25 años del Mejunje

A propósito del nuevo aniversario de este proyecto cultural, IPS Cuba rescata una entrevista realizada en 2009 a su promotor, Ramón Silverio Gómez.

Jorge Luis Baños - IPS

El Mejunje tiene sus orígenes en 1984, en los encuentros entre artistas y públicos que tenían lugar en el lobby del Teatro Guiñol de la ciudad de Santa Clara.

“Porsia sirve pa´l caminante:
A los que chocaron antes
de inventarse muletas antideslizantes”
[i]

Con una mirada extendida sobre su programación semanal (única en las Artes Escénicas Cubanas, pues no recesa ni un solo día) y convertido en espectáculo itinerante, el proyecto El Mejunje —iniciativa cultural que desde sus inicios ha abierto sus puertas a la diversidad sexual e intelectual— comenzó en julio de 2009 su primera gira nacional por el oriente de la isla.

Actores, productores, cantantes de feeling y de la trova toda, roqueros, travestis, transformistas y poetas integran una superproducción que se ha presentado en los mejores teatros de una región donde la existencia de este proyecto cultural, inclusivo e integrador, era virtualmente desconocida por la mayoría del público.

Terminando el verano, y cuando ya se anuncia una segunda etapa invernal por el occidente del país
—incluida la ciudad de La Habana—, Enfoques reproduce más que una entrevista, una conversación entre el fundador y principal protagonista de El Mejunje, Ramón Silverio, y Pedro Manuel González, el creador de Roxana Rojo, uno de esos personajes que durante años han animado las noches de ese “oasis” de la ciudad de Santa Clara, justo en el centro de la isla.

La vez primera

Vivir en El Mejunje por años, o acercarme a él hasta donde las fuerzas daban, fue una inspiración que me sedujo cuando conocí de su existencia, en la década del noventa, pues me lancé a la búsqueda de su costado novedoso y aceptador sin reticencias, intentando hallar el resquicio que me permitiera mirarlo como niño deslumbrado ante el juguete nuevo.

Solo que, en este caso, no se trataba de juguete alguno (terminada ha mucho la época de las diversiones ingenuas), sino de una sólida propuesta cultural que a muchos arrastraba por su sencillez presupuestaria y su originalidad, en medio de un mar de insatisfacciones del que poco o nada podía salvarse. (A no olvidar que el país transitaba una etapa de cambios profundos en cuanto a actitudes revisionistas de las políticas culturales).

Para tratar de llenar las lagunas de mi ignorancia, por no haberlo compartido en sus 10 primeros años, es que me decido a dialogar con su gestor.

Ramón, dinos si es posible, de forma sucinta, ¿cómo comenzó lo que conocemos como “la aventura de El Mejunje”?

Todo comenzó en el lobby del Teatro Guiñol de la ciudad de Santa Clara, en junio de 1984, con la complicidad de Margarita Casallas[ii], amiga de muchos años, quien además fungía abiertamente como incondicional colaboradora de toda tarea que respirara creatividad en cualquier proyecto que se le propusiera, fuera artístico o cultural.

Ella y yo, espontáneamente, lo comenzamos a hacer en aquel espacio de antiguas noches de café, como promotores redivivos: empezamos con casi nada, muy pequeño en todo, pues pequeño era entonces el público que allí iba… a veces tan solo dos personas —que constituían ya un público respetabilísimo— y tratábamos de organizar aquello lo mejor posible, hasta que se nos sumaban, más tarde, artistas que terminaban su función en otros espacios como el cabaret, el teatro, etcétera; cercano el conjunto, sobre las 12 de la noche y hasta la una de la madrugada en que empezaban a llegar: primero, Pucho López[iii], algunos trovadores y otros invitados de paso por la ciudad, artistas de todo tipo, actores, y, por supuesto, los infaltables escritores.

Fuimos armándonos como quisimos y pudimos, hasta que comienzan a surgir (frente a la gobernación local) algunas contradicciones afines, como en casi toda expresión independiente de esa etapa, porque argumentaban que el Guiñol era un lugar para niños, exclusivamente, y que la existencia allí de un “grupúsculo extraño” (núcleo de lo que sería el futuro Mejunje) no se concebía ni era bien mirado por las autoridades culturales, fundamentalmente. Ese era el argumento esgrimido.

Se trataba —y se trata— de una asociación libre, en nada causal; “rara” para la terminología definitoria de asociación de la época; por tanto, con muy escaso alcance de prevalencia o durabilidad posibles.

La ciudad de Santa Clara carecía entonces de alternativas, y lo único que había para el divertimento de los jóvenes —y los no tanto— eran los Círculos Juveniles (regentados por la Unión de Jóvenes Comunistas para sus afiliados y militantes), que eran excluyentes: solo para los probados “buenos jóvenes”, que tenían que ser ejemplo de consagración y merecer el deleite de sus ofertas recreativas (u ostentar a cambio una carrera rimbombante e inalcanzable por la mayoría, para que te aceptaran y te dieran el carné de miembro). Eran además exclusivistas, por tanto, los demás jóvenes a los cuales nunca se les consideraría “aptos” para incluirse en aquella institución élite, se fueron acercando a la propuesta alternativa del Patio del Guiñol de Silverio y Margarita.

Esa resultó ser una etapa muy íntima: es la palabra que define aquella época fundacional. Pero, al fin, la fuerte oposición de la dirección provincial de cultura nos vence en su diatriba y nos prohíbe continuar en aquel espacio de libertad. Fue una etapa bastante negra, aquella dirección equívoca del ministerio provincial que se sufrió, para pesar local, bajo órdenes de gente que hizo mucho daño —y guerra— a la cultura villaclareña en general, durante su miope y descentrado mandato.

Nuestro proyecto ya había acumulado alguna experiencia en labores de unción de talentos y hasta se hicieron algunos furtivos homenajes durante esa época infiel —por ejemplo, a los trabajadores de Melaíto (el semanario humorístico del centro de Cuba, suplemento del periódico Vanguardia); a Leoncio Yanes[iv], quien era ya una persona muy conocida cuando se publican en contra nuestra los primeros artículos, tan adversos que no pueden cerrarnos el espacio categóricamente hablando… pues se precisaba otra estrategia disuasoria mejor pensada. Yo creo que los argumentos blandidos no eran tan fuertes…

Lo primero que me propusieron fue cambiar de sitio, buscar otro lugar, no continuar haciéndolo allí, y bueno, después de una reunión muy larga, y que comenzó a las ocho de la mañana y terminó a las tres de la tarde, con el único objetivo de hacerme perder la paciencia y desistiera de mi empecinado proyecto, pues me ofrecieron la antigua escuela Santa Rosalía, que era de las artes plásticas, y allí es donde el nuevo Mejunje comienza una vida cultural más amplia, se da a conocer masivamente, y es la etapa de una genuina explosión social, en la que se hace popular y va mucha gente a ver aquello.

