Fecundidad: una cuenta hacia atrás

Repaso y contexto a la situación de la fecundidad en Cuba según una de nuestras publicaciones de 2006.

Archivo IPS Cuba

Cuba integra, junto con Argentina, Uruguay y Chile, el grupo de los países latinoamericanos con una transición demográfica completa o muy avanzada. Si a principios de los ’50s, la Tasa Bruta de Reproducción (TBR) –cantidad de hijas por mujer en edad fértil- era cercana a dos, a principios de los ’90s ya había descendido a 0,89 y al cierre de 2004 era de 0,75.

 

Según el informe presentado por la isla a la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo de 1994, “la fecundidad es la variable demográfica que más ha incidido de manera general en el volumen y estructura de la población en las últimas décadas”.

Esta situación no ha cambiado. Tal descenso está directamente relacionado con la definición de algunos de los más importantes problemas demográficos cubanos, encabezados, en la actualidad, por el envejecimiento de la población.

En 1994, de cara a esa cita en Egipto, el gobierno cubano fijaba su posición sobre el tema. Entonces evaluaba el nivel de fecundidad como satisfactorio y consideraba innecesario “una política tendiente a modificarlo”. Esa posición oficial continúa invariable 10 años después.

Pero la cuenta sigue en conteo regresivo y las familias reducen cada vez más su descendencia, sin tener en cuenta un pronóstico que preocupa a especialistas: no alcanzar los 12 millones de habitantes.

Desde 1978, la tasa de fecundidad en la isla está por debajo del nivel de reemplazo poblacional. O sea, por cada mujer en edad fértil no queda una hija que la sustituya en el papel reproductivo.

En términos globales, el número de nacimientos se mantiene propenso a la baja desde hace varios lustros. En 1970 nacieron 237 0 79 bebés. En 2004 la cifra fue de solo 127 0 77.

Eso significa que alrededor de 2015 las personas inactivas superarán a las laboralmente activas, por lo que se invertirá el llamado factor de dependencia, con un impacto directo en la economía. Los cálculos de especialistas y demógrafos advierten una amenaza entre líneas: el potencial laboral de la nación se contrae sin prisa, pero sin pausa.

El Censo de 2002 registró un equilibrio de la población por sexos en comparación con los datos de 1981, una disminución de las personas hasta 14 años y un aumento de las comprendidas entre 15 y 59. También es mayor el número de habitantes que suma más de 60 abriles y el de quienes viven en zonas urbanas.

“Con estos parámetros el país ratificó su tendencia a una madurez demográfica, similar al conjunto de países más desarrollados del mundo”, reza el informe del Censo.

Al parecer, la isla no llegará a sumar los 12 millones de habitantes. Pero esa preocupación aún no trasciende al ámbito familiar, admiten los expertos. Las parejas planifican su prole en función de lo que pueden darles durante la crianza, del espacio que tienen en la vivienda, de sus proyectos de realización personal… jamás en función de criterios demográficos como la tasa de reemplazo, aseveró recientemente al diario Juventud Rebelde, Enrique González, especialista del Centro de Estudios de Población y Desarrollo (CEPDE), de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE).

HISTORIA VIEJA

Cien años atrás las cubanas ya parían poco para su época y su entorno. Una mirada a un siglo de estadísticas lo confirma. “Ningún país del cual se tienen datos tiene una proporción más pequeña de niños bajo la edad de cinco años como la isla de Cuba”, asegura el Censo de Población durante la ocupación estadounidense en la isla, en 1899.

Informa el texto que la cifra de nacimientos por mil, que fue hasta 1896 superior a 12,1, experimentó una disminución paulatina para llegar en 1899 virtualmente a la mitad.

Análisis posteriores efectuados por el Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana (CEDEM) ven las causas esenciales del descenso de la fecundidad en los últimos años de la Guerra de Independencia, en la inestabilidad familiar y nacional, las deficientes condiciones de vida y las pérdidas humanas que produjeron desproporciones en la estructura por sexo y edad de la población.

