Retos inmediatos para la economía cubana

La vulnerabilidad alimentaria y la dualidad monetaria se registraron como problemas urgentes de la economía cubana en 2008.

Baldrich - IPS

El programa energético existente se basaba en el combustible fósil, lo que a su vez consolidaba la dependencia de casi un único mercado suministrador.

Toda economía está conformada por un complejo de relaciones estrechamente vinculado e interrelacionado. Existe un conjunto de elementos (variables) que, en su proceso de interacción, adquiere propiedades diferentes a las que tuviera si cada uno de sus componentes fuera visto por separado.

El sistema económico posee determinadas particularidades:

– Integridad de sus componentes.

– Gran complejidad, dada la diversidad de componentes.

– Mecanización y autorización de los procesos.

– Desarrollo continuo (dialéctico), movimiento y variación.

Como toda economía, la cubana encierra estas características generales, a las cuales se añaden particularidades propias.

Manifiesta problemas por resolver, algunos de carácter inmediato o mediato, y señales que alertan sobre la posible aparición de nuevas problemáticas. Existe lo que se conoce como la frontera de las posibilidades (dada, en lo fundamental, por limitaciones de recursos), derivada de que una economía no puede resolver todos los problemas a la vez y se ve precisada a establecer un orden de prioridades.

A su vez, siempre debe estar alerta ante el surgimiento de un nuevo problema o la transformación de uno no inmediato en uno urgente, debido a la propia evolución del sistema económico y las medidas implementadas.

En 2008, Cuba acumula una serie de problemas que pudieran clasificarse como inmediatos, dada la necesidad imperiosa de búsqueda de soluciones. Entre ellos se encuentran:

– El problema de la insuficiente producción nacional de alimentos, bajo nivel de productividad, incremento sostenido y peligroso de las importaciones de alimentos y aumento de su vulnerabilidad alimentaria.

– Salario insuficiente para cubrir requerimientos alimentarios de primer orden.

– Altos precios de los productos alimenticios en los diferentes mercados no regulados, entre ellos los de libre oferta y demanda, precios topados, la red de recaudación de divisa y la economía sumergida (esta última con magnitudes o volumen de operaciones que pudieran superar los 10.000 millones de pesos anualmente.

– La dualidad monetaria, que dificulta el desempeño de la economía. La falta de convertibilidad de pesos a pesos convertibles (CUC) en el ámbito empresarial imposibilita que los productores (no vinculados al sistema de doble moneda) puedan acceder a un mercado de insumos y medios de producción a partir de sus resultados productivos, para poder cerrar su ciclo de producción.

Por otro lado, aunque existe una tasa de cambio llamada informal (25 pesos cubanos = un peso convertible), a través de la cual se crea un vaso comunicante para la población y le permite acudir al mercado en divisa a comprar productos, la elevada tasa se convierte en un obstáculo para el consumidor, el cual dispone, por lo general, de bajos salarios.

– La unificación de los mercados de alimentos. La libreta de abastecimiento, cuya existencia se ha prolongado por más de 47 años, desde hace tiempo no se ajusta a las realidades y exigencias de la economía cubana.

– Incremento de la exportación de bienes (tradicionales y no tradicionales) y sustitución de importaciones. La economía cubana necesita ingresos por la vía del intercambio comercial. La exportación de bienes amplía y consolida la estructura económica del país, genera fuentes de empleo, incrementa los ingresos de los productores, extiende la capacidad de compra y establece garantía de pagos ante las fuentes de créditos.

– El problema energético. Aunque existe un programa, por lo general se basa en el combustible fósil, particularmente el petróleo (con todas las implicaciones que ello encierra ante el agotamiento de los yacimientos y los graves problemas de contaminación) y la elevada dependencia de casi un único mercado suministrador.

Por ese motivo, las fuentes renovables y no contaminantes de energía, entre ellas, en primer lugar, la biomasa cañera, la hidráulica, la eólica, la solar y la mareomotriz, deben constituir líneas de desarrollo inmediato con vistas a consolidar el futuro desarrollo energético como base indispensable para garantizar el desarrollo económico.

Por lo general, cuando se aborda el tema de las medidas o transformaciones más inmediatas que deberá afrontar la economía cubana en busca de las soluciones a los problemas, surge una serie de interrogantes. Entre ellas destacan cuáles serían y por dónde comenzar.

