Viviendas: ¿Un sueño cercano?

En septiembre de 2005 el parlamento cubano aprobó un plan para construir 100.000 viviendas anuales.

Jorge Luis Baños - IPS

Cuba tenía en 2005 un déficit de cerca de 600.000 casas.

Desde que hace unos meses Ignacio Oquendo escuchó por primera vez el anuncio de un programa de construcción de viviendas, su cabeza no para de dar vueltas. Sentado frente al televisor Panda que le otorgaron por los resultados de su trabajo en una fábrica de la industria ligera, Oquendo sueña.

Mira su cuarto, convertido en un diminuto apartamento mediante un piso que divide en dos el alto puntal, a la manera de lo que llaman en Cuba barbacoa, y se dice: “puedo aspirar a una casa nueva, trabajo duro y bien. Si hay que seleccionar a quien se lo merezca y lo necesite, en mi fábrica yo estaré entre los primeros”.

El sueño está ahora más cercano que nunca. El pasado primero de septiembre, el parlamento cubano aprobó un ambicioso programa que prevé la edificación, desde ahora y hasta finales de 2006, de 150.000 nuevos apartamentos, y luego, 100.000 cada año.

Según dijo el vicepresidente Carlos Lage, al presentar el programa ante los diputados cubanos, el plan de construir anualmente unas 100.000 viviendas, proyectado a finales de los ‘80s, fue interrumpido por la crisis económica. Ahora, destacó, “se vislumbra hoy con claridad y se asegurará en todos sus detalles con nuevos, justos y racionales conceptos”.

Durante años, la principal limitación para levantar nuevas casas fue el tema financiero. Ahora, el gobierno aprobó un presupuesto para ese fin que alcanza los 1.617 millones de dólares.

Los primeros beneficiados, con 6.000 casas, serán médicos y otros profesionales de la salud que prestan su colaboración fuera del país, quienes pagarán con sus ahorros en divisas, a su costo, los materiales de producción nacional, y a su precio en divisas, los de importación.

Este programa, aclaró Lage, “no debe afectar en lo más mínimo las obras de la Batalla de Ideas, como la reparación de hospitales, escuelas y otras instituciones de enorme repercusión social y económica”.

Bajo tal premisa, enfatizó el dirigente, no se pueden mover ahora los constructores profesionales de estas obras ni quitarles o restarles prioridad, por lo que, como en etapas pasadas, se dará especial atención a la construcción de viviendas por parte de la familia que vivirá en el inmueble, apoyado por vecinos, colegas y familiares. El mérito, la conducta social, la contribución a los programas sociales definirán la prioridad en el proceso de selección, explicó Lage.

Como es tradicional, el Estado conserva el derecho de otorgar las viviendas, en dependencia de las necesidades e intereses del país, mientras el movimiento sindical cubano y sus organizaciones de base en cada centro, previa consulta con la comunidad, asignará viviendas para construir por esfuerzo propio y las del fondo estatal que se entreguen para su terminación.

Sobre los gobiernos locales, mediante comisiones creadas a propuesta de los vecinos, recaerá la selección de las personas a quienes se les venderán materiales, tanto para terminar las casas en construcción como las que requieren rehabilitación y conservación. Por otra parte, las alcaldías provinciales y municipales tendrán la potestad de entregar viviendas para dar respuesta a las necesidades de personas que actualmente residen en albergues, casos sociales o necesidades de la producción y los servicios.

Según anunció Lage, sufrirán cambios los precios establecidos para la transferencia de viviendas construidas y financiadas por el Estado y la venta de materiales, con el objetivo de alcanzar racionalidad económica, sin dejar de aplicar subsidios, sobre todo a las familias con más bajos ingresos. Actualmente, el Estado no cobra impuestos a los propietarios y subsidia en 87 por ciento los precios de las casas, dijo. Por otra parte, informó que se concederán mayores facilidades de crédito y subsidios adicionales para las personas más desfavorecidas económicamente.