El profesor e investigador de ese centro, Raúl Hernández, divide el caso cubano en dos etapas fundamentales: una que va desde 1900 hasta 1934, donde la esperanza de vida alcanza los 41,5 años en 1930 y la tasa bruta de reproducción –cantidad de hijas por mujer en edad fértil- desciende hasta 2,2 en 1931.

El especialista afirma en su libro La revolución demográfica en Cuba que 1975 podría tomarse como el fin de la segunda etapa, en la cual la esperanza de vida al nacer se eleva a 72 años y la tasa bruta de reproducción se deprime hasta sólo 1,06 hijas por mujer.

En otras palabras, desde inicios del siglo XX, la población de la isla comenzó el proceso de transición demográfica, caracterizado, según los especialistas del CEPDE, por varios aspectos relevantes: un ritmo de crecimiento bajo o lento de la población acompañado por un descenso intenso de la fecundidad.

Según manifestó el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA por sus siglas en inglés), en 1996, Cuba protagonizó, en las décadas de los ’70s y ’80s… “uno de los avances en la transición demográfica más acelerados y homogéneos de la historia demográfica contemporánea”.

¿SEGUNDA TRANSICIÓN O TRANSICIÓN CARIBEÑA?

Tal tendencia, inédita en el ámbito de un país en desarrollo, no va a ser reversible en el futuro inmediato. Los demógrafos pronostican que para 2050 más del 34 por ciento del total de la población cubana tendrá 60 años o más y la isla será entonces el país más envejecido de América Latina y el Caribe, juntamente con Barbados, y uno de los 30 más envejecidos del mundo.

Algunos especialistas mencionan ya, incluso, la posibilidad de que Cuba esté manifestando una segunda transición demográfica,

Según Juan Carlos Alfonso Fraga, director del CEPDE, el término alude a una concepción surgida en Europa, cuando teóricos de la demografía tratan de explicar qué pasa en ese continente luego de la primera transición.

“En Cuba, advirtiendo todo lo de polémico y controvertido que tiene el concepto, podría describirse a partir de una situación inédita, 28 años sin reemplazo poblacional, y todos sus efectos. Por ejemplo, se aprecian altos niveles de disolución de parejas pero también son altísimos los de recomposición de las familias. Cuba tiene una elevada tasa de divorcialidad, semejante a la de un país desarrollado, pero, a la vez, una fuerte tendencia a vivir en familia y esa es una de nuestras fortalezas.

También se aprecia la existencia de otro tipo de hogar reconstituido, donde conviven como hermanos los hijos de matrimonios anteriores de la mujer con los hijos de matrimonios anteriores del hombre y una postergación del nacimiento del primer hijo. Esto provoca un envejecimiento de la fecundidad.

“Yo no sé si finalmente se llamará segunda transición o transición caribeña –concluye Alfonso Fraga en entrevista con la quincenal revista Bohemia-, pero evidentemente hay un cambio que va mas allá de haber alcanzado bajísimas tasas de fecundidad y de mortalidad. Y no cayó del cielo. Ninguna sociedad como la cubana ha experimentado tan drásticas transformaciones sociales, políticas y económicas en tan cortos períodos: Pasamos de ser colonia a república neocolonial y de ahí a construir el socialismo en apenas 60 años. Eso trae una impronta demográfica.”

¿PARIR O NO PARIR? UNA DISYUNTIVA PELIAGUDA

El tamaño deseado para la familia en Cuba es pequeño. Lo saben los demógrafos, lo declara la población en encuestas diversas y lo confirman estudios disímiles hechos a lo largo del territorio nacional como los de salud sexual y reproductiva que hoy despliega el CEPDE o el efectuado para indagar las características socioculturales del aborto en Cuba, realizado por especialistas de la ONE en cooperación con el UNFPA en la década pasada, por solo citar dos ejemplos.

Pero ¿cuáles son las razones de la situación demográfica actual de Cuba?

Problemas de vivienda, aspiraciones de superación profesional por parte de las mujeres y poco o ningún apoyo de sus esposos en la crianza de los bebés, necesidad de encontrar un empleo adecuado, dedicación del tiempo necesario al trabajo y haber alcanzado el número de hijos deseados, son las principales causas del descenso de la fecundidad, según coinciden casi todas las investigaciones del patio.