Este trabajo pretende, sin tener la verdad absoluta, presentar opciones, alternativas y algunas reflexiones.

Existe cierta coincidencia entre los estudiosos del tema respecto a que las medidas más inmediatas deben acometerse en el sector agropecuario (incremento de la producción de alimentos, materias primas y fondos exportables), por el efecto multiplicador que este tiene para el resto de la economía. Todo parece indicar que el gobierno deberá modificar y simplificar estructuras y funciones, con el fin de lograr la mayor descentralización posible.

Estos cambios pueden conducir a modificaciones en la macroestructura (nación), ante la existencia de cuatro organizaciones institucionales dedicadas a la producción de alimentos: los ministerios de la Agricultura, del Azúcar, de la Industria Alimenticia y de la Industria Pesquera. Por lo general, estas estructuras se homologan en los niveles provincial y municipal, y también deberán ser simplificadas.

Para algunos especialistas, la existencia de cuatro instituciones dedicadas a la producción de alimentos constituye un sobre-dimensionamiento de las estructuras nacionales, por lo que hace falta simplificarlas. Para ello, resultaría importante separar las funciones de gobierno de las productivas y estas últimas corresponderían propiamente al sistema empresarial.

Resulta importante, casi indispensable, darle la autoridad y el nivel de decisión a la base, es decir, al municipio, allí donde radican los productores, surgen problemas en el proceso productivo y deben encontrárseles solución.

Con la creación de un mercado de insumos, servicios y medios de producción, los productores de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa, Cooperativas de Producción Agropecuaria, Cooperativas de Créditos y Servicios, los productores privados y el sector estatal acudirán por igual y, a partir de sus resultados productivos, podrán comprar los medios y servicios que requieran y en el momento oportuno, lo que facilitaría el cierre del ciclo productivo.

Es apropiado alertar sobre las funciones que deberán desempeñar las nuevas estructuras. No debe tratarse de un cambio de forma, sino de contenido.

También es necesario evitar que finalmente se convierta en una simple sustitución de unas por otras, que conduzca al renacimiento de la burocracia, al entorpecimiento del proceso descentralizador y al desarrollo de las fuerzas productivas.

La posible idea de crear una supraorganización dentro del territorio (municipio), que agrupe las actividades agrícolas e industriales, puede convertirse finalmente en una estructura que trate de regir cómo los productores deben combinar los factores productivos, qué recursos recibir, qué forma de producción adoptar, a qué precios vender, las cantidades que debe entregar y a quién; en fin, retornar al actual punto de partida.

En el territorio (municipio) existen instituciones como la representación de la Oficina Nacional de Estadísticas, el Banco Central, la Oficina de la Administración Tributaria y el Poder Popular, entre otras.

A través de ellas se tramitaría la información resumida por municipio, los aspectos financieros y bancarios, las actividades tributarias, el análisis del comportamiento del mercado y sus tendencias (oferta-demanda, precios, consumo, circulación monetaria, entre otros) y la búsqueda de las proporciones y equilibrios dentro del territorio, que faciliten el desempeño productivo.

Estas instituciones municipales serían las encargadas de canalizar las políticas establecidas, y, ante todo, utilizar las estructuras vigentes y tratar de evitar la creación de otras nuevas.

Algunos especialistas y estudiosos del tema consideran que resulta imprescindible estimular, facilitar y orientar el máximo desarrollo de las relaciones horizontales entre las distintas formas de producción, independientemente de la organización a la cual se encuentre subordinada metodológicamente.

Esto es condición indispensable para evitar el surgimiento y enraizamiento de estructuras burocráticas que entorpezcan el desarrollo de las fuerzas productivas en la base.

A la vez, se inclinan por la creación de asociaciones de productores, en las que cada unidad productiva o de servicio pudiera estar representada por su presidente y/o director. Los presidentes de esas asociaciones se seleccionarían a partir de varias propuestas, por voto directo y secreto de los miembros, por un período determinado y renovable, para evitar permanencia (caciquismo) y contribuir a la formación de cuadros de dirección.

Esta organización horizontal dispondría de un secretario, también elegido a partir de varias propuestas y sometido al voto directo y secreto, por un período determinado, quizás algo más prolongado en el tiempo para garantizar continuidad en la información, actas y acuerdos, entre otros aspectos, pero sin carácter permanente.