Problema grave

A finales de junio pasado, durante el Encuentro Mundial de los Programas de Ciudades Sostenibles, Cuba presentó un informe en el cual   reconoce la crítica situación de la vivienda. Según el documento, en el país existe un déficit de cerca de 600.000 casas. En 2004, por falta de recursos económicos, sólo se construyeron 15.325, la mayoría para sustituir las derrumbadas por los huracanes.

Para poder paliar ese problema, considerado uno de los que más afecta a la población de la isla, se requeriría la inversión de 4.000 millones de dólares a lo largo de 10 años.

Aunque las autoridades afirman que 87 por ciento de la población del país ostenta título de propiedad personal sobre su vivienda y una parte del resto posee también otro tipo de titularidad como arrendataria o usufructuaria, muchas personas viven hacinadas en viviendas declaradas inhabitables desde hace 20 años.

“Desde que el niño estaba chiquito, dijeron que la casa, de la década de los ‘30s, era inhabitable y que teníamos que ir a un albergue. Hoy mi hijo tiene 18 años, la casa sigue ahí, pero llueve más adentro que afuera”, afirma Odalys Cintra, trabajadora de una escuela primaria.

En el informe ante el parlamento, Lage señaló que pese a las millonarias inversiones de los últimos 40 años, no se ha logrado resolver todos los problemas asociados al déficit habitacional y a la reparación de los inmuebles en regular y mal estado.

En las últimas cuatro décadas se construyeron 2.579.439 viviendas, que representan 75,4 por ciento del fondo habitacional del país. Las casas en mal estado han disminuido gradualmente, de 47 por ciento a 14 por ciento en zonas urbanas y de 75 por ciento a 37,6 por ciento en áreas rurales, afirmó.

Al deterioro y déficit acumulados hay que agregar los daños provocados en los últimos cuatro años por seis huracanes, que en su conjunto dañaron 579.547 viviendas, de ellas, 73.169 destruidas totalmente. El informe oficial indica que sólo el Dennis, el 8 de julio pasado, causó estragos en 174.228 moradas, de ellas 22.000 destruidas por completo, en 10 provincias cubanas.

Hasta ahora, se conoció, sólo se ha podido dar solución al 23 por ciento, 40.634 que sufrieron derrumbes parciales y totales de techo. En varias oportunidades las autoridades de la isla han reiterado que se dará solución a la totalidad de los damnificados, para lo cual se han destinado, entre otros recursos, 317.000 toneladas de cemento, 19.344 toneladas de acero y 8.688.308 metros cuadrados de techo.

El problema de la vivienda genera numerosos conflictos. La investigación “Familia actual: realidades y desafíos”, de la doctora Patricia Arés, publicada en 1999, señala entre las causas del elevado número de divorcios en la isla “la escasez de espacio habitacional, que obliga a una situación, en la mayoría de los casos de convivencia múltiple, lo cual exige mayores esfuerzos por parte de todos los miembros de la familia”.

Una de las quejas de los cubanos en el tema de la vivienda es la imposibilidad de venderla. “¿Qué clase de propietario eres si no puedes vender la casa que ya pagaste y, según el título de propiedad, es tuya? El único que puede comprarla es el Estado y paga mucho menos que las personas jurídicas”, se preguntan no pocos.

Sobre este asunto, el informe presentado por Lage y referido a las nuevas viviendas que se construirán enfatizó: “ninguna vivienda puede ser traspasada en propiedad hasta que no sea pagada totalmente, y es imprescindible preservar la propiedad estatal de las viviendas construidas por el Estado, las cuales serán asignadas en arrendamiento”.

Un tema resucitado a raíz del anuncio del programa de viviendas es el de la calidad del inmueble, desde el punto de vista arquitectónico, así como el de los nuevos repartos que podrían surgir. En etapas pasadas nacieron barrios como San Agustín y Alamar, en la capital, cuyas viviendas de similar modelo favorecen muy poco el entorno, como han señalado en varias ocasiones arquitectos e ingenieros civiles.