El nombre del proyecto se debe a un brebaje a base de hierbas aromáticas y medicinales que solían preparar en las noches del Mejunje (Archivo IPS Cuba).Frente a aquel espacio, que estaba muy céntrico, quedaba ubicado el Círculo famoso; es decir, la otra opción para aquellas personas de las que te hablé antes…Y es allí, con ese otro carácter aglutinador, que surge el nombre definitivo y definitorio de este espacio: porque antes de esta nueva era espacial, carecíamos de un perfecto nombre propio.

Como cerca de las 12 de la noche solíamos repartir un brebaje a base de hierbas aromáticas y medicinales, y se hacía una pregunta sobre la nueva planta que se llevaba en aportación (la cual, además, se sembraba ese mismo día de la infusión como corolario de eternidad para el verdor circunstancial de la planta, en ámbitos de aceptación social y cultural); pues, quien contestara correctamente se atribuía el derecho de repartición.

Le correspondió cierta vez a Pibles, el diseñador y humorista de acá (Pablo Garí, su entero nombre, quien estuvo muy vinculado a esta etapa inicial de El Mejunje, aportando sus graffiti y demás labores pictográficas memorables), quien bautizó al espacio como “El Mejunje de Silverio”, en una noche inolvidable, cuando se apareció con un cartel de entre tantos que solía traer, aduciendo que aquello no podía llamarse de ninguna otra humana manera.

Yo creo que me habría tomado a mí unos 40 años hallar el nombre que denominara tan certeramente este lugar, y Pibles lo designó magníficamente, en un supremo instante. Jamás lo habría encontrado yo. Y no por lo que se le agregó como diversidad de público o de programas después, no, porque en aquella etapa solo se reunían para compartir el sábado con los pequeños públicos que se habituaban de a poco.

Era ese el único día en que se hacía El Mejunje y después recomenzaron otros inesperados problemas, al brevísimo tiempo; de que aquel local estaba por derrumbarse; de que había un dictamen de la policía sobre el espacio, donde no se podía poner audios dentro, en fin: otorgado con renuencia y pronto en camino a cerrarlo de nuevo. Nos volvimos a las disyuntivas… Hubo otra “historia”: nos sacan de allí y termino por aceptar algo que nunca quise, porque no era “el lugar exacto” ni mucho menos, pero bueno, sin otras opciones nos mudamos corriendo para el patio de la biblioteca provincial José Martí.

Me parece la etapa menos feliz de El Mejunje, aunque pasaron allí cosas importantes. Duramos allí lo que en los otros dos locales anteriores: un año aproximadamente. Arrastramos al público incondicional, pero perdimos el “glamour” de la anterior conquista: las paredes escritas, el desparpajo de los anuncios felices, las tandas y descargas a deshoras… resumiendo: perdimos algo de la inteligencia vertida y labrada en el trayecto hacia acá. Ese era (es) un lugar muy serio, y no se debía (ni se debe) escribir en las paredes o dañar la institución en su estructura oficial.

El local era demasiado frío para la temprana explosión mejunjera, aunque solía haber un piano disponible en la Sala Caturla[v], que usábamos esporádicamente para las descargas de gente muy importante de la cultura, a pesar de la poca idoneidad del espacio y su diseño.

Hasta que, en su momento, también esa seriedad se hizo insoportable y creo que no debo culpar siquiera por este lamentable final de la estancia a los trabajadores de la biblioteca, a quienes considero demasiado tolerantes, condescendientes, sino que me pregunto, para poder explicármelo: ¿quién osa meterme en el actual Mejunje una actividad que no me interesa? Si me obligan, me voy: renuncio y en paz. Pero ellos aceptaron aquella opción sin chistar y en contra de su voluntad, como “venida de arriba”, pero muy solapadamente hicieron todo lo posible para que se suspendiera la fiesta, como acabó ocurriendo.

También entendí que era un peligro tremendo habitar una biblioteca, que es un espacio público honorable, con semejante evento donde a cualquier advenedizo sin rumbo se le ocurriera llevarse media biblioteca en una jaba o pegarle candela a los estantes. Bueno, la verdad es que terminaba siempre aquello con mucho miedo, siempre esperando la refriega, nunca sabía al día siguiente lo que me iban a decir, ni qué iba a pasar más adelante en esa incertidumbre de local inapropiado.

Luego llega una etapa en la que cierro: decido poner fin a aquella “desventura ilógica” y con un papelito colgado en el lugar de la reunión común, hice a todos saber: “Estoy en mi casa a partir de hoy” y comenzaron a llegar, detrás de mí, los cantantes del feeling, el público y los poetas con su peña de trovadores a rastras. Quiero decirte que no fue una reunión de siete u ocho personas, no; fue algo mayor, más intenso, que fue creciendo intempestivamente hasta apenas caber dentro de mi vivienda.

Fue la única vía de mantener aquel espíritu vivo entre los amigos más íntimos; se habilitaron espacios nuevos, gente interesada, vino la radio local motivada por la algazara, se transmitió en directo alguna sesión acontecida.

Déjame contarte una anécdota: un día estaba de gira por Matanzas, en no sé qué pueblo, y oigo desde un caserío, a todo volumen, el promo anunciador del programa de El Mejunje en la CMHW, que es la emisora radial del centro del país. Fue emocionante. Pero, si mal no recuerdo, tampoco esa opción difusora resultó duradera. Creo que fue Dulce María Feliú, directora de programas radiales y quien hacía un programa allí, la primera que me invitó a hacer un Mejunje en la radio, creo que siempre de noche… y en directo desde el patio de la W.

En efecto: de noche, porque yo, desde Caibarién[vi], varias veces lo escuché encantado…

Así se hizo: en el ámbito innovador de la emisora, pero eso fue como debut y despedida. Nada constante. Esa misma mujer más tarde me recordó que también lo habíamos hecho en no sé qué escuela que había por la periferia de la ciudad y que ahora no recuerdo… Ese dato se me había perdido con los años. Muchas veces me recuerdan detalles mis coetáneos porque no tengo nada escrito, y entonces digo: es verdad, era así; y me percato de mi imperdonable olvido.

La vez segunda

Quieres decir que, una noche aquí, otra allá, indistintamente y por una invitación fortuita, como en aquella institución educacional de la Calle Maceo… donde alguna vez nos vimos…

Sí, puede haberse olvidado…de ese mismo modo me fueron ofreciendo otros espacios, de muy buena voluntad, hasta que en 1992, a comienzos de año, Humberto Rodríguez[vii] me brindó este lugar que es el hoy definitivo, y es el que casi todo el mundo conoce.

Era un cuartón inhóspito, repleto de malezas y árboles silvestres, que había sido una esplendorosa y antigua casona comunal, primero un hotel ecléctico muy allá en el tiempo, derrumbado; el piso de madera carcomida sobre la jungla: toda la basura del vecindario arrojada por años en este local, más la contribución de los limpiadores de calles que lo usaban de vertedero. Hubo que trabajar bravamente, en la limpieza a fondo, para la construcción del sueño, que es justo aclarar que, con anterioridad, ya me lo había sugerido —yo aterrado— el presidente del gobierno provincial, que era en aquellos momentos Alfredo Nieto Dopico.