Los estudiosos alegan que lo anteriormente planteado conllevaría a importantes cambios y simplificación de instituciones y estructuras, algunas de las actuales desaparecerían tanto en la macro como en la mesoestructura y en la base. En su lugar, surgirían otras más flexibles, renovables en un momento determinado, sin la generación de formas burocráticas.

Otro tema es el de los salarios. Es conocido que los actuales resultan insuficientes para cubrir las necesidades básicas, entre ellas las alimentarias. Ese asunto está estrechamente relacionado con los elevados precios de los productos alimenticios.

Elevar los salarios de forma unilateral, sin entrar a considerar las relaciones e interrelaciones que ello conlleva, sin tener presente el enfoque sistémico que debe prevalecer, resultaría una decisión desacertada. Un aumento de los salarios, sin una correspondencia en el incremento de la producción y la productividad (aumentan los salarios, no se eliminan las trabas que impiden el desarrollo de las fuerzas productivas, no hay aumento de la producción, se incrementan los precios), conduciría a un proceso inflacionario, sin que quede resuelto el problema.

Los especialistas coinciden en que el dilema no radica en la esfera de la circulación, sino de la producción. Ello no significa que los salarios no se eleven, sino que el aumento debe hacerse sobre la base de una adecuada correspondencia producción-salario.

Los estudiosos sobre el tema consideran que todo aumento salarial deberá estar respaldado por un incremento de productos y servicios. Mientras más produzcan, más ingresos recibirán los productores.

A lo anterior se une lo referido a la dualidad monetaria. Es decir, como parte del enfoque sistémico se encuentran en estrecha relación, hasta este instante del análisis, producción-salario-precios-dualidad monetaria.

Especialistas de la economía cubana manifiestan que el camino hacia una moneda única es un proceso necesario, pero debe ser gradual, sostenido y sólido, que conlleve al fortalecimiento del peso cubano o la moneda nacional que se decida, y se encuentra estrechamente asociado al desarrollo económico.

Es preciso tener en cuenta que un país puede experimentar un crecimiento en el Producto Interno Bruto, sin que ello constituya una condición para que se produzca un desarrollo económico.

En ocasiones, se manifiesta que en la medida que aumente el Producto Interno Bruto de forma correlacionada se procederá a apreciar la moneda nacional ante el peso convertible. Ese parece un razonamiento lógico, pero resulta necesario identificar a qué crecimiento se refiere, en qué forma crece, sobre qué bases y hacia dónde va dirigido ese crecimiento, si está encadenado hacia dentro y mejora la estructura económica o el grueso es destinado a cubrir importaciones de insumos como combustibles fósiles, alimentos y otros compromisos, y deja poco margen para mejorar la estructura económica productiva.

Es criterio de algunos conocedores de aspectos metodológicos referidos al cálculo del Producto Interno Bruto, que debe profundizarse en el análisis del crecimiento de ese indicador para tomar cualquier decisión sobre correlacionar Producto Interno Bruto y apreciación del peso cubano frente al convertible. Los estudiosos parten de la formulación general siguiente:

Producto Interno Bruto = consumo de hogares + consumo de gobierno + formación de capital + exportación – importación.

Por un lado, si la formación bruta de capital no constituye una partida significativa, o no alcanza la proporción necesaria en la formulación expresada, o no está orientada hacia los sectores con mayor efecto multiplicador –donde se pueda obtener un mejor impacto a favor del desarrollo de la producción de bienes y servicios en el territorio nacional–, entonces es probable que no se alcance el crecimiento económico necesario.

No obstante, de acuerdo con la forma de cálculo actual, el Producto Interno Bruto puede crecer a partir de los valores añadidos a los servicios recibidos por la población, pero por los que no pagan de forma directa, por consumirlos o recibirlos, así como por las exportaciones de servicios que se generan en el extranjero y por los que se cobran y son considerados como ingresos por exportación de servicios.

Es indiscutible que los ingresos obtenidos por la vía de los servicios vendidos en el exterior proporcionan una capacidad de pago considerable. Algunos consideran, sin embargo, que estos deberían situarse en la balanza de pago dentro del acápite de otros ingresos y no como exportaciones, ya que no son generados en el territorio nacional.

De lo contrario, ello puede dar una visión inadecuada de la magnitud del Producto Interno Bruto y, por lo tanto, pudiera distorsionar la magnitud del crecimiento relativo, el cual pudiera ser utilizado como base para disminuir la tasa de cambio del peso cubano en relación con el convertible; es decir, fortalecer la moneda nacional y realizarlo a través de apreciaciones espaciadas en el tiempo.

