecosistemas de montaña en Cuba son los territorios que mayor tiempo permanecieron emergidos, lo que condicionó una evolución más prolongada de su flora y fauna. Por esta razón, las montañas del mayor archipiélago caribeño, particularmente las orientales, están consideradas entre los centros de evolución, dispersión y endemismo más importantes de las Antillas.

Cuba posee cuatro sistemas montañosos: la cordillera de Guaniguanico, en occidente; la de Guamuhaya, también conocida como Escambray, en el centro; y la Sierra Maestra y el macizo de Nipe-Sagua-Baracoa, en oriente. Estas elevaciones ocupan 21 por ciento de la superficie del territorio nacional y cerca del 40 por ciento de las áreas boscosas cubanas.

Las cordilleras de la isla están formadas por elevaciones bajas y medias, y la máxima altitud es la del Pico Real del Turquino, con 1.974 metros, ubicado en la Sierra Maestra.

Los ecosistemas de montaña son muy relevantes desde el punto de vista biogeográfico, evolutivo y conservacionista, pues albergan la mayor riqueza de diversidad biológica del país. Estas peculiaridades se deben a la compleja evolución geológica de estas regiones, proceso que confirió una notable variedad de sustratos geológicos y condicionó un escenario paisajístico muy diferente en cada uno de los macizos cubanos.

En esas zonas se localiza más del 70 por ciento de las plantas endémicas de Cuba, así como otros grupos taxonómicos como los hongos, estimados en más de 3.400 especies y ampliamente representados.
La diversidad de la fauna, representada por más de 14.000 especies, es proporcionalmente alta en artrópodos, moluscos, anfibios, reptiles y aves, con un alto índice de endemismo.

La alta fragilidad de estos ecosistemas, sus valores de la biodiversidad y el papel que desempeñan en la producción de agua obligaron a diseñar un modelo de desarrollo sostenible para las montañas cubanas, que atenúe y revierta los problemas ambientales presentes, fundamentalmente los vinculados con la disminución de la cobertura vegetal, las prácticas inadecuadas en el uso y laboreo de los suelos, el manejo incorrecto de las cuencas hidrográficas, los impactos provenientes de las construcciones e infraestructuras, y la explotación de recursos minerales, especialmente a cielo abierto.

El gobierno cubano emprendió, en 1988, un plan integral de desarrollo económico y social de las serranías, conocido como Plan Turquino, en honor a la mayor altura de la isla. Sin embargo, la llegada de la crisis económica, en los ’90s, se sintió con extremo rigor en las montañas y se paralizaron muchas obras proyectadas.

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