Le siguen el deseo explícito de darle “lo mejor” a un hijo, sueño que, aparentemente, se complica si nacieran más. La disminución de la mortalidad infantil, preescolar y escolar, por otro lado, garantiza y otorga seguridad a la pareja en cuanto a la sobrevivencia de los hijos ya tenidos.

“La práctica de la interrupción de un embarazo no deseado de una manera legal e institucional y en condiciones de seguridad y las acciones desarrolladas en el campo de la planificación familiar, en función de preservar y respetar la salud y los derechos reproductivos de la mujer y de la pareja, han tenido un importante impacto en el descenso de la fecundidad”, asegura un estudio encabezado por la doctora Miriam Gran, de la Dirección de Estadísticas del Ministerio de Salud Pública.

Las madres también reclaman más infraestructura de apoyo al hogar como lavanderías, círculos infantiles o equipamiento doméstico que apoye las labores cotidianas.

En 1987, la Encuesta Nacional de Fecundidad, señalaba entre los factores principales, declarados por las mujeres para no tener hijos los siguientes:

Factores

Ponderación (%)

1. Tamaño de familia alcanzado

24

2. Edad en el momento de la investigación y posibles problemas de salud

26

3. Razones económicas

13

4. Problemas de vivienda

8

5. Resto (Pérdida vida social, Edad resto de los hijos, Trabajo fuera del hogar y otros)

29

Trece años después, en 2000, en otras investigaciones realizadas por el Ministerio de Salud Pública por la doctora Miriam Gran, se presentaban las siguientes estructuras, en este caso calculadas sobre el total de mujeres en edad fértil y no solamente sobre las expuestas, lo que introduce algunas variaciones en la comparación; pero no en la tendencia.

Factor

Ponderación

1. Tamaño de familia alcanzado

30,5

2. Edad

20,0

3. Interrumpe desarrollo personal

13,4

4. Problemas de vivienda

13,3

5. Pareja no estable

7,4

6. Otras causas

15,4

Sin embargo, otra razón comienza a asomar tras los pronunciados descensos de la fecundidad.

Un estudio iniciado por diplomantes del CEDEM entre diez parejas con edades entre 20 y 45 años y dos años o más de vida en común, verificó como vigentes las causas ya citadas, pero además detectó, en cuatro de los diez hogares, la presencia de ancianos incapacitados como freno para la maternidad. Como la serpiente que se muerde la cola, el envejecimiento ya aparece como causa, y no solo como consecuencia, de la actual coyuntura demográfica.

Las parejas entrevistadas confesaron desconocimiento de alternativas que les permitan enfrentar la atención permanente de adultos mayores, sin dejar de trabajar y desarrollar su vida con normalidad. También se percibió preocupación al no saber cómo manejar situaciones de la cotidianidad, relacionadas con la educación de los hijos y el intercambio o convivencia con el resto de la familia, sobre todo cuando comparten espacio varias generaciones.

MÁS ANTICONCEPTIVOS, MENOS EMBARAZOS

El uso y conocimiento de la práctica anticonceptiva en las mujeres cubanas pueden catalogarse de elevado desde la segunda mitad de los ’80s, reveló la Encuesta Nacional de Fecundidad desarrollada por el entonces Instituto de Investigaciones Estadísticas, hoy CEPDE. Una investigación más reciente, “Características socioculturales del aborto en Cuba”, en 1995, confirmó el hallazgo de la década anterior y notó que incluso se había elevado la prevalencia en su empleo. Y la relación es directa. Mientras más anticoncepción, menos nacimientos.

En 2000, una encuesta realizada por la Dirección Nacional de Estadísticas del Ministerio de Salud Pública con apoyo del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) dio el espaldarazo final. Aplicada a 7 263 hogares y en especial a 4 984 mujeres con actividad sexual, la exploración indicó que Cuba posee un 72,1 por ciento de cobertura anticonceptiva con métodos modernos.

El estudio también certificó que apenas hay diferencias entre regiones, zona urbana o rural, ligeramente marcadas entre grupos de edad y con discreta desventaja para las mujeres de menor nivel educacional.