Viaje a la semilla

La construcción de 100.000 viviendas al año requiere de una estrecha coordinación entre todos los ministerios y organizaciones encargadas de suministrar los recursos materiales.

Según dijo el vicepresidente cubano a inicios de septiembre, el programa de construcciones requerirá importantes volúmenes de materiales, incluidos:

1.500.000 toneladas de cemento

66.000 toneladas de barras de acero

9.200.000 metros cuadrados de elementos de pared,

7.700.000 metros cuadrados de elementos de pisos,

12.400.000 metros cuadrados de piezas para techos ligeros,

200.000 juegos de muebles sanitarios e igual cifra de módulos de instalaciones hidrosanitarias y eléctricas

Para dar cumplimiento a tan ambicioso plan, la industria de materiales de la construcción acomete inversiones dirigidas al incremento de la producción de áridos, arena, elementos de piso y de pared, la rehabilitación de las plantas de prefabricado, viguetas y canteras. De acuerdo con el informe presentado por Lage, el monto destinado a ese plan es de 54.900.000 dólares.

Un principio de esta ofensiva a favor de la vivienda contempla también la participación de las producciones de cada territorio, lo que deberá reducir los costos de transportación y acercar los materiales constructivos a las obras que, en años anteriores, muchas veces se paralizaban en espera del suministro nacional.

Según aseveró el 29 de agosto Fidel Figueroa, ministro de la Construcción , se precisa de la integración, de sumar capacidades y recursos entre todos los sectores, para cumplir la decisión de acometer el voluminoso plan de viviendas, además de necesitarse del concurso de las personas a quienes les asignan facilidades para la edificación de sus residencias. Igualmente hace falta emprender el mantenimiento y reparación de las casas para mejorar el fondo habitacional.

Por su parte, el Ministerio de la Industria Sideromecánica y el Reciclaje (SIME) tiene como misión suministrar más del 50 por ciento de los renglones requeridos en la fabricación de viviendas. Según dijo el vicetitular del ramo, Mario García, al intervenir a finales de agosto en las comisiones del parlamento cubano, los recursos e instalaciones para asumir el incremento constructivo previsto por el país están garantizados.

A ese organismo y su industria les corresponden fundir los surtidos de acero requeridos en las construcciones, así como la elaboración de otros materiales que se decidan emplear en las nuevas obras, entre ellos los perfiles de aluminio, las cubiertas metálicas resistentes a vientos de 250 kilómetros por hora y garantizadas contra la corrosión por al menos 20 años, y los cables de cobre y aluminio para las redes eléctricas.

El amplio y costoso programa incluye también la asignación de 15.000.000 de dólares destinados a garantizar la transportación automotriz, marítima y ferroviaria de los materiales de construcción. Para ello, desde hace algunos meses se emprendió la reparación acelerada de locomotoras, vagones y embarcaciones. Además, el país contempló la adquisición en el exterior de 36 cuñas tractoras con silos de 32 toneladas y equipos complementarios para el traslado del cemento a granel.

La vivienda en cifras

– Edificar cada casa cuesta 8.000 dólares y la rehabilitación de las dañadas asciende a 1.000 dólares como promedio.

– Entre 1953 y 2002 la población casi se duplicó, pero el número de viviendas se triplicó; además se redujo la cantidad de personas en cada domicilio de 4,64 a 3,16.

– El 75,4 por ciento de las construcciones actuales fueron hechas después de 1959.

– Antes de 1959, 2.200.000 personas pagaban alquiler. El arrendamiento representaba hasta el 50 por ciento de los ingresos de la familia. Actualmente las mensualidades por transferencia de propiedad o arrendamiento para el 14 por ciento que no es propietario, no pasan del 10 por ciento.

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