Preciso reconocer el apoyo que en toda la historia nuestra brindó al proyecto el gobierno local y el partido en la provincia. Si no hubiese sido por ese apoyo, por mi perseverancia y por la solidez de mis seguidores, lo digo tajantemente: este espacio no existiría. Hasta Tomás Cárdenas[viii] autorizó el desarrollo y la reconstrucción, y además lo inauguró personalmente tiempo más tarde, junto a otras obras sociales y culturales, el 15 de julio, por un aniversario de la ciudad, si mal no recuerdo… luego él mismo trajo a todos los primeros secretarios municipales del Partido en la provincia, para que se maravillaran con lo creado por todos nosotros; para que apreciaran lo que se podía rescatar de una ruina en el centro de cualquier urbe moderna.

Alfredo Nieto, quien regía como presidente del gobierno en esas fechas, apoyó a El Mejunje, y lo hacía con su presencia, lo cual era también reconocible, pues durante el período de la biblioteca acudía mucho con su mujer y parece que le gustaba bastante lo que hacíamos, o la vida cultural en general. Luego, esa costumbre de compartir el espacio se extendió, en mayor grado, a otros dirigentes como Humbertico, en el gobierno local, o como Vila[ix], quien fuera el secretario del Partido Comunista de Cuba en el municipio; luego Humberto sustituyó a Nieto en la provincia y siguió el apoyo.

Con toda esa gente, de alguna manera y de acuerdo con los requerimientos y limitaciones de cada época precisa, estábamos conectados y, cada cual, a su modo, lo defendió a ultranza. Incluso con una vehemencia tremenda, en lugares donde hizo falta una gran defensa. Lo hizo más tarde también Miguel Díaz-Canel[x], llevando de la mano a Humbertico para la batida en unos años que, creo, fueron los más convulsos de la “historia mejunjera”.

Pero no sería yo un hombre justo si no digo ahora que la alianza con la nueva dirección de Cultura, por fin sabia, y de todos los demás factores políticos y gubernamentales (con la sola excepción de la juventud comunista, que jamás se comprometió ni se acercó en modo alguno) permitió la supervivencia de este espacio. Lo mismo asistiendo, que recomendando a grandes personalidades políticas, culturales, deportivas y de toda índole a que nos visitaran, lo cual nos ensanchó la perspectiva desde toda orilla.

¿Cómo asumes el desafío de la modernidad?

A partir de 1992, tras la etapa engendradora, el sitio cultural El Mejunje se convierte en una institución definitiva de las artes escénicas, que puede darse el lujo de cubrir sus gastos con sus ingresos, tras ese nómada itinerario sin residencia fija. Por fin, aquí se pudieron concretar varios proyectos que carecían de sustrato. No fue así, en pocas semanas, que yo cubriría todo de golpe; no, fue un proceso lento, pero definitorio, de lo que queríamos hacer con nuestras vidas y anhelos. Comenzando con los sábados, fundamentalmente, con la gente que venía, poco a poco, fueron llenándose los diferentes espacios de la semana con nuevas propuestas e intenciones.

También el asunto de las preferencias y los gustos conformaron la actual programación, que está bien definida en todas sus aristas, como bien conoces, pues eres parte también de este conjunto, sin dejar a casi nadie indiferente. Sabes también que no me quedan espacios por cubrir, más bien me faltan otros que anhelaría tener, para más satisfacciones. Pero bueno, aquí ya está el meollo de El Mejunje como institución sólida, la parte que define una política que arrancó muy bien desde el primer día y que nunca ha decaído, ni en sus peores momentos.

Siempre ha estado y tenido el apoyo de su público. Si algo no ha salido bien, si acaso ha fallado, ha sido por mí, que a veces he tenido que salir temporalmente de la provincia o he debido revisar un concepto dado, una propuesta tras mi regreso y he tratado de mejorarlo, pero jamás por falta de un público interesado en esas cuestiones, o desgastado en enjuiciamientos tardíos ni precoces.

Los cambios los organizamos entre todos y asumimos siempre la responsabilidad. Esto hace nuestro trabajo más diverso, polémico, porque me gusta que sea así para ganar en sabiduría y en ser experimentales siempre. El día en que todo el mundo, que asista o no, esté de acuerdo pleno con El Mejunje, será el tiempo más aburrido que nos quedará por vivir. Me preguntaste ¿qué cosa?; a veces me pierdo por la emoción del recuento…

¿Cómo viviste los nuevos tiempos de la asunción de El Mejunje en su recién estrenado espacio? …esa era la pregunta que ya casi contestaste…

Mira. Yo –en primera persona, claro— no me envanezco fácilmente. Hay gente que se inventa a menudo la historia de la parafernalia del mundo para sentirse perseguido, incomprendido, o que hay alguien sigiloso e impaciente detrás de uno. En mi caso no puedo, no debo decir eso. No es así. No ha sido tan así. Siempre he sido un hombre muy respetado. Por todos. Si alguien se ha resistido a ejercer ese respeto, ha sido cortésmente llamado a contar.

El Mejunje, precursor de la teoría igualitaria e inclusiva martiana, ha apostado por todos. Y al final la vida ha demostrado que nunca estuvo equivocado en sus preceptos éticos. Ni en sus presupuestos fundacionales. Que todo lo que hicimos nos satisfizo, cuando era pecado mortal, cuando solo pensarlo nos convertía en herejes, cuando casi nada se podía hacer por cuenta propia, es lo que hoy es política reconocida de inclusión mayoritaria. Haber tenido esa avanzada, esa visión de futuro tan amplia, cuando, por ejemplo, los travestis, transformistas, roqueros y homosexuales constituían “lo peor” de la sociedad; El Mejunje ya estaba trabajando con ellos.

Cuando nos llegó Fresa y Chocolate[xi], que marca el viraje, el descubrimiento de gente que no se sabía que había en Cuba (porque hasta ese preciso momento parece que no lo palpaban, o quizá no querían saberlo), entonces supieron también que El Mejunje llevaba mucho tiempo incluyendo a los defenestrados sociales. Y corriendo el riesgo en eso. Por tanto, ya estábamos desarticulados de la moda, porque esta nos llegó tarde, cuando ya llevábamos un tiempo viejo en plena usanza.

Luego, cuando se armó una agencia cubana del rock, para sindicalizar o tratar de reunir de algún modo a los roqueros, tratar de entenderlos de palabra y de papeles, (porque al final tampoco son entendidos muy bien), o registrarlos y legalizarlos, se enteran de que, en El Mejunje, la Rockoteca[xii] llevaba años funcionando, semanalmente, con agrupaciones locales o de otras partes, y Ciudad Metal, un evento anual que convoca la dirección cultural de la ciudad, con El Mejunje incluido y el rock muy dentro, al igual que cualquier otra expresión artística, estaba circulando sin grandes trabas por las calles santaclareñas.

Nosotros tampoco tuvimos ese problema que otros lugares sí, porque ya habíamos entendido a los roqueros, que solo quien los conoce a fondo llega a desprejuiciarse ante sus fascinantes malas apariencias: son la mejor gente que proviene del mundo hostilizado y se rasgan las vestiduras sencillamente por lo que aman y creen. Así de sencillo, el asunto.