También las cifras de aborto y regulaciones menstruales, aunque han disminuido en los últimos años, son altas en Cuba. En 2004 los abortos sumaron 20,9 por cada mil mujeres entre 12 y 49 años y las regulaciones, 36 por cada mil mujeres en esas mismas edades.

Y justamente la anticoncepción junto al aborto, la nupcialidad y la divorcialidad están considerados los determinantes más próximos de la fecundidad.

En el caso del aborto, los niveles por cada mil mujeres en edad fértil han descendido, así como las tasas de abortos por cada 100 partos y por cada 100 embarazadas. Pero los niveles siguen siendo altos. Las tasas de regulaciones menstruales, por ejemplo, son exponentes del uso aún elevado de estos métodos de interrupción como control de la natalidad en las mujeres cubanas. La tasa de abortos por cada mil mujeres en edad fértil fue en 2001 (último año de referencia encontrado) de 21,2 y la de regulaciones menstruales de 38,74.

CASARSE O “DESCASARSE”: LOS OTROS DETERMINANTES

Es un tanto más complejo entender cómo la nupcialidad y la divorcialidad influyen sobre la fecundidad.

Afirman especialistas que toda familia transita por un ciclo vital que la hace dinámica e interactiva. Este incluye desde la formación de la familia, su ampliación, hasta llegar a la ruptura que puede ocurrir por divorcio, migración o muerte.

La edad del primer matrimonio, concretamente, influye en el tamaño que va a tener la familia. En Cuba se mantienen aún patrones de nupcialidad temprana con parejas conformadas entre el mismo grupo de edad quinquenal o con solo un grupo de diferencia a expensas de mayor edad en los hombres.

La tasa de nupcialidad en Cuba fue de 13,5 por mil habitantes en 1970 y desde entonces ha tenido una tendencia al descenso hasta llegar en 2001 a 4,8. La divorcialidad, por su parte, se elevó de 2,9 en 1970 a 3,3 en 2001.

En general, las causas del descenso de la fecundidad en Cuba “se ubican en una compleja trama donde el patrón sociocultural, dado fundamentalmente por las características sociales y económicas del país en cada momento, transmitido y aprendido generación tras generación, resulta de difícil reversibilidad por su naturaleza multicausal y tiempo posible de cambio”, asegura el ya citado estudio del Ministerio de Salud Pública.

“Los determinantes próximos de la fecundidad –agrega- son coherentes con el comportamiento de la natalidad y algunos podrían constituir un área de análisis especial, si se desean modificaciones dirigidas a elevar los nacimientos en el país, las que difícilmente se podrían asegurar en cortos o medianos plazos, por formar parte del patrón sociocultural de la población cubana actual”.

LAS MUJERES CAMBIARON

Como bien dicen las expertas de la Dirección de Estadísticas del Ministerio de Salud Pública, la disminución de los nacimientos en la isla se ha instalado ya como parte del patrón sociocultural. Pero en este cambio son las mujeres las protagonistas de la transformación más radical.

“Un país que tenga los datos de incorporación femenina a la vida social y los niveles de salud sexual y reproductiva que tiene el nuestro no puede aislarse de esa realidad a la hora de explicar un descenso de la fecundidad”, asevera Alfonso Fraga.

En el CEDEM coinciden con ese criterio. La contradicción entre el espacio abierto a nivel social a favor de las mujeres frente a la permanencia de no pocas tradiciones patriarcales al interior de la familia también clasifica como causa del fuerte descenso de los nacimientos.

Así, la incorporación de la mujer a la actividad laboral y la certeza de vivir en un entorno cada vez más complejo y competitivo, los altos niveles de educación y cultura, el libre acceso a métodos de planificación familiar o al aborto y las garantías de salud sexual y reproductiva, se suman a la lista de motivos por los que los niños cubanos no tienen un hermanito.

Para la doctora Patricia Ares Muzio, jefa del grupo de Familia de la Facultad de Psicología, de la Universidad de La Habana, aún cuentan otras conquistas que repercuten en la autoestima de las cubanas como la ruptura de la típica familia patriarcal, los derechos conquistados por la mujer a nivel personal y social y el derecho a la planificación familiar, a la contracepción, a la libertad en la elección del cónyuge sin trabas económicas ni censuras morales, y a la opción del divorcio como salida, con garantías legales, a una situación de insatisfacción e infelicidad.