Una apreciación de la moneda nacional, que no se encuentre respaldada con un incremento de la producción de bienes, en primera instancia, y de servicios en el territorio nacional o complementado con importaciones de bienes, pudiera conducir a una situación compleja.

Los consumidores acudirían a comprar en las tiendas en divisa productos y/o servicios, ejerciendo una presión que pudiera desencadenar en un incremento de precios en dicha área, eliminando parcial o totalmente la apreciación de la moneda nacional. Si, además, se registran incrementos salariales sin los correspondientes resultados productivos, la situación sería aún más complicada.

Dentro del aspecto monetario, se considera que el paso más inmediato (sin dejar los estudios y análisis de medidas en cuanto a la apreciación del peso cubano en el ámbito de la población, en el tiempo más corto posible), sería trabajar en la obtención o elaboración de una tasa de cambio en el sistema empresarial del peso cubano en relación con el convertible, para lograr destrabar el ciclo productivo empresarial, particularmente de las empresas o entidades económicas productivas y, en primera instancia, aquellas dedicadas a la producción de alimentos agrícolas y pecuarios, unido a todo el necesario proceso de medidas que conlleven a eliminar los obstáculos que impiden el desarrollo de las fuerzas productivas en el sector agropecuario.

Hasta el presente, existe una amplia segmentación en el mercado de los alimentos.[i] Por lo tanto, el análisis y valoración del sistema racionado de alimentos (cartilla o libreta de abastecimiento) pudiera constituir un paso que, unido a las medidas anteriormente señaladas y otras a implementar, se encaminen hacia la búsqueda de la unificación de los mercados de alimentos.

En reiteradas ocasiones se ha tratado el tema del sistema de racionamiento de alimentos. Desde hace tiempo, esta forma de distribución dejó de cumplir la función trazada en el momento de su creación.

Actualmente, esta variante subsidia tanto a quien lo necesita como a quien no, por lo que no logra el efecto de equidad inicialmente previsto y alcanzado en la primera etapa de su creación.

Esta forma de distribución no favorece ni incentiva el crecimiento de la productividad. Una parte de la población se ajusta o acomoda a esa forma de distribución, mientras que importantes volúmenes de los productos distribuidos a través de esta forma se convierten en fuente de redistribución de ingresos, al ser destinada una porción de la canasta básica a la reventa, como parte de la economía sumergida. Este fenómeno se manifiesta a lo largo de la cadena de recepción y distribución: puerto, transportación, almacén, red minorista y consumidor directo.

Por otro lado, esta forma de distribución no ofrece opciones al consumidor, precisado a adquirir los alimentos en un lugar fijo, sin que haya un surtido variado para poder seleccionar. En realidad, las cantidades y el surtido actual distan bastante de lo que inicialmente se ofertaba mediante la libreta de abastecimiento en el momento de su implementación, en 1962.

Cálculos y estimaciones realizados sobre el consumo diario de calorías y proteínas[ii], a través de las diferentes fuentes de acceso de los consumidores a los alimentos, arrojan que la distribución normada contribuye aproximadamente con 36 por ciento de las calorías diarias consumidas.

La llamada canasta básica cubre alrededor de unos 12 días en el mes, en el consumo total de calorías mensuales. La proteína total obtenida por la vía de la libreta cubre unos 10 días en el mes. En el caso de las grasas, estas cubren aproximadamente sólo unos nueve días.

Los alimentos distribuidos por la vía del racionamiento (libreta) cubren, en el mejor de los casos, sólo unos 12 días (en las calorías). Por lo tanto, se puede concluir que no es una fuente determinante en cuanto al consumo total de alimentos.

Sin embargo, no se puede prescindir de “la libreta” sobre la base de una decisión abrupta. Para ello se requiere encaminar esfuerzos en varias direcciones a la vez.

En el tránsito hacia un mercado de alimentos unificado se requerirían acciones en diferentes direcciones. En primer lugar, cambios en las relaciones de producción que permitan destrabar las fuerzas productivas, lo cual se traduciría en incrementos sostenidos de la producción de alimentos.

Mientras más productos y productores acudan al mercado, mayor será la elasticidad de la oferta, lo que motivaría un descenso en los precios. También se pudiera buscar, en un inicio, una combinación adecuada entre incremento de la producción y/o importaciones de alimentos.