Con las personas seropositivas al VIH, en la década del noventa, se suscitaron comentarios adversos por su asistencia abierta aquí; se añadieron coletillas extras y un tufillo extraño comenzó a paladearse…

Cuando aparece el VIH/sida[xiii] como enfermedad en la región, fuimos también los primeros en romper el muro de silencio, y abrimos El Mejunje para que —con enfermeros-guías-custodios, o como se llamase al cargo asignado para la vigilancia permanente del enfermo[xiv]— vinieran los sábados en la noche a disfrutar, o cualquier otro día de su preferencia; a compartir con nosotros y a sentirse aceptados, como más tarde esa política aislacionista rectificaría.

Asumimos ese otro riesgo de que anexaran otra oscuridad adversa a nuestro nada claro expediente; pero la vida, en esta ocasión, también nos dio la razón: esas campañas actuales ya no nos conmueven ni nos importan tanto, aunque hacemos eco de ellas como sea; por justas, porque les llevamos ventaja.

¿Y en cuanto a economía de recursos?

Cuando arribaron las directrices para el autofinanciamiento de las instituciones, no nos tomaron por descuido. Ya habíamos improvisado en esa vertiente para sobrevivir al período especial[xv]. Muchos no pudieron pagarse ni un caramelo, mientras nosotros trabajamos duro, fabricamos lo que hubiere en carencia, urdimos nosotros mismos los materiales de trabajo, inventamos y financiamos una plantilla por cuenta especial que cubríamos con lo que recaudábamos cada noche de actividad.

Lástima que luego desapareciera la posibilidad legal de seguir haciéndolo, pues con ese presupuesto éramos capaces de pagar a una parte de los artistas que invitábamos a actuar en el patio —para grandeza nuestra y elogio sano de ellos—, y hasta algunos otros suministros leves.

Es decir que, un cierto superávit en época difícil le permitió a El Mejunje, por su gestión financiera, auto salvarse…

El Mejunje se ha integrado desde sus inicios a la lucha contra la homofobia y participa activamente en jornadas y campañas que defienden la diversidad sexual (Jorge Luis Baños).Sí, definitivamente El Mejunje siempre ha sido un adelantado de su tiempo, cuando llegan las cosas, ya estamos de pasada. Tú, que has participado en casi todos los eventos importantes del país contra la homofobia y sus jornadas, ya sabes cuánto llevamos en eso desde siempre.

Nosotros hemos hecho, sin temor a lo efímero que parezcan resultar, jornadas tan normales, sin mucha alharaca, pero constantes, recordándole a la gente de aquí (que es la que más nos ve hacer) que hay que dejarse de paños tibios y pacatería con la diversidad: aceptarla como es y listo. Nada más que hablar del tema. Si de otras partes nos han visto hacerlo de esa sagrada manera, pues mejor para ellos.

Es el apego por las estadísticas y el control lo que mueve a esa maquinaria emergente… ¿No crees?

¡Ay! Yo no sé. El otro día me preguntaban cuántas acciones se habían hecho aquí para preservar la integridad en la salud de los homosexuales, los bisexuales y los hetero… y no supe qué contestar. Jamás he sacado cuentas, ni anotado nada. Tengo la convicción profunda de haber promovido cientos de ellas en estos años, pero que nadie me pregunte cuántas. Es un misterio total para mí: la cantidad.

Todas las noches se reparten condones y cremitas lubricantes; una vez por mes, y hasta semanalmente, distribuyen su propaganda los muchachos de promoción, las asociaciones HSH[xvi], etc. Yo no trabajo para eso: aquí todo se integra naturalmente. Creo que somos el único centro cultural del país que ha conseguido eso: armonizar homogéneamente todas sus partes y a sus copartícipes. Quizá es también por esa condición, la centralidad, que la usas en tu personaje como recurso de su discurso artístico… (“fuerza centrípeta”, dices)…

…y si una persona difiere de otra por su intencionalidad cultural, social, sexual, etc., encuentra listo aquí un espacio unificador por antonomasia…

Un hecho superior es lo que nos dignifica: este es un espacio, por sobre todo lo demás, humano. Realmente humano, y primero que todo. Viene más gente aquí que a la iglesia —la Catedral de Santa Clara habita al lado nuestro, y lo podemos corroborar a diario—, quizá porque presiente que va a hallar más comprensión para sus maltratadas vidas acá que en aquella; imponente y menos solaz.

También hemos tenido la suerte de encontrar, para la mera existencia y funcionamiento de El Mejunje, a un personal especialísimo, especializado ya en avatares tales, cual reclamo a la agudeza y honestidad que hemos precisado. Son de una exigencia demostrada, porque de lo contrario no podrían sumarse al colectivo que formamos: nadie que estuviera con nosotros hoy y ayer, en esta hermosa tarea, fue porque nos lo mandaran de parte alguna: se lo ganaron con su esfuerzo y dedicación al trabajo.

Cuando se crearon las plazas para emplearlos, ya teníamos al personal: técnicos, productores o ayudantes; algunos llegaron a ser perseguidos antes por la policía, azocados por su pasado incierto, pero dentro de El Mejunje se convirtieron en otras personas: este espacio no tiene nada absolutamente de mágico ni de maravilloso, es el trabajo diario el que nos educa. Y rinde frutos. La selectividad ha sido demostrada y suplantada por el verdadero talento.

…de manera que haber empleado aquí a ex delincuentes no te ha decepcionado, ni ellos te han defraudado con su conducta…

Para nada. Ni uno solo. Y ha habido varios que luego partieron por otras razones. Pero a mí ni me robaron, ni me traicionaron nunca. Te digo más: han llegado a ser tipos muy fieles, los más fieles que he tenido emplantillados. ¿Qué te parece la paradoja?

Bueno, que eso demuestra la llaneza de tus intenciones…

Pues, como puedes ver, cada día estoy más contento, el haberlos dispuesto me demuestra de qué parte está la razón: son mis amigos todos los trabajadores del lugar; aquí no considero que dirijo a nadie, cada cual aporta y anda como sabe que debe andar, sin requerimientos falsos ni arbitrariedades. Conformamos un colectivo unido y siempre presto a trabajar en lo que dé a urgencia nuestro día a día. Y eso no se encuentra fácilmente en todas partes.

Existe una suerte de pacto callado de autodisciplina, que sugiere el horario, se ajusta, y la gente cumple su misión sin alardes vanos. Ah, y mucho entusiasmo, no suelo trabajar con gente que no se entusiasme: si te falta el entusiasmo, aquí no puedes estar. Es el lema. Mis trabajadores, en general, se autodenominan “los recogidos de Silverio” porque andaban por ahí flotando, inoperantes, han llegado hasta aquí y se han quedado cuando han demostrado su entusiasmo por nuestra obra común.

La vez definitiva

Silverio, quiero apelar a tu buena memoria para que relates cuáles han sido los grandes momentos vividos por ti en estos 25 años, y que merecen ser contados ahora.