Sin embargo, para la experta “los cambios suponen riesgos inevitables, que en su tránsito han representado costos para la solidez y estabilidad de la familia. La libertad no es un permiso para la irresponsabilidad, y una vez que se conquistan derechos sociales, también hay que aprender a usarlos responsablemente”, advierte Ares.

Tal alerta resulta útil si pasamos una mirada a las ya analizadas cifras de aborto en Cuba, que, aunque han disminuido, siguen preocupando a muchos entendidos dentro de los médicos e investigadores que siguen el tema.

“Las mujeres están desempeñando un papel decisivo en el desarrollo social y eso está muy bien. Pero lleva tiempo y conduce a muchas aspiraciones que ya no son las mismas que tenían hace medio siglo”, afirma, a su vez, Juan Carlos Alfonso Fraga

Una encuesta realizada en 2000 por la revista Bohemia entre 58 capitalinos en edad reproductiva demostró que incluso no tener ningún hijo aparecía entre las expectativas de futuro de algunas cubanas.

Un 14 por ciento de los interrogados en Ciudad de La Habana –la encuesta se repitió en Guantánamo con resultados diferentes- declaró que no quería hijos. Todas eran mujeres. Ninguno de los hombres entrevistados se inclinó por esta opción.

Al indagar las causas, resultó que sólo una de las entrevistadas tenía problemas de salud que le vetaban la maternidad. Las demás, compartían sus razones entre las aspiraciones de realización personal y laboral sin compromisos filiales, la necesidad de vivienda propia o no haber encontrado la pareja adecuada.

Y primó una queja: menos una, todas estas mujeres se sentían criticadas e incluso emplazadas por sus amigos, familiares y vecinos más próximos por su decisión de no tener descendencia, a partir de un mito bastante extendido de que los hijos “completan a la mujer”.

MENOS HIJOS Y MÁS TARDE

Según la Encuesta Nacional de Juventud, presentada en 2005, tener hijos pasó al séptimo lugar entre las aspiraciones juveniles, en uno y otro sexo. Cuatro años antes, para los entrevistados en la segunda encuesta, tal deseo ocupaba el tercer lugar.

Un estudio realizado por las investigadoras Nodalys González y Grisell Rodríguez Gómez, también del CEDEM, precisa otra característica de los patrones de reproducción en la isla que pueden arrojar luz a los resultados de la Encuesta Nacional de Juventud.

En Cuba también se está incrementando la edad en que las mujeres tienen los hijos. (Ver tabla #2).

Históricamente, antes de los ’60s se tenían los hijos con mayor frecuencia entre los 20 y 29 años, en los años siguientes la mayor cantidad de nacimientos provenían de madres entre 20 y 24 años, y poseían un papel importante también las menores de 20, lo que podría calificarse como una fecundidad temprana.

Pero entre 1990 y 2002, período de referencia de las autoras, la edad promedio en que las mujeres cubanas procrean mostró un ascenso paulatino desde 25,2, hasta 26,5 años.

“Hasta 1997 la mayor contribución a la fecundidad cubana estuvo a cargo de las mujeres entre 20 y 24 años. Sin embargo, a partir de este año, va aumentando el porcentaje de las mujeres mayores de 25 años. Tanto es así, que para 1998 ya existen valores similares en la fecundidad para ambos grupos de edades (20 a 24 años y 25 a 29 años). Esta tendencia se ha mantenido hasta el último año estudiado (2002).”, cita el estudio.

En pocas palabras, en algo más de una década la edad media en que las cubanas paren se incrementó en 1,3 años. Aunque el grupo de mujeres de 20 a 24 años sigue llevando el mayor peso en la reproducción, ya es imposible obviar la tendencia ascendente que viene marcando el grupo entre 25 y 29 años.

Igualmente, las madres mayores de 30 años muestran un crecimiento sostenido en estos años: casi la cuarta parte del total de nacimientos en toda la etapa. Consideradas madres “añosas” por la tradición popular –y en muchos casos también por el sistema de salud- las treintañeras estudiadas por las expertas del CEDEM comparten algunas características.

