A la búsqueda de Sarusky

Entrevista con el Premio Nacional de Literatura 2004.

UN COMIENZO INCIERTO…

Quién sabe si todo empezó hacia 1946 o 1947, cuando estudiaba el bachillerato en el Instituto de Santa Clara y, en colaboración con otros dos compañeros de clase, logra publicar aquel periodiquito medio humorístico para el que habían conseguido algunos anuncios. Lo llamaron El Zorzal, pero no logró sobrevivir más allá del segundo número.

O tal vez fue después, cuando ya en la capital comienza a trabajar en la oficina de una joyería de Monserrate , donde escamoteaba tiempo a su jefe para garabatear algún que otro cuento o artículo, que ni siquiera intenta publicar.

Pero decididamente Jaime Sarusky no tenía madera de comerciante, como exigían la tradición y las expectativas de su familia judía, pues, ¿a quién se le ocurre iniciarse en el comercio, más que todo, por razones sentimentales? ¿Cómo entender a quien tiene un pequeño negocio que jamás produjo ganancias, pero se da el lujo de auspiciar un premio literario en un suburbio de La Habana como era Marianao ? Y más allá de toda comprensión, ¿qué comerciante decidido a hacer prosperar su negocio le dedica sus vidrieras a José Martí en el centenario de su nacimiento?

Más que cerrar un buen trato, aquel joven Sarusky , descendiente de judíos polacos, disfrutaba que su tienda fuera el lugar donde se reunían cada tarde los jóvenes aspirantes a escritores y artistas en una animada tertulia literaria. Allí mismo se estaba gestando la metamorfosis del comerciante en escritor y periodista y, por eso, en plena bancarrota, decide invertir las últimas ganancias de su tienda en remate para comprar un boleto de avión. No a los Estados Unidos para ir a ganar dinero, como le aconsejaban, sino a París. A estudiar, a escribir, a conocer, a vivir.

UN BUEN NUDO…

Todo parece indicar que el tiempo y la vida le dieron la razón a Jaime Sarusky , pero por las dudas, conviene preguntarle:

Al cabo de todos estos años dedicados a escribir, ¿qué satisfacciones te ha dado la literatura?

– Muchas y fundamentales, sobre todo en el acto mismo de la escritura. Esa relación de la subjetividad del que escribe con la realidad que se quiere representar u objetivar a través del lenguaje, te da la sensación, a veces, de acercarte a la magia. Pero escribir con ganas tiene también la virtud de liberarte de fantasmas que te acompañan y que, querámoslo o no, son un acicate, un buen combustible para aferrarse más al acto creador.

  ¿Es cierto que se escribe para tener más amigos?

– También es cierto que ser escritor te hace ganar amigos –y si no amigos, conocidos más cercanos– y no pocos enemigos, hasta gratuitos. Pero también te obliga socialmente porque tienes la voluntad y están dadas las condiciones, incluso intrínsecas a la profesión, de asumir, con cada línea que escribas o publiques, una responsabilidad individual y social.

  En el conjunto de tu obra, ¿cómo valoras tu novelística?

– Francamente, tanto La búsqueda como Rebelión en la octava casa y Un hombre providencial son igualmente importantes para mí. Las tres son muy diferentes y cada una tiene partidarios y no dudo que detractores. La búsqueda , sin embargo, tiene una trayectoria más accidentada. Por ejemplo, un crítico y profesor la calificó de “decadente” y “existencialista”, términos que en la década del sesenta del siglo veinte eran malas palabras en Cuba, aunque hoy pienso que aquel juicio estuvo influido por razones extraliterarias .

“Al mismo tiempo, varios escritores y críticos la elogiaron, incluyendo a Claudia Beck , la investigadora y periodista estadounidense que escribió un breve pero muy penetrante ensayo. Incluso el jurado del Premio Casa de las Américas le otorgó Mención en el concurso de 1961.

“Rebelión en la octava casa también obtuvo Mención en 1966 y aunque apenas se escribió sobre ella, el propio Carpentier dijo: ‘La novela de Sarusky es de una notable originalidad. Tiene por protagonista el peligro: peligro, para dos revolucionarios, de lo que significa la calle; pero peligro también, indefinido, misterioso, raro, astral de lo que significa la casa a cuya protección se han acogido. Hay momentos en que el peligro de la casa se vuelve más angustioso que el peligro circundante”.

“Mi tercera novela, Un hombre providencial, obtuvo el Premio Alejo Carpentier en 2001 y parte de la historia de William Walker , el aventurero estadounidense de mediados del siglo XIX, pero tratado desde la ficción”.

Además de narrador eres un periodista en activo y has publicado los libros de reportajes El tiempo de los desconocidos (1977), Los fantasmas de Omaja (1986) y La aventura de los suecos en Cuba (2002). ¿Ves tu oficio de periodista como algo independiente de tu trabajo como escritor?

– En mi caso los dos oficios siempre van juntos y quizá se complementan. Pero si la mirada va más al fondo, ¿acaso no hay una escisión sutil entre ambos? ¿Cuántos escritores no se han perdido a causa de que se ejerza tan solo el periodismo, cualesquiera que sean las razones que lo provocaron? Al mismo tiempo, he observado que hay escritores incapaces de lograr la síntesis y el lenguaje imprescindible que se requiere para hacer buen periodismo.

“Sin embargo, como por milagro de prestidigitación, el trabajo periodístico me liberaba muchas veces del enclaustramiento a que yo mismo me obligaba, sobre todo cuando estaba en proceso de escritura Rebelión en la octava casa. Era tan obsesivo y absorbente y solitario que entrar en contacto con la gente, sociabilizar aquella tarea a través del periodismo, me daba como un segundo aliento para seguir adelante en ambas vertientes. De todos modos, esa es mi experiencia personal y no creo que es inteligente generalizar porque cada caso es, como rezan ciertas invitaciones, personal e intransferible”.

A veces has conversado con algunos amigos sobre la posibilidad de escribir unas memorias, en las que cuentes no sólo tus peripecias como escritor, sino, por ejemplo, tu relación con el judaísmo o tu visión del proceso cultural cubano en los últimos cincuenta años… ¿Existirán esas memorias?

– No sé si serán memorias o ficción, pero algo escribiré sobre ese tema o temas que he venido eludiendo desde hace mucho tiempo. Pretender reconstruir objetiva y subjetivamente un carácter, una personalidad, una trayectoria nada fáciles , tiene un alto precio emotivo y, al final, quizás habrá que pagarlo de un modo u otro. Esa es, quizá, mi asignatura pendiente.

…Y UN MEJOR DESENLACE

El 20 de diciembre de 2004 recibiste el Premio Nacional de Literatura, que es sin dudas el mayor reconocimiento que se entrega en Cuba en el campo de las letras por la obra de toda una vida. ¿Sientes de algún modo que esta es la culminación de una carrera?

– De ninguna manera creo que el Premio Nacional de Literatura sea una culminación. No me veo a mí mismo abanicándome confortablemente y empezando a disfrutar de las supuestas glorias que otorga una distinción que veo como un escalón mayor y más complejo a conquistar, sobre todo ante mis propios escritos, sean ficción, ensayo o periodismo. Pero no puedo negar que me satisface que se otorgue como reconocimiento a mi obra literaria y periodística que se inició hace más de medio siglo.

“Quizá no hace falta repetir aquí, pues ya fue dicho por el jurado que le concedió la distinción, que Sarusky , además de un consistente novelista, es un rastreador de historias singulares relacionadas con la identidad nacional y que ha utilizado el periodismo para difundir algunos de los aspectos menos explorados de la cultura cubana.

( Cult . y Soc .01/05)

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