Algo insuperable fueron aquellas 30 horas continuas que hicimos en homenaje al Che[xvii] en 1997, cuando el regreso de sus restos. Fue extraordinario, a lleno completo, hubo recitales, encuentros múltiples: comenzamos a las 10 de la mañana del 8 de octubre y terminamos a las tres de la tarde del siguiente día, hora en que supuestamente fuera asesinado. Con la “Suite de Las Américas”[xviii], interpretada por la Banda Municipal de Conciertos de Santa Clara, la población participó en las actividades conmemorativas.

De los artistas que por aquí han desfilado tengo que recordar a Elena Burke[xix], algo que siempre quise tener: a Elena cantando como nadie, porque soy un gran admirador de su persona y sus cualidades vocales. Recuerdo que aquella noche en que cantó, dije a todos: “ya El Mejunje puede incendiarse, porque la Diva hasta aquí ha llegado, para quedarse”.

Así realicé uno de mis grandes sueños, de tenerla otra vez entre nosotros, toda una noche entera, de vuelta, antes de perderla físicamente. Fue una de sus últimas presentaciones, se desdobló sentada en este Bar, sobre aquel banquito, en unas 40 canciones sin parar, entre trago y trago, para delicia total e inolvidable de los mejunjeros presentes. Amanecimos con ella cantando. Me dicen que fue su última salida fuera de la capital. Y eso fue muy importante para nosotros, que la recordaremos siempre con música.

Otra fue la presencia, por un breve instante, de Luis Carbonell[xx], quien nos hizo un cuento pequeño, pero grande en la memoria, y que se pudo haber pagado de sobra. Y el poema: “Traigo a mi isla debajo del brazo, quién ha visto que un hombre quiera vender a su cocodrilo verde”. Lo hizo en el primer viaje de Elena, quien lo trajo consigo: fue un regalo magnífico del maestro Luis, a quien inexplicablemente no acaban por reconocerle todos sus méritos artísticos y de enseñanza descomunales.

Otro momento fue el dúo inmenso de Cascarita y Compay Segundo[xxi], bajo estos framboyanes, del cual no quedó constancia, sino en el recuerdo. La presencia, además, de una mujer que es, en sí misma, la Historia: Conchita Fernández[xxii]. Buenos amigos la trajeron hasta acá y ella se convirtió en la gran amiga de El Mejunje. El haberle celebrado sus 85 años aquí fue una fiesta colosal. Por haber sido la secretaria de todos los grandes líderes de este país, desde Chibás[xxiii] hasta Fidel, pasando por el Che, Don Fernando Ortiz (el etnólogo famoso), Carlos Rafael Rodríguez (el ex primer ministro), siendo mujer de una humildad y una cubanía tremendas, que continuó viniendo por varias veces más a este lugar. Eso honra. Alina Sánchez[xxiv], cantando la salida de Cecilia Valdés[xxv], con un coro de 70 voces allá, en la biblioteca, cuando recién nos estrenábamos con par de años a cuestas (la Ópera Nacional estaba de gira con “Tosca”, en el cine Camilo Cienfuegos, si mal no recuerdo, porque el teatro La Caridad estaba como ahora, cerrado). Aprovechamos e invitamos a todos los huéspedes del hotel Santa Clara Libre a que se nos unieran en la biblioteca, para celebrar la visita, y bajó hasta el sitio un público excepcional.

La Trovuntivitis es un proyecto que aglutina a trovadores de todas partes e inclinaciones y cuenta con más de 10 años de fundado (Archivo IPS Cuba).O Sara González[xxvi], cantando a capella también en ese lugar, “Tu nombre es pueblo”. La gran descarga de Santiago Feliú[xxvii] este mismo 2009, de 20 horas creo, en el ruedo. No: desde las tres de la mañana hasta las tres de la tarde, fueron 24 horas. O las de Gema y Pável[xxviii]; creo que hay muchos otros que no menciono por extensión, como Sergio Corrieri[xxix] o Enrique Núñez Rodríguez[xxx], por ejemplo. O los invitados a las jornadas por los 10 años de la Trovuntivitis[xxxi], que fueron tres días seguidos donde cualquiera amanecía dormitando en cualquier parte del local.

El Mejunje está lleno de momentos estelares que bien se conocen. Creo que es más fácil decir los que no han sido estelares, que de aquellos que sí lo fueron. He de admitir que he tenido otras muchas satisfacciones, como así problemas… y algo que no puedo pasar por alto es el apoyo que la prensa siempre nos ha dado, desde su trinchera de letras, porque es sano añadir que casi todo artículo reseñado ha sido desde la poesía: uno revisa y no deja de sorprenderse de la fineza de esos textos, dichos con el mayor amor del mundo, donde nadie ha sido falso.

La prensa siempre ha tratado de defender El Mejunje. Creo que muchas veces sus reporteros han venido aquí, y aun no estando de acuerdo con todo lo que les hemos presentado, no habiéndoles gustado del todo la oferta de ocasión, han sido de maravillas; se han comportado como verdaderos caballeros de la discreción, pues a la prensa —ya sabes— no es fácil satisfacerla. Aún en contra de sus personales apreciaciones, han preferido callar antes que hacerle daño a la imagen que queremos en conjunto salvar, pues bien saben cuánto lo hemos defendido contra toda corriente adversa. Ha sido definitivamente la prensa cubana nuestra amiga, y la foránea pues a veces también.

Todos, de manera callada o explícita, nos han defendido; y de forma hablada, además, cuando ha hecho falta. Sobre todo en los años aquellos, como hizo el periodista Pedro de la Hoz[xxxii], que era el reportero cultural del diario provincial Vanguardia; también Luis Machado Ordext y Alexis Castañeda Pérez de Alejo, junto a Frank Abel Dopico[xxxiii], quienes hicieron gran campaña en su momento a favor del lugar. Por ejemplo, Dopico escribió algo relevante en Huellas cuando aún se publicaba, bajo el nombre hermoso de “Réquiem por El Mejunje”, el que me atrevo a recordar como uno de los textos más poéticos jamás escritos sobre nuestro proyecto. Y siempre todos ellos han estado imbuidos en el espíritu bohemio de El Mejunje, porque nos distingue un aura muy particular.

Hablando de los eventos notables que El Mejunje ha realizado, al margen de convocatorias, etcétera, desde los festivales de todo tipo, incluso los de Teatro de Pequeño Formato, las galerías de Música, Poesía, Grabado y Pintura, La esquina del Club del Poste[xxxiv], las subsedes del rock y hasta los concursos Miss Travesti de antaño, en sus congregaciones nacionales y multitudinarias, la pregunta sería: ¿Cuál crees tú que es el destino de estos eventos, en especial el de teatro, que es uno de los más abarcadores de talentos del país a principios de cada año?

Creo que se seguirán haciendo, a pesar de todas la carencias y dificultades, y que, muy por lo contrario, resulten cada vez mejores; por lo menos es lo que piensa el colectivo aguerrido que tengo y lo que pienso yo, pues cuando alguno ya no sea posible continuarlo, porque factores externos e internos así lo aconsejen; cuando haya decaído como todo en esta vida, consideraremos lo más acertado quitarlo, que es lo recomendable en estos casos. Uno debe tener visión de aquello que ya perdió vigencia, por mucho que queramos salvarlo; es mejor matarlo que dejarlo morir de muerte natural —en eso debemos lisonjear la eutanasia. Pero todas estas cosas las veo como que van a cambiar para mejor.