Generalmente se convierten en madres en pareja –ya sean casadas o unidas, 60 por ciento del total de las madres mayores de 30 años estudiadas presentaron nivel medio o superior, mientras que en las de menos edad sólo 47 por ciento posee estos niveles.

“Aunque es preciso tener en cuenta que las más jóvenes pueden estar aún cursando algunos de estos niveles educacionales, es importante destacar que muchas veces la maternidad impide la continuación de estudios, por lo que las cifras no deben estar muy alejadas del nivel educacional en el que mantuvieron la fecundidad. Paralelamente, la postergación de los hijos puede estar vinculada a los intereses de superación educacional”, explican las autoras.

En cuanto a la zona de residencia, la fecundidad más baja ocurre mucho más en las zonas urbanas que en las rurales.

Todos estos elementos son la expresión de manera general de que la fecundidad cubana no sólo se caracteriza por bajos niveles sostenidos en el tiempo, sino que, además, está variando su estructura en términos de las edades en que las mujeres están teniendo sus hijos en Cuba.

Las razones no son difíciles de concluir. Al retardarse el momento del primer parto, la mayoría de estas mujeres se queda sin tiempo para tener otros.

En Cuba, esa variable se ha caracterizado por tener niveles bajos desde la primera mitad del siglo XX. En 1953 las cubanas tenían como promedio 3,5 hijos durante toda su vida fértil, valor que ya era inferior al del contexto continental. Para 1963, sin embargo, se registra un aumento en los niveles de la fecundidad, llegando a ser de 4,7 hijos por mujer. Esta época es conocida como “boom demográfico” debido al alto número de nacimientos ocurridos.

Sin embargo, a partir de 1964, la fecundidad cubana reanuda el proceso de descenso y este, además, comienza a ser homogéneo en las zonas urbanas y rurales del país.

FUERA DE LA CAPITAL

El trabajo del equipo del Ministerio de Salud Pública dirigido por la doctora Gran concluyó que “las diferencias de la natalidad por provincias son pequeñas, como sucede con la mayoría de los indicadores sanitarios y demográficos en Cuba. Ello está dado, entre otros motivos, por la reducción de inequidades en la población y la consolidación de patrones reproductivos muy similares en toda la población del país”.

Sin embargo, la encuesta de Bohemia en Guantánamo, en 2000, revela que el ideal de familia de la más oriental de las provincias cubanas es mayor que en la capital, lo cual apunta hacia diferencias culturales y de tradición.

Entre los 63 encuestados de esa provincia -41 mujeres y 22 hombres-, más de dos tercios confesó desear tres o más hijos; un 28,6 por ciento se conformó con planificar dos y sólo una mujer declaró que no deseaba tenerlos.

Las proyecciones de población para el período 2000-2025 (ver tabla #3), calculadas por el CEPDE, contemplan que a partir de 2015 la tasa global de fecundidad de Guantánamo será de 1,98 hijos por mujer, la más alta del país, pero con una diferencia mínima.

Para hacer estos cálculos, los expertos cuentan con realidades comunes aún en el oriente de la isla. El machismo, arraigado sobre todo en las comunidades rurales, la tradición que aconseja tener una familia numerosa y las características propias de sus mujeres, muchas de las cuales aún no asimilan con naturalidad hechos tan cotidianos en el mundo como ponerse un anticonceptivo intrauterino.

Sin embargo, la realidad siempre queda por debajo de las proyecciones y ayuda a la homogeneidad de los indicadores.

Las respuestas de los 63 guantanameros variaron al preguntarles acerca de su número real de hijos. Esta vez, sólo 40 por ciento sobrepasó los tres hijos, un 38 por ciento declaró tener dos y un 12,6 por ciento, uno.

Los resultados de una investigación nacional iniciada en Holguín y Cienfuegos por el CEPDE, coinciden. Estos estudios territoriales sobre salud reproductiva se realizan en seis provincias del país, con el apoyo del UNFPA.