En los mercados no regulados se encontraban precios muy altos para los alimentos.Es conocido que a los precios de los alimentos en el mercado en pesos convertibles se le aplica un impuesto al consumidor, que por lo general es superior a 200 por ciento. Estos elevados precios constituyen puntos de referencia, están integrados y se interrelacionan en el sistema de precios que abarcan los diferentes mercados segmentados de alimentos.

La disminución progresiva del impuesto al consumidor, aplicado a los productos alimenticios, artículos de aseo personal y del hogar, sin duda se convertiría en un incremento de salarios, sin lanzar más dinero a la circulación, e incidiría favorablemente en la reducción de precios en todo el sistema de mercados segmentados.

De una forma u otra, todo lo anterior posibilitaría un mayor acceso de los consumidores al mercado de los alimentos. De igual forma, el aumento paulatino de los salarios, a partir de los resultados productivos, beneficiaría los ingresos de los consumidores.

Otra dirección sería ir destinando al mercado libre, de forma progresiva, alimentos que hoy se ofertan por el sistema racionado, con lo cual se aumentaría la oferta e incidiría favorablemente en la disminución de los precios.

Una cuarta dirección sería focalizar e identificar los grupos más vulnerables económicamente y propiciarles la ayuda económica necesaria, bajo nuevas modalidades, e ir creando condiciones económicas para reducir, de forma notable, la magnitud de estos grupos vulnerables.

Toda economía necesita ingresos en divisa por la vía de las exportaciones. La economía cubana requiere disponer de dichos ingresos, particularmente a partir de la exportación de bienes y también de servicios (como el turismo u otras actividades), que se generen en el territorio nacional y ayuden a conformar y desarrollar una estructura económica consolidada, y no sobre bases coyunturales.

Lo anterior genera producción, fuente de empleo, incremento salarial, más capacidad de compra al consumidor, mejor nivel de vida en sentido general. De igual manera, la sustitución de importaciones se traduce en ingresos para la economía, mayor sostenibilidad e independencia económica, lo que generaría mayores niveles de producción y toda una serie de ventajas que de ello se derivan.

La sobrevaloración del peso convertible en relación con las divisas estimula la importación de alimentos y materias primas, por cuanto le impregna una mayor capacidad de compra respecto al dólar estadounidense y al euro, entre otros.

El tema energético resulta de vital importancia estratégica ante la crisis energética, los graves problemas de la contaminación ambiental mundial, su agravamiento en el futuro inmediato y como elemento de sostén para el desarrollo económico.

Si bien es cierto que la economía cubana dispone, de forma oportuna, de un programa energético nacional (tiene como base fundamental la generación de energía eléctrica, a partir del combustible fósil), resulta apropiado insistir en la necesidad de trabajar ampliamente sobre las fuentes de energía renovable y no contaminantes (en todo su ciclo productivo), en primer orden la agroindustria bioenergética de la caña de azúcar, la eólica, hidráulica, solar y la mareomotriz (esta última quizás la menos estudiada en el contexto actual de la economía cubana).

En el análisis se puede apreciar que siempre emerge un elemento común, que a la vez es señalado como punto de partida, y es la necesidad de lograr incrementos sostenidos de la producción y la productividad.

Para ello, se requiere transformar las relaciones de producción. Las relaciones económicas dependen de cómo están distribuidos los medios de producción y cómo está resuelto el problema de la propiedad de dichos medios. De ello depende el carácter de la distribución, forma y cuantía de los ingresos de los miembros de la sociedad[iii] que destraben y posibiliten el desarrollo de las fuerzas productivas.

Grandes son los retos a los que se enfrenta la economía cubana. Algunos, quizás los más inmediatos, han sido señalados aquí, junto a los posibles caminos a seguir en busca de las soluciones, que requieren de tiempo y, a la vez, de inmediatez.



Notas:

[i] Nova A.: “El mercado interno de los alimentos”, La agricultura en Cuba: evolución y trayectoria 1959-2005, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2006.

[ii] Nova, A.: “El sector agropecuario cubano 2000-2005”, La agricultura en Cuba: evolución y trayectoria 1959-2005, Editorial Ciencias Sociales, 2006.

[iii] Ver Nova A.: “La UBPC, mercado y propiedad”, Economics Press Service, no.24, dic. 2007, IPS/Corresponsalía Cuba)

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