Uno de los paradigmas de El Mejunje es el grupo musical Los Fakires[xxxv], que inexorablemente va camino a la ancianidad. De hecho Cascarita, quien fuera por mucho tiempo su cantante insignia, apenas puede andar. ¿Qué va a pasar cuando los iconos de este lugar comiencen a declinar y los sustitutos que arriben demoren en alcanzar esta categoría de prestigio? ¿Has pensado en algún grupo emblemático, en específico, para relevarlo?

Sí, he pensado en eso y de hecho ya los tengo juntos en muchas noches de la buena suerte: se trata de SonAché[xxxvi], ese otro representante de la música cubana y que goza de ser popular como su predecesor, aunque creo que a Los Fakires aún les quedan algunos años de guerra y alegría en la escena nuestra.

Claro, no concibo la resurrección de los nuevos Fakires, pues eso no tendrá segunda opción, sino los preclaros valores que serán aceptados como buenos en las noches de viernes, que es cuando suelen tocar aquí, para la mayor concurrencia de la semana, junto a la de las discotecas de los sábados en la noche. Siempre digo que lo auténtico se muere con uno; es decir, con ellos, cuando ya no estén. Entonces comenzaremos a ponerlos en la victrola de los lunes, que es cuando reproducimos toda esa nostalgia que invadió los bares y las cantinas de Cuba. Para recordarlos íntegros en su grandeza y en nuestra memorabilia…

Aprecio que, con el tiempo, los programas cambian. Por ejemplo, los tambores sabatinos no eran parte del programa de El Mejunje antes, más bien deben ser de este proceso de sustituciones y enriquecimientos sincréticos a los que nos acostumbramos casi sin darnos cuenta: parece que cuando los habituales se van, pues nada mejor que indagar en las otras opciones, a ver qué pasa…

El Mejunje, en efecto, ha ido haciéndose sobre los grupos que lo han ido morando, explicando, y que van arribando, haciéndose fuertes. Se nota una cultura, una manera de hacer, pues la ambición que ha tenido El Mejunje es esa: construir los apoyos que la gente necesita para realizarse.

…Ser lo que todos a coro alguna vez le cantamos: “Nuestra Casa”[xxxvii]

Así, la mayoría de los grupos que hoy ostentan un nombre y sus miembros reconocibles, los verdaderos poetas —hacedores de las artes, que no están algunos, siquiera, en Cuba—, con pininos fueron primero haciéndose en nuestro lugarcito, antes de volverse famosos o grandes, y reconociendo la procedencia y la matriz de sus obras aquí, algunos en aporte, lo que nos da un orgullo extra. Sus primeras obras fueron experimentos que no creo tampoco sean marcadoras o definitorias para nada, lo que pasa es que lo hicieron primero aquí, y esa circunstancia los hace notables, al menos para nosotros.

También, por ejemplo, Aceituna sin Hueso se estrenó en estos predios, con Miriela Moreno[xxxviii] al frente de aquel proyecto musical emprendedor…. Y otros muchos como Julio Fowler, Amaury Gutiérrez, Lázaro Horta, Carlos Trova[xxxix], y los omniscientes poetas del Club: Veleta, Riverón, Yamir[xl]

Sí, y creo que la mayor parte recuerde ese origen “incierto”, al menos ha dado señas posteriores de reconocernos como los que brindamos nuestro espacio iniciático; a veces han dicho que aquí les acogimos “como hijos”. Los que se fueron, digo que más. O los que no volvieron, que fueron pocos. Celebramos el triunfo de todos los que por aquí pasaron, sean agradecidos o no. Los demás trovadores y artistas han dado muestras inmensas de simpatía y eso compensa todo lo demás: Gretel Trujillo[xli], Norge Espinosa[xlii], eran actores esenciales que vivieron la aventura, de conjunto con la Leña del Humor, Verónica Lynn, Pedro Vera[xliii], gente que conformó el embrión por surgir o se presentaron aquí posteriormente, porque también El Mejunje ha sido generador de grandes representaciones, buenos escritores y mejores escritos.

Puede estar abierto el teatro La Caridad, el cine Camilo Cienfuegos, los bailables públicos y las opciones de La Casa de la Ciudad, que el público que aquí viene estará garantizado: si, por variar, desean ir a esos lugares y a sus propuestas otras, cuando terminan todos —que ocurre siempre más temprano que acá—, pues entonces se suman luego a nuestra noche interminable. Por eso estoy convencido de lo estable, porque creo que no va a faltar gente que quiera seguir viniendo, aunque haya otras tentaciones.

Es decir que si, que de forma religiosa casi, volverán los cofrades a bordo de la nave mejunje-Ra a pesar de las tentaciones (la cursiva para ensalzar lo épico en tu obra)… Silverio, para terminar esta larga conversación que, en lo personal, ha resultado tan enjundiosa, ¿qué han sido para el hombre de teatro y promotor cultural que eres, estos años que ya suman un cuarto de siglo (número que se dice fácil pero, ya sabes: supera la máxima gardeliana[xliv]) en la realización de tu “utópico” proyecto?

Lo mejor de mi vida: haber confiado en la gente, haberme sentido útil, poder visitar la verdad de lo bueno; mirar en el fondo del ser social hallando lo bello, disfrutando la realización de este sueño; ayudarme también muchísimo a mí mismo, pues me ha servido concertarlo. Haber tenido a mi lado a invitados notables, desde deportistas hasta políticos encumbrados, desde artistas dignos hasta dirigentes de apoyatura, ha sido el resumen feliz de mi existencia: los supuestos marginales que no lo son tanto y que me han acompañado para desmentir prejuicios; los sencillos seres humanos que ocupan esos cuerpos que jamás me han traicionado, a quienes en conjunto les he brindado mi casa, siendo todos muy correctos en cuidarme, en protegerme contra toda agresión de cualquier índole, y se autodefinen —estentóreamente— como “mis protectores”.

Pero, a manera de resumen: he disfrutado a mares hacer “la ventura” del Mejunje, que de alguna sagrada manera es también “la aventura de mi vida”, que es además reconocer al hombre de verdad, con sus problemas, sus contradicciones y sus conflictos. Bajezas y bondades, todo aquí, en la práctica, absolutamente todo mezclado.

He visto por tanto tiempo, que ya perdí en esos menesteres humanos la real capacidad de asombro: casi todo lo que me ha sido dado conocer. Y creo también que escuchar a la gente menos escuchada ha sido un privilegio enaltecedor.

Yo sé que la gente tiene muchas cosas que decir, y solo espera a que aparezca esa otra persona que quiera tener el tiempo justo para dedicarle el oído pacienzudo; y decir, decir lo que a cada cual preocupa. De forma breve, te digo que estos 25 años han sido como una gran fiesta, en la que he vivido intensamente y ojalá pueda estar, para disfrutarla muy sapientemente, otros 25 más.