Según declararon sus coordinadores, los demógrafos Enrique González Galván y María del Carmen Franco, al diario Juventud Rebelde, los datos ya recopilados en las dos primeras provincias permiten estimar como hipótesis que existe una reserva de fecundidad en el país, reflejado en esa diferencia entre los hijos deseados y los nacimientos reales.

Asegura González Galván que el fenómeno de la fecundidad es muy reactivo, pues responde visiblemente a las cambiantes condiciones socioeconómicas de cada territorio. La prueba está en que muchas mujeres evitaron parir en momentos como la zafra de 1970 y a inicios de ’90s, con el período especial. Pasados los años más difíciles, las cifras de nacimientos aumentaron, aunque discretamente.

Y aunque la cantidad de mujeres que optan por no ser madres en su etapa reproductiva (estimada entre los 15 y los 49 años) no es aún significativa, ya se hace notar, también fuera de la capital.

Cienfuegos, por ejemplo, encuestó 28 291 mujeres que en 2002 no tenían descendientes. De ellas 542 no deseaba parir jamás, y 3 468 solo aspiraban a un hijo. La mayor parte tenía entre 15 y 34 años.

Entre las holguineras encuestadas, 66 257 eran nulíparas, 934 de ellas respondieron que no querían cambiar su situación y 6 992 dijeron que solo tendrían un hijo.

No obstante, el mayor porcentaje en ambos casos aspiraba a llegar alguna vez a dos hijos. La realidad demuestra que menos de la mitad de las mujeres cumple tal meta.

Para Franco, la situación es bien compleja. Esta experta que confía en que existe una reserva de nacimientos en el país, advierte, sin embargo, que Cuba tiene poco tiempo -menos de diez años- para tomar medidas que ayuden a paliar las bajísimas tasas de fecundidad que hoy amenazan con frenar el crecimiento de la población de la isla en términos absolutos.

Según Alfonso Fraga, director del CEPDE, “la baja fecundidad en un fenómeno anunciado que impactará en la renovación de nuestra fuerza laboral activa, del potencial científico y del universitario, por sólo citar algunos ejemplos. Pero yo creo que las reservas de nacimientos hay que buscarlas con una combinación de factores y no sólo a partir de estímulos económicos como ha sido la tendencia en Europa.

“Tenemos que hacer un análisis integral de la situación. Mi criterio personal es que el proceso es irreversible, aunque puede haber un aumento de los nacimientos, más no estadísticamente representativo. No es que tengamos una situación de crisis inmediata, como tienen ya los países europeos, pero debemos ir aprendiendo a vivir en esta coyuntura”.

ESTACIONALIDAD: PASIÓN POR LOS NORTES

Según datos publicados por el equipo de la doctora Miriam Gran, del Ministerio de Salud Pública, los valores más bajos de nacimientos en Cuba se presentan en el primer semestre del año, con picos mínimos en abril; mientras los niveles superiores se observan en el segundo semestre, con máximos en octubre.

No hay que ir a la universidad para hacer el cálculo. Todos los cubanitos y cubanitas que llegan al mundo en el décimo mes de año fueron gestados justo entre enero y febrero, los meses más helados de la temporada invernal.

Otros estudios refieren que esta tendencia también está asociada a los hábitos de nupcialidad. Fin de año es la época en que más se llenan las notarías y Palacios de Matrimonios en Cuba, refieren diversos estudios.

La consecuencia demográfica de este comportamiento es que la población cubana suele decrecer en términos absolutos durante el primer semestre del año, para luego recuperarse, siempre a valores muy bajos, en el segundo.

Pero tener una estacionalidad definida de la natalidad, que es como se le llama al fenómeno, no solo ocurre en Cuba. Datos rastreados en internet revelan que en el mundo se han registrado, varios tipos de estacionalidad en los nacimientos entre los que se destaca la que coincide con el patrón de Estados Unidos, en que la mayoría de los nacimientos ocurren de julio a septiembre y la minoría entre marzo y mayo.

La otra es similar a la de los países del norte de Europa, y refiere que la mayoría de los nacimientos ocurren entre marzo a mayo -al revés del estadounidense- mientras los menos ocurren entre octubre y noviembre.

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.