A diferencia de la fiesta natal de José Lezama Lima[xlv], esta, la tuya, resulta conocida y renombrada…

Llevar la vida sin rencores, ser plenamente positivo, es mi meta. Casi todo pasarlo por alto. Sin dejar de sentir lástima por la ignorancia ajena, claro, pero sin remordimientos. Tampoco creo que haya hecho nada extraordinario; hice lo que me tocó hacer en mi tiempo. Me pesa no haber hecho más y abogo por que todos los días me levante con idéntico entusiasmo, para que las tareas del día se me tornen más amables que lo comúnmente, para que más a menudo me dejen llevar mis ideas de cabo a rabo… Buscar la complicidad de la gente que me apoye en mis inventos, se excite y me quiera ayudar honestamente. Tengo muchas más cosas buenas para recordar que negativas, así que ya ves: a trabajar…

La última pregunta… El próximo 22 de septiembre arribas a tus 60 “añitos”, casi la mitad de lo que has dedicado a esta quimera: tu sempiterna juventud. ¿No piensas jamás en el retiro?

Para nada. No he pensado en retirarme nunca. Estaré en pie hasta que la vida lo permita. Eso solo sucederá cuando me dedique, sin quererlo, a sonsear; o me ponga a hacer papelones ridículos en mi comportamiento ciudadano y ya no deba asumir la dirección de mi creación” por más.

Lo otro será vivir de mis recuerdos, de mi pasado, pues ya le tengo encargado a mis amigos que, sin piedad ninguna, me encierren, me pongan cuatro candados a la puerta de la casa y me impidan salir a desvergonzarme en plena calle; ninguna otra actitud me es preocupante ahora.

Ejercito todos los días para que no me llegue ese “nunca”, esté siempre lúcido: la fórmula ya la encontré hace tiempo en estar rodeado de gente joven, que es la única posible, porque mi generación se perdió y yo la miro en la distancia y percibo que no tengo nada que ver con ella, ningún punto de contacto con esa pérdida horrenda del pasado, yo soy de ahora; de la gente que tiene 18, que tiene 20 años. Por eso cumplir 60 años nada significa para mí: uno es de la edad que tenga la gente con la cual te rodees, pues ello conlleva más deseos de hacer y de vivir, y voluntad de soñar, que es lo importante.

Por último

Una imagen se superpone ante mí, tras sus palabras, y se devela nítida al terminar esta conversación. Trato de imaginar a los que ya no están, los que abierta o calladamente fueron evocados en el transcurso de la plática, las voces que aquí cantaron o crearon resonancias, acaso más largas que sus vidas mismas; los que decidieron ir a vivir a otras tierras, como el poeta Dopico, o el trovador Amaury; los que dejaron a sus hijos el asiento en las gradas para que les sustituyeran en el pase habitual de listas, en la responsabilidad de la sucesión; los que rompieron tristemente con el engarce abarcador de las para nada burguesas y sanas ambiciones. (O los que nunca estuvieron aquí, como el Guerrillero Heroico, a quien quiero creer moderno, desprejuiciado, pleno entre artistas y creadores libres, músicos alocados, jóvenes ariscos de la autoridad irreflexiva, rebeldes y pintorescos travestis y los eternos héteros aplatanados de El Mejunje.

Resulta arduo para mí, que llegué al sitio cuando cumplía sus primeros años, en 1994, y acarreaba conmigo una imagen ambigua y retorcida de las fobias; más no para Ramón Silverio, quien ha confesado que su admiración primordial reside en la remembranza cotidiana de la figura mítica del Héroe de Santa Clara, su liberador definitivo en 1958. O para Mariela Castro[xlvi], quien desde su centro sexológico transformador, y a veces de paso por aquí, lo asume como una verdad inobjetable: el Che la habría ayudado sin falta en su cruzada civil por la aceptación total de la diversidad, por la sabia tolerancia, por la asunción definitiva del intríngulis cubano y de su especial mixtura).

Todo ello conforma la esencia y la contraesencia de esa multiplicidad de vistas que se ofrece al espectador más avezado, y al no tanto; lo que hace distintivo en su exclusividad a El Mejunje santaclareño, porque no hay sencillamente otro con que compararlo.



Notas:

[i] Proverbio recurrente de Roxana Rojo, maestra de ceremonias en noches de espectáculo. Con el nombre de Roxana Petrovna Krazhnoi y Vladivostova, se presenta el personaje humorístico y animadora, de origen soviético, fruto de la elucubración del autor de este trabajo.

[ii] Margarita Casallas fue, hasta su muerte en 2006, promotora incansable y directora del Teatro Guiñol de la ciudad de Santa Clara. Estuvo junto a El Mejunje como iniciadora, a la par de Silverio Gómez, y como productora ocasional de espectáculos diversos. Tuvo que ver con todo lo hermoso que se hizo en teatro en esa época importante de la ciudad.

[iii] Jesús (Pucho) López, destacado pianista villaclareño, jazzista y arreglista musical.

[iv] Leoncio Yanes, decimista notable y poeta villaclareño, cuyo centenario se celebra este 2009.

[v] La sala Alejandro García Caturla (abogado y músico de la zona) es parte de la biblioteca provincial José Martí Pérez y fue el lugar donde se expusieron al público, en 1997, los restos de Ernesto Che Guevara, recuperados en el lugar de su caída en combate en los cerros bolivianos, ocurrida en octubre de 1967.

[vi] Ciudad portuaria de la costa norte de Villa Clara y a unos 50 kilómetros de la capital provincial.

[vii] Ex presidente primero de la Asamblea Municipal del Poder Popular (alcaldía) y con posterioridad lo fue de la provincial.

[viii] Era primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) en la provincia, durante la época de surgimiento de El Mejunje.

[ix] Manuel Vila, ex primer secretario del Partido municipal en etapa posterior, quien luego fue promovido y designado en el mismo cargo a nivel provincial.

[x] Miguel Díaz-Canel, ex primer secretario del Partido en la provincia y actual ministro de Educación Superior.

[xi] El filme cubano Fresa y Chocolate (1993), de Tomás Gutiérrez Alea, fue la primera película que abordó descarnadamente la problemática de la política cultural, intelectual y de la orientación sexual en la sociedad cubana.

[xii] En la programación semanal de El Mejunje, la noche del martes se dedica a La Rockoteca, exclusivamente para promover la música rock nacional y extranjera. Acuden los jóvenes de esa ciudad y de todas partes del país.

[xiii] Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (AIDS, por sus siglas en inglés).

[xiv] Desde sus comienzos en 1986 y hasta mediados de la década del noventa, el sistema de atención al VIH fue con internamiento para todas las personas seropositivas. Personal de enfermería se mantenía a cargo de los movimientos que cada paciente ejecutara a lo largo del día, fuera del sanatorio, y era responsable total de la alimentación y medicamentación en regla, con sus horas y fechas. Con esa medida también se buscaba evitar la propagación por contagio a personas sanas y desconocedoras del sujeto enfermo o portador.

[xv] Nombre con el cual se identifica la crisis iniciada a principios de la década de los noventa del pasado siglo, con la caída del ex campo socialista europeo y el recrudecimiento del embargo económico de Estados Unidos a Cuba.

[xvi] Hombres que tienen Sexo con otros Hombres es un proyecto de prevención promovido por el Centro Nacional de Prevención de ITS/VIH/sida en el país y la provincia.

[xvii] Che es apócope y alias del argentino Ernesto Guevara de la Serna, quien fue héroe de la Revolución cubana y murió en la guerrilla clandestina boliviana en 1967.

[xviii] Obra de cámara compuesta por Dámaso Pérez Prado, autor cubano fallecido en México en el siglo pasado y creador del ritmo mundialmente conocido como mambo.

[xix] Fue voz singular de los cuartetos de Orlando de la Rosa y de Aida Diestro —mejor conocido como Las D´Aida—, en el siglo pasado. Paralelamente, desarrolló larga carrera como solista, hasta su fallecimiento en 2006.

[xx] Conocido por su poder declamador como “El Acuarelista de la poesía antillana”, el maestro de maestros Luis Carbonell es una de las figuras prominentes de la cultura cubana, y por décadas ha sido educador de las voces más relevantes de la música popular, tradicional y clásica.

[xxi] Conocido como Cascarita, Martín Chávez Espinosa fue cantante del grupo de música tradicional Los Fakires. Junto al también compositor y miembro del dúo Los Compadres: Ricardo Repilado (Compay Segundo) y su par Lorenzo Hierrezuelo dieron la vuelta al mundo con sus magníficas voces. Aparecen todos en el catálogo de la música cubana contemporánea.

[xxii] Concha Fernández, relevante secretaria de personalidades políticas de la historia cubana, desde la república hasta la revolución de 1959.

[xxiii] Eduardo Chibás dirigió el Partido Revolucionario Ortodoxo en los tardíos cuarenta, del cual formó parte el Dr. Fidel Castro Ruz.

[xxiv] Alina Sánchez es soprano lírica solista, fundadora de la Ópera Nacional de Cuba.

[xxv] La salida de Cecilia Valdés es una zarzuela perteneciente al maestro director Gonzalo Roig, músico y compositor cubano del pasado siglo.

[xxvi] Sara González es cantante y compositora de la nueva trova cubana, fundadora además del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (Instituto Cubano de las Artes e Industria Cinematográficas).

[xxvii] Santiago Feliú pertenece a la segunda hornada del movimiento de La Nueva Trova Cubana, junto a su hermano Vicente, ambos muy conocidos en los ámbitos nacional e internacional.

[xxviii] Gema Corredera y Pável Urquiza son también miembros de ese último grupo, actualmente residentes en España.

[xxix] Sergio Corrieri fue un destacado actor cubano, fallecido en 2008 y fundador además del Grupo de Teatro Escambray, radicado en las montañas de Las Villas. Fue presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) y muy conocido en el mundo por su notable papel en Memorias del subdesarrollo, filme de Tomás Gutierrez Alea, que narra historias tempranas de adaptación posrevolucionaria.

[xxx] Enrique Núñez Rodríguez fue periodista, dramaturgo, humorista y libretista oriundo de Quemado de Güines, al norte de Villa Clara. Nutrió los grandes elencos del Teatro Martí, en Ciudad de La Habana, y tuvo bajo su égida a figuras importantes, como Alicia Rico, Charlie Po, Candita Quintana, etcétera.

[xxxi] La Trovuntivitis, como La Rockoteca, es espacio de jueves en la noche, en la programación de El Mejunje, para dar cabida a trovadores de todas partes e inclinaciones, quienes este año celebran su primer decenio de fundada.

[xxxii] Pedro de La Hoz, actualmente periodista del diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba.

[xxxiii] Estos nombres son tres de los más destacados reporteros culturales, periodistas y poetas de la intelectualidad santaclareña agrupada en torno al Mejunje de Silverio, desde sus inicios. Alexis Castañeda ha seguido estos 25 años y ha reescrito la historia del lugar. Frank Abel Dopico ha publicado varios libros de poesía, reside en España desde la década del noventa y continúa su producción. Se popularizó escribiendo, por encargo, cartas de amor anónimas. Ricardo Riverón ha dirigido revistas folclóricas territoriales, entre otras tareas literarias.

[xxxiv] Como grupo de decimistas de hondo arraigo costumbrista, el Club del Poste se yergue en los tardíos ochenta dentro del propio Mejunje. Luego se sumaron otros poetas de la región para variar crecientemente sus experiencias y talentos.

[xxxv] Este grupo de música tradicional santaclareño se funda en 1964. Actualmente lo integran José Remiet (guitarra), Gilberto Abreu (bongoes y trompeta), Rafael Valdés (voz), Luis González (voz) y Juan José Bringues (saxo y director). Cascarita fue su voz líder desde 1973 hasta 2006, fecha en que se retiró.

[xxxvi] Agrupación musical de jóvenes cultores del son (género popular cubano), de honda raíz folclórica. Incursiona también en la fusión de corrientes y géneros nacionales e internacionales de la música.

[xxxvii] “…estamos aquí con la sensación de no ver la luz, pero no verla es mejor: luces nunca tuvo nuestra casa”… (emblemática canción del trovador local Raúl Marchena, quien junto a Roly Berrío, Leonardo García, Dieguito Gutiérrez y Alain Garrido la convirtieron en himno lugareño de la Trova Villaclareña en su espacio de conciertos, cada noche de jueves).

[xxxviii] Aceituna sin Hueso y su cantante Miriela Moreno son fruto neto de las fundaciones trovadorescas de El Mejunje.

[xxxix] Trovadores que se acercaron al espacio desde sus inicios, con excepción del último (Carlos Trova, quien trabaja aún en el balneario de Varadero, en la central provincia de Matanzas), todos salieron de Cuba hacia diversos destinos, sin dejar por eso de cantar y componer como cubanos.

[xl] Veleta (Jorge Luis Mederos), Ricardo Riverón y Yamir Díaz Gómez son tres de los pilares remanentes en la ciudad del originario Club del Poste.

[xli] Gretel Trujillo es actriz villaclareña del teatro y la televisión, quien reside actualmente en Estados Unidos.

[xlii] Norge Espinosa es poeta, crítico teatral, dramaturgo y asistente de dirección y de escena, también santaclareño. Deslumbró a los lectores en los ochenta con su poema de corte homoerótico “Vestido de Novia”.

[xliii] Algunas de las reconocidas agrupaciones, actores y directores teatrales que desfilaron por El Mejunje, en reiteradas ocasiones, durante todos estos años.

[xliv] Del conocido tango argentino de Carlos Gardel y Armando Lepera se extrae el bis: …” que veinte años no es nada”…

[xlv] Escritor cubano del pasado siglo, autor de la novela Paradiso, considerada obra cumbre del posmodernismo narrativo insular. Su obra poética es también trascendental para la cultura hispanoamericana.

[xlvi] Mariela Castro, sexóloga, directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), quien ha defendido el derecho inalienable a la diversidad sexual en el país, entre otros temas preferenciales respetables. Es hija de Raúl Castro, actual presidente de Cuba, y de Vilma Espín (fallecida) ex presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).

 

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